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Rünge Cars: Tributo artesanal a los Porsche de los 50

Rünge Cars es un pequeño taller en el que su fundador ensambla coches hechos a mano. Todo un homenaje a los ligeros deportivos Porsche de los cincuenta que ya lleva diez unidades presentadas en poco más de seis años. Pura artesanía en la que los paneles de aluminio se trabajan uno a uno durante siete meses.

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FOTOS RÜNGE CARS: CARS INSIDER

Junto con el amplio panorama de pequeñas escuderías británicas de los cuarenta y cincuenta, quizás Italia haya sido el lugar donde más talleres artesanales hayan construido deportivos a mano. Como muestra de ello tenemos a los etceterini. Esos pequeños bólidos normalmente basados en mecánicas y bastidores FIAT, dotados de modificaciones y carrocerías esculpidas a mano. No obstante, este gusto artesanal por la competición también se ha dado en otros países como Alemania. Algo que se evidencia a la perfección con la historia de los primeros años de Porsche.

Usando bases mecánicas de Volkswagen, Porsche logró convertirse en una empresa masiva a partir de pequeños trabajos manuales donde la artesanía era marca de la casa. Obviamente los años han pasado y ahora mismo, en Stuttgart, ya no queda rastro de todo aquello. Sin embargo la narrativa de aquellos años seminales aún está presente en el imaginario de no pocos aficionados. Tanto que, más allá de intervenciones puntuales, algunos de ellos se han lanzado a crear su propia compañía en la que rendir tributo a aquellos minúsculos Porsche de primera hora.

Concretamente estamos hablando de Christopher Rünge. Un joven norteamericano que, con tan sólo 26 años, decidió establecer su taller Rünge Cars. Dominando poco a poco el arte de trabajar paneles a mano, Chistopher acaba de llegar a las diez unidades ensambladas a lo largo de unos seis años. Todas ellas fielmente tributarias a las líneas y formas de los Porsche 550 de comienzos de los cincuenta. Todo un ejemplo de que, en plena era de la mecanización y la producción en serie, aún siguen quedando apasionados por hacer su coche a mano.

RÜNGE CARS. NACIDO DE LA AFICIÓN A PORSCHE

La historia de Christopher Rünge no deja de resultar curiosa. En primer lugar por su juventud, ya que fundó el taller con tan sólo 26 años. Pero también por sus orígenes alejados de la mecánica. Lejos de haber estudiado ingeniería o haber crecido entre tuercas, nuestro protagonista fue un destacado deportista de nieve. Es por ello que sorprende el giro radical que toma al rodearse de libros sobre cómo trabajar paneles de metal para hacer un coche a mano. Porque sí, Christopher Rünge parece no haber tenido maestro ninguno más que el puro ensayo y error.

Eso sí, como nada surge de la nada esta iniciativa para hacer un coche a mano tampoco vino porque sí. Según parece, todo arrancó con la compra de un Porsche 912. Olvidado durante años, este eslabón perdido entre los primeros 911 y los últimos 356 fue el responsable de iniciar al fundador de Rünge Cars en el universo Porsche. De todos modos, lo más importante es que en la compra se incluyó todo un arsenal de herramientas con las que dar forma a la carrocería trabajando planchas de metal.

coche hecho a mano

Fue entonces cuando surgió la idea: carrozar sus propios coches hechos a mano siguiendo el estilo de los Porsche de los cincuenta. Su primer coche hecho a mano fue una comedida intentona con un motor de tan sólo 40CV reciclado de un vehículo de los años 60. No obstante, la confianza en sus creaciones fue creciendo hasta incorporar motores de antiguos 356, 912 e, incluso, ingenios con modificaciones propias que los elevan hasta los 180CV. Datos nada malos para coches que, aún desconociendo su peso exacto, dudamos que pasen de los 700 kilos.

UN COCHE HECHO A MANO PARA ATRAPAR UNA ÉPOCA

Cualquier que esté pensando en los Rünge Cars como réplicas o restomod está totalmente equivocado. Lejos de ello, estos coches hechos a mano intentan atrapar la esencia de una época del automovilismo deportivo sobre una base artesanal. Más allá de la mecánica -normalmente basada en antiguos motores Porsche- el chasis es siempre artesanal, calibrando todos los parámetros que van a regir la conducción del coche. Una conducción seguramente de lo más trepidante, con muchos rasgos en común con lo que puede significar un kart.

Para la realización de cada coche Christopher Rünge tarda unos siete meses en los que va dando forma lentamente al metal. Todo a partir de la creación previa de una forma en láminas de madera, sobre la cual realiza la carrocería a la misma forma y manera que los antiguos carroceros artesanales. Todo a partir de un diseño propio en el que los motores siempre se montan en posición central. ¿Resultado? Un coche hecho a mano que es un verdadero capricho. Ligero, con buena distribución de pesos y un carácter cincuentero que exhala autenticidad por los cuatro costados.

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