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Mazda Luce. Las razones de un nipón basado en diseños Bertone

Japón fue, durante siglos, un país hermético para los extranjeros. Alejado y misterioso, el archipiélago del Sol Naciente desarrolló una estética completamente diferente a la occidental. Y es que, mientras en Europa los volúmenes geométricos se imponían al entorno natural celebrando así el dominio de la naturaleza por parte del hombre, en Japón las líneas de edificios y utensilios seguían las del propio paraje. Así, mientras los occidentales hemos sido educados en una estética de líneas dominadoras, los nipones ven como algo natural la simbiosis de forma y función, objeto y contexto.

Un concepto perfectamente recogido en el ensayo de 1933 El Elogio de la Sombra, donde Junichiro Tanizaki analiza cómo en Europa la belleza siempre ha nacido de la luz, mientras que en Japón lo opaco y oscuro han encontrado una elegante función dentro de la arquitectura. Siempre orgánica, plena de recogidos espacios en penumbra. Una tradición que también ha imbuido a su literatura, dentro de la cual podemos encontrar los serenos ambientes descritos por Kawabata o Soseki. De hecho, la influencia de estos postulados estéticos ha sido de tal magnitud que, con total naturalidad, fueron incorporados al automovilismo después de la Segunda Guerra Mundial.

Una filosofía de diseño en la que ha destacado Mazda, cuyas carrocerías suelen estar marcadas por la fluidez inspirada en la forma cambiante del agua. Concepto que la marca acaba de renovar a través del diseño Kodo, el cual marca desde el pasado 2010 las líneas maestras de la empresa. No obstante, desde hace décadas sus ingenieros ya trabajan bajo el lema del Jinba Ittai. Un antiguo precepto del tiro con arco a caballo, el cual sentencia que jinete y montura han de ser uno. Justo la idea que subyace bajo el exquisito comportamiento de vehículos como el Miata. Unos rasgos que, a pesar de su estricto carácter nipón, contaron en los sesenta con la influencia de Giorgetto Giugiaro.

MAZDA LUCE. UN PARECIDO NADA CASUAL A LOS LANCIA DEL MOMENTO

Los motivos por los cuales Japón fue durante siglos un país tan hermético son múltiples. La geografía, los conflictos internos, las creencias religiosas… Un cúmulo de factores que adormecieron sus islas al son de sus propios rumores, incapaces de asumir fácilmente la influencia llegada desde el extranjero. Un hecho bien recogido en películas como Silencio, donde Martin Scorsese plasma las dificultades puestas a cualquier idea nacida más allá de las fronteras patrias. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial todo cambió. Derrotado y herido en su orgulloso nacionalismo responsable de millones de asesinatos en Asia y el Pacífico, Japón no encuentra más salida que abrirse dócilmente a Occidente.

Así las cosas, las empresas automovilísticas niponas comienzan una larga travesía por la que pasan de la fabricación de microcoches a la producción de increíbles deportivos como el Toyota 2000GT. Un camino por el cual se va asentando una industria con capacidad de exportar con éxito a los mercados internacionales. Logro que se confirma con la presencia -especialmente en los EE.UU- de coches como el Datsun 240Z o el Mazda Cosmo Sport. No obstante, este proceso de crecimiento se asienta en vehículos de fabricación exclusiva para el mercado nacional. Un campo de pruebas donde marcas como Mazda incorporaron elementos occidentales de manera experimental.

Una interesante tendencia, en la cual destaca el Mazda Luce de primera serie. Presentado en 1966, su diseño siempre nos había parecido de lo más italianizante, con una parrilla demasiado parecida a la del Lancia Fulvia de 1963 como para ser casualidad.

Una intuición confirmada cuando, rebuscando entre diseños de Giorgetto Giugiaro, dimos con su autoría fechada en 1965. Segundo paso de la colaboración con Mazda iniciada dos años antes con el diseño del Familia, y completamente asentada con la presentación en 1969 del Mazda Luce Rotary Coupe. Un deportivo con motor rotativo tributario en líneas de los Lancia Fulvia y Flaminia GT.

HIDEYUKI MIYAKAWA. EL INESPERADO ESLABÓN ENTRE ITALIA Y JAPÓN

En estos momentos los lectores más avezados estaréis pensando que Giugiaro no diseñó el Fulvia. Un dato de lo más acertado, pues fueron los empleados de Lancia Antonio Fessia y Pietro Castagnero. Sin embargo, el joven Giugiaro se encontraba en la órbita de los mismos, ya asentado como un referente tras firmar en 1963 el Alfa Romeo Giulia Sprint GT para Bertone. Un deportivo con el cual el Mazda Luce comparte claramente las líneas longitudinales que alzan los laterales de la parte delantera. Líneas posteriormente usadas en el Mazda, exactamente igual que la parrilla del Fulvia o el limpio lateral del Flaminia, con ausencia de pilar B.

Pero, llegados a este punto la pregunta es clara. ¿Cuál fue la conexión entre los diseñadores italianos y Mazda? Más aún cuando descubrimos en sus archivos como ésta reconoce haber tomado los diseños de italianos de Bertone como base para el Luce. El punto clave se llama Hideyuki Miyawaka. Lanzado con tan sólo 22 años a un viaje en moto por el mundo, este joven diseñador de coches recala en el Salón de Turín de 1960.

Desde allí envía crónicas a la prensa del motor nipona, dando noticia de su encuentro con personalidades como Giogetto Giugiaro. No obstante, la persona más importante que Hideyuko conocerá en este evento será Maria Luisa Bassano. Traductora en el espacio que Mazda había preparado en el Salón de Turín, esta italiana acaba casada con nuestro intrépido japonés en 1962.

En este punto, Hideyuki Miyawaka encuentra en su matrimonio la razón para asentarse en Italia. Eso sí, no dejando atrás su carrera como diseñador, ya que colabora con Giugiaro en la creación de Italdesign en 1968. Una relación fructífera desde el primer momento, pues gracias a la intercesión de Hideyuko el diseñador italiano logró trabajar para Mazda. Eso sí, reciclando -como hemos visto- no pocos elementos de modelos nunca comercializados en Japón como el Lancia Fulvia o el Alfa Romeo Giulia Bertone. Un pecado original que se perdona tras ver la que, para el autor de estas líneas, es la mejor creación de esta inesperada conexión Italia-Japón: el Mazda Luce Rotary Coupe de 1969.

Un automóvil fascinante diseñado por Giugiaro para la casa Bertone, dotado de una mecánica Wankel que analizaremos en un próximo artículo con datos confirmados por el Mazda’s Restore Program, el cual recuperó una unidad el pasado 2017.

P.D.: Maria Luisa Bassano e Hideyuki Miyakawa siguen felizmente casados, siendo propietarios de una bodega en la localidad italiana de Bulichella.

Fotografías: Mazda’s Restore Program, Bertone, matrimonio Bassano-Miyakawa.

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Miguel Sánchez

Escrito por Miguel Sánchez

A través de las noticias de La Escudería, viajaremos por las sinuosas carreteras de Maranello escuchando el rugido de los V12 italianos; recorreremos la Ruta66 en busca de la potencia de los grandes motores americanos; nos perderemos por las estrechas sendas inglesas rastreando la elegancia de sus deportivos; apuraremos la frenada en las curvas del Rally de Montecarlo e, incluso, nos llenaremos de polvo en algún garaje rescatando joyas perdidas.

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