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FOTOS PEBBLE BEACH 2018 CONCURSO Y RUTA: UNAI ONA / TEXTO: MIGUEL SÁNCHEZ

Con más de mil kilómetros de carreteras costeras abiertas al Pacífico, centenares de valles perdidos repletos de asfaltos sinuosos y lugares para mitómanos como el final de la Ruta66 en Santa Mónica, California es uno de los paraísos mundiales del motor. Uno de esos lugares en los que, al igual que en el norte de Italia, la pasión por el automovilismo se respira en todos los rincones de un territorio donde los coches son una pieza clave de su historia e identidad.

Identidad que, gracias a la industria del cine, se ha exportado a todo el mundo aportando iconos del motor que van, desde el Mustang con el que Steve McQueen interpretó al taciturno teniente Frank Bullit hasta el vigoroso Mercury Series 9CM Six Passenger Coupé de James Dean en Rebelde sin Causa. También las carreteras del estado fueron testigo de los temibles piques entre actores como Gary Cooper y Harpo Marx a bordo de sus imponentes Duesenberg SSJ y Mercedes S Boattail Speedster. Locuras al volante que a veces solían acabar mal, como cuando James Dean encontró la muerte en Cholame a bordo de su PorscheLittle Bastard”.

Además, por California aún circula el recuerdo de Further: aquel autobús escolar que la comuna hippie Merry Pranskers utilizara con Ken Kesey a la cabeza repartiendo LSD entre una juventud deseosa de abrir “las puertas de la percepción”. Como ves, para cualquier amante del motor California es un destino dorado donde poder acercarse a algunos de los hechos más emocionantes de la cultura automovilística, disfrutar de la experiencia de la conducción “a cielo abierto” junto al Pacífico o a través de las carreteras del Valle de la Muerte e, incluso, atreverse con la truculenta curva del Destornillador en Laguna Seca.

Duesenberg SJ Rollston Torpedo Sedan

Sin embargo te vamos a reconocer una cosa… A nosotros con toda esta historia del motor californiano nos pasaba algo parecido a lo que nos ocurre con los musicales: son grandes historias, técnicamente apabullantes en su producción y dotados de unos guiones donde la comedia y el drama se suceden en una montaña rusa de las emociones pero… Umh, demasiado “buen rollo”, demasiado “pastel”. Todos esos enormes descapotables circulando apaciblemente bajo el sol… Nos hacían sentir como Woody Allen en Annie Hall cuando intenta sacar de un parking californiano aquel enorme Cadillac: deseando regresar a la gris Nueva York para conducir ese pequeño y maravilloso Beetle potenciado que es el 356.

Pero, tuvimos una epifanía. Poco a poco, y en base a los años, fuimos atraídos por esas enormes cilindradas, esas cajas de cambios de marcha larga y el placer de abrir capota para conducir sin demasiada adrenalina pero también sin ningún tipo de tensión. Nos pasó como cuando en el cine vimos el comienzo del musical La La Land ambientado en lo que, a priori era una anodina autopista de Los Ángeles pero que acaba convirtiéndose en una jarana tan deliciosa como divertida gracias a uno de los mejores planos secuencia vistos desde que, en Sed de Mal, Orson Welles rodara aquellos tres minutos llenos de enormes autos DeSoto y Chrysler en la frontera de Tijuana.

pebble beach 2018 concours tour
Talbot-Lago T26 Grand Sport Pennock Coupé de 1950. Impresionante sobre el asfalto.

Ahora, aunque los musicales todavía no terminan de encajarnos, estamos totalmente rendidos al motor californiano y, si tú aún eres de los que andan con reservas… Te invitamos a que eches un ojo a lo que ocurrió en el pasado Concurso de Elegancia de Pebble Beach al que siguió una ruta en la que muchos de los modelos puderon ser vistos en movimientos trazando curvas junto a las costas del Pacífico. Una reunión de excepción a orillas del mar donde pudimos ver algunas de esas extremadas rarezas del automovilismo clásico en las que una portentosa mecánica se da la mano con carrocerías concebidas a mano como obras de arte pero… Sin renunciar a un cierto toque kitsch. Al fin y al cabo estamos en California, ¿no? Tonos pastel y grandes motores para conducir bajo un cielo luminoso. La Escudería estuvo allí, y aquí te lo contamos.

EL GANADOR DE PEBBLE BEACH NO FUE EL MÁS FOTOGRAFIADO

Cuando éramos pequeños y nos obligaban a comer puntualmente todo aquello que, sin elegirlo nosotros, se nos ponía encima de la mesa, siempre escuchábamos un “come y calla” seguido de algún condescendiente “la verdad es que la comida entra por los ojos”. Y es verdad, porque aunque las propiedades del brócoli son magníficas… Las patatas fritas tienen un aspecto más apetecible. A veces con los coches pasa lo mismo; puedes estar hablando a alguien durante horas sobre las bondades de un Prius pero si pasa un llamativo Aston Martin por delante ya sabemos adónde van a ir las miradas, ¿verdad? En el Concurso de Elegancia de Pebble Beach parecen tener claro este principio, porque desde su primera edición en 1950 siempre han priorizado la belleza de las carrocerías por encima del aspecto mecánico.

Es una pasarela, un concurso de belleza para aquellos que prefieren la chapa a la piel. Y hemos de reconocer que, cuando uno se ve rodeado de aquellos deslumbrantes 209 coches -repartidos en 27 categorías- que desfilaron delante de la Pebble Beach Club House… Se puede llegar a olvidar de sus gustos por algunas humanas. Cuestiones de atracción aparte, lo cierto es que los automóviles que acuden a Peeble Beach son de tan alta gama que, aunque por ser un concurso de elegancia lo que se prioriza es la estética, el apartado mecánico no deja de ser igual de apasionante.

Sin ir más lejos es el caso del Alfa Romeo 8C 2900B Touring Berlinetta de 1937 ganador absoluto en la edición del presente 2018. Estéticamente es una cima del diseño italiano rematado con una trasera resuelta de forma inolvidable, pero también es uno de los grandes hitos mecánicos de la marca del Biscione, contando con un ocho cilindros de 2’9 litros y 225CV montado sobre un chasis pensado para ser pilotado por Nuvolari en grandes premios, así como resistir los embates de la Mille Miglia, en la cual modelos como éste llevaron a Biondetti y Pintacuda a las dos primeras posiciones.

Sin duda, una de las grandes cimas de la ingeniería italiana. Ideada por el legendario Vittorio Jano; aquel diseñador de motores que, tras tocar la gloria con los 8C y caer por los suelos con el desarrollo de los potentes 12C -creados infructuosamente para desbancar a las Silberpfeile de Mercedes-, continuó diseñando máquinas para Lancia y Ferrari hasta que en 1965 utilizó otro tipo de mecánica para quitarse la vida: un revólver. En fin, sólo coches como este 8C 2900B Touring Berlinetta tienen historias como éstas a sus espaldas.

No obstante, aunque este transalpino fue el ganador absoluto, la mayor parte de los objetivos se orientaron hacia un coche que, en su ampulosidad, vio inspirado su diseño en la caída de plumas de un pavo real. Un ejemplar único donde el toque kitsch del que tiene tanto dinero como ganas de llamar la atención se materializó en el coche ideado por el empresario y playboy Philippe Barraud; heredero de un emporio de ladrillos y tejas que en 1937 compró la mecánica americana más incontestable de la época para vestirla con una carrocería austriaca digna del Art Noveau vienés.

Estamos hablando del Cadillac V16 Hartmann Cabriolet, un ejemplar único en el que estas formas ideadas por el carrocero austriaco sirven para vestir la estructura y motor de lo que en los años 30 era el tope de gama de Cadillac: un V16, el cual solía sobrepasar los 6 metros y tres toneladas de peso, problema que resolvía propulsándose con un motor de 7’4 litros y 16 cilindros. Sin lugar a dudas este coche fue uno de los proyectos más ambiciosos de su época, pasando tras la Segunda Guerra Mundial de mano en mano hasta que en 1968 fue descubierto abandonado en una pradera.

Sin ser justamente valorado se vendió por 925 dólares de la época, subiendo poco a poco su valor hasta que en 1990 se subastó por 1’4 millones -lo que supone una revaloración de 1513 veces-. De ahí fue pasando por varios dueños hasta que, al fin, el coleccionista de Kentucky Jim Paterson ha realizado una magnífica labor de restauración devolviendo a este maravilloso delirio a su estado original. Creednos en que, cuando el V16 Hartmann pasó por la pasarela ardieron los disparadores de las cámaras; aunque no fue el ganador, sí ha sido el más mediático. Y tiene razones para ello…

MAKE (AMERICAN CARS) GREAT AGAIN: RESENCIA DUESENBERG

Estados Unidos ha dado grandes cosas al mundo. Su historia, tanto con sus luces como con sus sombras, es la de una epopeya social que la convierte en la actual nueva Roma. Así como aquella tribu de latinos que malvivía a la sombra de la amenaza etrusca se adjudicó lo más esplendoroso de una cultura griega políticamente en decadencia, los revolucionarios norteamericanos evolucionaron la cultura liberal británica hasta nuevos horizontes. Eso sí, tanto en lo bueno -derechos civiles, y progreso científico- como en lo malo -desmedido gusto por un comportamiento corsario que acaba llevando tanques a junglas en la otra parte del mundo-.

Ahora que algunos pretenden volver a una arcadia feliz de familias protestantes comiendo en el porche tartas de manzana bajo el lema “Make America Great Again”, paseando por Pebble Beach viendo los impresionantes clásicos americanos allá expuestos es inevitable pensar en que sería mucho más agradable ceñirse a un “Make (American Cars) Great Again”. Y es que el despliegue de vehículos Duesenberg, Packard, Cadillac, Auburn, Pierce-Arrow o Lincoln en este Pebble Beach 2018 ha sido abrumador. Una sucesión de enormes bestias de metal con tremendas cilindradas y una presencia que evoca directamente los Felices Años 20 o los inicios del Hollywood dorado. Encantador.

Fueron 6 las categorías donde el motor americano de preguerra llevaba la voz cantante, y de entre todas hubo una que nos gustó en particular. En fin, todo el mundo tiene sus debilidades y los Duesenberg son una de las nuestras, contando en este Pebble Beach 2018 con una sección propia. Aquella marca fundada por una pareja de hermanos hijos de inmigrantes alemanes que consiguió un clímax publicitario: poder anunciar sus coches sin necesidad de mostrar foto alguna de los mismos. Tener un Duesy era un símbolo, la condensación de un posicionamiento social e, indiscutiblemente, sinónimo de la más alta calidad fruto de sumar la potencia de un Bugatti con la precisión de un Rolls Royce.

De todos los Duesenberg -y para no llevar la contraria al jurado- nos gustó por encima de los demás el J Murphy Town Limousine de 1929, un transatlántico con ruedas que resume muy bien lo que esta marca representaba. No obstante los Duesy más llamativos estuvieron dentro de otra de las categorías con las que celebrar iconos americanos de preguerra, concretamente dentro de la Rollston Coachboard.

Fundada durante la próspera década de los 20 en pleno Manhattan, la carrocera Rollston es responsable de vestir a muchos de los coches más imponentes de los años 20 y 30, décadas en las que la mayoría de los fabricantes de alta gama se limitaban a vender el chasis junto a la mecánica, dando libertad a multitud de carroceros artesanales creadores de piezas únicas que luego han alimentado a no pocos cronistas del motor, siempre necesarios para poner orden y genealogía en semejante revuelo de números de chasis.

Pebble Beach 2018 decidió homenajear a este “costurero del metal” con una muestra de algunos de sus mejores vehículos, entre los que un Duesenberg SJ Convertible Victoria quedó ganador, aunque para nuestro gusto éste nada tiene que envidiar al metálico SJ Torpedo Sedan. En fin, estando en California un descapotable de dos puertas siempre es más apetecible. No obstante, también fue muy celebrado el Minerva Type AL Convertible Sedan de 1931 en color verde, un impresionante convertible de cuatro puertas digno representante de esta histórica marca belga que, durante el primer tercio del siglo XX, fue competencia de los Rolls ingleses y los Packard americanos.

También en esta categoría nos llamó la atención un coche perteneciente a una marca que, durante los primeros años del automovilismo, prestó atención a algo que no se tuvo muy en cuenta hasta los años 50: la seguridad. Y es que, aunque muchos de estos coches contaban con musculosos motores y accesorios de lujo para celebrar un picnic con champagne fresco lo cierto es que, en materia de seguridad, su única ventaja realmente seria era poder era morir por todo lo alto empotrado entre una elegante parrilla culminada con un adorno de capó digno del mejor escultor parisino y varias botellas de Veuve Clicquot. Curiosamente la empresa Stutz se fundó en Indianapolis para hacer lo que mejor saben hacer allí: correr. No obstante años después -y tras su compra por un magnate del acero- la Stutz empezó a incidir en la seguridad que los coches podían ofrecer a sus pasajeros por encima de la capacidad -siempre algo suicida- de excitar sus sentidos en los circuitos.

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Stutz MB Rollston Convertible Victoria de 1931. Otro Rollston.

Con este cambio de estrategia los Stuzt se dotaron de cristales de seguridad -los que existían hasta la fecha actuaban como verdaderas cuchillas a la yugular en caso de un choque-, transmisiones que sujetaban al coche en ascenso sin tener que recurrir al freno y un centro de gravedad más bajo que contribuyó al mejor agarre de estos coches respecto al de la competencia. Desgraciadamente estos avances se aplicaron sólo a coches de alta gama, pero también es verdad que eso nos ha dado modelos tan especiales como el Stuzt MB Rollston Convertible Victoria de 1931.

AUBURN, MARMON, RUXTON… AMERICANOS DE PREGUERRA EN PEBBLE BEACH

Una vez habían pasado algunos de los americanos más veteranos por la pasarela de la Pebble Beach House Club -reseñar la entrañable categoría Antique en la que ganó un Thomas Flyer M 6-40 de 1910– le tocó el turno a dos de las secciones más esperadas: American Classic Open y American Classic Closed. Y es que, tras el imponente pasear de enormes berlinas con más de 5 y 6 metros y casi tres toneladas en báscula… Tocaba ver modelos de preguerra algo más ligeros, con vocación de “gentlemen racer”.

En la categoría “open” el ganador fue el prosopéyico Cadillac V16 Hartmann. Ojo que nos hemos pasado un ratito pensando el término adecuado para definir a esta criatura a la que un poco más arriba hemos dedicado varios párrafos; tras varias deliberaciones creemos que este término que según la RAE define algo “grave y pomposo de manera afectada” es el único adecuado para el coche que se ha llevado los más de los comentarios en este Pebble Beach 2018.

Centrándonos en unas coordenadas más moderadas- pero aún propias del afán de notoriedad de los millonarios con gusto a acelerar que componían la clientela de estos coches- nuestro favorito en esta categoría es el que quedó en segundo lugar: un Auburn 851 Supercharged Speedster de 1935. Esta empresa que toma el nombre de la ciudad de Indiana donde fue fundada quedó absorbida en 1926 por Duesenberg, la cual la utilizó como una segunda marca con la que presentar modelos de corte muy avanzado ideados por diseñadores como Alan Leamy. Y en fin, todo este pedigrí… Se nota. Al menos estéticamente, porque a nivel de relación peso/potencia sólo cuenta con 150CV para sus 1700 kilos.

Dentro de la categoría “closed” el ganador fue un imponente Packard 1604 Super Eight Mayfar Coupé de 1938 del que seguramente algún que otro diseñador de Bentley tomó buena nota estética algunos años después. Pero más allá del ganador hay un coche -clasificado en tercer puesto- al que se nos fue bastante la mirada, no tanto por su diseño como por su rareza. Hablamos del Marmon Sixteen Sedan de 1931. Una cotizada pieza fruto de la compañía de Indianapolis que comenzó su andadura en 1851 fabricando maquinaria para molinos, pero que con el hijo del fundador fue pionera en la industria automovilística americana. Nunca más miraremos a un sencillo molino con los mismos ojos…

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Con su color y sus volúmenes este Auburn 851 Supercharged Speedster de 1935 fue de los más llamativos en Pebble Beach.

También bastante raro fue el segundo clasificado, uno que hará las delicias de algunos de nuestros lectores si es que entre ellos está algún imitador de excéntrico dandy -decimos imitador porque la bohemia y el dandysmo (tanto en su versiones aristocrática como dadas a la neumonía en una buhardilla) firmaron su acta de defunción hace décadas en post de imitaciones horteras donde la estética mata a la ética- seguro que va a disfrutar con el rarísimo Ruxton C Sedan de 1930. Uno de esos poquísimos ejemplares que la marca neoyorkina pudo fabricar durante sus ni dos años completos de existencia. Sus personalísimos faros con una fina franja vertical para la proyección de la luz, así como su pintura en franjas horizontales en las que se va degradando el color verde, dan a este coche un carácter único que hubiera hecho las delicias de personajes como Lord Byron.

De todos modos, para ver el americano de preguerra que más nos gustó tuvimos que esperar un poco más. Sin duda uno de los coches más comentados de esta edición de Pebble Beach, capaz de unir sobre su chasis a tres países: Estados Unidos, Italia y la India. Vamos a ello…

CONEXIÓN INDIA: ROLLS ROYCE Y UN CADILLAC DE ESCEPCIÓN

Vamos a dejar a un lado ese tópico “new age” de que la India es un país “fascinante” donde su “espiritualidad te cambiará la vida” porque nos parece un empaquetado algo manido para occidentales postdepresivos. Pero lo que sí es cierto es que este país de proporciones subcontinentales cuenta con unos contrastes vertiginosos. En su historia conviven tanto los opulentos “marajash” como la paupérrima casta de los intocables, y en su actualidad un movimiento maoista de campesinos que en 2010 sumaba 40.000 guerrilleros y hasta 100.000 no regulares armados… Con centros de desarrollo informático gracias a los que se especula con la idea de que la economía india superará a la estadounidense dentro de dos décadas.

Algunos piensan que claro, qué sentido tiene hacer un apartado de coches de la India en un concurso como Pebble Beach si este país no atesora una especial tradición automovilística. Sin embargo la presencia de los ingleses como colonos en el país acumuló una buena cantidad de Rolls Royce y Bentley abandonados a su suerte cuando en 1947 los ingleses no tuvieron más que replegarse a la metrópolis del Támesis. Afortunadamente, en la India existen aficionados al motor que los han sabido conservar y restaurar.

De hecho hay que reconocer que los mejores Rolls Royce se pudieron ver en este apartado, destacando el Phantom II Continental de 1935 en tonos verdes y el 25/30 Gurney Nutting Tourer 1937 al que no podemos olvidar gracias a su color amarillo pastel, su limpieza de líneas y el carenado en su paso de ruedas traseras. Una maravilla en la que Rolls dio en la diana al potenciar su modelo de batalla más corta de la época aumentando su cilindrada hasta los 4257 cc y su relación de compresión hasta 6:1, logrando detener el conjunto gracias a un servofreno con patente Hispano-Suiza.

De lo más llamativo fue un Phanton I Windovers Limousine de 1927 -sustituto del celebérrimo Silver Ghost y construido simultáneamente en Inglaterra y Estados Unidos- que parecía hecho en pura plata aunque, afortunadamente, sólo es un efecto producido por un buen pulido de la carrocería, no llegando los británicos de hace casi un siglo al grado de ostentación de los actuales habitantes de Dubai, los cuales han chapado en oro desde un Bugatti hasta varios Lamborghini y Ferrari pasando por algunos Land Rover y Rolls Royce: auténticos atentados a la concordia con los que uno se plantea si concentrar tanto dinero en un sólo sitio es perjudicial para el desarrollo integral de la persona.

No obstante, lo que con diferencia más nos ha entusiasmado en este apartado que Pebble Beach 2018 ha dedicado a los apasionados por el motor en la India -y incluso en todo el concurso- no ha sido un Rolls Royce, sino un Cadillac. Eso sí, un Cadillac… Muy emblemático para el automovilismo italiano.

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El Cadillac 452A carrozado por Pininfarina en 1931 fue una de las grandes atracciones.

Y es que, a pesar de que estamos hablando de un Cadillac 452A -una de las series del emblemático V16 sobre el que se desarrollaron otros coches también vistos en esta edición- este biplaza roadster de 1931 fue vestido por Pininfarina, siendo uno de los ejemplos conservados más antiguos del carrocero transalpino. Un prodigio de sobria a la par que llamativa elegancia sin caer en la excesiva grandilocuencia de otros de estos modelos, los cuales, por la potente mecánica y larga batalla del V16 lucen carrocerías tan llamativas como abusivas a la vista. Seguramente una de las terminaciones biplaza más reseñables en los casi 10 años de historia del 16 cilindros de Cadillac, el cual perteneció a la familia real del estado indio de Orchha.

Y atentos porque aquí llega una historia muy buena: investigando sobre el coche hay fotografías que no nos concuerdan debido a que, según parece, no siempre ha tenido esta pintura en negro. Tirando del hilo nos hemos dado cuenta de que esta unidad ha recibido serias modificaciones en la pintura, ya que hasta hace poco lucía en unos colores pastel muy diferentes. No obstante, el dato más curioso es que el coche cayó en las manos del marajash de Orchha porque fue él quien lo encargó, necesitado de un coche de gran potencia y posibilidad de lograr una visión de 360 para ni más ni menos que… ¡Cazar tigres! Que el coche sobreviviera a semejantes aventuras y ahora sea parte de una colección norteamericana… Se nos hace una de esas extrañas carambolas de la Historia.

MÁS PREGUERRAS: KISSEL, PAIGE, STEYR… Y PRESENCIA ESPAÑOLA

Acabando con la selección de clásicos de preguerra -sin duda lo más llamativo de Peeble Beach, en especial contraposición a otros eventos de la misma categoría pero ubicados en Europa- pudimos disfrutar de las categorías Vintage Era Sporting y Prewar Preservation, las cuales nos brindaron algunos de los autos más concretos y difíciles de ver de todos los listados en Pebble Beach 2018.

Para empezar, en la categoría Vintage Era Sporting se llevó el gato al agua un Kissel Gold Bug de 1921; toda una rareza que pasa por ser uno de los coches más celebrados de su tiempo, con una clientela que va desde boxeadores como Jack Dempsey -el mítico peso pesado de los años 20- hasta actrices como Greta Garbo o la pionera de la aviación Amelia Earhart. Y es que lo del Gold Bug es curioso, porque a pesar de ofrecer tan sólo 61CV y venir de una empresa más conocida por sus tractores que por sus “sport cars”Se convirtió con su seis cilindros en línea en uno de los deportivos de moda en la época.

Tambíén destacaron un Paige Model 6-66 Daytona Speedster de 1921 -que con sus tan sólo 70CV llegó a ser el primer coche americano de producción en serie capaz de superar las 100 millas por hora- y un Steyr Type VI Targa Florio Rennwagen; un coche realmente extraño ya que los deportivos de esta marca austriaca que en tiempos estuvo aliada tanto con Daimler como con la motera Puch se prodigan más bien poco. Además éste tiene un indiscutible pedigrí de competición al haber participado en la mítica prueba de la que toma el nombre.

Y mira, ya que hablábamos de Daimler… Vamos a reseñar el magnífico Mercedes que ganó en la categoría Prewar Preserwation: un 710 SS Barker Tourer, aquel coche que contribuyó a comienzo de los años 30 a asentar aún más la presencia alemana en el automovilismo deportivo gracias a su motor de seis cilindros, 250CV y… Más de 7000cc.

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Este nos encantó: Mercedes 710 SS de 1929. Pura competición clásica.

Siguiendo el rastro de los europeos de preguerra llegamos a la categoría European Classic Late, en la que pudimos ver un espectacular Bugatti Type 57C LeTourner et Marchand Cabriolet, la versión de carreras del Type57 construida entre 1937 y 1940 que, al estar dotada de un sobrealimentador Roots, llega hasta los 160CV. Espectacular, aunque según el jurado de Pebble Beach no lo suficiente como para superar a los dos Lagonda V12 que quedaron por delante de él en puntos.

La verdad es que con todos los clásicos de preguerra allá apostados junto al Océano Pacífico… Se nos hace tentador alargar nuestra crónica a una extensión mayor, pero como aún quedan magníficas reuniones como la de los Spyder de Ferrari o los Tucker ’48, vamos a ir cerrando todo lo referente a pre-1940 con un par de apariciones con sabor hispánico, concretamente a Hispano-Suiza.

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El sonido de este espectacular Hispano-Suiza no impidió al copiloto dormir a pierna suelta.

Y es que la marca española estuvo representada por dos unidades pero… En puestos muy visibles, ya que de hecho una de ellas fue la encargada de abrir el certamen con el homenaje que se rindió al recientemente fallecido coleccionista de Hispano-Suiza e impulsor de este concurso de Pebble Beach Jules Heumann: ni más ni menos que un H6B de 1922 Labourdette Skiff Torpedo con una curiosa disposición en doble habitáculo. Además, y rizando el rizo de lo español, el coleccionista asentado en Marbella Jorge Fernández acudió con un también HB6 Convertible Victoria carrozado por Rollston. En fin… Ya os hemos dicho antes que el homenaje a esta carrocera neoyorkina ha sido uno de los grandes aciertos de esta edición.

DESEMBARCO ITALIANO: ALFA, FERRARI, LANCIA, FIAT Y OSCA

Hace años, viendo un documental sobre Ferrari grabado a comienzos de los 90, vimos una animada conversación entre “tifosis” del “cavallino”. Con la grandilocuencia en los gestos propia del italiano medio, éstos discutían sobre la relación de los compradores americanos con sus Ferrari. Por una parte algunos comentaban que los americanos no valoraban lo que realmente estaban adquiriendo, que se hacían con estos coches por un puro símbolo de estatus y que si Ferrari se había fijado en el mercado norteamericano se explicaba sólo por la necesidad de ampliar sus beneficios para financiar mejor las carreras. Rápidamente un hombrecillo de tupido bigote aparecía desde el fondo de la mesa con un sonoro “para nada”.

Al contrario que sus compañeros éste opinaba que eran justamente los americanos los que más y mejor valoraban los modelos de Ferrari, ya que acostumbrados a coches enormes, lujosamente equipados, confortables y con mecánicas concebidas para rodar tranquilo… Adquirían estos deportivos italianos por ser exactamente lo contrario. Nos pareció un comentario muy acertado, aunque sin necesidad de tomar partido por ninguna de las dos posturas señalaremos algo que sí es irrefutable: en la soleada California son muchos los que tienen verdadera devoción por los spider de Ferrari.

Consciente de ello, la marca italiana aprovechó el Pebble Beach de este año para presentar el que es su descapotable número 50: el 488 Pista Spider. Un lanzamiento que se vio arropado por una importante concentración de spider Ferrari entre los que destacaron algunas verdaderas joyas cincuenteras enmarcadas dentro de la categoría Ferrari Competition. Y creednos… ¡Vaya categoría! Desde un 250 MM Pininfarina Coupe hasta un celebérrimo 250 Testa Rosa Scaglietti llegando hasta el soberbio ganador del segmento: un 500 Mondial Scaglietti Spider 1955 con motor de cuatro cilindros del que se produjeron sólo 31 ejemplares en los que se vestía, en forma de “barchetta”, la mecánica que en realidad procedía de un monoplaza 500 F2.

Por supuesto la presencia de Alfa Romeo se dejó notar porque el 8C 2900B Touring Berlinetta ganó el concurso pero… Es curioso ver cómo la presencia del Quadrifoglio se redujo, principalmente, al ganador y un Alfa Romeo 6C 1500S de 1928. Dos joyas que definieron una presencia tan escasa como intensa, lo que parece que se copió para marcas como FIAT o Lancia.

Y es que por ejemplo… Sólo pudimos ver dos FIAT. Pero eso sí, muy especiales. El único 1400 Vignale Cabriolet -diseñado por Giovanni Michelotti- y un encantador 1100 C Barchetta diseñado por Pietro Frua. ¡Maravillosos! El segundo por la fantástica manera en la que un chasis concebido para la popular berlina media “Millecento” se convierte en portador de un curioso deportivo de esos con los que poder aspirar a la máxima diversión en curvas gracias a sus cuatro cilindros, ligereza y batalla corta y el primero… Por ser un pieza única moldeado por todo un maestro del diseño industrial italiano.

Respecto a Lancia también fueron dos los modelos presentes: un Dilamba Viotti Torpedo de 1932 -equipado con un 8 cilindros de 4 litros- y un Zagato de 1960. La verdad es que no puede negarse que está diseñado por este carrocero justo en 1960, ya que en ese mismo año comenzaba la producción del Aston Martin DB4 Zagato con el cual… Tiene un indudable parecido en la delantera, aunque con menos músculo claro. Fijado en el chasis del Flaminia, su motor V6 -construido todo él en aluminio- da suficiente potencia como para, conjugada con su cuidado interior, definir un GT con todos los ingredientes para triunfar. Sin embargo… Este coche fue fruto de la competencia con Alfa Romeo y, en fin, en esta lucha es Lancia quien ha tenido que torcer el brazo.

No obstante, más allá de modelos raretes de marcas conocidas… Lo interesante de esta selección de italianos en Pebble Beach 2018 fue la gran selección de modelos conocidos dentro de una marca más bien escondida para el gran público actual. Hablamos de OSCA, la empresa boloñesa fundada por uno de los hermanos de Alfieri Maserati en 1947: Ernesto. Con tan sólo 20 años de vida esta pequeña marca de automóviles deportivos se alejó del mundo de los GT para centrarse en los autos de competición más pequeños -de hecho Ernesto Maserati fue piloto además de ingeniero- entre los que destacó su primer modelo: el ampliamente representado en este homenaje MT4. Un pequeño spider con motor derivado de un bloque FIAT capaz de dar desde 71 hasta 99CV según sus evoluciones que, dado lo que este coche gustó a no pocas escuderías, fueron bastantes.

Destacaron varios carrozados por Morelli así como algunos 1500, los cuales son una adaptación aún más deportiva del MT4 gracias a una carrocería que, dicho sea de paso, recuerda a la de algunos Scarab Roadster 16 que también pasaron delante de la Pebble Beach Club House aunque claro, mucho menos musculosa ya que el motor que encierra el italiano bajo su capó es de una tres veces menos potencia que el de los americanos.

DOS FERRARI EXTRAORDINARIOS: MODULO Y DROGO

Hace poco reestrenaban 2001 “una odisea del espacio por su 50 aniversario. Es un icono de la cultura popular del siglo XX. Como toda creación adelantada a su tiempo aún a día de hoy sigue dividiendo las opiniones no tanto de críticos pero sí público. Y es que la apuesta futurista que hizo Kubrick rompió no pocos moldes y cabezas de espectadores retratando una aventura distópica en la que el mito del eterno retorno se mezcla con lo siniestro de un mundo donde una máquina puede tomar sus propias decisiones. Curiosamente ahora, medio siglo después, los ordenadores de los coches autónomos no se llaman HAL 9000 pero conducen por ti y, si lo creen conveniente, van y te empotran contra algo.

Pues bien, lanzado en 1970 el Ferrari 512 S Modulo tiene casi la misma edad que la película de Kubrick y casi aún más afán futurista que ésta, ya que al igual que el Lancia Stratos Zero de Bertone -también del mismo año- está poseído por un enorme ímpetu de ruptura con las líneas de los automóviles de los 60. Fue como si, en cosa de tres años, se diera un enorme salto en diseño que ni siquiera pudo ser llevado a la práctica por lo osado de su planteamiento. Sin embargo, aquello marcó lo que iba a venir en las dos décadas posteriores, con bastantes líneas rectas y ángulos cortantes en vez de las redondeadas y voluptuosas formas de los GT sesenteros.

Olvidado por muchos y reverenciado por los más puestos en esto del diseño futurista -hoy ya retrofuturista- el 512 S Modulo quedó parado en la sede de Pininfarina durante décadas hasta que el coleccionista americano Glickenhaus ha puesto a funcionar este año su V12 de 5 litros con 550CV, utilizando Pebble Beach para la puesta de largo de la restauración que ha mostrado a muchos que el Modulo no sólo es una carrocería, sino un coche de verdad montado sobre uno de los 25 chasis y motor del auto de competición Ferrari 512.

Además, y aunque para muchos los Dino no sean unos verdaderos Ferrari -eterna y ya cansina polémica avivada por algunos puristas de lo más inamovible- nos ha encantado ver un 206 S Dino Drogo de 1967 -un 330 P3 a menor escala-, diseñado por el piloto Piero Drogo en colaboración con Ferrari antes de morir, seis años después, estampado contra un camión en el interior de un túnel en las cercanías de Bolonia mientras conducía en su Ferrari 250GT California.

100 ANIVERSARIO CITROËN CON VARIOS ‘CUSTOM’

Faltan sólo unos meses para el primer centenario de Citroën y, seguramente a algunos les sorprenderá el nombre de esta popular marca en un evento de coches tan exclusivos como Pebble Beach. Sin embargo, y como comentábamos antes, éste es un evento donde se premia ante todo el diseño y encanto de las carrocerías y ahí, justo ahí, hay un modelo de la marca que es referencia de estilo para todo el mundo: el DS. En fin, de sus formas es responsable Flaminio Bertoni, el cual, antes de diseñar automóviles -el Traction Avant también está en su lista- esculpía esculturas.

En ese sentido el pase de modelos en la categoría Postwar Custom Citroën fue uno de los momentos más esperados para una audiencia americana menos acostumbrada a ver las formas de un imponente SM cabriolet -nunca dejaremos de asombrarnos ante este Citroën con motor Maserati- y, especialmente, de los dos SM que más destacaron: un DS 21 Chapron Léman Coupé de 1966 y el sin duda más celebrado de todos los que aparecieron por allá, la versión cabriolet DS 21 Cabriolet D’Usine.

Verdaderas esculturas rodantes con toda esa sensación -de tan liviana cuasi esponjosa- que da verlos negociar las irregularidades del terreno gracias al particular contoneo de las suspensiones hidroneumáticas. Pero por ahora volvamos al césped de Pebble Beach, aún quedan algunas rarezas.

I LIKE IKE! (Y MÁS AÚN SUS COCHES)

Cuando David “Ike” Eisenhower era el comandante supremo de las Fuerzas Aliadas Occidentales en Europa las tribulaciones sobre los desembarcos del Día D en las playas de Normandía no hacían muy felices los viajes en su Cadillac blindado. Por ello, cuando se piensa en Eisenhower subido a un Cadillac muchos prefieren recordarlo sonriendo durante el paseo descubierto antes de su proclamación como 34º presidente de los Estados Unidos de América en 1953; justo el día en que la famosa campaña del “I like Ike” colocaba en la Casa Blanca a este sobrio y comedido héroe de guerra.

Aquellos años 50 son recordados por muchos como un tiempo de estabilidad sólo ensombrecido por la denigrante segregación racial que empezaba a desquebrajarse anunciando lo que fueron los rupturistas años 60. Y dentro de aquella situación del “American Way of Life” estaban los coches; los increíbles y radiantes coches americanos de los 50 que crecían sin parar al amparo de una enorme cantidad de obra pública en autopistas federales. Las carreteras eran cada vez más grandes, y los coches también.

Para conmemorar aquella época dorada del transporte en los EE.UU, Pebble Beach 2018 organizó la categoría Eisenhower Era Dream Convertibles en la que, como no, ganó un mítico Cadillac Eldorado Biarritz Convertible de 1959. Eso sí, compartiendo protagonismo con el Oldsmobile Fiesta Convertible de 1956 dotado de un V8 de 5 litros y un Packard Caribbean Convertible Coupe, ambos de 1953. Si a esta selección le hubiéramos sumado un Buick Skylark… Posiblemente ya tendríamos la reunión más “cremosa” de los grandes dos puertas americanos de los 50.

No obstante -y volviendo al tono más “presidencialista”- el único coche oficial mostrado en este Pebble Beach 2018 fue un espectacular Cadillac Fleetwood 75 SS carrozado por Hess & Eisenhardt en 1956 con un V8 de 230CV y utilizado tanto por Kennedy como por Johnson. Sin duda uno de los coches que más fotografías consiguió, aunque compitió en la categoría Post War Grand Touring.

RAREZAS Y CELEBRACIÓN DEL ESPÍRITU AMERICANO EN PEBBLE BEACH

Ya acabando, y reuniendo en un mismo apartado algunas de las rarezas que más nos atraparon durante el desarrollo de este concurso de elegancia, cabe citar los dos Talbot-Lago T26 Grand Sport, especialmente el Figoni Fastback Coupé de 1948 -vestido sobre uno de los tan sólo doce chasis numerados aquel año- ganador en la categoría Postwar Touring gracias a su personal estética -ojo al techo solar- y potente mecánica. Es increíble que, de aquellas, Talbot-Lago fuera una especie de Bugatti al más alto nivel tecnológico.

Aparcado en el césped de la exposición asaltaba a la vista un Hudson Italia Prototype de 1953; una pieza única que ya habíamos visto en el Villa D’Este 2014 fruto de la unión entre la marca de Michigan -la cual cerró su línea de producción cuatro años después de la presentación del Italia viéndose incapaz de competir contra los “Big Three” de Detroit- y la carrocera turinesa Touring Superleggera. Una pena que no llegara a la producción en serie, porque gracias a su mecánica y tamaño más moderado respecto al de los grandes dos puertas de su época anunciaba lo que 11 años después serían modelos como el Mustang.

pebble beach 2018 concours tour
Rarete rarete… Hudson Italia Prototype de 1953.

Como pieza rara entre las raras… Nos asombró ver un coche con aspecto algo fúnebre lleno de exultantes chinos con las mismas caras que pone un niño al ir por primera vez al parque de atracciones. Se trató de un Hongqi CA770, la limousine de representación oficial fabricada por la empresa automovilística más antigua de China, fundada en 1958 ya bajo dirección del gobierno de la República Popular China de Mao Tse-Tung. Eso sí, viendo la historia técnica del vehículo bien se puede apreciar que aquello de que los chinos, en materia de coches al menos, sólo saben copiar viene de largo: el chasis se basa en  el del Chrysler Imperial y muchos de los modelos montaron motores V8 5’6L de la misma marca americana.

Y para el final… Lo mejor. Sabemos que tras esta sucesión de iconos del automovilismo al más alto nivel uno se queda sin aliento. Que es muy difícil igualar la calidad de los vehículos que hemos repasado, muchos de ellos piezas únicas pero… ¿Y si en vez de adelantar por el carril de la calidad lo hacemos por el de la cantidad? Ojo, no queremos decir que un Tucker ’48 Sedan no sea de calidad; de hecho si este proyecto salió mal es porque sus innovaciones -especialmente en materia de seguridad- pusieron tan nerviosa a la industria de Detroit que ésta recurrió a su poder mediático y político para hundir a Preston Tucker antes de que sus coches salieran a los concesionarios.

Sin embargo… ¿Y si te decimos que en este Pebble Beach 2018 se han conseguido reunir 12 de los 51 Tucker fabricados? Estamos casi seguros de que desde su salida de fábrica tras ser ensamblados en 1948 nunca se había dado una reunión así. Por ello, y por todo lo que el Tucker ’48 representa gracias a una historia puramente americana donde el resolutivo optimismo de su inventor se contrapone al gris monopolio de la gran industria de Detroit, estamos convencidos de que esta reunión fue el broche de oro a esta magnífica edición del concurso de elegancia californiano.

Una celebración de la pasión por los coches, pero sobretodo la muestra de que en California la cultura automovilística se vive de una manera más intensa que en otros lugares. En fin, ¿recuerdas aquello de “con más de mil kilómetros de carreteras costeras abiertas al Pacífico, centenares de valles perdidos repletos de asfaltos sinuosos y lugares para mitómanos como el final de la Ruta66 en Santa Mónica, California es uno de los paraísos mundiales del motor”?

No era por decir.

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