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Ruta66 (III): De Camino a Tulsa

En esta tercera entrega de nuestra guía de viaje por la Ruta66 descubriremos museos gestionados por entusiastas del motor, la cultura de la customización, lugares donde aún se respiran los crímenes de Jesse James y hasta el aparcamiento de una prisión en medio de una tormenta. Todo ello sin olvidar nuestro paso por la ciudad que vio nacer la Ruta66: Tulsa.

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FOTOS RUTA66: UNAI ONA

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PELÍCULAS, MISAS Y CERDOS. DE CARTHAGE A BAXTER

En la Ruta66 no hay que rebuscar demasiado para sentirte en un museo del motor. Los coches más variopintos te salen al encuentro cuando menos te lo esperas. De hecho, a veces te están esperando en el propio aparcamiento del motel. Así empezó la tercera jornada de este periplo americano, con un Chevrolet El Camino en la puerta de la habitación. Sin duda es una de las mejores maneras de empezar un día de conducción por la Ruta66.

Y es que este Chevrolet es más americano que el pastel de manzana. Un curioso híbrido entre coupé y pick-up nacido bajo la idea de tener un coche para “ir a la iglesia los domingos y llevar los cerdos a la feria el lunes”. Curiosamente, el primer coupé utility lo fabricó la división australiana de Ford. ¡Pero no veas el éxito de estas carrocerías en el interior de los Estados Unidos! Y es que por ahí vamos a pasar hoy: nos espera Oklahoma.

Salimos de Carthage rumbo a Kansas. Este estado es el que menos tramo tiene en la Ruta66 -tan sólo 21 kms- pero aún así guarda interesantes paradas. La primera está en Galena. Llegamos allí tras dejar atrás Web City y Joplin en Misuri. Nada más entrar recorremos una calle con edificios semiabandonados donde no es difícil sentirse bien como un forajido… O bien como la víctima de alguno de uno de ellos. Sin embargo, llegando al final de la calle todo todo se torna en una amable película de animación.

Vas a ver dibujos de la gran pantalla en tres dimensiones, pero tranquilo, que nadie te ha echado droja en el cola-cao ni estás en ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? Estás en Cars on the Route (119 N Main St.). Y lo que tienes delante es la auténtica pick up de 1951 que inspiró al personaje de Cars Town Mater. Un sitio de lo más fotogénico, especialmente si vas con la chavalada en los asientos traseros. (¿Os acordáis de esta adaptación que vimos en Alicante? 😉

Tras esta buena ración de clásicos con su punto de óxido nos vamos a por los trenes. Éstos fueron indispensables para el crecimiento de Galena en su época de esplendor minero, albergando carbón y ejércitos de Hobos a partes iguales. En el antiguo depósito de ferrocarriles Missouri-Kansas-Texas se encuentra el Galena Mining & Historical Museum (319 W 7th St). Un lugar perfecto para situarnos en la historia del lugar antes de seguir ruta.

Continuamos hacia Riverton para ver el pintoresco Nelson’s Riverton Store (7109 KS-66). Uno de los muchos establecimientos de carretera en la Ruta66, pero con la particularidad de apenas haber recibido retoques desde 1925. En el siguiente pueblo, Baxter Springs, nos topamos a la entrada con el primer compra-venta del día. Se trata del Nowlings Auto Sales (418 Military Ave), el cual tiene a la entrada un par de camionetas con pátina a modo de declaración de intenciones.

A tan sólo un kilómetro está el Kansas Route 66 Visitors Center (940 Military Ave). En el 2005 la Sociedad Histórica de Baxter restauró el edificio a su apariencia original. Una de las estaciones de servicio en mejor estado de toda la Ruta66. Te recomendamos visitar este lugar regentado por correctos aficionados a la Historia. Gente sencilla de la que lleva corbata bajo el jersey porque lo que viene después… Es una ración doble de crimen al por mayor.

A TIRO LIMPIO: JESSE JAMES, BONNIE & CLYDE Y CAMIONES OXIDADOS

Es increíble las fascinación que pueden ejercer los malos de la película. Pero aún más cuando éstos son de carne y hueso. Sin duda éste es un fenómeno social que debería abordarse desde la psicología. ¿A qué viene esa fascinación en torno a la maldad? ¿Es que todos llevamos dentro un pequeño genocida luchando por salir? ¿Tan fácilmente se le puede soltar a uno el pistón convirtiéndose en una especie de Kurtz en ‘El Corazón de las Tinieblas’?

Más allá de sesudos debates sobre la condición humana, lo cierto es que la tradición popular siempre ha cantado a los ladrones. Desde Los Chichos con su “tú eres El Vaquilla, alegre bandolero” hasta John Lee Hooker con el “I’m bad like Jesse James” la música tiene toneladas de loas al crimen. Con los coches pasa algo parecido. Mientras el SEAT 124 ha quedado inevitablemente unido a la imagen del kinki, el Ford V8 es el símbolo del atracador de bancos en los Estados Unidos.

Hoy en día todo esto nos parece un interesante fenómeno cultural. Pero si podemos tomarlo así es porque, afortunadamente, aquellos delincuentes ya son parte del pasado. El mejor ejemplo de esto lo podemos ver en el Cafe on the Route de Baxter Springs (1101 Military Ave). Aquí se albergó uno de los bancos atracados por la banda de Jesse James, pero hoy en día es una agradable cafetería en la que te puedes atracar… A rosquillas. Muy buenas por cierto.

La banda robó aquí 2.900 dólares de la época en 1876. Al año siguiente el banco quebró, y a los seis un compinche traicionero disparó a James por la espalda. Hasta la fecha se contabilizan 37 adaptaciones cinematográficas de su vida. Una más de tantas biografías delictivas protagonizadas por forajidos provenientes de las antiguas filas del ejército confederado.

Con la violenta historia del lugar aún silbando en la cabeza ponemos rumbo al primer pueblo de Oklahoma en la Ruta66, Commerce. Allí nos topamos con la Allen’s Conoco Fillin’Station (101 S Main St). Según la leyenda aquí repostó la pareja de pistoleros Bonnie & Clyde. Y puede ser, porque a tan sólo 800 metros mataron al oficial de policía Cal Campbell. En este punto lo suyo sería ir a lomos de un Ford V8. El mismo por el cual Bonnie Parker envió una carta de felicitación al mismísimo Henry Ford.

No obstante ése ha quedado como un coche maldito, ya que se le suele recordar cosido a balazos. Por cierto, en el lugar hay un armazón de Ford Model T con inscripciones en catalán. Cosas de la globalización. Después de tanto crimen lo suyo es reponer fuerzas en la heladería Dairy King. Se encuentra justo enfrente de la antigua estación de servicio. Eso sí, no les hagas una bromita a lo Bonnie & Clyde o Jesse James porque aquí hasta un simpático tendero puede tener una recortada bajo el mostrador.

Como última parada en Commerce te recomendamos Callahan’s Customs (800 S Mickey Mantle). En este pequeño taller de restauración podrás ver cómo trabajan sobre varias furgonetas, Mustang e incluso un Opel GT. Sin embargo, lo más curioso y adecuado para la escena de forajidos que acabamos de visitar es el oxidado camión International Haverster S-160 Series. Una bestia parda de los 50 con un limpio agujero de bala en el parabrisas. ¡Otro de los vehículos perfectos para hacerse la Ruta66!

MIAMI. EL REVERSO OSCURO DEL MOTOR AMERICANO

Estados Unidos se ha construido a balazos y ruedas. Primero durante la expansión en carretas hacia el Oeste, y luego con las enormes áreas residenciales. Con tanta distancia y tanto “acá para allá” es normal que la patria de la comida rápida sea ésta. En este sentido no sólo McDonald’s y Burger King son los que se han repartido el negocio. Durante décadas subsistieron decenas de cadenas más pequeñas aflorando al calor de vías como la Ruta66.

Una de ellas fue Kuku Burger. A pesar de que muchos consideran su hamburguesa como la mejor de la Ruta66, hoy en día sólo queda un local de los 200 que la empresa llegó a tener. Se trata del establecimiento ubicado en el 915 S Main St de Miami. Te daríamos una reseña sobre la comida, pero el día que La Escudería pasó por allí el dueño sufría problemas de salud y el local estaba cerrado.

Esta Miami de Oklahoma es una curiosa ciudad de unos 14.000 habitantes. Sus calles anchas y casi desiertas parecen un cuadro de Edward Hopper. Enormes edificios casi sin vida, prácticamente ningún lugar al que puedas llamar “centro de la ciudad” con una destacada afluencia de peatones, avenidas trazadas en perfecta geometría… Está curioso darse una vuelta por ella para ver el reverso tenebroso de la cultura americana del motor. Unas ciudades pensadas para moverse exclusivamente en automóvil. Sus desiertas áreas residenciales están en las antípodas del urbanismo europeo. Da que pensar.

Mientras recuerdas el vivaracho centro de cualquier población mediterránea, está bien dirigir el rumbo al Vintage Iron & Motorcycle Museum (128 S Main St). Eso sí, siempre atento a lo que te puedas encontrar por el camino. Pueden aparecer sorpresas como el garaje de restauración ubicado en Recovery Room-301 N Main St. En su puerta vimos un Subaru 360. Este icono de los pequeños utilitarios de la postguerra japonesa no es, para nada, uno de los coches que te esperas en la Ruta66. Pero por eso mismo es genial verlo aquí. ¡En la 66 la pasión por el motor abarca todo tipo de vehículos!

Aunque La Escudería es una revista para gente sobre cuatro ruedas, lo cierto es que resulta imposible no caer rendido ante el encanto de ciertas motos. En el Vintage Iron & Motorcycle Museum tienen varias. Entre ellas una Harley Davidson de 1917, una AJC de 1949 -curiosamente muy parecida a las típicas Royal Enfield fabricadas actualmente en la India- y una Ariel Red Hunter de 1957. Un moto mítica para la casa de Birminghan, ya que su enorme éxito comercial posibilitó que ésta absorbiera a Triumph.

Si no has gastado demasiado tiempo con las motos te recomendamos que pases por un médico local a ponerte la antitetánica. ¿Por qué? Pues para ir seguro a la deliciosa montonera de óxido que es el 10991 de la US-69. Justo antes de salir de Miami está este tremendo amontonamiento de camionetas y pick-up con libre acceso. ¿Qué hacen ahí? ¿Es esto lo más parecido a la imagen del Apocalipsis? No lo sabemos, pero merece la pena pasar.

Tras avanzar unos 25 kilómetros llegamos a Afton. Como otros tantos pueblos en la Ruta66 la circunvalación ha convertido el lugar en un escenario de terror. En serio. Es uno de esos sitios medio abandonados donde hay una calma tensa en la que, si sale de repente un tipo, piensas que te va a linchar. ¿Habéis visto ‘No es País para Viejos’? Pues algo así. Al estilo del personaje interpretado por Barden bajo la dirección de los geniales hermanos Coen. Un sitio perfecto para perturbados y psicópatas.

Pero tranquilos, porque la responsable del Station Packards (12 S 1st St) es encantadora. En contrapunto con el entorno Marlin Carpenter te recibe con café, refrescos y la frase “estáis en vuestra casa”. El museo se encuentra dentro de la primera estación 24 horas en la Ruta66, y cuenta con 18 Packards entre otros clásicos. Uno de ellos es un DeSoto de 1935. Éste monta un precioso adorno alado sobre la calandra, aunque no es que el hiciera famosa a la marca.

Fundada en 1928 como subsidiaria de Chrysler, DeSoto recibió su nombre por el conquistador español Hernando de Soto. Por ello, muchos de sus 2 millones de automóviles montaron sobre su capó un busto del 2º Teniente del Gobernador General del Cuzco, 2º Gobernador de Cuba y Tercer Adelantado de La Florida. Ojo, con su puntiagudo casco morrión y todo. En suma, ser atropellado por un DeSoto es como que te pase por encima el Imperio Español. Nobody expects the Spanish Inquisition!

Según parece se acaba de vender gran parte de la colección tras la muerte en 2016 del fundador del museo y su esposa, David Kane y Sylvie. Así que tendrás que darte prisa si quieres verlo, además de contactar con Marlin para que te lo abra. No obstante, la que sí va a seguir abierta sin problemas es nuestra siguiente parada en la Ruta66. Un museo al que tendrás que ir con la mente abierta si eres un purista de los clásicos en estado de origen.

UN MUSEO PARA LA CULTURA CUSTOM

Hay dos países que destacan por la personalización de vehículos. Bueno, incluyendo a Japón diríamos que son tres. Pero por ahora nos vamos a quedar en Occidente. De una forma más reciente despuntó la Alemania de los 90 con el fenómeno tuning. Colores chillones, neones, vestir en chándal aunque no hayas hecho deporte desde las clases de Educación Física en el colegio… Ya sabes. El paraíso del parkineo y el Madrid-Valencia en menos de tres horas. Uh-Ah!

Siguiendo el rastro de la gomina -desde los greasers hasta los bakalas estas tribus urbanas suelen llevar un pozo petrolífero en la cabeza- acabamos en los Estados Unidos. Fue allí cuando durante los 50 nació la cultura custom. La forma en la que gran parte de la juventud del momento encauzó sus ansias de adrenalina metiendo mano a sus Chevy y Ford. Motores trucados, suspensiones rebajadas, gente cayendo por el precipicio… El nacimiento de la estética Hot Rod.

Inevitablemente todo aquello contagió al mundo del espectáculo. También a una buena cantidad de aficionados con billeteras inquietas. Así nacieron los customizadores profesionales. Uno de los fenómenos más característicos del motor norteamericano, y del cual Darryl Starbird es uno de sus grandes personajes. Durante los 50 y 60 fue uno de los más famosos, concibiendo no pocos modelos tocados por la fiebre futurista del momento.

Muchos de ellos están en el National Rod & Custom Car Hall (55251 E OK-85A). Un lugar donde se rinde tributo a este diseñador con una buena selección de modelos. No te vamos a mentir. La verdad es que algunos son “café para los muy cafeteros”. Cuando nos metemos en cúpulas espaciales -sin arco de seguridad alguno- y amplias gamas de colores como para dejarte ciego… Esto te tiene que gustar bastante. Sin embargo, también hay creaciones más equilibradas.

El Cadillac de 1957 apodado The Shark impresiona, así como un enorme Oldsmobile Toronado de primera serie rematado con un “flow” digno del mismísimo Marvin Gaye. Imposible no querer dar un paseo en él sonando Let’s Get it On de fondo. Sinceramente te recomendamos que no dejes de parar en este museo. Al fin y al cabo, si estás haciendo la Ruta66 es porque te interesa la cultura del motor americano. Y dentro de ella personajes como Darryl Starbird o George Barris son clave.

Por cierto, una de las mejores cosas de este singular museo es su trato cercano. Cierra los martes, pero aún pasando por allí en día de descanso la esposa de Starbird abrió las salas con una pasión contagiosa. Puedes contactar con ellos antes de la visita a través de su página web. Merece la pena.

HOMBRES ENAMORADOS EN LUGARES DONDE NO ES POSIBLE EL MAR

Retomando la Ruta66 nos sorprende un nuevo lugar abandonado al pasar por Vinita. Esta vez se trata de unos treinta clásicos abandonados en una antigua estación de servicio (519 S Wilson St). Una verdadera locura de la que dan ganas de rescatar a alguno de sus protagonistas. Muy interesante el Mercedes 219 Ponton bien conservado en medio de tanto óxido “made in America”.

Con unas 20 versiones los Ponton fueron la primera gama de sedanes producidos por Mercedes tras la Segunda Guerra Mundial. Su fama es la de ser extremadamente fiables, y no sólo en su pintura. Es un coche de lo más interesante. Por de pronto hacemos parada en el Hi-Way Cafe (437918 US-60) y, tras reponer fuerzas, seguimos hacia Chelsea.

Allí nos topamos con el Ed Galloway´s Totem Pole Park (21300 OK-28 A). Construido entre 1937 y 1948 este curioso parque se debe a la veneración de su creador por la cultura de los nativos americanos. Veneración que lo llevó a levantar el mayor tótem del mundo, con 27 metros de alto y 9 de ancho. Una mole decorada con unas 200 imágenes al estilo pictórico indígena.

Obviamente no es una muestra auténtica de la cultura indígena, pero los casinos indios en algunas reservas tampoco son un perfecto tributo a los antiguos grupos tribales. En un mundo donde no es fácil marcar la línea entre vencedores y vencidos, entre los de aquí y los de allá, quizá lo más interesante sea disfrutar de las mezclas. Hoy en día el Ed Galloway´s Totem Pole Park está gestionado por la Sociedad Histórica del Condado de Rogers. Además puedes hacer barbacoa en él, por lo que resulta un buen sitio para hacer parada y fonda al estilo americano.

Con la visión del viejo letrero del Chelsea Motel (110 E 1st St) nos despedimos de Chelsea poniendo rumbo a Catoosa. Éste es uno de los tramos más largos de la Ruta66 sin paradas de interés. 50 kilómetros donde poder relajarte al volante gracias a una selección con lo mejor de los 81 discos publicados por Willie Nelson. Su country suave rasgando las cuerdas de la vieja Trigger es de lo mejor del género, junto a discos como el Harvest de Neil Young. No te olvides de ellos antes de lanzarte a la Ruta66.

Al llegar a Catoosa estás como en Valdepeñas. En un sitio donde es imposible imaginar el mar. Sin embargo el mayor atractivo del lugar es una inmensa ballena construida hace unos 50 años por Hugh Davis. Este hombre enamorado la concibió como regalo de aniversario para Zelta, su esposa. Alrededor de la ballena se dispone un parque que ahora cuida la hija de la pareja. Justo enfrente puedes ver el Arrowood Trading Post (2700 N Old Hwy 66). Uno de los antiguos establecimientos comerciales de la 66.

TULSA. EL LUGAR DONDE NACIÓ LA RUTA66

Explorando el interior de Catoosa llegaremos al Correl Museum (19934 E Pine St). Tranquilos porque coches hay. Pero antes no podemos dejar de fijarnos en algunas otras cosas. Desde un gato momificado hasta viejas botellas de Whisky pasando por hebillas de cinturón este lugar es una curiosa montonera de recuerdos. De todos modos, lo que más destaca es la colección de coches clásicos guardada en un pabellón propio.

Si te gustan los coches de preguerra no te lo puedes perder. Rolls-Royce de los años 30, enormes Packard estilo película rodada en el Chicago de Al Capone… Pero sobretodo los curiosos Oldsmobile de 1902 o el Franklin de 1919 en aluminio. Uno de los vehículos más representativos de la marca que hizo por aligerar el peso una de sus señas de identidad. El uso de este material en sus coches de lujo fue una de las innovaciones de John Wilkinson. Hasta el punto de que en la época se tenía a la Franklin Automobile Company como la mayor demandante de aluminio en el mundo.

No en vano fue la primera en introducir los pistones de aluminio en 1915. También fue pionera en el uso de motores cuatro cilindros en 1902 o seis cilindros en 1905. En suma, una empresa clave en el desarrollo de la automoción moderna. Tampoco puedes dejar de echar un ojo al Locomobile a vapor de 1899. Posiblemente uno de los últimos coches a vapor de la marca, antes de que en 1902 se pasara a la combustión con excelentes resultados. Si bien sus motores a vapor tenían una fama no muy buena… El paso a los de combustión hizo de Locomobile una de las marcas más fiables en el momento. No en vano se publicitaba como “el mejor coche de América”.

Hablando de coches va siendo hora de volver al nuestro para poner rumbo a Tulsa, la ciudad donde realmente nació la Ruta66. Y es que aquí estuvo la Highway 66 Asociation, la cual fue obra del empresario Cyrus Avery. Unido a negocios petrolíferos y ganaderos Avery se obsesionó durante décadas con la creación de infraestructuras. De hecho llegó a entrar en la administración por este motivo, poniendo tal empeño que ha pasado a la Historia como el padre de la Ruta66.

Décadas después aún se le sigue reconociendo así, por lo que recomendamos una visita a su tumba en el cementerio de Rose Hill a fin de presentar respetos. La tumba es realmente discreta, pero tras un breve paseo podrás encontrarla con ayuda de algunas fotografías. Sino te va lo de buscar tumbas también puedes acudir a la Cyrys Avery Centennial Plaza. Aquí el propio Avery aparece representado como el conductor de un Ford Model T a punto de chocar contra dos caballos. Un conjunto escultórico de enormes proporciones llamado “East Meets West”, donde se plasma el tránsito de los carruajes a los automóviles.

Y bueno, ya que antes hablábamos de música para la Ruta66 ahora te vamos a hacer otra recomendación. No en vano estamos en la cuna del Tulsa Sound. Esa mezcla suave de country, rock y blues pantanoso que tiene en JJ. Cale su mayor exponente. La verdad es que nos encaja de maravilla con nuestro propósito viajero, porque esta música parece hecha para conducir por las enormes praderas americanas.

Pasando por la ciudad podemos ver el letrero gigante del Oasis Hotel (9303 E 11th St), el Desert Hills Motel (4323, 5220 E 11th St) y la pequeña y antigua gasolinera Rossi Brothers (3501 Rte 66). Por lo demás es una ciudad de unos 450.000 habitantes con una buena vida cultural y amplios parques. Reseñada en varios listados sobre ciudades con buena calidad de vida. Un sitio civilizado y diáfano donde vivir con sosiego. Eso sí, también fue un importante centro de negocios llamado durante décadas la Capital Mundial del Petróleo. No en vano, en el escudo de la ciudad se puede ver una torre de perforación.

Junto a ésto hoy otro símbolo del petróleo en Tulsa. Se trata del gigante de la Golden Driller (Tulsa Expo Center, 4145 E 21st St). Construido en 1952 para la Exposición Internacional del Petróleo, la Mid-Continent Supply Company de Fort Worth donó la estatua a la ciudad. La leyenda a sus pies no puede ser más propia del resuelto carácter americano. “Dedicado a los hombres de la industria petrolera que, por su visión y audacia, han creado de la abundancia de Dios una vida mejor para la Humanidad”.

Esto nos recuerda sin remedio a Pozos de Ambición. La cinta del inquietante Paul Thomas Anderson en la que preguntarse sobre quién es el malo y quién es el bueno resulta inútil. Una de las mejores películas en lo que llevamos de siglo XXI. Imprescindible para ir creándote ambiente antes de cruzar -aunque sea de soslayo- las regiones petrolíferas del sur de los Estados Unidos. ¿Es la Gigante de este nuevo siglo? Bueno, son absolutamente complementarias.

Pensando en lo buen actor que es Daniel Ley-Lewis volvemos a la Ruta66. A 22 kilómetros nos espera Sapulpa con su Route66 Auto Museum (13 Sahoma Lake Rd). Tiene unos 30 vehículos y, aunque hay que desviarse un poco, te lo recomendamos completamente. Hay un par de Jaguar algo desubicados, pero por lo demás es una buena muestra del motor americano.

Desde un precioso Packard V6 descapotable rojo hasta musclecars como el Pontiac GTO. También encontramos un Ford Thunderbird de la primera y mítica serie del 1955, en contraste con un rabioso Maserati de carreras.

Si te quedas con ganas de más, por la zona también puedes visitar el Waite Phillips-Barnsdall Filling Station Museum (26 E Lee Ave) y el Sapulpa Fire Museum (124 E Lee Ave). Eso sí, para ver un museo realmente único y particular… Aún te quedan por recorrer unos 120 kilómetros.

JHON TIENE UN MUSEO AL QUE SE ENTRA CON LA BOCINA

Durante los siguientes 80 kilómetros pasaremos por Stroud y Chandler. En el primer lugar lo más destacable es el letrero del Motel Skyliner (717 W Main St). Otro de los muchos recuerdos de esa época en la que la Ruta66 era la “calle mayor de América”. Ya en Chandler encontramos una curiosa historia sobre el constante afán de conservación que comprobamos a lo largo de todo el viaje. ¡Existe una verdadera pertenencia a la Ruta66! Sociedad históricas, multitud de pequeños museos, coleccionistas que abren sus puertas al público… Los hijos de la Ruta se afanan en conservar la memoria.

Uno de ellos es Bill Fernau, el cual compró en 1999 la vieja estación Phillips 66 (701 Manvel Ave). El hombre lleva casi 20 años reconstruyendo el lugar en base a planos originales de la empresa Phillips, ¡y planea volver a hacerla operativa! Añadiendo además un taller de reparación. Sin duda esta gente merece todo el reconocimiento. Además, es todo un privilegio poder charlar con ellos durante un rato. Tras contagiarnos por la pasión de Bill emprendemos rumbo a Warwick. Allí nos encontramos con la Seaba Station Motorcycle Museum (336992 OK-66).

Hoy en día es un museo de motos, pero en tiempos fue una de las primeras estaciones de toda la Ruta66 en contar con un taller de reparaciones rápidas. Desde luego es una clara inspiración para el caso que hemos visto anteriormente. Pero vamos rumbo a otro “artesano de la 66”. Tras avanzar otros 40 kilómetros llegamos a la casa de John Hardgrove (OK County 66 – John’s Place 13441 E Old Hwy 66). Más o menos kilómetro y medio antes de llegar a Arcadia y justo pasadas las ruinas de una casa en una curva a derecha.

Y sí, has leído bien. Ni museo… Ni sociedad histórica… Nada por el estilo. Estamos hablando de una casa particular. Obviamente no tiene horario como tal, por lo que has de cruzar los dedos para que John esté. Olvídate de las incómodas colas de verano en el Museo del Prado, aquí se entra a golpe de bocina. La tocas y, si el señor Hardgrove está por allí, sale encantado a recibirte. ¡Toda una experiencia!

De verdad que es para no perdérselo. A lo largo de las salas que él mismo va enseñando puedes ir viendo un bar estilo años 50, multitud de memorabilia del motor y, sobretodo, varios clásicos abiertos en canal sobre los que está trabajando. Hablar con entusiastas de los cilindros como John es espectacular. Allí mismo te puede contar cómo está trabajando en un Ford de los años 30. Rodeados de piezas de motor y herramientas de todo tipo, éste es el paraíso para cualquier aficionado a la restauración de coches clásicos.

Aunque corras el riesgo de entretenerte demasiado es uno de esos sitios donde parar sí o sí. Al fin y al cabo la Ruta66 sigue siendo algo vivo gracias a este tipo de gente. Si no paras a conocerlos… Es como si vas a un restaurante sólo a ver la carta.

LOS PELIGROS (CULINARIOS Y METEREOLÓGICOS) DE LA RUTA66

Otro de los puntos clave en Arcadia es el Round Barn (107 OK-66). Este viejo granero construido tiene todo el encanto del interior de los Estados Unidos. Además, su techo se derrumbó en 1988 pero un equipo de voluntarios lo reconstruyó en tan sólo 4 años. Eso sí, no pienses que en este pueblo todo es felicidad y buena camaradería.

¿Quieres hacer sufrir a tu estómago? Puedes. Porque en el Pops Arcadia (660 Ok-66) tienes la posibilidad de probar guarradas inmundas sin igual. Aquellas recenas juveniles al llegar de madrugada a casa quedarán como saludables ingestas al lado de la soda sabor chocolate con bacon. En un alarde de “allá donde fueras haz lo que vieras” nuestro fotógrafo Unai Ona se atrevió con la botella. Por fortuna para sus arterias e intestinos ésta quedó sin acabar.

No obstante, cuando te encuentras en medio del Callejón de los Tornados el mayor peligro no es un refresco hipercalórico. En esta zona entre Tulsa y Oklahoma City puedes encontrarte con tormentas realmente impresionantes. Pueden aparecer de repente, haciendo que el cielo se desplome sobre tu cabeza con una cascada de agua que te impide ver poco más allá del morro de tu coche. Justo esto es lo que le ocurrió a nuestro intrépido fotógrafo.

En una situación así lo mejor es salirse de la interestatal y parar en cualquier lugar seguro y cubierto. Las rachas de aire hacen que los paneles publicitarios salgan volando, así que imagina lo que es conducir bajo estas circunstancias. De hecho te recomendamos que esperes con calma hasta el final de la tormenta. De no hacerlo puedes acabar -historia real- por accidente en el aparcamiento de un centro penitenciario, del cual la policía te pedirá que salgas con viento fresco.

Finalmente toda tormenta pasa, sale el sol y acabas en el motel esperado. La etapa acabó habiendo circunvalado Oklahoma City hasta llegar a Clinton. Ya estamos en el Sur de los Estados Unidos, buscando el camino del Oeste hacia la siempre prometedora California.

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