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Ruta66 (IV): A través de Texas

En esta nueva entrega de nuestra guía por la Ruta66 atravesamos Texas. Aquí encontraremos pueblos abandonados, actuaciones musicales improvisadas, algunos Cadillac hundidos en la arena e incluso un museo de caravanas. Una etapa llena de neones y óxido.


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FOTOS RUTA66: UNAI ONA

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ÓXIDO, BÚFALOS Y COUNTRY SALVAJE. DE CLINTON A ERICK

Tras la tormenta siempre llega la calma. Y es que, aún con el susto en el cuerpo por el desplome del cielo sobre nuestras cabezas en pleno Corredor de los Tornados, llegamos al Glancy Motel de Clinton. Uno de esos alojamiento de ambiente tranquilo y amable atención tan frecuentes en las rutas norteamericanas. El sitio perfecto para imaginar una película de los Hermanos Coen; una de esas en la que todo acaba mal cuando el tarado local se cruza en tu camino.

Eso sí, en nuestro caso la noche no acabó con un hacha en la espalda. Lejos de ello, los moteles de este estilo ofrecen una buena estancia con desayuno incluido por tan sólo 30 o 50 dólares. Además, la pasión por los clásicos no se hace esperar al tener justo delante un pequeño restaurador: el Classic 66 Auto Sales (214 Gary Blvd). Con óxido incluso en el cartel del establecimiento, este garaje es uno de los muchos lugares algo destartalados en los que merece la pena pararse a curiosear tuercas.

Mucho más civilizado y pulcro se nos muestra el Oklahoma Route 66 Museum en el 2229 W Gary Blvd. Un amplio escenario con lugares típicos de la Ruta66 recreados como si fueran dioramas a escala natural. Gasolinera, cafetería de ruta… Todo ello rematado con un neón al que merece la pena acercarse de noche con la banda sonora de American Graffiti en los altavoces. Excusa perfecta para rememorar el destino fatal de John Milner, pensando en cómo los amigos y el R&R ya no son lo que eran.

Con la convicción de sufrir una adolescencia mal curada ponemos rumbo a Elk City. Allí nos espera el Route 66 Transportation Museum en la 320 W 3rd St. Todo el conjunto forma un pueblo artificial, pensado en la forma de un parque temático en el que recrear diferentes lugares y épocas de la Ruta66. En fin, ya vemos que en América todo es a lo grande. ¡Hasta los dioramas son a escala 1:1! Muy recomendable si quieres sentirte como en una tienda de juguetes para chavales que peinan canas.

Por cierto, no dejes de pararte delante del Studebaker Commander de 1953. Uno de los mejores diseños de Raymond Loewy con el que fusionó a la perfección líneas europeas y americanas. Un coche que resultaría perfecto para seguir nuestra ruta hacia Sayre atravesando las grandes praderas. Justo el terreno donde las carretas llenas de colonos arrebataron la tierra a los indios bajo la mirada impasible de los búfalos.

Uno de esos sitios donde lo apacible del viento entre las mieses oculta el sonido de disparos y flechas. Otro capítulo más en la expansión de los Estados Unidos hacia lo que siempre ha sido su vía de escape: el Oeste. En recuerdo de todo aquello, aunque sea en forma de recuerdo tan kitsch como distorsionado, encontramos a Sargent Major Bison. La alocada escultura de un bisonte vestido con el uniforme de caballería también conocida como “Spirit of the West”.

Con el recuerdo de que en estas praderas la tierra se regó con sangre nos encaminamos hasta Erick, donde más de un centenar de clásicos nos reciben entre las hierbas cercanas a la I-40BL. Si eres uno de los que ha venido a la Ruta66 en busca de autenticidad y óxido… Tienes que parar aquí. Desde numerosas pick-up hasta el cascarón de un Beetle con doble luneta trasera hay material de sobra para sentirte un Indiana Jones del motor.

Ya dentro de Erick ponemos rumbo a su edificio más vetusto. En él se encuentra la Sandhills Curiosity Shop (201 S Sheb Wooley St). No te la pierdas. Así de claro. Y es que no se trata de otro anticuario más de los muchos que hay especializados en memorabilias de la Ruta66. Aparte de su impresionante catálogo, sus propietarios te salen al encuentro guitarra y peto vaquero en mano. De hecho, las actuaciones improvisadas de Harley ya son un clásico entre los viajeros de la Ruta66.

Con un repertorio donde abundan expresiones del estilo “down in Mexico”, “Texas sky” o “going to California”, este particular “outlaw country man” aparece cual si fuera Willie Nelson dándolo todo en las fiestas de tu pueblo. Un directo tan auténtico como recomendable capaz de sumergirte con tres acordes en lo más auténtico de la calle mayor de América. Así sí.

MECIDOS POR UN VIENTO SUAVE. ENTRAMOS EN TEXAS

Magnolia es una de las 12 canciones del primer álbum de JJ Cale. Realmente no es una de las más conocidas. En la primera escucha a esta maravilla del genio del Tulsa Sound destacan otras como Call me the Breeze o las posteriormente versionadas por Eric “God” Clapton After Midnight y River Runs Deep. Sin embargo, Magnolia es una de esas canciones que acabas poniéndote en bucle tras dar la vuelta al álbum cinco o seis veces.

En su segundo verso dice eso de “soft summer breeze”. Y bueno, es que cuando paras en los restos de la gasolinera Magnolia ubicada a la entrada del pueblo fantasma de Texola… Merece la pena sentarse y notar la suave brisa del verano entre los hierros y las zarzas. Además, justo ahí tienes las ruinas de una celda presidiaria construida a finales de los años 30. Dándose paseos por sitios así JJ Cale sacaba la pausa necesaria, el ritmo justo. Y es que, al igual que en la conducción, en la vida es tan importante saber dar gas como saber frenar.

Dejando atrás esa celda para vagos y maleantes entramos en Texas. El verde de los pastos va dejando paso al amarillo de los polvorientos secarrales. Todo se va haciendo más amplio, aún más inmenso. Y es que estamos en Texas. Habitado por más de 25 millones de personas, este estado no sólo cuenta con un tramo de la Ruta66, sino también con pozos petrolíferos e industria cárnica como para proporcionar calorías a los habitantes y automóviles de casi toda la nación.

Ocupado parcialmente por hasta 6 banderas sucesivas, la historia de Texas es la un territorio formado por oleadas migratorias. Pero también la de un lugar donde la visión más conservadora del país arraiga a golpe de fascinación por la libre posesión de armas. Algo que uno comprueba navegando por un dial donde cada locutor escupe más violencia verbal que el anterior. Y es que aquí florecen políticos como Ted Cruz. El candidato que acusaba a Trump de moderado mientras se publicitaba cocinando beicon con una ametralladora.

Obviamente todo esto no tiene porqué afectar nuestro viaje por un lugar donde también encontramos enclaves tan abiertos y futuristas como el Centro Espacial Lyndon B. Johnson, pero sí hemos de tenerlo en cuenta. ¿Por qué? Pues porque aquí, si fisgoneas alegremente en un garaje con clásicos oxidados, lo mismo te puedes buscar un problema teniendo en cuenta la neurosis de algunos de sus habitantes. Así que recuerda: ejerce como turista, incluso como explorador. Pero hazlo con cuidado.

Cambiando emisoras en un dial de lo más apretado avanzamos por Texas rumbo a Shamrock. Aquí encontramos la torre de agua más alta de todo el estado, construida en 1911 y ubicada en el 210 de la N Main St. No obstante, el principal atractivo del lugar es la Tower Conoco Station (111 Rte 66). Inaugurada en 1930 su estilo Art Decó es toda una bocanada de aire fresco en una senda donde la arquitectura estilo “granero del abuelo” impera a sus anchas. Por cierto, fue retratada en la película Cars.

Saliendo de Shamrock encontramos a mano derecha un conjunto de vehículos abandonados entre los cuales destacan varios industriales. No obstante, la mayor parte de los mismos no son visitables ya que según se avanza entre las zarzas aparecen carteles de “No Entrar”. Y bueno, ya sabes que aquí eso va bastante en serio. Ya habrá otras ocasiones en las que fichar clásicos olvidados a la vera de la Ruta66.

Avanzamos 35 kilómetros y llegamos hasta McLean. Sino fuera porque aun queda algún que otro habitante despistado y un museo… Os diríamos que este pueblo es otra de las muchas localidades fantasma situadas en la Ruta66. Por cierto, el museo no puede más curioso. Y es que, aunque en esto del coleccionismo hay de todo… El Devil’s Rope Museum ubicado en el 100 de Kingsley St se lleva la palma.

¡Ni más ni menos que un completo recorrido por la historia de los alambres de espino! Ideal si estás pensando en recrear a Steve McQueen estrellado con su Triumph al intentar huir de un campo nazi en La Gran Evasión. Museos curiosos aparte, en McLean también podemos encontrar el Motel Castus Inn (101 Pine St) y la entrañable estación de servicio Phillips 66 de 1928 (212 First St). De estilo Cottage Fashion parece una casa de muñecas, siendo actualmente conservada por la Asociación Ruta66 de Texas.

COCHES ENTERRADOS Y FILETES IMPOSIBLES

Avanzando con los amables acordes de la cabecera de Ruta66, la famosa serie sesentera en la que dos buenos chavales iban al rescate de sí mismos sobre un Corvette, surcamos 13 kilómetros más hasta llegar a Alanreed. En este pequeño pueblo pasa casi desapercibida una de las estaciones de servicio más antiguas de la Ruta66: la 66 Super Service Station (TX-271 Loop). Pero ojo, porque junto a ella encontramos el cementerio de coches más vetusto en todo nuestro camino. ¡A curiosear se ha dicho!

Después de limpiarnos un poco la ropa tras tanta zarza y tanto polvo enlazamos 60 kilómetros sin echar el pie a tierra hasta Panhandle. Eso sí, a la vera del camino nos asaltan la mirada elementos que recuerdan dónde estamos. Enormes depósitos de agua en la llanura, ranchos en medio de la nada, imponentes cruces con más de 70 metros de altura… Vamos, esos ingredientes que bien mezclados te dan como resultado el Rancho de Waco con sus Davidianos de la Rama. Armas, cruces, fuego. Asuntos que acaban mal.

Ya en Pandhandle vemos una instalación que parece salida de Mad Max, aunque rematada por una pandilla de coloridos grafiteros seguidores de Afrika Bamabaataa. Estamos hablando del VW Slug Bug Ranch (I-40 Frontage Rd). Un delicioso conjunto de edificios abandonados guarnecido por cinco Escarabajos parcialmente enterrados a la forma y manera que veremos dentro de poco con unos Cadillac.

46 kilómetros más adelante está Amarillo, donde nos sorprende la hora del almuerzo en uno de los mejores establecimientos de toda la Ruta66: The Big Steak Ranch & Brewery (7701 Interstate 40 Acces Rd). El local es enorme, con enormes coches aparcados justo a la vera de la enorme estatua de una enorme vaca. Hay gente con sombreros enormes y prendas enormes. Las piezas de carne son enormes, comiéndotelas debajo de la enorme osamenta de un vacuno con enormes cuernos. Aquí todo se mide en cifras mayúsculas. Enormes.

Todo se dispone según lo esperado para un lugar con marcado sabor “made in Texas”. Todo menos un objeto tan pequeño como importante: la fotografía de Molly Schuyler. Esta mujer de 39 años ostenta el récord gástrico del local, habiendo engullido un bistec de dos kilos, una patata al horno, un pan con mantequilla, un cóctel de camarones y una ensalada en tan sólo 4 minutos y 18 minutos. Ahora, ¿por qué resulta inesperada esta fotografía?

Pues porque lejos de lucir como una severa camionera texana, esta comedora profesional -vive de los premios que obtiene en concursos de “speed eating”– luce como una vegana de Malasaña. Una de esas que te suelta la salmondia antiespecista mientras intentas recuperar la verticalidad comiendo un kebab correoso a las cinco de la madrugada. Con sus piercings y su pelo teñido uno no se la imagina haciendo estas cosas de texanos, pero se ve que sí. En fin, la postmodernidad es un lugar mestizo y complejo donde las apariencias siempre engañan.

CADILLACS Y AUTOCARAVANAS. VIVIENDO EN LA CARRETERA

Con un botón desabrochado y las reservas de proteína por las nubes abandonamos el The Big Steak Ranch convencidos de haber estado en uno de los mejores lugares de la Ruta66. Por cierto, más allá de este restaurante el poblado de Amarillo cuenta con dos museos de clásicos en los que poder estirar las piernas y bajar la comida. El primero es el Bill’s Bayckyard Classic, situado en el 5309 S de Washington St.

Se trata de la mayor colección de la zona, resultando especialmente recomendable gracias a una gran cantidad de vehículos que van desde los años 20 hasta el reciente 2012. Enormes Cadillac, diversos musclecars… Lo cierto es que puedes tomártelo como una cronología breve pero intensa del automóvil en los Estados Unidos. Pura Ruta66. El segundo es el Jack Sisemore Traveland RV Museum en el 4341 de Canyon Dr.

Aquí encontramos una panoplia representativa del ir “con la casa a cuestas”. En fin, como el pasado siempre rebota en el futuro se ve que todo aquello de las carretas a la conquista del Oeste aún vive en el subconsciente americano en forma de gusto por las caravanas o “motorhome”. Algo que percibes rodando por la Ruta66, en la cual es normal cruzarse con enormes casas rodantes para las vacaciones.

El Jack Sisemore Traveland es una celebración de esta variante del automovilismo, albergando incluso la primera casa remolque o “airstream”. Ni más ni menos que un modelo Torpedo de 1935. La primigenia de todas las roulottes. Una pieza única a la que siguen el prototipo de la primera Itasca de 1975 -verdadero apartamento sobre chasis de batalla larga- o un encantador autobús Flxible de 1948 lleno de cromados.

De aquí sales imaginándote en una de estas casas sobre ruedas, algo que compite con la fascinación ejercida por los enormes Cadillac situados en el cercano Cadillac Ranch (16351 I-40 Frontage Rd). Los impresionantes Eldorado en perfecto estado destacan a la legua, pero lo que realmente se lleva el protagonismo son las diez carrocerías de modelos fabricados entre 1949 y 1964 plantadas en el suelo.

Una hilera que, a modo de instalación de arte contemporáneo, invita al visitante a dejar su huella sobre ellos con un spray de color. Son tantos los botes vaciados sobre los Cadillac que uno no sabe cuánto hay en ellos de chapa y cuánto de pintura. Volviendo a la carretera seguimos por la I40 dejando siempre en paralelo a la antigua carretera. 68 kilómetros que nos conducirán hasta el preciso centro de la Ruta66: Adrian.

ADRIAN. EL MERIDIANO DE LA RUTA66

Adrian tiene un atractivo geográfico, otro culinario y otro relativo. El geográfico es que en este punto se sitúa el centro mismo de la Ruta66, lo que viene indicado por un cartel donde se indican las 1139 millas recorridas tanto si vienes de Santa Mónica como si lo haces desde Chicago. El culinario es el Midpoint Cafe; un establecimiento fundado en 1928 con excelentes postres y dulces.

Y bueno, el relativo es hacerse una foto junto al cartel de entrada al pueblo como si fueras Rocky llamado desde el ring a su esposa Adrian. Una de esas escenas que pondrían de los nervios a cualquier actor formado con estrictos logopedas ingleses, pero que a nosotros nos encanta por la cancha que da a la hora de hacer imitaciones. Y es que, ¿un viaje es viaje sin sus momentos de absurdo? Pues no.

Desde el punto central que es Adrian seguimos 36 kilómetros en dirección California hasta tomar un desvío en la salida 0 de la I40 con destino a Glenrio. Este pueblo abandonado cuanta con varios rincones de lo más apetecible para cualquier amante de lo antiguo, los cuales ejercen como testigos de lo que fueron los pueblos de la Ruta66 antes de la construcción de las grandes autovías. Hablando de tiempos pretéritos aquí es fácil ver restos de la carretera original, aunque necesitarás un todoterreno para circular kilómetros por ellos.

Si tu acompañante te echa la bronca recriminándote todo el tiempo que has perdido en un poblado abandonado como Glenrio… Tienes la excusa perfecta para callarle la boca. Y es que avanzando en nuestro viaje entramos rápidamente a Nuevo México, lugar donde se produce un cambio horario con el que ganas una hora. Si quieres cambiar las manecillas de tu reloj puedes hacerlo con una parada en la Russell’s Truck & Travel Center (1583 Frontage Road 4132).

Aunque no vayas montado en una especie de Diablo sobre Ruedas, lo cierto es que merece la pena pararte en esta área de servicio para camioneros. Aquí los Mack, Peterbill o Kenworth son los reyes, siendo el aparcamiento una muestra improvisada del transporte industrial. Muy bestia. Eso sí, el lugar también cuenta con un museo donde poder admirar algunos clásicos cincuenteros rodeados de numerosos objetos y modelos a escala.

Saliendo de este área de servicio tomamos la I40, la cual se funde con la antigua Ruta66 30 kilómetros más adelante. Continuamos otros 30 y llegamos a Tucumcari. Un pueblo que, si bien por el día parece otro de los muchos poblados ruteros que estamos cruzando, por la noche se transforma en una especie de Las Vegas en miniatura. Todo gracias a la magia de unos locales llenos de brillantes neones capaces de llevarnos directamente a los 50.

La Cita Flower & Fifts, Tee Pee Curious, el motel Americana, el Historic Apache o el Blue Swallow Motel de 1939 son sólo algunos de los ejemplos de uno de los pueblos de la Ruta66 mejor conservados. Un decadente y encantador conjunto de luces donde poder pasar la noche recordando nuestro paso por Texas. El momento perfecto para ver de nuevo París-Texas. La cinta de Win Wenders donde un hombre amnésico vaga por los desiertos de este estado preguntándose quién es. Apropiada metáfora del viajero.

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