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FOTOS RUTA66 (2ª ENTREGA): UNAI ONA

Lee la primera entrega haciendo click aquí →

Al menos hay tres Hamel en el mundo. Una está en Australia meridional; en ella los Marines tienen un campo de entrenamiento. Otra se encuentra en Francia; allí se lidió una de las últimas batallas de la Primera Guerra Mundial. Casi 3500 hombres murieron liderados por dos comandantes del Australian Corps. Una melé de nacionalidades en la que todos sangraron y los alemanes perdieron.

La última se encuentra en Illinois y, a priori, no ha conocido más que la calma y el sosiego. Gracias a que la Ruta66 pasa por el pueblo éste tiene cierta conexión con el mundo. En su cafetería Weezy’s se respira ambiente cincuentero y miradas entre lugareños y transeúntes. Hay cerveza Bud Light a buen precio, motos aparcadas en la puerta y el ambiente silencioso de un lugar donde el censo de 2010 tan sólo arrojaba 816 personas.

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La Ruta 66 a su paso por el Medio Oeste pide música country y camiones al amanecer.

Por las obsesiones raciales de la Oficina del Censo de los Estados Unidos sabemos que aquí viven un asiático y un isleño del Pacífico. ¿Cómo llegaron a este apartado rincón de la América profunda? No lo sabemos, aunque sospechamos que la Ruta66 puede ser parte de la respuesta. Al fin y al cabo su asfalto ha dado cobijo a no pocos “hermanos del camino” rumbo a no se sabe dónde huyendo de no se sabe muy bien qué.

Estos sitios donde poder imaginar fácilmente a los críos de El Pueblo de los Malditos tienen un punto inquietante. Y justo ahí es donde dejamos a nuestro fotógrafo Unai Ona al acabar la primera entrega del viaje que en La Escudería estamos haciendo por la Ruta66. Pero tranquilos, por ahora ni se le iluminan los ojos ni tiene capacidades telepáticas. ¡Continuamos el viaje!

CONEJOS, GIGANTES Y OVNIS

A primera hora del día la Historic Old 66 está tranquila. Con esta estampa uno echa la imaginación a volar y espera ver algún Cadillac apareciendo lánguidamente en el horizonte. Sin embargo la primera parada de esta segunda entrega va a tener como protagonista al VW Golf. Bueno, mejor diremos Rabbit…

Y es que éste es el nombre con el que se comercializó el “coche de coches” desde 1975 hasta 1984 en Estados Unidos y Canadá. ¿La razón? Bueno, no está del todo clara… Pero teniendo como antecedente más obvio al Beetle todo apunta al hecho de seguir con las denominaciones zoológicas.

Al igual que en Europa este utilitario levantó no pocas pasiones, creando una legión de aficionados entre los que se encuentra Rich, propietario del Henry Rabbit Ranch (1107 Historic Old 66. Staunton).

Además de un curioso apilamiento de VW Rabbit el lugar alberga camiones y una gran concentración de objetos relativos a los momentos de esplendor de la Ruta66. Merece la pena parar y luego seguir hasta el Pink Elephant Antique Mall (908 Veterans Memorial. Staunton). En este lugar con aspecto de rastro hay desde gigantes publicitarios hasta una especie de casa móvil con aspecto de OVNI fruto de la estética futurista de los 50.

CONTRA FUEGOS Y TORNADOS: COUNTRY CLASSIC CARS

A menos que llegues en el Día de los Alemanes -la mayor parte de los habitantes del lugar desciende de colonos germanos llegados aquí a mediados del XIX- Staunton no difiere de otros muchos lugares atravesados por la Ruta66. Sin embargo es una de las paradas obligadas para cualquier amante de los coches. ¿Por qué? Pues por el Country Classic Cars. El mayor establecimiento de compra-venta a lo largo de toda la 66.

Un negocio con 7 pabellones y cientos de clásicos a disposición del cliente. Algo así como una enorme feria del motor clásico americano pero abierta casi todos los días del año. Una industria que en los Estados Unidos parece gozar de buena salud; en las aproximadamente dos horas de visita descargaron tres trailers repletos de clásicos. Y eso por no hablar de que aunque el negocio ha sufrido dos recientes desgracias la idea de cerrar no ha sido una opción.

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Es el mayor compra-venta en la Ruta66, y se nota.

En agosto del 2017 un incendio calcinó gran parte de las instalaciones y no pocos coches, a lo que se suma el tornado que a comienzos de 2018 les pasó por encima. Aún así Country Classic Cars continúa abierto ofreciendo unos 650 coches en catálogo. Algunos tan extraños como un Nash Ambassadore Sedan de 1951. El tremendo carráncano familiar inspirado en el Stout Scarab de 1935 y que, con los años, está de lo más vacilón para cualquier banda en gira.

“CLANG, CLANG, CLANG WENT THE TROLLEY”

Yendo hacia St. Louis uno se imagina cantando encima de un animado tranvía a lo Meet Me in St. Louis. Lo de visualizarse con lazos y trencitas o no ya lo dejamos al gusto del lector. Vestidos aparte, vamos dejando atrás las praderas de Illinois para entrar a Missouri. Dos estados separados por uno de los emblemas del Medio Oeste y Sur de los Estados Unidos: el rio Mississippi.

Para cruzarlo optamos por uno de los puentes más míticos de toda la zona: el Old Chain of Rocks Bridge. Éste es uno de los puentes metálicos más largos del país. Y de puentes metálicos… Estados Unidos entiende. A través de ellos y sus vías de tren se ha escrito el desarrollo económico nacional, por no hablar del simbolismo de lugares como el puente Edmund Pettus. La muestra de que en política a veces no hay nada tan atronador como el silencio. El Dr. King lo sabía.

Ahora hay un nuevo Old Chain of Rocks Bridge, pero el antiguo no sólo se puede recorrer a pie sino que además es el puente peatonal más largo del mundo. Hasta su cierre al tráfico en 1970 albergó parte de la Ruta66, y ahora ha sido nuestra primera toma de contacto con el estado de Missouri. Con la visión del inmenso Getaway Arch -192 metros de altura y 200 de ancho- entramos a St Louis, lugar de nacimiento de un curioso engendro mecánico plenamente americano…

¿UN COCHE QUE APLASTA COCHES? EL INVENTO DEL BUENO DE BOB

Pues sí, al igual que hay personas que matan personas existen coches que aplastan coches. Si en la antigua Roma el asesinato gratuito se entronó a la categoría de espectáculo con las luchas de gladiadores… En esta nueva Roma que son los Estados Unidos se pirran por ver espectáculos de Bigfoots haciendo añicos a los desafortunados automóviles situados bajo el paso de sus ruedas. Piensa que, por bestia que te parezca, no deja de ser un avance respecto a lo que ocurría en el Coliseo.

Curiosamente todo esto empezó en St. Louis. Concretamente cuando en 1975 Bob Chandler construyó el primer bigfoot usando como base una camioneta Ford F-250 con tracción a las cuatro ruedas. Con no poca pericia alteró los ejes de su Ford hasta lograr incorporar unos neumáticos de camión, además de hacer que el trasero contara con un mecanismo de dirección. Así nacía el primer 4x4x4: cuatro ruedas motrices y cuatro ruedas directrices.

Aunque a los americanos les gustan los coches grandes, lo del bigfoot fue demasiado incluso para ellos. Obviamente para el día a día este tipo de vehículo no prosperó. Pero cuando Chandler empezó a aplastar coches de desguace… ¡Espectáculo! En los Estados Unidos estas exhibiciones han pasado a ser parte de la cultura popular, irradiando al resto del mundo con tanta fuerza que hoy en día puedes verlas hasta en pueblos perdidos de Castilla-La Mancha. Globalización a todo gas.

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Recorrer la Ruta66 es volver décadas atrás en el tiempo

Varios de los primeros bigfoot están expuestos en una empresa del barrio de Hazelwood: Bigfoot Monster Truck Racing Team. Una buena parada para meterte de lleno en esta subcultura del motor norteamericano.

HYMAN LTD. SUBIENDO A LA PRIMERA DIVISIÓN DE LOS CLÁSICOS

Después de hacer el bestia sin medida hay que sosegarse. Los bigfoot son algo de lo más americano, y aunque somos viajeros defensores del “allá donde fueres haz lo que vieres”… Lo cierto es que va siendo hora de ir en busca de los clásicos más refinados de la ciudad. Y creednos, los hay.

Con cita previa para la visita se puede acceder a Hyman LTD (2310 Chaffe Dr). Modelos uno de uno, rarísimas unidades de producción limitada, una impresionante selección de europeos, espectaculares Pierce Arrow, bastantes piezas extrañas de comienzos del siglo XX… Bueno, con decir que justo en el momento de acceder a las instalaciones estaban preparando un Peugeot 402 Darl’Mat para llevarlo a Pebble Beach ya damos cuenta del nivel.

Sencillamente soberbios sus más de 200 coches en stock, entre los cuales de repente te topas con unicornios como el Cadillac Die Valkyrie. Caracterizado por un frontal picudo salido de la imaginación del mismo diseñador que el Wienermobile, este prototipo se ideó en los 50 como una especie de Lincoln Continental Mark II firmado por Cadillac. Para ello tomaron como base un Series 60 Special de 1960 equipado con un V8 de 5’4 litros y 273CV. Tremendo.

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Espectacular el frontal del Cadillac Die Valkyrie

La verdad es que en Hyman parecen apostar por las rarezas, haciendo que a cada paso te explote la cabeza al descubrir algo aún más raro. ¿Un George Irat Model A? Pues porqué no, claro que sí. Un ejemplar bastante extraño de la empresa francesa activa entre 1921 y 1953. ¿Uno de los tan sólo cinco Ferrari 365 GTB Daytona NART fabricados? Pues claro, que no falten tazas de café para los muy cafeteros.

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George Irat Model A

Y es que lo de este Ferrari es una historia para ferraristas avezados. Eso sí, siempre y cuando acepten versiones extrañas que no salieron de entre los muros de Maranello. Encargados en 1971 por el importador norteamericano de Ferrari Luigi Chinetti, los Ferrari NART parten de la base del 365 GTB/4 Daytona para montar carrocerías diseñadas por el mismísimo Giovanni Michelotti. Porque, aunque son sólo 5 cada NART es una pieza única.

Al menos dos fueron directos a competición en forma de coupé, mientras que hemos localizado otros dos versión spyder de los cuales éste es uno de ellos. Siguiendo con más rarezas también vimos en Hyman el único Bentley S2 Wendler. Un encargo privado al que encasquetaron los faros de un Mercedes W112 y que bien podría ser el antecesor primero del actual SUV de la marca.

Al paso asaltan un Lancia Aprilia Pininfarina Cabriolet, una unidad del malogrado y curioso Kaiser Darrin -demasiado europeo para América demasiado americano para Europa-, imponentes Duesenberg, Rolls… En serio, es realmente impresionante. Además de ser uno de los distribuidores de clásicos más celebrados en los EE.UU esta empresa de St. Louis resulta parada obligatoria en la Ruta66.

Es cierto que no es un museo, y que por tanto tendrás que inventarte algo para poder entrar guiado por un responsable pero… Merece la pena intentar la entrada.

BOLOS, MÁS CLÁSICOS Y TRENES ESPACIALES

El St. Louis Car Museum & Sales (1575 Woodson Rd) es otro de los lugares recomendables en la ciudad. Lo primero porque es una antigua bolera. Realmente son pocos los deportes con una narrativa a la altura de los bolos. Bueno está el boxeo, el ciclismo, la maratón, Le Mans, algunos circuitos de F1, el billar, las traineras… Pero lo cierto es que si le quieres tomar el pulso a según qué sitios pocos lugares son más adecuados que una bolera de barrio con cerveza barata.

La Flamingo Bowl está en pleno centro (1117 Washington Ave), y aunque dudamos que te puedas encontrar al Jesús de The Big Lebowski… Seguro que vas a poder mimetizarte bien con una de las costumbres nacionales más celebradas. Bolos aparte, volvamos al St Louis Car Museum & Sales. Abierto en 1994 por su propietario Joe Scott aquí podrás ver una buena selección de clásicos junto a objetos relacionados con la Ruta66. Neones, letreros, surtidores… Más que un negocio realmente sí parece un museo.

Aunque para museo el National Museum of Transportation (2933 Barrett Station Rd). Un curioso recopilatorio de trenes entre los cuales destaca un Aerotrain de la General Motors Electro-Motive Division. Otro ejemplo de diseño industrial en el que ver cómo los años 50 estuvieron presididos por una euforia espacial en la que hasta los trenes parecían estar rumbo a Marte. Por cierto, hay una buena sala de coches clásicos americanos.

Saliendo de St Louis retomanos carretera por la I44, la cual va paralela a la antigua Ruta66. Ir por aquí nos simplifica el viaje pero nos obliga a estar atentos a las indicaciones que dan los carteles si queremos ver enclaves curiosos situados en los pueblos circunvalados.

Y así seguimos hasta… Cuba. Y no, no es que nos estén gustando tanto los clásicos americanos que hayamos decidido ir a la isla caribeña…

Seguimos en Missouri.

SALTAMONTES CRUJIENTES Y UVAS DE LA IRA

Llegando a Cuba el Wagon Wheel Motel Cafe & Station (901 East Washington Street) hace que nos paremos a inspeccionar. Se trata de un alojamiento abierto en 1936 y que ¡sigue en uso! 5 Kilométros al oeste avistamos The Red Rocker (5957 State Hwy ZZ). Lo de avistar es literal porque resulta imposible no fijarse en lo que se ve desde lejos: la silla mecedora más grande del mundo. Otro de los reclamos históricos de los comercios nacidos al calor de la Ruta66.

Por cierto, en este trading post la especialidad son las palomitas con diferentes salsas y colores pero… También venden saltamontes fritos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura lleva años diciendo que en un mundo hiperpoblado comer insectos es la fuente de proteínas más sostenible de aquí a medio plazo. Quizá haya que acostumbrarse.

Repuestas las fuerzas a golpe de crocante de bichito tenemos una parada de lo más interesante en la Bob’s Gasoline Alley (822 Beamer Ln). Aquí vive Bob Mullen, el cual ha ido recopilando una tremenda colección de señales, neones, publicidades y más de 5000 miniaturas de coches y camiones. Para no perdérselo.

A partir de aquí seguimos encontrando más y más locales de compra-venta de clásicos en paralelo a la Ruta66. Los hay en una cantidad que atestigua la salud de la afición a los clásicos en esta zona de los Estados Unidos. Avanzando hasta Springfield -ojo porque hay tres a lo largo de la Ruta66- encontramos el Route66 Car Museum (1634 W College St.) Aquí está la colección de Guy Mace. Entre sus 70 coches encontramos el Hudson Super Six de la película Las Uvas de la Ira.

Cinefilias aparte -la cinta pasa por ser uno de los mejores rodajes de John Ford, adaptando la novela homónima en la que es una de las películas más emblemáticas del cine americano- este vehículo es todo un símbolo. Y es que más allá del celuloide fueron miles las familias las que, arruinadas en la época de la Gran Depresión, se echaron a la carretera rumbo a la prometedora California. Un penoso éxodo con la casa a cuestas que tuvo en la Ruta66 su principal escenario.

Además también destaca un Horch 853 de 1936 segundo en la categoría de Preservación Preguerra de Peeble Beach 2014. Una de los aproximadamente 50 unidades entregadas en 1937 al gobierno nazi para la movilidad de sus generales. Ah, y un Gotham Roadster 1966 original de la primera temporada de la serie con Adam West.

MOVIDO PIEZA A PIEZA: RED OAK II

Seguimos por la Ruta66 hacia Everton. Allí nos topamos con la Gay Parita Sinclair Station (21498 MO-266). Así, de primeras, este nombre nos suena a artista de variedades en la Cuba de Bastista “esta noche en el Copacabana con todos ustedes Gay Parita”, pero en realidad se trata de una interesante estación de servicio. Construida en 1931 por Gay y Fred Manson las llamas se cebaron con ella en 1955.

Lo que vemos hoy en día es una reconstrucción de lo que fue originalmente, aunque hecha en los 50. Por ello la propia reconstrucción es una antigüedad en sí. Todo esto nos habla sobre la importancia turística y simbólica que ya tenía la Ruta66 hace unos 70 años. Y es que todo esto de los viajeros recorriendo la Calle Mayor de América en busca de la identidad de este país… No es nada nuevo.

Antes de encaminarnos hacia el final de esta etapa paramos en la Spencer Gast Station (19720 Lawrence 2062, Miller). Otra de las estaciones de servicio que ahora ejercen a modo de cápsulas del tiempo. No obstante, si lo que quieres es presenciar uno de los mayores intentos por parar el reloj en la Ruta66… Has de parar en Red Oak II (10725 County Loop 122).

De primeras parece un pueblo fantasma, pero en realidad es la creación del artista local Lowell Davis. Lowell es granjero, lleva camisas de cuadros conjuntadas con un pañuelo al cuello y fuma en pipa. Él es un tipo con pose serena, perteneciente a esa estirpe de americanos con mecedora en el porche. Pinta en el jardin y delante de la chimenea ha colocado la maqueta de un carruaje tirado por una gallina disecada. Lowell parece ser un buen hombre.

Su infancia transcurrió en el pueblo original de Red Oak. Tras la Segunda Guerra Mundial este pequeño asentamiento agrícola sufrió la despoblación´a raíz del éxodo a las ciudades. Así las cosas Lowell decidió ponerse manos a la obra en 1987 con una ingente labor de recuperación. Lo que empezó como el salvamento de objetos rurales acabó rescatando casas y negocios enteros que eran trasladados pieza a pieza hasta su granja a las afueras de Carthage.

Almacenes, casas de madera, una iglesia, camionetas, instalaciones agrícolas, viejos clásicos americanos… Todo lo que hablaba de un mundo que poco a poco iba desapareciendo se fue ordenando metódicamente hasta crear el pueblo de Red Oak II. Sinceramente merece la pena verlo por su originalidad. Es el fruto de un hombre que decidió ir más allá en la conservación de la Ruta66.

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¿Para qué una autocaravana cuando puedes tener una casa-autobús rodante? Esto es América.

Cansados sólo de pensar en todo el trabajo realizado por Lowell Davis toca poner fin a esta etapa de la ruta aparcando en un motel con todo el sabor de la Ruta66. El Guest House Motel (1207, 417 E Central Ave) de Carthage. Dentro de unos días seguiremos en La Escudería con esta crónica de la Ruta 66.

On the road again…

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