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Panda Raid, al desierto – 2ª Parte



Lee la 1ª parte de la crónica Panda Raid →

Etapa 4: Merzouga-Tazoulait (12-03-2014)

Comienza una etapa de 224 kilómetros con muchos cambios de rumbo. El menú del día está servido: arena y polvo. Unos kilómetros por asfalto, para atravesar el palmeral de Rissane y llenar el depósito en las últimas gasolineras del día. Aprovecho que mi compañero conducía para practicar mi francés por el pueblo; entro en un bar, pido un famoso refresco que en todo el mundo se dice igual y me dirijo a la toilette, s’il vous plaît.

Muy útil el cubito y el grifo para cuando has terminado. Compramos también líquido refrigerante que habíamos agotado y continuamos hasta el primer tramo de tierra y de regularidad, el cual nos lo tomaríamos con bastante calma.

A los pocos kilómetros nos encontramos a unos cuantos coches atascados y bajamos a ayudarles. Eslinga, grilletes y todos en marcha. De esta etapa son las fotos más bonitas del desierto, aunque cuando estás en ruta no eres consciente de lo que tienes alrededor, estas ocupado con los problemas del coche, de no perderte, de no quedarte en la arena…

Pie de foto
Precioso desierto, ¡una pena que haya que ocuparse de otras cosas!

La etapa obligaba a los 4×4 a ir por tramos diferentes y nosotros atravesamos un “oued” arenoso muy largo tomando la precaución, esta vez si, de detenernos antes para refrigerar el coche y que no se calentara. Más tarde apareció el famoso fesh-fesh, que nos impedía ver el camino correcto que en esta parte del recorrido era en pleno desierto con distintas rodadas marcadas; y también alguna que otra tormenta de arena. Las referencias estaban al fondo del escenario, las montañas, pero eran difíciles de distinguir.

Por fin llegamos a un tramo donde había coches agrupados. Eran unos 100 metros de “oued“ con arenas muy blandas. El roadbook aconsejaba pasar por la izquierda y así lo hicimos, pero no lo suficiente. En ese sitio había rodadas de camiones muy profundas y yo procuraba llevar al Panda entre la cresta del medio de la rodada y el borde, pero resbaló hacía dentro y se quedó empanzado con las cuatro ruedas al aire. Los que venían detrás de mi vieron la maniobra y se fueron más hacia la izquierda, donde encontraron un camino mejor.

Pala y a sacar tierra. En eso estábamos cuando llegaron unos lugareños con un Land Rover, nos engancharon y nos rescataron. Apretón de manos de agradecimiento con papelito dentro y todos contentos.

Pie de foto

Aparte de arena, polvo y torrentes, también encontramos piedras (y diversión)

Seguimos en ruta y llegamos sin más novedad al punto de control obligatorio, donde, cómo no, había niños saludando. En este punto, de nuevo, los 4×4 teníamos
que ir por una ruta paralela. Se conoce que por aquí pasan muchos camiones, de hecho nos cruzamos con unos cuantos, y cuando hay barro dejan las pistas moldeadas a su gusto pero no al de los Pandas que tienen que ir saltando entre rodada y rodada.

Los Chott

Por fin llegamos al primer Chott. Chott es un término con el que en África del Norte se denomina a los lagos salados situados en regiones semiáridas y que están secos durante buena parte del año. Son alimentados de forma intermitente en las épocas poco frecuentes de lluvias y están sometidos a una alta evaporación. Algunos chotts fueron, posiblemente, lagos en períodos climáticos más húmedos.

Atravesarlo es como entrar en otro mundo. Parece plano pero en cualquier momento salta la sorpresa y no puedes correr mucho si no te quieres cargar el coche. Además las tormentas de arena y el fesh te impiden ver hacia donde vas y la brújula es la que te indica el camino. El suelo es como el del fondo del mar pero blanco por la sal. Se hace largo atravesar los apenas 4 kilómetros que tiene.

Pie de foto
No tenemos foto de los «chott», pero este paisaje se le parece bastante

Al final, en la distancia adecuada y en el rumbo correcto encontramos las referencias: El pozo y la casa. Nos detenemos a saborear el momento y encontramos el cadáver de un burrito del que sólo quedaban los huesos y la piel. Al fondo del pozo, a unos 10 metros, se ve el agua. El momento es mágico. De la espesa niebla van apareciendo Pandas.

Seguimos en la ruta y van surgiendo poblaciones. Las casas son de adobe -hechas mediante ladrillos de unos 50 por 100 centímetros de barro y paja-, están colocadas anárquicamente y son del color del barro, gris. Los niños siguen apareciendo y saludando. A estos niños se les ve diferente que a los que conocimos en la escuela, descalzos y mucho más descuidados.

Nos cierra el paso un tractor con tres jóvenes, uno de ellos se baja y nos habla en un español clarísimo. «¿Sois de Barcelona?», nos pregunta fijándose en la matrícula. «No, de Mallorca». El joven nos recita todas y cada una de las Islas Baleares. «He vivido mucho en Barcelona», nos comenta. Le saludamos sorprendidos y hablamos un rato con él. Después un apretón de manos, una sonrisa y seguimos en ruta.

Pie de foto
Los niños de Marruecos, con su sonrisa, están por todas partes (Cedida por Panda Raid)

Atravesamos un puente y seguimos por un camino un poco mejor, aunque el desierto se lo va comiendo poco a poco inundándolo de arena. Después dejamos el camino y encaramos otro Chott, este más largo que el anterior y cubierto permanentemente por una niebla de polvo. Numerosas rodadas nos hacen que estemos pendientes de la brújula para no perdernos.

A los 6 kilómetros salimos del fondo del lago seco y seguimos la ruta. Como este día se nos había dado bien decidimos parar a comer algo, y en unos de los pocos árboles del desierto nos encontramos otro equipo que ha tenido la misma idea. Nos paramos con ellos y compartimos la comida en amigable charla. El final de la etapa ya se adivinaba cerca.

Después de la agradable comida continuamos a través de los pocos kilómetros que nos faltaban hasta el campamento, que esta vez estaba pegado a unas inmensas dunas que nos ofrecían un paisaje inimaginable. Lástima que la tormenta de arena y la posterior lluvia no nos abandonara en toda la noche.

Pie de foto
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1- El equipo disfruta de un energético desayuno
2- La brújula, inseparable compañero de viaje (Cedida por Panda Raid)

 

Continúa en la Página 2…

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2 Comentarios

  1. May 1, 2014 en 17:31 — Responder

    Bonita crónica, y una experiencia seguro que apasionante!! Espero participar algún día, y si a la organización le apeteciera extenderla hacia Argelia, le podría dar algunas ideas. Saludos desde Touggourt (Argelia), lugar desde donde partió el primer Raid Touggourt-Tamanrasset promovido por André Citröen, allá por 1922-23

    • Javier Romagosa
      May 6, 2014 en 10:34 — Responder

      Caramba, nos leen desde Argelia! Me alegro de que le haya gustado. Veo que vive a las puertas del desierto, ¿tiene usted allí un coche clásico?

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