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Panda Raid, al desierto

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Entre los días 7 y 16 de marzo se celebró en tierras de Marruecos la VI edición del Panda Raid.

Panda Raid es una travesía por la geografía del país magrebí que está dividida en siete etapas en base a un recorrido marcado por la organización y secreto hasta la entrega del roadbook, para vehículos Seat Panda, Seat Marbella y Fiat Panda anteriores al 2003.

Para la preparación del coche, la organización obliga a disponer de una serie de elementos obligatorios, como son cubrecarter, extintor de 2 kilos, anilla de remolque, eslinga de, mínimo, 5 metros; grilletes, herramientas básicas, dos ruedas de repuesto y jerrycan de 20 litros. Es recomendable llevar también algunos repuestos básicos.

Así mismo, para la seguridad de los equipos participantes es obligatorio contar con los siguientes elementos: brújula, mapa de Marruecos, concretamente Michelin 742; cinco litros de agua por persona, toma de mechero en el coche, botiquín básico, localizador SPOT, saco de dormir por persona y tienda de campaña.

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Para internarse en las pistas de Marruecos hay que ir bien provisto de elementos de apoyo

A pesar de existir distintas motorizaciones del Panda, la elección de un mismo modelo de automóvil permite a los equipos sentirse más respaldados a la hora de encontrar un repuesto o completar sus conocimientos mecánicos para resolver esos imprevistos que pueden surgir en coches de más de 20 años.

La máquina

En nuestro caso, después de estudiar las posibilidades de los coches que se ofrecían en el mercado de segunda mano, adquirimos un Fiat Panda Trekking 4×4 del 92 con motor 1100 y cambio de 5 velocidades. El Panda es un tipo de coche que hace furor en las zonas rurales y, a pesar de su aparente carga de trabajo, es en el campo en dónde se pueden ver unidades circulando en mejor estado. Más concretamente, el Panda 4×4 se suele encontrar en las zonas montañosas donde los inviernos son más crudos.

Para la preparación del Panda, que ya estaba en muy buen estado cuando lo adquirimos, sólo hizo falta una limpieza de motor, cambio de bujías, cables, una tapa de la correa de distribución que estaba rota -importante para que no entre polvo-, delco nuevo, algún cable de conexión y poca cosa más. Tuvimos que poner dos tomas de mechero e interruptor manual del electroventilador. También cambiamos los parachoques, que tenían los soportes rotos y que no se sujetaban bien por unos nuevos -muy baratos, por cierto- y alguna moldura rota.

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Salir de la montaña para meterse en el desierto…

Los repuestos son fáciles de encontrar, hay numerosas páginas donde elegir y en la casa Fiat aún tienen algunos.

Para el cubrecarter, que se convirtió en imprescindible durante el viaje, partíamos con cierta ventaja. Los modelos 4×4 vienen de fábrica con un esqueleto cubrecárter en forma de H que sólo hay que forrar. Para esto lo llevamos al taller que se encargó de instalarlo, y aprovechamos además para soldar dos anillas de remolque.

También en nuestro taller de confianza nos arreglaron unos puntos de óxido que había en las puertas y colocaron un par de asientos que les facilitamos, que resultaron bastante más cómodos y envolventes que los que trae de fábrica el modelo. Esto último es muy recomendable hacerlo, ya que te pasas muchas horas sentado al volante.

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Cubrecárter y asientos algo más confortables son dos cosas que no deben dejar de tenerse en cuenta

En el interior, a parte de los asientos delanteros, se desmontaron también los traseros y la bandeja, dejando los cinturones que nos sirvieron para sujetar parte del equipaje. Nuestra intención era -y es- volver a dejar el Panda de origen cuando acabara el viaje.

Respecto a las luces, cambiamos las bombillas de origen R2 por unas halógenas de casquillo europeo H5. Como la instalación ya lleva los correspondiente relés que admiten el cambio no hubo ningún problema. Además encontramos un kit de luces auxiliares específico para el Fiat Panda, marca Lester que se integraba en la parrilla. Se puede ver en las fotos y encuentro que queda muy estético.

El viaje

Nuestro equipo partía de Mallorca y teníamos la posibilidad de hacer las verificaciones en Madrid o en Algeciras. Debido a las combinaciones de las rutas de ferry decidimos ir directamente a Algeciras y así nos ahorrábamos unos cuantos kilómetros. El barco nos dejó en Valencia a las 20:00 horas del viernes 7 de marzo y sin novedad llegamos a Totana, en Murcia, donde hicimos noche en un hotel muy confortable.

A la mañana siguiente emprendimos el camino hacia la localidad gaditana y el coche se comportó muy bien, sólo en las subidas le costaba un poquito rehacerse y a veces se sentía abrumado por algunos camiones que circulan hoy en día por nuestras carreteras. También nos encontramos con algún que otro Panda que llevaba nuestro mismo destino.

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1- Llegada a Algeciras
2- Al ferry, comienza la aventura

Llegamos a Algeciras sin novedad y después de la visita de rigor al bar de tapas recomendado y el consiguiente guiño y homenaje a Paco de Lucía, nos dirigimos a las verificaciones. Allí nos encontramos con los compañeros de viaje y con el personal de la organización y procedimos a realizar los trámites obligatorios. Después, depósito lleno y al hotel a descansar.

 

Continúa en la Página 2…

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