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Ford V8: El Mejor Arma De Bonnie & Clyde

Bonnie & Clyde fue la pareja de criminales más popular en los Estados Unidos de la Gran Depresión. En sus atracos resultaban vencedores gracias a sus rápidas huidas, siempre en vehículos Ford. Tal fue el apego delictivo a la marca que el mismísimo Bonnie envió una carta a Henry Ford agradeciéndole la potencia de sus coches, días antes de morir acribillado en...

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«Muy señor mío:

Mientras tenga aire en mis pulmones, le seguiré agradeciendo el coche tan genial que usted ha fabricado. He conducido coches Ford exclusivamente cuando podía escapar con uno. Por su velocidad sostenida y su capacidad de librarme de los problemas, Ford ha conseguido lo que ningún otro coche e, incluso aunque mi profesión no sea estrictamente legal, no le hace a nadie daño que le diga qué gran coche tiene usted en el V-8. Sinceramente suyo,

Clyde Champion Barrow». -pseudónimo de Bonnie Parker-.”

Seguro que todos estamos agradecidos a algún fabricante del cual, por la razón que sea, tenemos un especial recuerdo. Aquel Renault que siempre te llevaba sano y salvo al colegio… El Volkswagen que soportó los primeros veranos de juventud… Pero estar así de agradecido con Ford por permitirte salir a toda velocidad de tus atracos… no es precisamente un caso muy normal. Tampoco era muy normal que el despacho de Henry Ford recibiera este tipo de correspondencia, pero Bonnie Parker sabía de lo que hablaba y por ello decidió agradecer por carta el buen hacer de los motores Ford.

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Carta original de Bonnie a Henry Ford. Nótese el sello de registro del despacho del magnate.

Durante tres años, Bonnie recorrió el sudoeste de los EE.UU en compañía de su novia: la hermosa Clyde Barrow. Ambos pertenecían a la misma banda criminal; asaltaban bancos, robaban gasolineras, atracaban comercios… en sus crímenes perdieron la vida nueve policías y varios civiles. Sin embargo, el imaginario colectivo los convirtió en unos héroes populares. Robaban bancos, se daban a la huida, vivían peligrosamente y además estaban enamorados. En un país empobrecido por el crack bancario, donde la gente había crecido escuchando relatos de cowboys solitarios, la historia tenía todos los puntos para convertirse en mito. Más aún si años después, en el país de Hollywood, el cine los retratara en la legendaria cinta de Arthur Penn:

*En este caso es un Ford A, que parece que también se las apañaba bastante bien…

LOS COWBOYS TENÍAN UN CABALLO. ELLOS UN V-8.

En 1932 Ford lanzaba al mercado el Ford B. Con cuatro cilindros, amplia carrocería y buena estabilidad… estaba llamado al éxito. Y a los pocos meses, se presentaba el Ford 18: igual que el B pero con motor de 8 cilindros. El público americano rápidamente lo rebautizó como Ford V-8, adquieriendo una gran fama y éxito comercial. Hasta el punto de que es uno el primer automóvil V8 de comercialización masiva.

Su rapidez y fácil manejo le hacían ser la montura preferida de Bonnie & Clyde. Estaban por todas partes; por lo que era fácil robar uno. Eran nuevos y potentes; por lo que corrían más que los coches de la Policía. ¿Qué más le puedes pedir a un coche si eres atracador? Bueno, quizá que esté blindado…

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Fotografías de la pareja y uno de los Ford que robaron a lo largo de su historial delictivo.

El 23 de mayo de 1934, en una carretera del estado de Luisina, les sorprendió una emboscada policial. Los agentes descargaron tal arsenal que la carrocería quedó traspasada por 167 agujeros de bala. En el suelo quedó el cuerpo de Bonnie, mortalmente herido de un disparo en la cabeza. Clyde quedó en el asiento del copiloto, acribillado mientras aún apresaba en su mano el sandwich con el que le sorprendió el momento. Pronto se congregó una turba de lugareños en el lugar; muchos aprovecharon la confusión para llevarse objetos y recuerdos del momento. Hubo uno que hasta quiso cortarle una oreja a Clyde. Por suerte la policía estuvo atenta, mientras sacaba del interior del coche un arsenal de armas, 15 matrículas falsas y un saxofón. En fin, todos tenemos nuestras aficiones…

TRAS LAS HUELLAS DEL “DEATH CAR”

Días antes de la muerte de Bonnie & Clyde, Ruth Warren denunció el robo de su flamante V-8. Se lo devolvieron, aunque algo cambiado. Manchas de sangre, cristales rotos y decenas de balazos “tuneaban” su coche. Además, el país estaba elevando a mito popular todo lo que tenía que ver con la singular pareja de atracadores enamorados. Para una tranquila mujer del sur de los EE.UU aquello era demasiado.

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Ruth Warren, la propietaria primer del V8, tras haberle sido devuelto su coche convertido ya en el «death car».

Rápidamente vendió el coche a un feriante que lo tuvo girando por todo el país en una especie de “circo del crimen”. Poco después… la pista se hace confusa. Como el coche era una auténtica fábrica de dólares gracias a la curiosidad del público, enseguida salieron imitaciones que se reclamaban como el auténtico “death car”. Hasta el narcotraficante Pablo Escobar se hizo la suya propia para decorar la entrada de su zoológico privado en Hacienda Nápoles. Ford tampoco se quedó atrás, utilizando la carta de Bonnie como reclamo publicitario en una campaña de dudoso gusto comercial.

Pasan las décadas y al coche se le pierde la pista varias veces. Pasa por diversas manos y finalmente acaba donde hoy se encuentra -si es que realmente es el auténtico-: Las Vegas. Concretamente en el vestíbulo del Whisky Pete Hotel, el cual pagó por él 250.000 dólares en 1988. Un objeto rodeado de crimen, tiros y muerte decorando la entrada de un amplio hotel familiar. Paradojas del “american way of life”…

*La historia del Ford V8 continuó sin Bonnie & Clyde…

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