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FOTOS GYRO-X: LANE MOTOR MUSEUM / UNAI ONA

Dominado por una forma a lo cohete espacial retrofuturista, el Gyro-X parece algo salido de una película de serie B. Ya sabes, una de esas a lo Guerra de los Mundos. Con centenares de esos bichos viscosos que, paradojicamente, cuentan con pulidas tecnologías a la última. De todos modos, esta semejanza no es del todo fortuita. Al fin al cabo su diseñador, Alex Tremulis, fue el primero en imaginar a sueldo de las fuerzas aéreas norteamericanas cómo podrían ser las naves de los hipotéticos extraterrestres.

Eso sí, no pienses que los militares pagaban a Tremulis sólo por dibujar fantasías. Este diseñador fue parte fundamental del proyecto Boeing X-20 Dyna Soar. Ni más ni menos que el inicio de los transbordadores espaciales, algo que unos 30 años más tarde desembocaría en las míticas naves Discovery o Atlantis. No obstante, su pasión por la ingeniería también lo llevó a trabajar en algunos de los proyectos automovilísticos más novedosos. ¡Tan novedosos que pretendían predecir el futuro!

Por ejemplo ése fue el caso del Ford X-2000. Un diseño de 1957 con el que Tremulis imaginó cómo serían los coches en pleno inicio del nuevo milenio. Verdadero delirio futurista al que siguieron otros como el Ford Seattle-ite XXI. Todo un monumento a la imaginación más desbordante montado sobre 6 ruedas y tres ejes -dos de ellos direccionales- justo a la manera de lo que en 1976 sería el F1 Tyrrell P34. Pero ojo, porque todo este afán de innovación ya le venía de antes.

gyro x coche dos ruedas

¿Te suena el Cord 810 de 1936? ¿Ése que es el primer coche del mundo con faros escamoteables y uno de los primeros con tracción delantera? Pues también es suyo. ¡Al igual que la carrocería del Tucker 48 Torpedo! En fin, hablar de Alex Tremulis es hablar de uno de los diseñadores industriales más fascinantes del siglo XX. Una mente apasionada por la ingeniería, capaz de llevar inventos como el giroscopio a un vehículo urbano como el Gyro-X.

GYRO-X: UN AUTOMÓVIL DE DOS RUEDAS

Si ya cuesta explicar lo de los minicoches con categoría de ciclomotor… Vamos a ver cómo nos las apañamos para decir que el Gyro-X es un coche de dos ruedas. En fin, quizá la mejor explicación sea decir que de alguna manera hay que nombrar a este híbrido. Un concepto mestizo pensado para combatir los problemas de tráfico en las grandes ciudades gracias a su estrechez y bajo consumo. O al menos así lo idearon en 1967 Alex Tremulis y Thomas Summers.

Para la propulsión se escogió el motor de un Mini Cooper S. Con sus 80CV, y colocado en posición trasera, este propulsor era suficiente como para llevar los 839 kilos del Gyro-X hasta los 201 km/h. Unas cifras nada desdeñables para un vehículo pensado para la movilidad urbana, aunque dotado al mismo tiempo de una excelente aerodinámica y diseño.

Eso sí, aunque los trazos de Tremulis resultaban realmente atractivos… Lo cierto es que lo más interesante del Gyro-X está en el giroscopio ideado por Thomas Summers. Colocado en posición delantera, este curioso artefacto crea inercias para gestionar el equilibrio. Un experimento de ingeniería responsable no sólo de que el Gyro-X se mantenga a dos ruedas, sino también de su peculiar balanceo en marcha.

MANEJANDO LAS INERCIAS: EL GIROSCOPIO DEL GYRO-X

¿Te acuerdas de las peonzas? Cuanto más fuerte giraban mejor se mantenían en equilibrio, ¿no era así? Algo parecido ocurre con el giroscopio del Gyro-X. Capaz de hacer girar su disco interno hasta las 6.000 rpm, este mecanismo rinde 1764 Newton de fuerza. Valiéndonos de un poco de imaginación eso es como si el conductor de este vehículo llevase delante de sí una gran peonza girando.

Si el Gyro-X se inclina hacia un lado perdiendo peligrosamente el equilibrio… ¿Cómo puedo utilizar el giroscopio para nivelar el vehículo? Pues muy sencillo, inclinando la fuerza generada por el giroscopio hacia el lado contrario. Algo así como un contrapeso, el cual se maneja con un brazo hidráulico encargado de realizar este movimiento con la intensidad exigida para compensar la fuerza desequilibrante. Eso sí, en parado se vale de dos patas. Cuando no hay inercias… Sólo cuenta la gravedad.

Volviendo a la peonza es como si hicieras girar a ésta hacia la derecha sobre un plano inclinado por su izquierda. Inevitablemente, la fuerza del giro a un lado nivelaría la que la gravedad ejerce hacia el contrario, logrando que la peonza siga bailando aún sobre una superficie que se está inclinando. Una lección de física que, aunque pueda resultar seductora en un plano experimental, no consiguió atraer a ningún inversor para producir el Gyro-X a gran escala.

Así las cosas, este curioso invento del cual sólo se produjo el prototipo que estamos viendo cayó en el olvido entre la maleza de un descampado de California. Luego pasó de mano en mano recibiendo diversas configuraciones que incluso llegaron a sustituir el giroscopio por una tercera rueda. Un cúmulo de despropósitos que, afortunadamente, acabó cuando en 2011 el Gyro-X fue adquirido por el Lane Motor Museum de Nashville para una modélica restauración. Y es que pocos vehículos tienen tan ganado el título de “pieza de museo” como el Gyro-X.

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