Fiable, sencillo y ligero el Jeep Willys-Overland posee uno de los mejores diseños automovilísticos de la historia al haber encontrado la fórmula perfecta para quienes necesiten un todoterreno capaz de superar prácticamente todos los obstáculos.
Asimismo, su génesis militar hace del mismo una máquina realmente fácil de montar, pudiendo ser enviado por piezas en una misma caja hasta la otra parte del mundo para acto seguido ensamblarse en cuestión de minutos sin necesidad de una formación mecánica especialmente brillante.
En suma: nacido para la guerra y desenvuelto en tareas agrícolas el Jeep Willys-Overland es uno de esos mitos sin paliativos producidos y reproducidos hasta la saciedad. Razón por la cual resulta imposible concebir la definición de los todoterrenos sin echar mano de su historia, ingeniería y evolución.
Así las cosas, la propia Willys-Overland interiorizó hasta tal grado la genialidad universal de su diseño que apenas opuso resistencia a que éste fuera copiado sin ambages por otras empresas que, bien en contextos militares o civiles, decidieron implantar en sus respectivos mercados el ideal del todoterreno ligero asentado por la casa estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial.
JAPÓN, TIEMPOS DE POSGUERRA
Aunque por una visión eurocéntrica la Segunda Guerra Mundial vaya asociada a la lucha contra el nazismo, lo cierto es que la participación de Japón dentro del eje Roma-Tokio-Berlín no fue precisamente marginal.
Es más, la invasión genocida de su ejército en países como Corea o China acabó con el asesinato masivo de millones de seres humanos; todo ello bajo unas técnicas no muy alejadas de la fría meticulosidad desplegada por los alemanes en relación a la liquidación consciente y masiva.
Por si todo esto fuera poco, además la ideología ultranacionalista del Japón imperial empapó de un afán suicida a sus ciudadanos, quienes en un porcentaje muy superior a la media mundial preferían el sacrificio personal y colectivo antes que renunciar a su particular visión supremacista.
Con todo ello Japón no sólo fue la última potencia del Eje en rendirse ante los Aliados, sino que hubo de hacerlo únicamente tras el incontestable impacto de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.
Llegados a este punto la situación del país durante la inmediata posguerra no fue precisamente fácil, con buena parte de la industria pesada arrasada al tiempo que la población experimentaba unas profundas tasas de pobreza y precariedad mientras la economía iba reconstruyéndose según las líneas marcadas por la ocupación militar estadounidense perpetuada hasta 1952.
TOYOTA JEEP BJ, FRUTO DE UN ENCARGO
Hablando de aquellos primeros ataques con bomba atómica no hace falta analizar con demasiada profundidad a fin de percibir cómo aquello no sólo iba con Japón: también iba con la Unión Soviética, aliada de los Estados Unidos de América durante la Segunda Guerra Mundial justo antes de convertirse en la potencia a batir en el contexto de la inminente Guerra Fría.
Es decir, las bombas no sólo sirvieron para provocar la rendición de los nipones; también fueron un aviso a quien cuestionara la hegemonía militar de los Estados Unidos a partir de 1945. Fruto de aquello fueron las constantes tensiones de la Guerra Fría, entre las cuales destaca la Guerra de Corea (1950-1953) como uno de sus momentos más tensos y decisivos.
Además, en relación a la geopolítica aquel conflicto redobló la importancia estratégica de Japón para los estadounidenses, quienes utilizaron el archipiélago a modo de una perfecta base de retaguardia donde organizar y abastecer sus tropas.
Justo el contexto donde nació el Toyota Jeep BJ, resultado de un encargo anunciado desde las fuerzas de autodefensa japonesas -una suerte de ejército sin capacidad de agresión fuera de sus fronteras- a fin de cubrir sus necesidades de movilidad por el intrincado relieve local; todo ello, claro está, con la eventual necesidad de todoterrenos demandada por las tropas estadounidenses en la mencionada Guerra de Corea.
DE LO MILITAR A LO CIVIL: LLEGA EL LAND CRUISER
Aunque Toyota acumulaba experiencia en automoción desde los años treinta, la verdad es que para diseñar el Toyota Jeep BJ echó mano descaradamente de lo visto en el todoterreno estadounidense; tanto así que incluso incluyó el nombre de Jeep en el de su nuevo modelo cuando a partir de 1951 sirvió las primeras unidades para un estricto servicio militar.
Basado en el chasis de un camión ligero, incluyó un pesado pero potente motor con seis cilindros en línea y 3.386 cc capaz de entregar 85 CV a tan sólo 3.200 rpm. Si a ello se le sumaba un buen apartado motriz el resultado era tan espectacular como efectivo, siendo capaz de subir por pendientes hasta entonces sólo abordables mediante la acción pedestre.
Curiosamente tan sólo un año después de hacer su aparición el Toyota Jeep BJ la rival Mitsubishi llegó a un acuerdo formal con Willys-Overland para la fabricación de la versión local del Jeep, en primer lugar destinada al Servicio Forestal aunque poco después también aplicada a la comercialización civil.

Justo el camino seguido por el Toyota en 1955, evolucionado bajo el nombre de Land Cruiser -Serie 20- hacia su uso no militar exhibiendo un nuevo frontal así como algunos ajustes renovados en sus motores de seis cilindros en línea, ofreciendo ahora al menos dos variantes del mismo al tiempo que se incrementaba la cilindrada hasta acercarse a la barrera de los 4 litros.
LAND CRUISER, EL INICIO DE UNA SAGA CON ÉXITO MUNDIAL
Así como el 911 ha configurado la saga más exitosa en el ámbito de los deportivos o el Golf en el de los compactos, el Toyota Land Cruiser derivado de aquel primer BJ ha logrado evolucionar hasta convertirse en una referencia global capaz de imponer la calidad de su fabricación y la efectividad de su desempeño en las territorios más agrestes e inesperados.
Un éxito asentado en lo comercial en su primera versión, aquella que en 1955 empezara no sólo abastecer el mercado local sino también a exportarse hasta que a finales de 1959 fuera sustituida por la nueva generación del modelo -Serie 40-.
Esta vez sí, la responsable de haber hecho reconocido y reconocible al todoterreno japonés en el subconsciente colectivo de los occidentales aficionados al automovilismo histórico.
Imágenes: Toyota





