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SEAT Proto C, de cuando el Ibiza Mk2 quiso ser la mezcla entre un Golf y una Espace

La renovación de los Málaga e Ibiza MkI dejó tras de sí una interesante panoplia de prototipos ideados en Italdesing; mientras el TL dio paso al Toledo el Proto C quedó varado como el ejemplo de lo que podría haber sido un interesante -y muy original- concepto para el automovilismo de la época.

A finales de los años noventa, SEAT estaba salvada. Puesta bajo la égida del Grupo Volkswagen, la casa española había hecho los deberes gracias al éxito cosechado con el Ibiza MkI.

Dotado de un motor creado en las instalaciones de Porsche, éste ofreció una alternativa económica y fiable para quien deseara un compacto sencillo y práctico, situado en la centralidad de la gama automovilística.

Asimismo, el Málaga se encargó de ofrecer con solvencia una carrocería de tres volúmenes para las familias necesitadas de más espacio, pero, sin presupuesto como para dar un salto decidido a las berlinas francesas o alemanas del segmento D.

En suma: los tiempos de zozobra habían pasado a la historia, y ya era necesaria la proyección de la marca hacia la futurista década de los noventa.

Un reto para el cual se habría de contar con la Italdesign de Giorgetto Giugiaro, quien ya había firmado con satisfacción evidente las líneas del primer Ibiza allá por 1984.

Dicho esto, entre 1989 y 1991 podemos rastrear una interesante panoplia de prototipos con líneas redondeadas y fluidas, absolutamente rupturistas para con la rígida concepción de volúmenes rectos tan utilizada durante los años ochenta. El futuro estaba a la vuelta de la esquina y la nueva SEAT, integrada en el Grupo Volkswagen, no se lo quería perder.

1989, RUMBO A NUEVA ÉPOCA

Cuando en 1989 apareció el Proto T lo cierto es que su aspecto generaba un clarísimo contraste con el de los Ibiza, Málaga o Marbella. Correspondiente a unos cánones estéticos totalmente diferentes, éste lograba un meritorio Cx de 0’24 utilizando detalles tan interesantes como las manetas escondidas, posteriormente vistas en las puertas traseras del Alfa Romeo 156.

 

Todo ello rematado con detalles tan futuristas como la utilización de cámaras en los retrovisores. Eso sí, destinado a demostrar las ansias de futuro instaladas en la marca, el Proto T no era simplemente estático sino que incluso carecía de interior.

Hecho remediado con el Proto TL de 1990, donde Italdesign presentó un interior ergonómico pleno de formas orgánicas.

Asimismo, en el caso de esta nueva propuesta, lo cierto es que ya podemos intuir claramente los volúmenes del futuro Toledo -sucesor del Málaga-. A la par, elementos como las ópticas traseras ejercieron una clara influencia en modelos futuros como el Córdoba.

SEAT PROTO C, LO QUE PUDO SER Y NO FUE

Sobre SEAT hemos escuchado, con cierta recurrencia, lo de “es más interesante por lo que no hizo que por lo que hizo”. Polémicas aparte, lo cierto es que, tras ser absorbida por el Grupo Volkswagen, en la casa española aparecieron algunos prototipos realmente interesantes y -por la falta de miras inherente a un papel subordinado dentro del conglomerado– tristemente cancelados.

Además, huelga decir cómo estos no fueron interesantes por un mero capricho estético, sino por su capacidad de señalar nuevos tipos de carrocería en los cuales se mezclaba una mejor habitabilidad con una concepción más desenfada de la conjunción practicidad-deportividad.

En este sentido, la aparición en 1990 del Proto TL -como hemos visto, destinado a sentar las bases del futuro Toledo- fue pareja a la del Proto C; un esbozo de compacto donde el tamaño de un utilitario hibridó con las formas más generosas -en altura e interior- de un monovolumen. Sin duda un experimento de lo más interesante pues hizo lo nunca visto: fusionar un hatchback con un monovolumen, un Golf con un Espace.

DE LOS EXPERIMENTOS A LA REALIDAD

Aunque las dos enormes puertas, combinadas con la gran cantidad de superficie acristalada, seguramente podrían haber llevado de cabeza a los ingenieros al asegurar una buena rigidez estructural en el modelo de serie derivado del Proto C, la verdad es que nos hubiera encantado verlo en las carreteras.

Está lleno de detalles fantásticos, y por su extravagancia -más lógica y adecuada de lo que se pudiera pensar en una primera toma de contacto- haría hoy en día una pareja estupenda en cualquier garaje donde ya estuviera almacenado otra inesperada hibridación de conceptos: el Renault Avantime.

Desgraciadamente, los responsables del Grupo Volkswagen no eran tan entusiastas, por lo que mientras el Proto TL suavizó notablemente su carácter experimental para ser con el TLD de 1991 la antesala más clara y directa del Toledo, el Proto C quedaba en el olvido sin dar herencia alguna a lo que iba a ser la segunda generación del Ibiza.

Imágenes: Italdesign

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Escrito por Miguel Sánchez

El 6 de octubre de 2017 publiqué mi primer artículo en La Escudería; desde entonces hemos analizado el mercado de clásicos, investigado rarezas e intentado comprender no pocos aspectos técnicos.

Seguiré a este lado del teclado si usted permanece atento al otro lado de la pantalla.

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