Una de las fases más interesantes en la trayectoria de cualquier automóvil es la de su desarrollo y puesta a punto. Comunmente materializada en prototipos funcionales dedicados a las pruebas necesarias antes de la fabricación en serie, ésta nos presenta un estado inicial del modelo antes de acabar pulido por la acción de ingenieros, directivos y probadores.
Asimismo, debido al intenso kilometraje inherente a dicha puesta a punto la mayor parte de las unidades prototipo acaban sino descartadas y destruidas sino al menos estampadas en test de choque donde el conjunto queda condenado al desguace.
Debido a todo esto, que aun habiendo pasado más de 75 años desde la creación de los primeros prototipos del Biscúter se siga manteniendo en buen estado el primero de todos ellos no deja de ser algo sorprendente.
Sorprendente y feliz para la historia del automovilismo español, pues aunque este microcoche nació en Francia bajo el apelativo de Biscooter fue aquí -concretamente en Barcelona– donde su amplia demanda entre la población urbana acabó disparando su producción por encima de las 12.000 unidades ensambladas en las naves de Autonacional S.A.
DE LOS CIELOS A LOS MICROCOCHES, GABRIEL VOISIN
Cualquier aficionado al automovilismo histórico de preguerra ha de tener a Gabriel Voisin en su particular panteón de ingenieros y diseñadores.
Sobradamente conocido -en La Escudería ya hemos glosado su figura varias veces a raiz de modelos y diseños bien distintos-, este francés nacido en 1880 no sólo fue uno de los pioneros de la aeronáutica sino que también supo aplicar esa experiencia en los cielos al diseño de automóviles tan rápidos y eficaces como singulares y seductores.
Pionero en el uso del aluminio aplicado al fuselaje de los aviones, posteriormente supo aplicar este material a la construcción de sus automóviles especialmente más ligeros y prestacionales que los de la competencia.
No obstante, mientras su pericia en la mecánica y el diseño se encontraba fuera de toda duda su capacidad para la gestión de sus empresas siempre estuvo muy por detrás de lo visto en sus máquinas. Debido a ello Gabriel Voisin perdió el control sobre su propia fábrica antes de estallar la Segunda Guerra Mundial.
LA APARICIÓN DEL PRIMER BISCOOTER
Aunque aquella hecatombe en los negocios pudiera parecer un desastre, lo cierto es que fue camuflada por la nacionalización de todos los fabricantes de motores aeronáuticos decretada por el gobierno francés justo después de finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945.
Integrados en la Société Nationale d’Etude et de Construction de Moteurs d’Aviation (SNECMA) entre ellos se encontró la Société des Aeroplanes Voisin; antigua empresa de Gabriel Voisin y que aun sin contar con la participación de su fundador había decidido no prescindir de la referencia al mismo en su propio nombre comercial.
Afortunadamente el singular diseñador conservaba una relación fluida con la misma, por lo que tras la contienda ofreció a una de sus filiales –Gnome et Rhône– el diseño de un microcoche ligero, sencillo económico en la línea de la necesaria reconstrucción nacional de la posguerra.
Impulsado por un motor de dos tiempos y 125 cc a firma de la mencionada Gnome et Rhôme, aquel Biscooter -una suerte de alusión a la mezcla del motor de una scooter con el carácter biplaza del modelo- resultaba ideal para la motorización de las clases populares condenadas a la imposibilidad de sufragarse un automóvil como tal.
DEL BISCOOTER AL BISCÚTER
Durante el verano de 1949 Gabriel Voisin supervisó la fabricación de 15 unidades prototipo con las cuales testar lo llamado a ser un microcoche a firma del conglomerado SNECMA. No obstante la gerencia del mismo descartó el proyecto, no viéndole futuro en una Francia donde el Citroën 2 CV estaba llamado a ser un protagonista de excepción en las zonas agrícolas y urbanas.
Eso sí, inasequible ante el desaliento Gabriel Voisin siguió moviendo su patente, iniciando así un último capítulo de éxito cuando en 1952 la barcelonesa Autonacional S.A comenzó la fabricación del -ahora sí- Biscúter equipándolo con un motor Hispano-Villiers con 197 cc.
Depurado respecto al diseño original, el Biscúter catalán tuvo que cambiar el más refinado aluminio por el sobrio acero de su carrocería a fin de adaptarse a los rigores de una España en la cual aun coleaban las últimas cartillas de racionamiento antes de firmar los pactos estratégicos con los Estados Unidos.
A partir de aquí el Biscúter firmó una historia de éxito con alrededor de 12.000 unidades e incluso una versión con reminiscencias de los Z-102 Touring realizada en los talleres de Pedro Serra. Algo que, en puridad, inició su andadura con este prototipo que durante años custodió el Bruce Weiner Microcar Museum.
Imágenes: RM Sotheby’s












