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Sinfónico: El V8 del Alfa Romeo 33 Stradale

Cuando escultura y música se unen en una sola pieza... Tenemos el Alfa Romeo 33 Stradale. Un hito en la historia de la marca que ha ganado este año el Villa d'Este y no sólo por su estética... ¡Porque hay que ver cómo suena!

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En la Italia del siglo XX pocos hombres sabían tanto sobre la industria del automóvil como Gianni Agnelli, aquel que sentenció lo de que “Alfa Romeo es para gente que considera conducir un arte”. Posibles polémicas que puedan surgir sobre la presunta mala fama echada sobre la marca años atrás, lo cierto es que nadie en su sano juicio puede negar que en esa frase hay una gran verdad.

Los argumentos son muchos: desde una increíble historia íntimamente ligada a los años heroicos del automovilismo deportivo, hasta el mimo artesanal con el que decenas de sus modelos han sido creados. Todo ello hace de cualquier Alfa Romeo un coche que, casi por el mero hecho de tener ese logotipo, conecta a su conductor con una de las historias más apasionantes del motor. Y desde luego más hermosas… Porque si algo no se pude negar a Alfa es la preciosa estética de muchos de sus modelos.

Una estética que en ejemplares como el que te traemos hoy a las páginas de La Escudería se torna en lo que decía Agnelli: verdadero arte. No en vano, este Alfa Romeo 33 Stradale ha sido el ganador del concurso de elegancia Villa d’Este 2018 (en breve publicaremos la crónica!). Una preciosidad que, además de emocionar a través de la vista… Es capaz de excitar el oído gracias a su pequeño pero vibrante V8 de carreras.

ALFA ROMEO 33 STRADALE: VESTIDO DE CALLE, CUERPO DE CIRCUITO

A inicios de los 60 Alfa ya llevaba décadas siendo una leyenda en el mundo de la competición, pero se necesitaba un nuevo paso adelante para no quedarse ensoñado en los laureles del pasado. Y es que, aunque la marca había ganado los dos primeros campeonatos de Fórmula 1, ésta se había retirado de las pistas para concentrar toda su energía en el desarrollo de sus deportivos y turismos.

La vuelta a los circuitos se planificó con mimo, y pudo hacerse por la puerta grande gracias a los modelos de la saga 33: la línea de coches de competición que Alfa evolucionó desde 1966 hasta 1977. Ahí se encuentran modelos tan míticos como el 33/2, todo un prodigio de mecánica, rapidez y diseño a partir del cual la marca transalpina decidió hacer algo legalizado para circular por la calle.

Es entonces cuando, en 1967, Alfa Romeo decide lanzar el 33 Stradale; un deportivo radical que básicamente es un 33/2 pero con otra carrocería -hecha en aluminio en vez de fibra-, una distancia entre ejes ligeramente mayor y 40CV menos para hacer de esta bestia un vehículo algo más civilizado y amable para rodar en carretera.

El resultado es sencillamente espectacular: un coche cautivador que en su diseño se adelanta casi 20 años a la década dorada de los superdeportivos. Todo gracias al diseño de Franco Scaglione y el desarrollo mecánico de la división deportiva de Alfa Romeo: Autodelta. De hecho, desde las instalaciones de ésta se mandaban los coches sin vestir hasta Carrozzeria Marazzi, a la cual se confío ultimar 14 de las tan sólo 18 unidades fabricadas del 33 Stradale.

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En marcha es aún más seductor. Fuente: Alfa Romeo.

A la antigua manera italiana, el Stradale se manufacturaba de una forma tan artesanal que no existen dos unidades iguales; hecho que se hace aún más complejo cuando estás avisado de que tan sólo 13 se entregaron a clientes particulares, quedando de las otras 5 una en el Museo Alfa Romeo y las otras 4 entregadas sin carrozar a los diseñadores Pininfarina, Bertone e Italdesign. Un encanto para los amantes de rastrear números de chasis.

SU V8. TAN PEQUEÑO COMO RABIOSO

Obviamente el 33 Stradale entra por la vista, pero lo que realmente nos ha terminado de cautivar es su motor. Y es que éste es una pequeña joya de proporciones muy cuadradas, capaz de rendir 230CV a 8800 rpm gracias a sus 8 cilindros en V a 90 grados, con doble árbol de levas, 16 válvulas y doble encendido. Un caramelo que trabaja con una relación de compresión de 10,1 y que es responsable de mover los tan sólo 700 kilos que pesa el Stradale.

En suma, una mecánica de esas que va soltando tantos bramidos y petardazos cuando lo llevas a baja velocidad como chorros de sonido metálico cuando lo lanzas al galope. Una maravilla muy propia de la “vieja escuela”, capaz de complementar a la perfección a la seductora carrocería que lo envuelve.

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