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Crónica del IV Espíritu de Montjuïc

Retromovil 2020 Medio


El pasado sábado 5 de abril estuvimos en Espíritu de Montjuïc. Recorrimos la distancia de aproximadamente 1.200 kilómetros ida y vuelta que separan Madrid de Barcelona para ver las mejores carreras de clásicos que se celebran en nuestro país.

Íbamos ciertamente ilusionados de poder ver las Masters Historic Series, serie de competiciones que, valga la redundancia, aglutinan los campeonatos europeos de Fórmula 1 Histórica o de Grupo C, entre otros. Además, podríamos disfrutar del resto del festival organizado por Jesús Pozo y su equipo el cual hace de coro en el paddock a los enormes camiones propiedad de los acaudalados pilotos participantes.

Después de dormir en Zaragoza y de tocar diana a las seis de la mañana, pusimos rumbo al circuito de Montmeló, al que llegamos en torno a las diez y media. La afición se dejaba sentir en los alrededores gracias a los coches antiguos que profusamente se intercalaban entre las colas de entrada al circuito. MG B, Porsche 356, Renault-Alpine o una marabunta de Ferraris modernos daban vueltas en torno al evento objeto de este crónica.

Aparcado nuestro Peugeot 406 Coupé, demasiado moderno todavía para entrar al espectáculo, nos encaminamos hacia el paddock. Nunca antes habíamos estado en el Circuito de Catalunya, por lo que cuando desembocamos en la explanada central quedamos asombrados de su extensión: Edificios modernos de tres o cuatro plantas, espacio de sobra y un montón de gradas, tal y como corresponde a unas instalaciones preparadas para acoger un Gran Premio de Fórmula 1.

El sonido, el poderoso y atronador sonido de los automóviles de carreras llenaba la atmósfera y hacía inaudibles las sucesivas exhibiciones de la Fundació Parc Aeronàutic de Catalunya previstas en el aire. Porsche 962, Nissan R90CK, Mercedes C11, en definitiva, algunos de los mejores Grupo C de todos los tiempos nos daban la bienvenida haciendo sonar desbocadamente sus corazones. ¿Nos atreveríamos a acercarnos a ellos?

Después, a lo largo de la jornada, vendrían los F1’s pilotados por Joaquín Folch y compañía, los coches sport dominados por los Lola y los Chevron, los GT’s y sus Cobras y el Trofeo español Javier del Arco, en memoria del insigne periodista del motor fallecido hace un año. El programa era desde luego prometedor y pondría en la pista una serie de bólidos que no estamos acostumbrados a ver a este lado de los Pirineos.

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Williams FW07/C de F1, compite contra más de 30 adversarios

Indispensables

Y, sin embargo, por allí no había mucha gente. ¿Dónde estaban los aficionados? ¿Por qué se habían quedado en sus casas? Estábamos en Cataluña, una de las regiones históricamente más activas en lo que a automovilismo se refiere y en la que en la actualidad circulan una enorme cantidad de vehículos clásicos cuidados con mimo por sus propietarios.

Faltaba público, algo que era magnificado por la amplitud del circuito cuyas gradas estaban en su mayoría vacías. ¡Cómo llenarlas! Hablamos de un recinto preparado para acoger varias decenas de miles de visitantes al mismo tiempo y que a los entusiastas de los vehículos antiguos quizá nos queda todavía un poco grande.

Según tengo entendido, no ha sido algo privativo de esta edición; el festival barcelonés no ha hecho más que crecer año tras año, si bien todavía no ha llegado a unas cifras de asistencia, digamos, rotundas a ojos de los espectadores. ¿Será que no nos gustan las carreras? Teniendo en cuenta que no hacemos más que dar campeones deportivos, espero sinceramente que no…

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¿Puede haber algo más delicioso que esto? Una pena que estuviera «escondido» en una esquina del paddock…

Lo cierto es que el paddock también podría haber estado algo más lleno de maquinaria. No en cuanto a coches expuestos en los distintos espacios, que no estaban nada mal, sino más bien al acompañamiento de los clubes y de los asistentes con clásico que son quienes podrían aportar una gran cantidad de vehículos al festival y convertirlo, salvando las distancias, en un pequeño Goodwood catalán.

Por otro lado, me dio la sensación de que a los que sí se animaron a apoyar el evento se les confinó en una esquina del circuito, restándoles así protagonismo. Quizá su espacio legítimo estaba ocupado por el mercadillo vintage, la carpa de los payasos, el castillo hinchable o el circuito de karts, dispuestos con el ánimo de convertir el Espíritu en una actividad de fin de semana para toda la familia.

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¿Para toda la familia? Sí, pero sin perder la perspectiva

En mi opinión, y si se me permite decirlo, la organización está equivocando sus prioridades en este sentido. Han hecho un gran trabajo, faltaría más, pero no puede haber nada más gratificante para un amante de las viejas glorias del automovilismo que transmitir esta afición a su hij@. Y para ello no necesita exactamente de añadidos que traten de recrear otra época, sino más bien una gran cantidad de coches de los que hablar y que es lo que al final se va a ver.

Al menos yo iba con esa perspectiva y me chupé 1.200 kilómetros. Aparte de mi evidente interés profesional, no creo que sea el único que si el evento estuviera planteado de esa manera se animaría a salir de casa, aunque viva lejos. El ambiente en pista es magnífico, y con un poco más de movimiento en el paddock el festival podría ganar ese pelín de empuje que le falta.

Dicho esto y por si no lo habéis visto todavía, el resto de la película os la cuento en el vídeo de arriba.

 

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