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Tour Americal, o la vida con Isabella

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Un Borgward Isabella coupé de 1958 podría parecer a primera vista que no es el coche ideal para una travesía de largo recorrido por los Estados Unidos, en la que se vayan a cruzar once Estados, a saber Nueva Jersey, Nueva York, Pensilvania, Delaware, Maryland, Distrito de Columbia, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia y Florida.

En efecto, con su modesto motor de litro y medio de cilindrada capaz de 75CV -los últimos fabricados tenían una potencia ligeramente superior, de 82- para mover una masa máxima de 1.440 kilos, con sus frenos de tambor y una peculiar caída positiva en las ruedas traseras comparable a la del SEAT 600, el Isabella, aunque con su denominación de coupé y su homologación de dos plazas, tiene poco de deportivo.

No obstante, cuando recibí una llamada telefónica para proponerme un puesto de navegante en el Tour Americal que iba a celebrarse del 8 al 18 de octubre de 2013, necesité sólo algunos minutos para comprobar mi agenda y aceptar ser reclutado entre los integrantes de los 155 equipos que iban a participar.

Pie de foto
El Isabella con varios de sus «contrincantes»

En La Escudería tratamos cualquier aspecto o actividad relacionada con los coches clásicos, y la oportunidad de observar el comportamiento de un automóvil fabricado en 1958 en comparación con otros más recientes durante un viaje de más de 3.000 Km por todo tipo de carreteras, desde autopistas -las famosas Interstate-, hasta comarcales -incluso con un pequeño recorrido de montaña con senderos sin asfaltar-, parecía un reto interesante, tanto desde un punto de vista personal como desde la perspectiva de los lectores que deseen participar en un rally de estas características.

Aclaremos en primer lugar que la palabra rally se admite en el ámbito de los coches clásicos no sólo como una competición deportiva de resistencia en carretera por etapas, sino también como cualquier otro tipo de evento en carretera con más o menos formalidades a respetar. En este sentido, un rally puede componerse de etapas no cronometradas en el que se imparten unas normas ya sea de regularidad o, simplemente, de orientación, generalmente a través de un Roadbook facilitado por la organización.

Nuestro grueso Roadbook Tour Americal, de 170 páginas, se componía de rutas trazadas sobre mapas y de orientaciones redactadas en texto que habían de guiarnos en etapas que oscilaron entre los 370 y los 200 kilómetros diarios, con altos y visitas a elección de los participantes y con las únicas exigencias de presentarse en un lugar determinado al final de una jornada y el comienzo de la siguiente.

Mezcla italoamericana, el Iso Grifo Rivolta con motor V8
Mezcla italoamericana, el Iso Grifo Rivolta con motor V8

El recurso a navegadores electrónicos de tipo TomTom y similares no sólo estaba permitido, sino que era muy práctico a la hora de seguir los recorridos en el interior de las ciudades y aglomeraciones urbanas, como sabemos muy dispersas en los Estados Unidos, en inmensas extensiones de terreno. No es excepcional que una calle tenga veinte mil números y más, ya que la carretera suele ser la arteria principal compartida por muchas poblaciones sucesivas que se estiran indefinidamente a ambos lados de la calzada.

Es interesante destacar que durante el mes de mayo anterior, el mismo organizador del Tour Americal había llevado a sus fieles seguidores a un recorrido denominado Tour Amical, con un itinerario Zaragoza – Madrid – Zaragoza.

Pero volvamos al viaje que nos ocupa. La primera operación consistió en realizar las gestiones aduaneras y embarcar los coches en un puerto al norte de Amberes con destino al de Newark, en Nueva Jersey, cuyo aeropuerto sería igualmente el punto de llegada de las tripulaciones semanas después.

Pie de foto
El Empire State (a la izquierda) y el Chrysler Building (más pequeño a su derecha)

Día 1

Al aterrizar en Newark, los coches esperaban en un depósito próximo al aeropuerto desde donde nos dirigimos al hotel en Newport, con magníficas vistas frente a la zona sur de Manhattan.
Allí, encima de la estación de metro de World Trade Center, destaca un rascacielos en obras próximo a terminarse que colinda con el espacio conocido como Ground Zero.

En las fotos que ilustran este reportaje, el edificio en cuestión es identificable por la geometría de sus fachadas en triángulos invertidos. Bautizado como One World Trade Center, tiene 541 metros de altura. Otro de estos enormes inmuebles, de similar altura, está arrancando en el lado opuesto y dará simetría al conjunto.

Durante el Día 2, en la travesía zigzagueante de Manhattan, pasaríamos cerca de los rascacielos más famosos de la ciudad, como el Empire State o los edificios Chrysler y MetLife, con unas alturas de 381, 319 y 246 metros, respectivamente.

Nuevos rascacielos se alzan en la zona del Ground Zero
Nuevos rascacielos se alzan en la zona del Ground Zero

Día 2

Bajo la atenta supervisión de la policía de Nueva Jersey y ante cierta expectación local, con numerosos viandantes que no habían visto antes coches como los del tour y que se acercaron con curiosidad a hacer preguntas a los participantes, se dio la salida oficial a las nueve de la mañana. Atravesamos el túnel Holland, por debajo del río Hudson -dieciséis dólares de peaje, lo cual resulta algo caro para los residentes que lo utilicen con frecuencia-, con un tráfico muy denso, para aflorar en las afueras de Manhattan y cruzar sin detenernos la Gran Manzana, abandonando Nueva York por el monumental puente Washington.

En las grandes avenidas de esta ciudad se producen inevitables embotellamientos a las horas punta, pero el tráfico discurre con orden y paciencia y los automovilistas no pierden la calma. Numerosos eran los que bajaban las ventanillas de sus vehículos para cruzar unas palabras con nosotros acerca del Isabella o para tomarnos fotos con sus teléfonos móviles. Bordeamos Central Park, dejando en un extremo el tristemente célebre Edificio Dakota, la última residencia de John Lennon, para posteriormente cruzar el enorme parque que es el principal pulmón verde de la urbe.

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1- El famoso edificio Iron al que da nombre su planta con forma de plancha
2- Un Ford Mustang se dispone a afrontar la travesía de Manhattan

Empezamos el viaje propiamente dicho rumbo sur, pasando cerca del aeropuerto de Newark donde habíamos aterrizado el día anterior. Llegamos así a la agradable ciudad de Princeton, Nueva Jersey, que cuenta con una afamada universidad y cuyo centro es el más europeo de cuantos íbamos a encontrar en nuestro camino. En las afueras de Princeton tuvieron lugar batallas en 1776, durante la guerra de la independencia contra Inglaterra y, al sur de esos terrenos, tuvimos muy apropiadamente un pinchazo en la rueda trasera izquierda.

La cambiamos sin mayores dificultades y continuamos rumbo sudoeste pasando a proximidad de Filadelfia y Baltimore, con final de la primera etapa bajo la lluvia en Anápolis. En la bahía de Chesapeake hay una notable actividad pesquera y la gastronomía es rica en pescado y mariscos, como lo atestiguan las excelentes salsas de cangrejo y los pescados de roca que se ofrecen en los restaurantes locales.

Triciclo vigilante de aparcamientos en Princeton
Triciclo vigilante de aparcamientos en Princeton
 

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