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Hace ya casi tres años, en la que fue la 30º edición del Salón Auto Retro de Barcelona, se presentó en primicia el Pegaso Touring “Panorámica” protagonista de este artículo. Como suele pasar cuando se trata de automóviles presididos por el “caballo alado”, esta unidad pronto levantó gran expectación.

¿Cuál era? ¿De dónde había salido? ¿Quién había efectuado su restauración? Rápidamente y gracias a su matrícula de San Sebastián se podía salir de dudas: Se trataba de la referencia número 74 -según el libro escrito por Enrique Coma Cros y Carlos Mosquera-, fabricado en 1956 y con número de chasis 0103-150-0105, y pertenecía a la colección del prestigioso concesionario C. de Salamanca, centenario importador de Rolls-Royce, entre otras marcas de renombre, que aun hoy goza de muy buena salud.

Se trata por tanto de uno de los últimos Pegaso, de aquellos que fueron montados fuera de la fábrica y a base de componentes de otras unidades, fruto de la cancelación de un proyecto tan ambicioso como era el de lanzar nuevos modelos de turismo. Veamos…

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«Esa masiva línea lateral comenzada en punta y terminada de forma descendente… Sin duda es un diseño más sencillo y limpio que los precedentes.»

Ilustración de Suzana Bajc

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Sobre la luna delantera pesa un fuerte influencia americana (Foto: C. de Salamanca)

Z-104… ¿o Z-103?

Los primeros prototipos del nuevo propulsor estuvieron listos para septiembre de 1954, pero no fue hasta mayo de 1955 cuando el afamado carrocero Touring creó un nuevo diseño para el Z-103. El objetivo era presentar los nuevos modelos en el salón de París de 1955, celebrado en el mes de octubre, y con el fin de lanzar una novedad “total” los dibujantes de Touring crearon una carrocería de 3 volúmenes con los laterales “planos” y una luna delantera “panorámica” de clara inspiración estadounidense, todo ello inédito hasta la fecha en Pegaso.

Y no se confundan; este Z-103 “prototipo”, así como la otra unidad de pruebas carrozada en descapotable por Pedro Serra montaban el motor Z-104, pero siempre se presentaron como “los nuevos Z-103” e incluso el propulsor fue denominado Z-103 en algunas exposiciones, aunque en el código interno de fábrica se seguía diferenciando.

Sea como fuere, el nuevo Pegaso despertó gran interés y obtuvo muy buenas críticas por parte del público especializado, de manera que Ricart comenzó las pertinentes negociaciones con Bianchi Anderloni y Gaetano Pozoni –cabezas visibles de Touring- para establecer una línea de montaje de sus nuevas carrocerías en las propias instalaciones españolas de Enasa. Desde la dirección se sugirió un traslado de la fabricación de los automóviles Pegaso desde Barcelona a Barajas, y en 1955 ya se había realizado un estudio de viabilidad económica de este proyecto.

Evolución más o menos lógica

En 1953 la producción de los “Pegasines” ya se consideraba normalizada; desde su presentación en 1951, los Z-102 habían recibido varias mejoras y triunfaban en salones y concursos de elegancia. Los Pegaso Thrill y Cúpula eran considerados como algunos de los diseños más innovadores de su tiempo, y en la fábrica barcelonesa se preparaban las barquetas para Le Mans y el cazarrécords Bisiluro, entre otros, a pesar del aparente desinterés por parte de los “jerifaltes” de Enasa.

Pues bien, a principios de aquel año y en medio de toda esa vorágine creativa, Wifredo Ricart decidió emprender el estudio de nuevos modelos de automóviles Pegaso: Los Z-103 y Z-104. La idea fue aprobada por el consejo de administración de Enasa, de manera que rápidamente la responsabilidad del proyecto fue trasladado al CETA. Este nuevo desarrollo estaba destinado a la creación de avanzados vehículos, menos deportivos pero igualmente lujosos y capaces para 4 o 5 pasajeros, por lo que el rabioso motor utilizado en los Z-102 se consideraba demasiado “deportivo”.

Con estas premisas se desarrolló un nuevo propulsor, denominado como “tipo Z-104” y consistente en un 8 cilindros en V a 90º con árbol de levas central y taqués hidráulicos que podía cubicar 3,9, 4,5 o 4,7 litros y rendía alrededor de 300 cv a 5.500 rpm. En un primer momento, y a modo de prueba, Ricart decidió utilizar los “antiguos” chasis Z-102, sobre los que se habían introducido mejoras de orden menor en aspectos como suspensiones, frenos o algunas medidas.

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La combinación de colores de nuestro Pegaso es muy acertada (Foto: C. de Salamanca)
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Las líneas del «Panorámica» son algo más armoniosas que las de su predecesor, pero también más pesadas (Foto: C. de Salamanca)
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El precioso volante Nardi preside el puesto de conducción; detrás, tres relojes conocidos (Foto C. de Salamanca)

Un proyecto abortado

Incluso Touring comenzó a enviar equipo y material diverso a Enasa, incluyendo algunas carrocerías sin terminar. Sin embargo, parece ser que el traslado de Barcelona a Madrid de la sección de montaje de los automóviles Pegaso estaba motivada por una decisión encubierta de la administración de Enasa de finalizar definitivamente el proyecto de los “Pegasines”… La cosa no resultaba rentable en términos económicos y la operación publicitaria para demostrar al mundo lo que podía dar de sí la empresa estatal ya había dado suficientes frutos. De esta manera, Ricart se encontró con la difícil tarea de tener que rescindir los compromisos tomados con Touring, lo que incluyó pingües compensaciones económicas.

Ya se había cursado la orden a la factoría de Milán de fabricar 25 unidades del Z-103 “definitivo”, es decir, de la Berlineta Panorámica. Esta resultaba ser una especie de mezcla entre la delantera y el lateral del prototipo de tres volúmenes, junto con el techo y la trasera de los anteriores Berlineta Touring Series 1 y 2 “no panorámicos”.

El pedido, realizado el 7 de diciembre de 1955, incluía 10 unidades con volante a la izquierda y 15 con volante a la derecha, pero dada la cancelación súbita del proyecto solo se fabricaron las 8 primeras carrocerías, todas ellas con volante a la izquierda. Aún con todo, en 1956 Pegaso tuvo stand en varios salones, llegando a presentarse la nueva carrocería Touring Panorámica en el Salón de Turín (celebrado en Abril de aquel año) y en el de París, 6 meses después.

En estos stands estaba presente un vehículo prácticamente igual al de las fotografías que acompañan a este artículo, aunque en ambos casos el coche carecía de motor. Es más, aquella unidad también estaba pintada en color plata metalizado, si bien exteriormente tenía una notable diferencia: llevaba unos relucientes neumáticos de banda blanca, característica que en estos “Panorámica” solo se dio en aquellas iniciales puestas de largo. Nunca los volvieron a montar, y en la actualidad ninguno ha sido restaurado con esta característica.

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Este motor no es el de un Seat o un Alfa-Romeo… (Foto: C. de Salamanca)

A Bretón de los Herreros

Y es que la vida de estos últimos 8 Pegaso no fue nada fácil desde un principio. Dada la cancelación del proyecto, el montaje y venta de las últimas unidades se desplazó hasta un pequeño taller situado en la calle madrileña de Bretón de los Herreros, donde un limitado equipo de seis mecánicos, bajo la dirección de Wifredo Ricart hijo, se dedicaron al mantenimiento de algunos y al semi-ensamblaje de otros. En el caso de las berlinetas “Panorámicas”, 5 de ellas se liquidaron al precio de 25.000 pesetas cada una, siendo vendidas completamente desprovistas de mecánica, lo que incluía ejes, frenos o llantas.

Algunos propietarios optaron por instalarles motores Seat o Alfa Romeo, mientras que 3 de ellas fueron dotadas de mecánicas de “segunda mano” de otros Pegaso que se había procedido a desguazar. La unidad que nos ocupa, por ejemplo, recibió en 1958 los órganos de la conocida como “Referencia 25”, esto es, un antiguo coupé barroco obra del carrocero Saoutchik. Esa unidad portaba el chasis número 150-0125 y había sido fabricada en 1952, tras lo cual fue expuesta en varios salones norteamericanos.

A su vuelta a España fue vendido a un residente en San Sebastián, que lo matriculó allí… y como pueden observar, en el taller de Bretón de los Herreros no sólo se trasplantaban elementos mecánicos; también se “trapicheaba” con documentaciones, pues esa matricula es la que porta ahora la unidad de las fotos. Finalmente, nuestro protagonista fue vendido en 1962 a Luciano Soler Ojeda de Vitoria, antiguo propietario del vehículo donante de la mecánica.

Según el libro “de referencia” al que antes hemos hecho mención, hacia este punto el Panorámica de nuestras fotos recibió otro motor, procedente de una de las primeras unidades fabricadas; concretamente, del Berlineta Enasa “referencia 3” ensamblada en 1951, cuyo motor portaba el número 017 que ahora luce esta unidad en su chapita identificativa. Este además es distinguible a primera vista si observamos las culatas de primera generación con sus tapones circulares para inspección de los muelles de las válvulas, que desaparecerían a partir del motor nº 21.

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La referencia 74 estuvo en el exclusivo Autobello de Madrid, evento en el que ganó el concurso de elegancia. No es para menos… (Foto: Unai Ona)

Un Pegaso más coche pero ¿menos Pegaso?

Total, que como todos los últimos Pegaso, esta unidad era todo un compendio de cifras: Si hacemos un somero resumen, la carrocería es del tipo “Z-103” y estaba destinada a montar un motor tipo “Z-104”, pero sin embargo recibió un propulsor “Z-102”. Y si esta es una de las últimas unidades, monta las partes móviles de una unidad intermedia… ¡y el motor de una de las primeras!

Un auténtico galimatías, aunque no se puede negar la categoría y belleza del conjunto resultante. Siguiendo con su periplo por la España de los 60, pasó por otros 4 propietarios, dos bilbaínos y otros dos zaragozanos, hasta que en 1995 fue adquirido por Don Javier Toda, factótum de C. de Salamanca, para su magnífica colección.

El Pegaso estaba en unas condiciones generales aceptables y había recibido una revisión general a finales de los 70, pero aún así fue completamente repasado de chapa y pintura antes de ser expuesto en el primer Salón Retromóvil de Madrid celebrado en 1996, tras lo que no se le volvió a “ver el pelo” hasta finales de 2013.

La perfecta restauración que ahora luce ha necesitado un desmontaje completo –incluyendo la mecánica- y se ha realizado en su mayor parte en los talleres barceloneses de Francisco Palau. Los últimos retoques no se han finalizado sino hasta hace solo unos meses, y su estupendo estado actual lo pueden comprobar ustedes mismos en las fotografías. Por si cabe alguna duda, su puesta de largo –circulando- ha tenido lugar en el exclusivo Autobello de Madrid, donde ha obtenido nada menos que el primer premio absoluto.

Y es que aunque los Berlineta Touring Panorámica han sido tradicionalmente denostados frente a otras carrocerías de los Pegaso, no se puede negar de la elegancia de sus líneas, acentuadas en este caso por el acertado color plata metalizado en combinación con la tapicería de cuero azul y las llantas Borrani cromadas.

En fin, y como a todo hay que ponerle un “pero” –aunque en este caso se trate de una nimiedad-, no pueden dejar de llamarnos la atención esos neumáticos radiales “Michelín X”. Son de la gama clásica y con diseño de la época, pero quizá no son suficientemente deportivos como para las prestaciones que se le suponen a este auténtico purasangre patrio, y lo cierto es que no son la opción más usual entre los propietarios de Pegaso de hoy en día.

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La placa identificativa deja patente que se trata de un chasis y un motor Z-102; la carrocería es, al menos en teoría, la de un Z-103 (Foto C. de Salamanca)

Deportividad y elegancia

Respecto a los Berlineta Touring anteriores estos nuevos Panorámica eran 5 cm más largos. La línea lateral venía marcada por el parabrisas panorámico y, por primera vez, los laterales carecían del tan famoso “escalón inferior”. El morro parecía más afilado gracias a que ahora estaba dotado de un paragolpes, y habían desaparecido las características entradas de aire de las esquinas del capó. Todo esto producía una sensación de “más coche” que muchos autores han tildado de pesadez y falta de deportividad… pero ¡oigan! No todo en esta vida es la velocidad. Como “para gustos los colores”, les diré que tengo que romper una lanza a favor de estos “Panorámica”.

Particularmente a mí son de los Pegaso que más me gustan. Quizá sea por esa mezcla de estilos americanos e italianos, junto con esa masiva línea lateral comenzada en punta y terminada de forma descendente. Sin duda es un diseño más sencillo y limpio que los precedentes, y aunque carece del puntito “racing”, no se le puede negar una marcada elegancia. Sin duda todo un Gran Turismo que quizá en sus líneas tenía el punto de mira en el mercado norteamericano y que como en tantas otras ocasiones en la história del automóvil, vio su carrera drásticamente truncada.

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Aquellas elegantes berlinettas serían terminadas por entendidos (Foto C. de Salamanca)
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