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A la vieja usanza: Alpine A110S

Vaya esto por delante: No creo que haya nada más efectivo circulando por las carreteras públicas ahora mismo. No es que disfrutes como harías en un Miata, es que simplemente eres el más rápido. Puedes hacer uso o no de esta prerrogativa, pero lo eres…

Fotos Alpine A110S: La Escudería / Vídeo: Kukfilms

Me gustan las cosas especiales. Esas que hay que preguntar lo que son porque, a primera vista, no se parecen a nada que hayas visto antes. Las envuelve indudablemente un aura de originalidad, y son la expresión en su forma más pura de la creatividad y del genio humano. Lamentablemente, la producción en serie tiende a poner esta unicidad, por llamarlo de alguna manera, en segundo plano.

Me enamoro fácilmente de objetos autopropulsados como los que os enseño debajo. «Nunca había visto uno así», «Sobre todo, ¿cuál es su historia?» Está todo inventado, pero en éstos hay algo que huele a clásico, más allá de su edad; se perciben más como un trabajo puramente artesanal y artístico más que como diseño industrial. Alguien ha hecho esas cosas para dejar de alguna forma su huella en la historia, no necesariamente para hacer negocio. «Yo estuve allí», ya sabéis.

Hoy en día los automóviles deportivos están al alcance de cualquiera. Si tienes la pasta, y desde un Volkswagen Golf GTI hasta un Ferrari 812, puedes comprarlos y tener la certeza de que no harás el ridículo al conducirlos. Los han transformado en algo tan sumamente efectivo que tienes la posibilidad de adquirirlos incluso si no posees una afición especial y lo único que quieres es que te reconozcan por tener el coche más gordo. Puedes ser un inepto conduciendo, que te lo perdonan todo. Bendita electrónica.

La necesidad de reconocimiento

La compra de coches más que capaces sigue siendo un símbolo de estatus. También, la expresión de la personalidad de su dueño. La diferencia es que hoy sólo das dinero a cambio: La máquina no te exige que la mimes, que la cuides, que la escuches, que bailes con ella. Aguantará lo que le eches, como si fuera indestructible; al menos durante el periodo de garantía. Y esto nos regala estampas tan bonitas como las de propietarios de Lamborghinis que no dudan en encenderlos para, acto seguido, apretar hasta el corte en frío. Escalofriante, ¿verdad? Que prueben a hacer eso con un italiano añejo, a ver qué pasa…

Pero, ¿qué ocurre cuando nadie sabe lo que llevas? ¿Cuándo la gente, atenta observadora y siempre ávida de juzgar, no sabe como calibrarte por el auto que conduces? ¿Cuándo, aunque les gusta lo que ven, puedes escoger si revelarles o no tu secreto? En ese caso probablemente hayas comprado un bólido por la simple pasión por el automovilismo, lo que te consagra como un verdadero aficionado, inmune a las modas. Sentiste la llamada de lo salvaje y la seguiste sin importar las consecuencias. Lo que compraste es especial para ti y para otros cazadores de lo auténtico.

Alpine A110S: Lo importante

A este tipo de material normalmente hay que perdonarle ciertas cosas; ya se sabe, el arte no es sin compromisos, salvo raras excepciones. Fíjate en el asiento de esa Harley, o en la complicación absolutamente innecesaria de la mecánica del Lancia. Sin embargo, el Alpine A110 es una de esas paradojas en las que no hay apenas inconvenientes. Es como un Porsche Cayman pero es único en el sentido en que decíamos al principio. ¿Cómo puede ser?

alpine a110s

No sé mucho de coches modernos, así que no me detendré en opciones ni gadgets tecnológicos (para más y mejor os enlazo a nuestros amigos de 8000vueltas). Vamos a lo que interesa: Motor central de cuatro cilindros turbo, con 1800cc y alrededor de 300CV de potencia. Batalla corta. 1.100 kilogramos de peso. Un chasis de ensueño. Una carrocería deliciosa en la que las líneas fluyen y en la que no hay ni rastro del aterrador barroquismo que impera en los diseños actuales. En el Alpine A110S huele a clásico, efectivamente.

La receta es sencilla, la de toda la vida: Un coche para pasarlo bien, con una calidad por encima de la media francesa y una efectividad a toda prueba. Con franqueza, vaya esto por delante: No creo que haya nada más efectivo circulando por las carreteras públicas ahora mismo. No es que disfrutes como harías en un Miata, es que simplemente eres el más rápido. Puedes hacer uso o no de esta prerrogativa, pero lo eres. Los ingenieros de Dieppe han hecho un trabajo fantástico que hace justicia y supera con creces al planteamiento de la berlinetta Alpine original.

nuevo Alpine a110

Hablando del clásico, ¿se parece bastante verdad? En realidad, el nuevo Alpine es más grande en todos los sentidos. Afortunadamente, no pesa demasiado, que es lo que cuenta. Y no sigue esa filosofía de espartaneidad total por la cual, como en los Lotus de verdad, todo lo que no sea imprescindible es superfluo. El interior es confortable y, sin pasarse, tiene todas las comodidades imaginables. Y la suspensión es polivalente, sabiendo adaptarse a las circunstancias de la conducción.

¿Nos vamos o qué? ¿Qué se siente al conducirlo?

Está bien, vamos a dejarnos de cháchara. Clack, máquina abierta. Es fácil entrar, eso es un punto. Me acomodo en los baquets. Con mi plasticosa llave en el bolsillo, pulso el botón Start de la consola central. Brummmmm, no es intimidante, y está bien aislado. Al contrario que otros deportivos afines, no pretende ser lo que no es. Es un cuatro cilindros sobrealimentado; suena a GTI gordo, igual que un V12 Colombo suena a V12 Colombo. Y punto.

No hay palanca de cambios y es normal. Nunca vamos a poder cambiar tan rápido y tan bien como las máquinas, y en este Alpine todo gira alrededor de la efectividad, de la rapidez. Seamos conscientes de que esta autenticidad, junto con la originalidad y la belleza, componen su carácter. Pongo el modo en Sport, eso sí, para que me deje cambiar a mí con las levas. Pulso D y salgo…

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Hay algo que no me cuadra. Este trasto me debería de estar dejando cambiar y, aunque no es tan invasivo como en modo normal, se empeña en corregir la marcha cuando lo estima conveniente. Tengo un amigo que tiene uno, así que le llamo: «Tienes que tocar aquí y aquí…». Nada, tiene solución pero no me hago con ello y no tengo tiempo que perder. Así que lo pongo en modo Track, con el que se desconectan muchas de las ayudas a la conducción. Sé lo que estáis pensando: «Esto va a acabar mal» :O

Yo siempre he pensado que la manipulación de cualquier objeto exige un aprendizaje previo. Durante este training uno va familiarizándose con él, buscando sus funcionalidades y sus límites. Es un trabajo de tanteo, siempre dentro del respeto que debe exigir toda cosa, ya sea natural o procesada. No podemos ir por ahí haciendo lo que nos venga en gana, como si el mundo fuera nuestro. Primero tenemos que conocer. Y eso es lo que hago con mi Alpine A110S configurado en el modo más puro posible, prescindiendo de filtros para saber cómo es en realidad.

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«Tracción trasera, cuidado.» Es lo primero que pienso. Progresividad, nada de aferrarse al volante como un machote de gimnasio. Aparte de mi coche, configuro mi trasero y el resto del cuerpo para captar la mayor cantidad de información posible. Cada vez voy más suelto y no hace nada raro. Es fácil hacerse amigo de este pequeñín. Trafico urbano OK, sin problema. Autopista OK, sin problema también. Aunque por debajo de 160 uno se aburre. El empuje del biturbo, una vez tengo la confianza para liberarlo, es sencillamente brutal.

Uno hilvana cada una de las siete marchas una detrás de otra, sin sensación de puntos flacos en cuanto a par o potencia. El medidor (que no aguja) del cuentarrevoluciones sube como un cohete constantemente. Llego a casa. Durante los próximos días hago diferentes excursiones con el Alpine A110 también en modo Track y es infalible, no falla en nada. Es una auténtica madre. Además yo no soy un gran conductor, pero me hace sentir así. Supongo que hay que hacer algo sumamente incorrecto para que te dé un susto, y yo no lo conseguí. Tarde o temprano sucederá, pensaba; pero no sucedió.

Vamos a fuego; digo a grabar

Llega el día del vídeo y me siento en condiciones de hacer cualquier cosa. A estas alturas sé que no sus ayudas electrónicas, si no su chasis, va a cuidar de a mí. Y eso, en mi opinión, es mucho decir. Algunos de los mejores automóviles de la historia no otorgan este privilegio. Puerto de segundo orden y calzada estrecha. Paellas, virajes de todo tipo. Confío en él, y tengo que ir medianamente deprisa. Vamos allá.

Ante las cámaras uno siempre tiende a ir un poco más rápido de lo que querría. Así que termino literalmente tirando el coche en las curvas. Dios mío, esto no se mueve, ni de detrás ni de delante. Voy con pocas ayudas, lo estoy maltratando y sigue sin fallar. Incluso con gravilla de por medio. Sigo adelante con una sensación de invencibilidad total. ¿Cómo puede ser? ¡Es sensacional!

Intentamos cruzarlo. Curva cerrada, zapatazo en segunda, empuje bestial y no desliza. ¡Pero cómo lo han hecho! Repetimos, varias veces. Con grava culea levísimamente, no más. Finalmente conseguimos que deslice un poco en una curva fea que no tenía ningún sentido grabar. Así que lo dejamos. No le gusta nada, pero nada, que intentes sacarle de su trayectoria. Sobre todo al tren delantero, que enseguida vuelve a agarrar al suelo como reprendiéndote por tu mal comportamiento, como diciéndote «estoy para hacer tiempos, no el cafre.» Los semislicks, desde luego, le ayudan a reafirmarse en su posición.

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El cambio es rápido, muy rápido. Digiere cualquier reducción, incluso la que sabes que te has pasado, sin pestañear. Frenar y reducir es tan sencillo, ojalá fuese siempre así, me siento como un piloto. La mordiente de los frenos es magnífica, y no se fatigan nunca. Arriba, abajo, arriba, abajo, una y otra vez y nunca rechistan, ni en esas frenadas exigentes en las que piensas ‘no llego, no llego…’. La suspensión, firme en estas condiciones, mantiene las cubiertas pegadas al asfalto en todo momento. No hay ningún tipo de balanceo, va como una tabla. Respecto a la dirección, es muy precisa: Mandado por un conjunto sólido y comunicativo, el Alpine va siempre por donde tú le dices, sin excepción.

Sigue sonando como un GTI gordote, pero da gusto escucharle subir de vueltas. Cosa que, como hemos dicho antes, hace además en un abrir y cerrar de ojos. El motor es nervioso, está esperando para saltar. Normalmente se lleva por encima de las 4,000 RPM; es donde va más cómodo, aunque admita por supuesto un uso de paseo. A partir de medio régimen la melodía se va volviendo más aguda, más bonita, lo que invita a subir. Respecto a los petardeos, los justos. Mejor le dejamos lo de macarrear a otros coches, a este no le hace ninguna falta.

nuevo Alpine a110

Alpine A110 ¿El último de una estirpe?

Personalmente, creo que estamos en un momento histórico: La gasolina se va. Seguro que te has dado cuenta de la cantidad de neveras de cuatro ruedas que se están vendiendo. Electrodomésticos necesarios que, con el apoyo de los estados contribuirán, ya sea con un combustible alternativo u otro, a tratar de hacer de éste un mundo más limpio. Se acabará la grasa, el olor a combustible y a aceite, el sonido que sólo puede provenir de la mezcla de fuego y metal. En la Unión Europea lo hará posiblemente en 2035.

Quizá me equivoque. Pero, si estoy en lo cierto, coches como este Alpine A110S serán la cima de la cadena alimenticia. El resultado más perfeccionado de lo que para muchos de nosotros es casi una religión: El automovilismo basado en la tecnología de combustión interna. Después de casi 150 años todo va a cambiar. Los coches ya no volverán a ser los de antes, por lo que pienso que quien quiera disfrutar y conservar la quintaesencia de su afición debe plantearse la compra de autos como este ahora. Sin electrificación parcial o completa, el último grito en una alquimia tristemente pasada de moda.

Estamos en el mismo momento que cuando la aviación perdió parte de su romanticismo: Es decir, cuando las turbinas sustituyeron a los mal llamados motores de explosión. Ver el avión del correo de Antoine de Saint-Exupery, o un Spitfire, un Stuka o un Texan no produce la misma sensación que un carguero o un F17 moderno. Y no hacen sentir lo mismo (aunque evidentemente hacen sentir algo). En el caso del automovilismo nos arriesgamos a que pierda no ya parte, si no todo el romanticismo. Es posible que ya no se hagan más deportivos a la vieja usanza. Para muestra baste un botón: El A110 dejará pronto de comercializarse para dejar paso a su sucesor eléctrico.

80.000 euros, aunque empiezan en 60. Un Yaris GR vale 40. También es un coche para entendidos pero le falta clase. Un Cayman es más caro, pero hay tantos. Un BMW M2 es un cochazo, pero no tiene los aires de una berlinetta y es ciertamente más fanfarrón. El Alpine A110S es un coche francés: Quizá sí haya algún compromiso, esperemos que no ingrato. A cambio, compras una máquina preciosa y dinámicamente perfecta, que te consagra como aficionado y que es y será reverenciada por la gente que verdaderamente te importa, tus compañeros de afición. Una expresión de ti, no de tu dinero, que además garantizará la curiosidad (¿cuántos has visto?), y no la envidia, de tus congéneres. Si es tu tipo, y puedes permitírtelo, ¿a qué esperas? Ojalá este humilde periodista pudiera darse el gusto.

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Javier Romagosa

Escrito por Javier Romagosa

Me llamo Javier Romagosa. Mi padre ha sido siempre un apasionado de los vehículos históricos y yo he heredado su afición, a la par que crecía entre coches y motos clásic@s. He estudiado periodismo y sigo haciéndolo, ya que quiero convertirme en profesor universitario y cambiar el mundo... Ver más

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