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Durante milenios, las labores del campo se efectuaron con el empleo de animales domésticos. Los caballos, mulos y bueyes aportaban la fuerza necesaria para labrar la tierra, además de acarrear desde las fincas el fruto que se recogía en la cosecha.

También se utilizaban animales para sacar agua de los pozos, o para tirar de aperos como el arado. En cambio, funciones que requerían mayor habilidad exigían mano de obra humana, algo que en ocasiones resultaba un trabajo penoso y de gran dureza.

En este sentido, el progresivo desarrollo de la mecánica ayudó a ir reduciendo las exigencias físicas. Un ejemplo de ello fue la aparición en 1875 del arado Gilpin, que poseía un asiento y permitía que el agricultor trabajase con mayor comodidad.

Tractor Ebro Diesel 44 de 1961
Tiempo despúes del arado Gilpin, los tractores Ebro contribuirían a la mecanización del agro español

Comienza la mecanización agraria

Con la invención de la máquina de vapor en el siglo XVIII, se inició la mecanización de la minería y el transporte. Y poco a poco, la de las labores agrícolas en los países más desarrollados.

Hacia 1880 comienzan a diseñarse los primeros tractores agrícolas. Dotados de una caldera de vapor, eran pesados y utilizaban el carbón como combustible. Estos vehículos dieron buen resultado en los inmensos campos estadounidenses.

Ya en el inicio del siglo XX, los bastante más ligeros tractores con motor de gasolina tuvieron mejor salida comercial. No en vano, su economía y productividad era claramente superior a la de los animales de tiro.

Tractor antiguo de vapor en acción

En 1922, la firma alemana Benz-Sendling creó el primer tractor con motor diesel, cuyo mejor rendimiento y mayor robustez fue imponiéndose por completo después de la segunda guerra mundial.

Mientras tanto, la mecanización agrícola avanzaba en Estados Unidos y en los países más avanzados de Europa.

Sin embargo, el España el proceso fue más lento. Afectó primero a los aperos de labranza, con fabricación nacional de segadoras, agavilladoras, aventadoras y trilladoras, así como de motores estacionarios alimentados por gasolina o petróleo.

Tractor Ebro Diesel 44 de 1961
Con una longitud total de 3,305 metros, similar a la de un Seat 600,
el Ebro Diesel de 44 CV dispone de una destacada facilidad de manejo

El decreto de 1953

También es cierto que Ford Motor Ibérica comenzó en 1921 a producir tractores Fordson en su fábrica de Cádiz, para en 1923 trasladar su factoría a Barcelona.

En la Ciudad Condal mantuvo la construcción de tractores, pero la producción de los Fordson en España se efectuaba según la demanda. En este sentido, los mejores años de ventas estuvieron en el periodo de 1926 a 1932.

Después, entre los convulsos años 1934 y 1935, más la Guerra Civil y la posguerra, hasta ya entrados los años cincuenta no se crearon los pilares de la motorización masiva de la agricultura española.

Tractor Ebro Diesel 44 de 1961
El atinado contraste azul-naranja, una seña de identidad de los primitivos tractores Ebro

En vista del retraso que tenía España en su mecanización agraria, en octubre de 1953 el gobierno da permiso a Ford Motor Ibérica para que construya una fábrica de tractores.

Sin embargo, la firma norteamericana deseaba que dicha factoría también montase automóviles, algo que el gobierno no aceptó tras haberse creado Seat y estar también en activo la fábrica FASA-Renault en Valladolid.

Ante la negativa oficial, Ford vende sus acciones de la filial a un grupo de accionistas españoles. Esto significa la creación de Motor Ibérica S.A. en mayo de 1954, que contará con la colaboración de Ford para la producción de tractores y camiones.

Tractor Ebro Diesel 44 de 1961
El engranaje y la espiga. Motor Ibérica adaptó el escudo de Fordson para los Ebro

Los nuevos dirigentes se mueven rápido. Y al igual que en Inglaterra se usa como marca para sus vehículos el apelativo del río Támesis (en inglés, Thames), Motor Ibérica registra la marca Ebro, en honor a nuestro río más caudaloso.

De la planta barcelonesa de la Avenida de Icaria, sale en mayo de 1955 el primer tractor Ebro. Al igual que los similares británicos Ford New Major, posee un motor de cuatro cilindros, 38 CV y una cilindrada de 3,6 litros.

En los años siguientes, los tractores Ebro fueron avanzando al son que marcaban las mejoras efectuadas en los tractores Ford ingleses. Así, a lo largo de la década los Ebro vieron aumentar progresivamente su potencia a 42 y a 44 CV.

Tractor Ebro Diesel 44 de 1961
Con neumáticos traseros de 30 pulgadas, el Ebro Diesel poseía buenas cualidades de tracción
 

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4 Comentarios

  1. Ene 12, 2015 en 1:02 — Responder

    Aficionados a estos tractores haberlos haylos, otro tema es que tengan la relevancia que estas viejas máquinas se merecen. Pero poco a poco y sumando esfuerzos se van rescatando del olvido. Muy buen artículo, enhorabuena. Espero sigas haciendo otros similares de otras viejas glorias como los tractores Barreiros o Motransa.

    • Ignacio Sáenz de Cámara
      Ene 12, 2015 en 7:38 — Responder

      Muchas gracias por el comentario. Claro que hay aficionados a los tractores y ello es motivo de alegría, pero una vez más da pena lo atrasados que vamos en comparación con otros países cercanos.

  2. Joan Marca
    Mar 21, 2016 en 20:33 — Responder

    !!!! ENHORABUENA !!!! Compartimos afición. Estupendo y completísimo reportaje. Hablo con propiedad, porque conozco el tractor, en alguna ocasión trabajé con el. En algunas zonas de España, y debido a su gran difusión, ( tenia buen precio, i grandes prestaciones), se les definió como, “la Peste Azul”.
    Soy jubilado, y estoy en el “Centro de Estudios” de nuestro pueblo, La Canonja (Tarragona). ¿Nos autorizas a que los socios nos imprimamos este bonito estudio?.
    Si alguna vez vienes por Tarragona estaria encantado de charlar un rato contigo.
    Un afectuoso saludo JOAN MARCA

    • Ignacio
      Mar 22, 2016 en 16:16 — Responder

      Buenas tardes, Joan

      Dentro de una semana iré a Salomó y a Torredembarra para hacer el reportaje de un coche algo antiguo, pero voy con el tiempo justo. En junio regresaré a Tarragona y entonces puede ser el momento de acercarme a La Canonja.

      Saludos cordiales
      Ignacio Sáenz de Cámara

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