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Dejando huella: Museo de coches de época Marc Vidal

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A nadie se le escapa que Cataluña, en lo que respecta al automóvil en general y a los clásicos en particular, lleva cierta ventaja al resto de las Comunidades Autónomas. Nos referimos a la cantidad y calidad de las ferias, concentraciones, rallyes, clubes, asociaciones que allí existen… y a algo tan importante para fomentar la cultura de la automoción y conservar nuestro patrimonio automovilístico como son los museos.

No es que haya tantos como para sentirse satisfechos, pero hay una mayor concentración; sólo tenemos que ver el mapa que publica la Federación Española de Vehículos Antiguos (FEVA) en la guía de museos de su página web para darnos cuenta de la realidad: en Cataluña hay más museos que en el resto del país.

Entre todos ellos, hay uno que para muchos tiene un encanto especial; hablamos del Museo de coches de época de Marc Vidal. Sabíamos de su existencia pero nunca habíamos tenido la oportunidad de visitarlo, así que, aprovechando el viaje que hicimos el año pasado a la feria Auto Retro de Barcelona, pasamos a verlo. Se encuentra en la localidad de Riudoms, provincia de Tarragona, en la comarca del Baix Camp muy cerca de Reus, concretamente a la salida del pueblo en el Km 0,3 de la carretera de Riudoms a Montbrió.

Museo de coches de época Marc Vidal
Exterior del Museo Marc Vidal (Foto: Anchoafoto)

Coches, motos, rarezas y cava

Cuando llegamos al aparcamiento nos quedamos extrañados al ver un edificio de base circular y aspecto rústico, parecido a un molino, donde se podía leer en grandes letras: «Caves Marc Vidal Fontgivell». En un principio pensamos que nos habíamos confundido, pero en seguida salió a recibirnos la mujer del Sr.Vidal y nos confirmó que estábamos en el lugar correcto.

El matrimonio se dedica a la elaboración de cava en sus propias bodegas. Además, tienen en el mismo recinto un restaurante que abre al público con cita previa y en el que organizan comidas y cenas para grupos, sobre todo para aficionados a los automóviles clásicos, como es lógico. La Sra. Vidal nos contó que durante los fines de semana reciben numerosos autobuses que vienen de Francia, donde según parece su museo es más conocido que en España. Triste, pero cierto.

Tras darnos unas pinceladas de lo que íbamos a encontrar en la visita, nos dijo también que su marido estaba en la zona del taller pintando unas motos y que luego pasaría a saludarnos.

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Así que empezamos el recorrido por este curioso lugar; desde el principio te das cuenta que no es un museo como los que estamos acostumbrados a ver. Este te produce, ¿cómo describirlo?, una sonrisa, pues en seguida empiezas a imaginar qué tipo de persona es capaz de reunir todas esas piezas tan variopintas, de ninguna manera sólo coches y motos.

Lo primero que llama la atención es una avioneta colgada del techo de la nave principal, donde, además de algunos autos muy interesantes que comentaremos más adelante, encontramos incontables objetos relacionados con el mundo del motor -o no- como latas de aceite antiguas, vetustos surtidores de combustible, carteles publicitarios de marcas de automóviles y consumibles, matrículas, maquinaria agrícola, aparatos empleados en los antiguos talleres mecánicos, muebles de anticuario, motores de aviación, proyectores de cine de cuando las películas eran de celuloide… objetos diversos por todas partes e, incluso, colgados de una pared, instrumentos musicales.

Estos últimos estaban relacionados con un Triumph 1800, el cual había pertenecido a una banda de Jazz que lo usaba para acudir a sus conciertos; había una fotografía junto al coche que lo acreditaba. También reclamaron nuestro interés las lámparas que adornan las paredes del recinto, hechas artesanalmente con botellas de cava.

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Un tipo genial

Pasado un rato, mientras escudriñábamos los rincones de este singular museo, apareció Marc Vidal con su traje de faena: un mono de currante, no uno como los de los talleres actuales cuyos pulcros mecánicos parecen cirujanos, si no uno de los de antes, con sus manchas de aceite, polvo y pintura. Tras excusarse por su atuendo empezó a darnos información de todo lo que estaba expuesto pero, al comprobar que sus contertulios éramos grandes apasionados a este mundillo y que compartíamos admirados su afición, se soltó la melena. Fue entonces cuando pudimos conocer al verdadero Marc Vidal.

Un tipo sorprendente, simpatiquísimo, muy divertido, de esas personas que se les ilumina la mirada cuando hablan de lo que les gusta, que casaba perfectamente con la imagen que daba, la de un «inventor loco». Nos contó algunas anécdotas de sus adquisiciones, de sus restauraciones…

Nos enseñó una nave donde guarda algunos coches que por diversos motivos no han pasado a formar parte de la exposición, como es el caso de varios Corvette, un Ferrari 308, un Renault 4cv francés, un Cadillac del 59, y un extrañísimo vehículo que utiliza como reclamo en ferias y eventos del motor. Se trata de un resistente chasis con ruedas, al que ha acoplado un morro parecido al de un avión y el motor de un caza bombardero F-4 Phamtom no operativo.

Museo de coches de época Marc Vidal
Motos Bultaco, Montesa y Ossa de campo (Foto: Anchoafoto)

Nos mostró también una sala larguísima donde guarda su colección de motos de campo de las marcas Montesa, Bultaco y Ossa, de la época dorada del motociclismo español comprendida entre los años sesenta y setenta. El sueño para cualquier amante de este tipo de motocicletas porque no es que tuviera muchas, es que las tenía prácticamente todas; algunas parecían iguales pero enseguida nos explicaba que el modelo de un año llevaba un adhesivo en el lateral y al año siguiente, otro. Una locura, pero así son los coleccionistas.

Amalgamada visita

Pasando a lo que es el museo en sí, sin contar las salas anteriores, se exponen cerca de cincuenta coches y más de un centenar de motocicletas. La verdad es que la temática y la distribución es un tanto caótica, igual encuentras automóviles de preguerra europeos, lujosos carros americanos, monoplazas de competición, junto a motos españolas de la posguerra o superbikes japonesas.

En la sala principal están las mejores piezas: Cuatro Rolls Royce, un Phantom I de 1929, un Twenty Roadster de 1927, un Silver Shadow y un Silver Cloud. También se exhibe un Buick Master Six de 1925 y otro Roadmaster de 1950, tres Ford T de distintas épocas, un Erskine Model 50 y un precioso Chevrolet del 29. Enfrente se encuentra un gigantesco Cadillac Fleetwood del 59 junto a un Seat 600 que podría caber perfectamente en su maletero.

En el espacio de al lado se puede ver una serie de coches americanos, tres Chevrolet Corvette, un C1, un C2 y un C3, así como un Ford Thunderbird de los primeros y el Triumph “musical” que hemos comentado antes. En un lugar preferente podemos contemplar uno de los símbolos de la automoción española, un Hispano Suiza tipo 30 de 1924 y, acompañándole, varios Citroen y Peugeot de los años 20 y 30.

Al subir las escaleras para acceder al piso de arriba lo primero que aparece es un rincón repleto de motos. En el centro, las diferentes generaciones de la reina de las autopistas, la Honda Gold Wing. En un lateral, algunas ilustres portadoras de motores de seis cilindros en línea y, subidos por las paredes, curiosos y antiquísimos ciclomotores.

En el lado opuesto descubrimos una magnífica colección en dos alturas de motos de motocross no españolas de los años 70 y 80, algunas de ellas con las que compitió el propio Marc Vidal.

Museo de coches de época Marc Vidal
Marc Vidal con Carlos Sanz (Foto: Anchoafoto)

Y ya por último, en la sala contigua, había un tótum revolutum: motos diversas, barquetas de competición, monoplazas, varios Alpine A-108 y A-110, Mercedes 170 años 30 y un maravilloso Renault 5 Turbo decorado como el vencedor del Rally de Monte Carlo de 1981 con el legendario Jean Ragnotti al volante.

Todo lo relatado es un resumen, ya que hay más, bastante más. Como hemos dicho al principio, más que un museo es una caja de sorpresas. Les puedo asegurar que en ningún caso van a salir defraudados; sobre todo, si tienen la oportunidad, no olviden charlar con el propietario: pasarán un rato divertido y agradable, es de esas personas que dejan huella.

*Agradecemos a Marc Vidal y a su mujer la colaboración prestada para la realización de este reportaje.

 

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1 Comentario

  1. a.vidal
    Dic 14, 2014 en 21:19 — Responder

    Me ha encantado el artículo.Muy riguroso,pero no veo por ningún lado el comentario de la referencia al cava que se promete en el título,que por otro lado, es espectacular! Y aunque me apellide como Marc no tenemos lazos de sangre….

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