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Jaguar E2A, un preserie del E-Type en Le Mans 1960

Meses antes de aparecer el E-Type en 1961, el prototipo Jaguar E2A participó en Le Mans 1960 bajo la bandera del equipo estadounidense Cunningham

Sin duda, el Jaguar E-Type de 1961 no sólo es uno de los grandes iconos de la automoción británica sino, igualmente, uno de los grandes deportivos de la historia. Un diseño ya clásico desde su propio nacimiento. Protagonista de constantes elogios por su ingeniería y diseño. En suma, una completa obra maestra que, además, significó un decidido paso adelante comercial en la casa de Coventry.

No en vano, del E-Type se produjeron decenas de miles de unidades hasta 1974. Fecha en la que se despidió de los concesionarios tras haber llegado a contar incluso con una rotunda versión V12 con 5.3 litros. Así las cosas, resultar lógico pensar que cualquier precedente, prototipo o estudio previo de este modelo debería ser una pieza especialmente reconocida. Sin embargo, el Jaguar E2A permaneció degradado durante décadas.

Es más, siquiera la propia marca parecía interesarse por conservarlo ni reclamarlo adecuadamente. De hecho, durante cuatro décadas estuvo sin demasiada pena ni gloria en un pequeño museo británico. Todo ello mientras los responsables del mismo soportaban insinuaciones sobre la autenticidad de aquel Jaguar que, incluso, eran visto tan sólo como una exótica versión de carreras derivada del E-Type.

Obviamente, un error de proporciones gruesas pues, al fin y al cabo, es justo aquel GT de serie el que deriva del E2A. Un prototipo puesto en las carreras mediante el cual se ensayó el diseño final de 1961, trascendiendo así al D-Type y aquel intento de ponerlo en las calles que fue su versión XK-SS. Pero vayamos por partes. De esta manera, lo mejor será trasladarnos a Le Mans 1955. Posiblemente el mayor instante de gloria para los D-Type, llegando al primer puesto para no bajarse del mismo durante tres años consecutivos.

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No obstante, los problemas financieros ensombrecieron el horizonte pues, tan sólo un año después, William Lyons tuvo que clausurar el departamento de competición. No en vano, los problemas financieros estaban asediando a la empresa, teniendo que delegar sus labores en circuito a la escuadra escocesa Ecurie Ecosse. De hecho, precisamente en aquella época le había pasado algo parecido a Lancia con la F1. Y es que, a pesar de contar con el sensacional D50, el estado de sus cuentas le hizo olvidar cualquier participación en la categoría reina. De hecho, los monoplazas se vendieron a Ferrari junto a un traspaso de personal que incluyó al propio Vittorio Jano.

Llegados a este punto, Jaguar se concentró en desarrollar un nuevo modelo con el cual sustituir a los longevos XK-120 y XK-150. No obstante, muchos de los ingenieros que trabajaban en marcas como ésta no eran simples trabajadores. Lejos de ello, su pasión por las carreras hacía de ellos unos diseñadores entusiastas, siempre dispuestos a ir más allá sin tener demasiado en cuenta a los contables. De esta manera, William Heynes -máximo responsable de diseño en la casa británica- se lanzó al desarrollo de un prototipo conocido como E1A.

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Creado en base a un chasis monocasco que serviría como punto de inicio para el del futuro E-Type, éste además contó con paneles de carrocería en aluminio. Un refinamiento del cual hubo que prescindir en futuras evoluciones. No sólo por el precio del material, sino también por la dificultad inherente a su moldeado. No obstante, el E1A incluyó otras innovaciones como la suspensión trasera independiente así como nuevos ajustes en el bloque de 3,8 litros ya producido por Jaguar. Evidentemente, todo ello con el objetivo de ganar en Le Mans. Suministrando diversas unidades a Ecurie Ecosse.

JAGUAR E2A, EL PASO PREVIO AL E-TYPE

Para la temporada de 1959 en el Mundial de Marcas, el diseño del Jaguar E1A ya estaba ultimado. De hecho, sólo faltaba ensamblar una pequeña serie y coordinarse con las escuadras colaboradoras. Sin embargo, aún utilizando la externalización la dirección de la marca no estaba dispuesta a gastar ni una sola libra en nada que tuviera que ver con la competición. De esta manera, William Lyons obligó a clausurar el proyecto del E1A haciendo que sus ingenieros se centrasen únicamente en el desarrollo del inminente E-Type.

Y vaya, en gran medida eso ya había pasado. No en vano, gracias a este prototipo truncado el futuro GT ya contaba con un chasis monocasco perfectamente estudiado. Además, en el apartado mecánico habían conseguido extraer casi 300 CV al clásico bloque Jaguar con seis cilindros en línea. De hecho, esto fue así incluso habiendo rebajado la cilindrada a los tres litros. Eso sí, el uso de la inyección de combustible fue clave. Aprendiendo por tanto más sobre este elemento a fin de sustituir los sempiternos carburadores.

En suma, el E1A ya había cumplido un papel fundamental como paso previo al E-Type a pesar de no haber logrado pisar las pistas de competición. No obstante, cuando en 1960 los técnicos de Jaguar ya tenían a su disposición hasta tres unidades preserie del futuro modelo de calle, se permitió el ensamblaje de un modelo de competición a fin de realizar labores de pruebas similares a las experimentadas con el E1A. Gracias a ello, en febrero de aquel mismo año ya existía el Jaguar E2A.

Es más, justo en este punto es cuando la historia comienza a acelerarse. Y es que el nuevo prototipo impresiona gratamente a Briggs Cunningham durante una visita a la factoría de Coventry. Ampliamente reconocido por su labor gestionando equipos de competición, este estadounidense logró persuadir a William Lyons para que le prestase el E2A a fin de competir en Le Mans. A partir de este momento, Norman Dewis -mítico piloto de pruebas en Jaguar, habiendo desarrollado modelos durante más de treinta años- inició una frenética puesta a punto del prototipo con el objetivo de llegar listos a las 24 Horas de Le Mans 1960.

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Finalmente, la mecánica quedó en un seis en línea con 3 litros y 295 CV a 7.000 revoluciones por minuto forjado en aluminio. Además, el monocasco se realizaba también en esta aleación aunque, en el subchasis delantero, se utilizó acero. Todo ello para dejar el conjunto en 875 kilos, siendo decorado con las clásica decoración de los equipos estadounidenses basada en dos bandas azules sobre fondo blanco. Por delante, una pista donde se las habría de ver con los Ferrari TR 59/60 o los Maserati Birdcage.

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Bruce McLaren

Llegados a este punto, la dupla formada por Walt Hansgen y Dan Gurney se lanzó a la carrera. Eso sí, a las seis horas el Jaguar E2A tuvo que retirarse por problemas en el motor. Tras esto, el prototipo regresó a Coventry, donde se le montó un motor con 3.8 litros a fin de competir en los Estados Unidos. De hecho, allí fue pilotado por Jack Brabham y Bruce McLaren. Este último en el icónico circuito de Laguna Seca. No obstante, a finales de la temporada el Jaguar E2A acabó de nuevo en la fábrica. Siendo usado como coche de pruebas y carreras menores durante varios años.

Tras esto, a mediados de los años sesenta el viejo y trascendental prototipo acabó prácticamente olvidado en una nave de la fábrica de Jaguar. Un punto realmente delicado, donde podría haber caído fácilmente en el desguace de no haber sido por la colección Camden. Lugar donde fue conservado durante cuarenta años hasta su subasta en 2008, llegando a recuperar incluso el motor de 3 litros usado en Le Mans 1960.

Es más, aunque la aleta aerodinámica se había perdido, se llegó a encontrar su molde de madera original. Una metódica labor de conservación que, al tiempo, nos ha legado en perfecto estado el Jaguar E2A. Una de las piezas más interesantes para el automovilismo deportivo del siglo XX.

Fotografías: Bonhams / Jaguar

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Escrito por Miguel Sánchez

A través de las noticias de La Escudería, viajaremos por las sinuosas carreteras de Maranello escuchando el rugido de los V12 italianos; recorreremos la Ruta66 en busca de la potencia de los grandes motores americanos; nos perderemos por las estrechas sendas inglesas rastreando la elegancia de sus deportivos; apuraremos la frenada en las curvas del Rally de Montecarlo e, incluso, nos llenaremos de polvo en algún garaje rescatando joyas perdidas.

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