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Cheetah: Un Infernal Anti-Cobra

La historia del Cheetah es tan radical como él mismo. Del sueño de un preparador a ser pasto de las llamas, este coche donde puedes acabar asado al volante es uno de los ejemplos más excitantes del automovilismo americano de los 60...

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FOTOS CHEETAH: GUERNSEY’S AUCTIONS

Hoy la cosa parece que va de animales. ¿Qué corre más? ¿Qué es más peligroso? ¿Un guepardo o una cobra? Lo cierto es que el felino -llamado en inglés cheetah– es el campeón sobre tierra, aunque la picadura de la cobra… Es tan mortal que te podría matar antes de empezar carrera alguna. Pues bien, algo parecido ocurrió en los años 60 cuando en la automovilística americana el musculoso Cheetah de Bill Thomas quiso desbancar al AC Cobra de Carroll Shelby.

Era una época de sueños extravagantes, donde algunos vehículos intentaban aunar la ligereza de los pequeños chasis deportivos “made in England” con la potencia bronca de los V8 americanos. De ahí salieron vehículos como el Cobra: un auténtico devorapistas al que algunos quisieron destronar repitiendo una fórmula muy parecida.

Eso fue lo que se propuso el preparador Bill Thomas; uno de esos modificadores que a mediados del siglo pasado seguían alimentando la leyenda de las carreras montadas sobre autos de calle modificados artesanalmente. Sus ojos siempre estuvieron puestos en los Chevrolet, sobre los cuales empezó a trabajar en multitud de modificaciones hasta que en los 60 fundó una empresa propia especializada en la personalización de Corvettes.

Revista de la época haciéndose eco de este mismo ejemplar.

Todo aquello llamó la atención de la propia General Motors, la cual fichó a Bill a fin de preparar sus coches para carreras tan míticas como la Pikes Peak Hill Climb. Sin embargo… Lo más interesante estaba por venir: en 1963 Chevrolet decide apoyar a Bill en su “proyecto Cheetah”, estableciéndose una relación aún no muy aclarada entre ambas figuras pero que sirvió para dar a luz al que, posiblemente, sea uno de los automóviles más excitantes y alocados del panorama americano.

CHEETAH: ARTESANÍA, RADICALIDAD Y TIZA

Aquel apoyo de la GM al proyecto parecía más testimonial que otra cosa. ¿Por qué? Pues porque si ésta hubiera creído de verdad en el proyecto los medios técnicos con los que Bill Thomas hubiera contado habrían ido, desde luego, más allá de unas maderas y algo de tiza. Obviamente había más cosas en su taller, pero impresiona saber que el prototipo se hizo de una forma totalmente artesanal, pintando con tiza esbozos de las formas sobre el bastidor a través de un proceso donde no había planos previos y en los que las piezas se encajaron por pura intuición.

Piezas que se juntaron a partir del desguace de varios coches, juntando un motor Small Block V8 -esta familia de motores estuvo en producción desde 1955 hasta 1998- extraído de un Corvette con multitud de elementos exóticos como unos frenos provenientes de la NASCAR. Respecto al chasis éste contó con no pocos problemas de rigidez, aunque el multitubular de cromo molibdeno pudo finalmente aguantar los embates de un diseño tan corto de batalla que el motor se une al diferencial sin necesidad de un eje de transmisión al uso.

Acabado el prototipo, el resultado fue una verdadera bomba de adrenalina: un pequeño deportivo de tan sólo 680 kilos donde prácticamente sólo cabía el motor central con cilindrada aumentada hasta los 6.177 cc, donde conduces casi sentado sobre el eje trasero, con las piernas estiradas en paralelo al motor y con el trasero sobre unos tubos de escape laterales por donde emana un sonido carente de contemplaciones. ¡La mísmísima carroza del infierno!

ENTRE LAS LLAMAS DEL AVERNO

Y si pensamos en el infierno… ¿Qué es lo que tenemos ahí? Exacto, mucho fuego. Justo lo que condenó al Cheetah. Los problemas de refrigeración eran constantes, acentuados aún más en un coche donde el pequeñísimo habitáculo carente de todo lo accesorio -no tiene siquiera odómetro- sitúa al conductor en las circunstancias que te hemos comentado antes.

Sin embargo… La proyección del Cheetah estaba en los circuitos, por lo que aquello no debería de ser un gran problema teniendo en cuenta que su cliente tipo es alguien con gusto a asarse dentro de un mono de competición.

El verdadero problema del Cheetah con el fuego vino cuando en 1965 la fábrica de Bill Thomas fue pasto de un incendio donde desaparecieron los -ahora sí- planos, modelos, coches en línea de montaje… Un desastre que llegó justo en el peor momento: cuando el Cheetah empezaba a cobrar cierta fama en los circuitos y la GM podría por tanto haber decidido dar más apoyo a un proyecto que necesitaba de al menos 1.000 ejemplares para homologar sus coches en las carreras más emblemáticas de los EE.UU.

Desgraciadamente todo esto quedó en 11 unidades completadas, a las que hay que sumar 8 chasis más y 22 carrocerías en fibra de vidrio sin montar. La que ilustra esta noticia es una de esas pocas supervivientes, y quizá la que se encuentre en un estado más original ya que ha sido conservada sin cambios por el hijo de Bill Thomas desde 1965 hasta su reciente subasta en Nueva York. Allí este modelo que pretendió dar la réplica al AC Cobra ha podido pasar de los 750.000 dólares -no hay cifras públicas confirmadas- pero… ¿Es que hay precio para la montura de Belcebú?

PD: por lo que parece Cheetah es un nombre gafado. El de Bill Thomas fue pasto de las llamas, el de Lamborghini -primer intento de 4×4 de la marca- fue destrozado en las pruebas que el ejército americano hizo con él sin ser siquiera devueltos los restos a Sant’Agatta y los chimpacés que interpretaron a Cheetah -Chita- en las secuelas de Tarzán… Albergamos nuestras dudas sobre si el mejor lugar para un chimpancé es Hollywood -de hecho en las novelas del muy marciano Edgar Rice Burroughs no aparece este simiesco compañero de Tarzán-.

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