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Prácticamente todo aficionado a los coches clásicos conoce, como este a priori misterioso Packard Eight de 1938, alguna buena pieza olvidada injustamente. Probablemente todos hemos “perseguido” al dueño de tal o cual coche interesante almacenado en algún desván o garaje acumulando polvo… que a pesar de ello se negaba a separarse de él. Este podría haber sido el caso del enorme clásico de las fotografías, que desde que se estrenó hasta hace unas semanas perteneció a la misma familia.

Y sin embargo, el descubrimiento del Packard fue de lo más sencillo: Un inmueble vendido que tenía que ser desalojado, un par de llamadas telefónicas hasta dar con la persona adecuada, una pequeña negociación, y en menos de una semana el coche estaba salvado y de camino al garaje de un buen aficionado.

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Todo un Packard Eight emergiendo de las profundidades

Salvando Packard: Los 110, 120, Six y Eight

Sin duda un golpe de buena suerte para un coche que durante toda su vida ha disfrutado de los cuidados que se merecía. Packard es uno de los más nobles y reconocidos fabricantes americanos, y justo la gama a la que pertenece este coche fue la que salvó a la marca en los duros momentos de la Gran Depresión. Concretamente pertenece a la gama baja o barata –todo un eufemismo si tenemos en cuenta las dimensiones y el porte de estos coches- que había sido presentada en 1935 con la denominación de Packard 120, con motorizaciones de 8 cilindros en línea.

En 1937 se presentó un nuevo modelo prácticamente igual pero con motor de 6 cilindros –el 110-, y estos 110 y 120 de Packard estuvieron en producción desde 1935 hasta 1941, pero justo en 1938 desaparecieron del catálogo. Y no es que se dejaran de fabricar; tan sólo es que ese año, además del rediseño –o actualización- de las carrocerías, pasaron a denominarse según el número de cilindros. Así, el coche descubierto es un Packard Eight de 1938, aunque ya el año siguiente la marca volvió a recuperar la denominación 120.

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Veamos como ha sido todo…

El Packard Eight de 1938 Descubierto

El ejemplar de las fotos, según parece, fue adquirido originalmente en Portugal por una familia de banqueros y ganaderos salmantinos y se matriculó allí. No sabemos si permaneció en el país vecino hasta 1945 o si estuvo varios años circulando por tierras hispanas con matrículas portuguesas, pero lo cierto es que la bonita placa salmantina que ahora luce es de mediados de los años 40.

Según hemos podido saber, su dueño original tenía gran afición por el automóvil, por lo que todos sus coches eran minuciosamente mantenidos… y poco usados. El Packard compartió garaje –en el centro de Salamanca- con un Rolls Royce y varios Mercedes Benz y BMW, casi todos ellos conservados hoy día en manos de diferentes aficionados. El Packard fue llevado desde su cochera salmantina de toda la vida hasta un galpón rural hace unos diez años, y allí ha permanecido hasta ahora, sobre unos tacos.

El Packard debió tener un uso residual hasta los años 60, y el único testimonio de esto es la palabra de los descendientes de aquel primer dueño y esos intermitentes delanteros no originales. Por lo demás, el coche está total y absolutamente original, incluyendo la pintura y la tapicería. La primera es salvable y está muy bien preservada, a excepción de algunos desconchones en las aletas del lado izquierdo, probablemente causados por la cercanía de estos con los ventanales del galpón en el que estaba guardado. Bajo estos desconchones se pueden observar las diferentes capas de protección que Packard daba a todos sus vehículos, la más profunda de tono verdoso y la superior de un color azulado.

La tapicería sin embargo ha sufrido el ataque de los roedores, y sobre todo la del techo está totalmente deshecha. Los asientos y moquetas están en mejores condiciones, pero se deshilachan al menor contacto, con lo que actualmente se pueden considerar inservibles. El salpicadero sin embargo se conserva intacto, e incluye dos opciones de la época como eran la radio y el aparato de calefacción.

Los cromados –a excepción de los de los paragolpes- están en muy buen estado y bastará con una limpieza. Incluso los frenos no estaban bloqueados a pesar de los largos años de inactividad, y es que el estado de conservación de este Packard Eight es tan inusualmente bueno que lo recomendable será una preservación cuidadosa restaurando lo menos posible, especialmente en el apartado estético. Cualquier otra cosa sería cometer una restauración tan indebida como innecesaria, con la que además el coche perdería parte de su valor.

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