La armada japonesa toma el protagonismo
Una exhibición estelar de las marcas niponas y sus mayores hitos
La temática principal de esta edición del Rolex Monterey Motorsports Reunion ha estado dedicada al automovilismo del País del Sol Naciente, compartiendo honores con el homenaje a la IndyCar. El despliegue de los fabricantes orientales ha sido un descomunal trabajo de equipo donde Toyota lideró en volumen de vehículos con una impresionante retrospectiva de resistencia: desde su primogénito de competición, el legendario Toyota Seven de finales de los sesenta, pasando por diversos prototipos intermedios, hasta culminar en el icónico TS050 Hybrid (chasis #8) con el que Fernando Alonso, Sébastien Buemi y Kazuki Nakajima ganaron las 24 Horas de Le Mans de 2018. La representación de la marca se completó con un coche de rallies y un imponente stock car de la NASCAR. A su lado, Mazda hizo retumbar los montes con el célebre 787B original (chasis 002) de motor rotativo Wankel —flamante ganador de Le Mans en 1991— acompañado por una selección de sus prototipos de resistencia más emblemáticos. La muestra se completó con Subaru y sus máquinas del Mundial de Rallies (World Rally Car), Honda y Acura exhibiendo sus prototipos de resistencia de Le Mans, Nissan con la fuerza de sus prototipos GTP y Datsun aportando la nota exclusiva con una alineación de turismos de competición muy raros de ver en suelo europeo.
De los pioneros a la era moderna de la IndyCar
Un siglo de evolución técnica a través de monoplazas legendarios
Recorrer la parrilla de monoplazas en Laguna Seca ha supuesto hacer un viaje en el tiempo que arranca con las rudimentarias máquinas de los albores de la competición estadounidense y culmina en los bólidos actuales de la IndyCar Series. Entre los grandes protagonistas figuraba el fabuloso Ballot 5/8LC de 1919 traído por el Revs Institute de Florida, una auténtica obra maestra de la ingeniería pionera de los Grandes Premios y de Indianápolis que hizo historia al superar por primera vez las 100 mph en el trazado del Brickyard. La presencia de los monoplazas contemporáneos representados por el coche de Álex Palou sirvió para certificar la línea continua de pasión y velocidad que une a todas las generaciones de la máxima categoría de monoplazas en Norteamérica.
Homenaje a las carreras en carretera abierta
El origen de la tradición del motor entre los pinos de Pebble Beach
La conmemoración del 75 aniversario de las carreras originales de Pebble Beach (1950-1956) devolvió a la vida la era dorada en la que los pilotos competían por los virados y arbolados caminos del Monte Del Monte, antes de la inauguración del trazado permanente de Laguna Seca en 1957. Esta categoría especial tributo permitió ver rodar de nuevo a los supervivientes de aquella etapa heroica, donde icónicas barquetas de Jaguar, Allard, Aston Martin o Porsche compartían el estrecho asfalto con peculiares modelos modificados artesanalmente por los propios mecánicos y pilotos. Ver desfilar a estas máquinas entre el estruendo de los motores y el sabor a nostalgia fue el mejor homenaje posible a las raíces del automovilismo deportivo en la península de Monterey.
Los ‘specials’ artesanales más destacados del 75º Aniversario
La genialidad del ingenio americano sobre el asfalto de Laguna Seca
Dentro de esta variada parrilla conmemorativa, repleta de joyas de época y preparaciones únicas, destacaron de forma especial cuatro creaciones artesanales que resumen a la perfección la astucia técnica de los constructores independientes de aquellos años. El espectacular Sorrell SR200 deslumbró con su ligera carrocería de aluminio esculpida a mano de estilo italiano sobre chasis tubular con mecánica V8 americana. A su lado, el Tatum GMC Special demostró la audacia de montar un enorme motor de camión de seis cilindros en línea profundamente preparado en un conjunto ultra ligero. La maestría artesanal estuvo representada por el Hageman Chrysler Special, una joya de chasis tubular a medida impulsada por el brutal motor Chrysler FirePower Hemi, mientras que el histórico MG Special R2 «Flying Shingle» revivió la figura de Ken Miles, quien concibió este agilísimo y bajísimo bólido sobre base MG para batir a rivales de cilindradas muy superiores.
El trueno de Detroit: Greenwood Corvette y preparaciones barqueta
Músculo V8 y siluetas radicales dominando las categorías de GT
Dentro de la categoría de turismos y GT de gran cilindrada, los Chevrolet Corvette acapararon la atenta mirada de los aficionados por sus radicales evoluciones en pista. Destacaron sobremanera dos imponentes unidades de competición de la era dorada de la IMSA y la Trans-Am: por un lado, el brutal Greenwood Corvette de 1977 (#40) luciendo su icónica e imponente carrocería en rojo radiante, y por otro, un espectacular Chevrolet Corvette IMSA/Trans Am de 1978 (#39) en un vistoso color amarillo, ambos portando pasajes de rueda hipertrofiados, alerones descomunales y brutales bloques V8. Compartiendo protagonismo dentro de la saga, resultó igualmente fascinante la visión del Chevrolet Corvette de 1976 (#15), presentado en una atípica configuración barqueta/roadster totalmente abierta sin parabrisas, luciendo la decoración con los colores de la bandera estadounidense y demostrando la extrema versatilidad de estos chasis sobre el asfalto.
Las bestias de la Can-Am devoran el sacacorchos
El estruendo de los McLaren, Lola y el raro Porsche 917 PA Spyder
Entre las diferentes categorías representadas en el circuito, el grupo dedicado a la Canadian-American Challenge Cup regaló los momentos más ensordecedores y espectaculares del fin de semana. Junto a las habituales barquetas V8 de la saga McLaren —con especificaciones como los M1, M6 y M8— y los chasis tubulares de Lola, sobresalió una auténtica rareza histórica: el Porsche 917 PA Spyder de 1969. Esta pieza traída por el Revs Institute representa el eslabón perdido entre el dominio de Porsche en Le Mans y su desembarco en la Can-Am, un prototipo pionero de motor bóxer de 12 cilindros abierto sin techo pilotado originalmente por Jo Siffert que abrió el camino al desarrollo de los monstruosos 917/10 y 917/30 de sobrealimentación turbo.
Texto y fotografía : Aritz Albarrán y Unai Ona

























































































