El 21 de marzo no fue un día cualquiera para los aficionados al mítico utilitario. El I Panda España Tour Cultural arrancó con una propuesta distinta, a la que la Asociación de Coches Panda España les tiene acostumbrados, y en la que los kilómetros no se medían solo en distancia, sino en experiencias. Una cita que apostó por mezclar conducción, historia, gastronomía y un toque de aventura.
Támara de Campos fue el escenario elegido para dar el pistoletazo de salida. Desde primera hora, la Plaza de San Hipólito comenzó a llenarse de vehículos y participantes llegados de diferentes puntos, creando un ambiente cercano y animado. El simpático oso Pandi fue el encargado de recibir a todos, marcando el tono desenfadado de una jornada que prometía sorpresas. Antes de arrancar, hubo tiempo para un desayuno conjunto y para conocer las claves del recorrido de la mano del organizador, Iván Tejido.
La mañana comenzó con una inmersión en el patrimonio local gracias a la visita guiada por la alcaldesa Concha a la iglesia del municipio, un lugar que sorprendió por su grandeza y que sirvió como primer contacto con el espíritu cultural del evento.
Polvo y diversión a bordo de los Panda
Pero pronto la teoría dio paso a la práctica. Con los motores en marcha, los participantes se enfrentaron a una ruta poco convencional guiada por el Pandabook. Este libro de ruta obligó a dejar de lado la comodidad de seguir a otros coches y puso a prueba la capacidad de orientación de cada equipo. Indicaciones, referencias y decisiones en cruces marcaron un recorrido por caminos de tierra donde no faltaron momentos de incertidumbre, desvíos inesperados y ese punto de emoción que hace especial cualquier aventura. El polvo en el ambiente y las risas dentro de los coches acompañaron cada tramo.
El primer destino fue Astudillo, donde la parada permitió conocer la bodega de los Manguis y disfrutar de un pequeño alto en el camino. Desde allí, la ruta continuó hasta Frómista, con visita a la iglesia de San Martín de Tours, una de las grandes joyas del románico que volvió a poner en valor el carácter cultural del tour.
Coger fuerzas para seguir aprendiendo
La jornada siguió rumbo a Villalcázar de Sirga, donde la gastronomía tomó el relevo. Una comida abundante y de calidad sirvió para recuperar fuerzas y compartir las vivencias acumuladas durante la mañana.
El final del día tuvo lugar en Carrión de los Condes, con el Real Monasterio de San Zoilo como escenario. Allí, los participantes pudieron relajarse y poner en común las anécdotas de una jornada intensa, en un entorno que combinaba historia y tranquilidad.
La importancia del camino
Ya el domingo, la caravana puso rumbo a la Villa Romana La Olmeda, donde concluyó esta primera edición. Un cierre que dejó un gran sabor de boca y la sensación de haber participado en algo diferente.
Porque más allá de los coches, este Panda España Tour Cultural demostró que lo importante no es solo llegar, sino todo lo que ocurre mientras se busca el camino.
















