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Normandía y la operación Overlord

En los primeros minutos del 6 de Junio de 1944, nada más pasar la media noche, soldados de las divisiones aerotransportadas británicas y estadounidenses, tras aterrizar con sus planeadores Horsa, ponían pie en territorio normando. Su objetivo: Tomar dos enclaves estratégicos de vital importancia para los intereses aliados, el puente sobre el río Orne y el del canal de Caen. Eso evitaría la posibilidad de que los alemanes pudiesen dinamitarlos, lo que retrasaría irremediablemente el avance de las fuerzas aliadas. La Operación Overlord estaba en marcha, el día D había comenzado.

A las 5:20 de la madrugada, la guarnición alemana apostada en el acantilado de Pointe du Hoc informaba de la presencia de barcos enemigos cerca de la costa francesa. No fue hasta la llegada de los primeros rayos de luz que pudieron darse cuenta de la magnitud de la amenaza que se acercaba por el mar. La mayor flota de buques de guerra de la historia navegaba hacia ellos; poco después los cañones de los destructores iluminaron la línea del horizonte y comenzó un intenso bombardeo de toda la costa que convirtió Normandía en un auténtico infierno. Ese día, miles de seres humanos, civiles y militares, sacrificaron su vida para cambiar el curso de la guerra y el devenir de la Historia.

viaje normandia dia d
Resulta absolutamente conmovedor visitar el cementerio americano de Coleville Sur Mere

Muchas cosas salieron mal para que acabara siendo una jornada terriblemente sangrienta, pero el enorme contingente de hombres y medios del ejército aliado dirigido por el general Dwight Eisenhower, así como el tremendo desgaste que acumulaban las huestes alemanas, hizo que, finalmente, la invasión fuese un éxito. Era el principio del fin; pero aunque todos pensaban que para navidad las tropas de Hitler habrían caído todavía tardarían casi un año en tomar Berlín y acabar de una vez por todas con el nazismo.

Desde entonces, cada 6 de Junio, año tras año, década tras década, en todas las poblaciones de la zona donde tuvo lugar la batalla de Normandía, se celebra el día D o día de la liberación, como lo llaman muchos franceses. Algunos, los que perdieron seres queridos, lo hacen con profunda tristeza; pero la mayoría, gracias a que el paso de los años ha ido cerrando las heridas, con mucha alegría, dando a los innumerables actos programados un carácter didáctico e incluso lúdico y festivo.

De viaje, Normandía en el siglo XXI

Hacer un viaje para visitar la Normandía del desembarco es muy recomendable. Desde el punto de vista del turista, nos encontramos ante un territorio con un paisaje de ensueño, con inmensas praderas verdes repletas de granjas y frondosos bosques. En la línea de costa aparecen escarpados acantilados que vigilan las enormes playas, las cuales dejan al descubierto cientos de metros de arena cuando baja la marea. Todo ello salpicado de un montón de pequeños y cuidados pueblos de casas de piedra que a pesar de haber quedado prácticamente en ruinas tras los intensos combates del día D y los siguientes, se reconstruyeron tal cual eran, como recuerdan las fotografías en blanco y negro de la época de la guerra que se muestran por muchos rincones de la región.

Recorriendo estas poblaciones y los puntos estratégicos del conflicto, que los franceses conservan con orgullo, el visitante se empapa de historia y aprende de lo que el ser humano es capaz de hacer a sus semejantes, toda una lección para que lo que ocurrió en todo el mundo en aquellos turbulentos años no se vuelva a repetir.

Toda la zona está repleta de monumentos, placas conmemorativas, museos… siempre haciendo mención a los acontecimientos y actos heroicos que tuvieron lugar; ruinas de los enclaves militares alemanes; cementerios de caídos en combate separados por nacionalidades. Les aseguro que resulta imposible no emocionarse al situarse en todos estos lugares conociendo los escalofriantes hechos que allí acontecieron.

Recreación histórica y vehículos militares clásicos

Si organizamos nuestro periplo para que coincida con las fechas de la celebración del día D, como hemos hecho nosotros, el viaje cobra vida; y si, por último, como también es el caso, estamos interesados por todos los cacharros antiguos que se desplazan sobre ruedas, nos encontramos ante una situación idónea.

Y es que, además de todas las fiestas que se celebran en las diferentes localidades -en perfecta armonía, compartiendo espacio gentes de todas las nacionalidades-, se organizan conferencias, visitas a los museos, homenajes, exhibiciones de todo tipo: Navales, aéreas, de paracaidistas, incluso con modelos de radio control; desfiles, paradas militares y, lo más importante para nosotros, y seguro que para nuestros lectores, se permite contemplar de cerca todos los vehículos protagonistas de la contienda.

Resulta alucinante la cantidad y variedad de maquinaria que podemos descubrir por todos los rincones de la región. Normandía es el punto de encuentro de todos aquellos coleccionistas y propietarios de algún vehículo vinculado a la historia de la segunda guerra mundial.

Es un salto en el tiempo, como si hubiésemos hecho un viaje junto a Marty McFly en su De Lorean y hubiésemos seleccionado en su máquina del tiempo cualquiera de los días que siguieron a la jornada del desembarco. En las explanadas de entrada a los pueblos se instalan campamentos militares con toda su parafernalia, tiendas de campaña, cocinas, depósitos de agua móviles, letrinas y todo tipo de utensilios de época.

Se construyen trincheras y emplazamientos con sacos terreros para los cañones y nidos de ametralladoras. Y lo más impresionante, se puede observar un movimiento constante de Jeeps, motocicletas, camiones de transporte de tropas y material; incluso acuden hasta allí con blindados y tanques, algo absolutamente increíble. Por supuesto, todos los participantes van rigurosamente vestidos con los uniformes y trajes del momento histórico que nos ocupa.

Mientras nos movíamos por los lugares típicos del desembarco surgían curiosidades y anécdotas, como cuando íbamos circulando en nuestro coche -por cierto, poco integrado en el ambiente, un Seat Ibiza rojo- y un enjuto individuo vestido de policía militar a los mandos de una Harley Davison militar nos dio el alto para ceder el paso a un convoy de camiones GMC cargados de soldados de infantería con su equipo reglamentario; o cuando vimos pasar un viejo sedán Dodge en el típico color verde oliva con un falso alto mando en su interior, escoltado por varios Jeep Willys haciendo sonar sus sirenas; o cuando encontramos en la carretera que baja de Vierville Sur Mere a la playa Omaha, instalado en tierra firme uno de los viejos puentes flotantes que se usaron para descargar todo el material desde los improvisados puertos artificiales. En la actualidad, algunos Jeep lo cruzaban rememorando aquella sensación.

Uno de los puntos claves de los festejos es la pequeña localidad de Sainte-Mére-Église, lugar donde se encuentra uno de los principales museos de la guerra y que además es famosa por el suceso real que aparece tanto en el libro como en la película “El día más largo”: Una parte de la 101º división de paracaidistas americanos cayeron por error en medio del pueblo. El soldado John Steele quedó colgando del campanario de la iglesia al engancharse su paracaídas, sobrevivió gracias a que se hizo el muerto mientras observaba como sus compañeros combatían con los alemanes abajo en la plaza. Actualmente un muñeco de tamaño real cuelga del mismo sitio como homenaje a este hombre.

Mucha maquinaria militar

Algunas de las fotografías que acompañan a este texto están tomadas en esta famosa población, pues había una buenísima representación de vehículos tanto en un prado a la entrada como en el aparcamiento junto a la iglesia, entre los que destacaban los omnipresentes camiones ligeros Dodge en sus versiones WC51 (normal), WC52 (con cabrestante en el paragolpes), WC54 (ambulancia), WC56 (command car) y WC63 (tres ejes); los Chevrolet G 7107 de 1.5 toneladas; los indestructibles camiones medianos GMC CCKW 352 (batalla corta) y 353 (batalla larga); los semiorugas M3-A1 de transporte y los M16 dotados de ametralladoras antiaéreas o las carismáticas motocicletas Harley Davison WLA 45.

También los tanques americanos Sherman M4 y Destroyer M10; los transportes ligeros alemanes Volkswagen tipo 82 Kubelwagen, derivados del KDF (el primer Escarabajo); algunos automóviles civiles como el Citroen 11 y Peugeot 302 que eran utilizados por los miembros de la resistencia francesa; y por supuesto, el 4×4 más conocido y representativo de todos, el Jeep Willys MB, del que había cientos de ellos por todas partes, en todas sus versiones y configuraciones posibles. Incluso pudimos ver una muestra de los primeros tres modelos que se fabricaron en 1941 para presentarlos al concurso convocado por el ejército estadounidense y que finalmente ganó Willys Overland. Finalmente, los raros y escasos Willys MA, el Bantam BRC y el Ford GP con cuatro ruedas directrices que han visto más arriba.

Para concluir, les diremos que un viaje a Normandía siempre es una delicia. Si lo hace en las fechas próximas al 6 de Junio, una experiencia inolvidable; y si además es usted propietario de algún vehículo de la II Guerra Mundial, una visita obligada.

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