SInger Nine Junior Rubia
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Una rubia encantadora: Singer Junior

A los españoles nos gustan los coches grandes. De esto no cabe duda, sobre todo en el mundo de los clásicos. Cuanto más grande mejor nos parece, y aunque esto no siempre se cumple ya se sabe… «burro grande, ande o no ande”.

En el mundo del automóvil “grande” suele ser sinónimo de “americano”, y este último término podría ser sustituido en nuestro país por “haiga” sin ningún problema en la mayoría de los casos.  ¿Y cuáles son los haigas más representativos? Los de los años 40 y 50 cuyas versiones más lujosas, aparte de las versiones descapotables, eran los “Woodies” característicos por sus laterales en madera de dos tonos.

En nuestro país fueron apodados “rubias” por los colores claros de la madera y causaban furor entre el público. Pronto los carroceros se pusieron a imitarlas artesanalmente sobre cualquier tipo de chasis, ya fuera grande, pequeño, americano o europeo.

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Baratas de construir y muy vistosas, las «rubias» triunfaron en los 40

Sin embargo este fenómeno no es únicamente ibérico. En otros países europeos, especialmente en Francia e Inglaterra, durante los años 40 y 50 muchos coches de preguerra fueron recarrozados como rubias para aumentar su capacidad de carga.

Y no siempre por la cuestión estética de imitar a los grandes autos americanos, sino muchas veces porque en aquellos años posbélicos escaseaban los metales y tenían que ser sustituidos por otros materiales, que normalmente eran maderas de diferentes tipos. Y si además gustaban estéticamente, pues mejor que mejor.

Probablemente este fuera el motivo por el que el Singer protagonista de este artículo fuera transformado en una encantadora rubia; la necesidad de convertir un antiguo vehículo –quizá descapotable- en una pequeña furgoneta de reparto.

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Convertido en pequeño furgón de reparto este Singer podía entrar en cualquier rincón

Lo bueno de este ejemplar es que la modificación se limitó a la carrocería, dejando intactas incluso las aletas traseras originales. Hasta el torpedo todo sigue tal y como salió de fábrica en 1928, y la carrocería de madera tiene unas líneas tan acertadas y “respetuosas” que no desentonan en absoluto… Es más, quizá este vehículo sea más llamativo y bonito así que con su carrocería de origen.

Tan bonito como pequeño

Como su nombre indica, el Singer Junior era el pequeño de la gama entre los años 20 y 30. Cuando se presentó en el London Motor Show en octubre de 1926 venía a cubrir un hueco de dos años desde que el ya anticuado modelo Singer 10 había dejado de producirse en 1924.

Todos estos coches ingleses de pequeñas cilindradas venían a seguir la estela del exitosísimo Austin Seven presentado en 1922, que arrasaba en ventas.

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El motor con árbol de levas en cabeza, toda una modernidad en su tiempo

Tras este, muchas de las grandes marcas británicas se lanzaron a producir pequeños utilitarios de cilindrada por debajo del litro; Morris presentó su pequeño modelo 8 o Minor, Triumph su Super Seven, etc.

La apuesta de Singer en este nuevo segmento parecía desconcertante en un principio, pues si bien la prensa alababa la adopción de un “moderno” motor con árbol de levas en cabeza –mientras, la gran mayoría de fabricantes seguían optando por las arcaicas válvulas laterales y culata plana-, el resto del vehículo era más bien simple.

Los primeros Junior solo tenían frenos a las ruedas traseras, el embrague utilizaba el primitivo sistema de cono invertido, se habían eliminado los niquelados por completo –incluyendo los de la carcasa del radiador- y las ruedas eran unas sosas llantas planas de plato.

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Las prestaciones de estos pequeños Singer eran considerables en su época

Además, en un principio solo se ofertaba una carrocería en el catálogo del Junior: Un tourer descapotable de cuatro plazas y tres puertas, que solo se servía en color azul con las aletas en negro.

Por el contrario, el pequeño propulsor de 4 cilindros en línea y 848 c.c. (56x86mm) demostró ser muy fiable y de prestaciones alegres.

Sus cerca de 20 cv a 3.250 rpm unidos a la ligereza del conjunto le permitían alcanzar una velocidad máxima de 56 millas por hora (¡!) según las crónicas de la época, una cifra nada despreciable para un utilitario de entonces, e incluso debemos decir que un tanto exagerada.

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Las llantas de radios fueron una de las novedades introducidas en 1928 en el Junior

No sabemos si en su día uno de estos pequeños aparatos podía alcanzar casi 100 km/h en un tramo recto y llano, pero lo cierto es que los motorcitos fueron el germen de todos los coches Singer de las tres décadas siguientes, incluyendo los exitosos modelos “Nine Le Mans” que durante los años 30 cosecharon éxitos en su categoría en la susodicha carrera francesa con sus mecánicas subidas a 972 c.c. y dotadas de doble carburación.

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Hacia el estrellato

Así que dadas las razonables prestaciones del motor, los ingenieros de Singer pronto se prestaron a mejorar la base del Junior original y ya para 1928 –año de fabricación de nuestro protagonista- se introdujeron mejoras tales como los frenos a las cuatro ruedas, amortiguadores hidráulicos y un embrague monodisco conectado al cambio de tres velocidades más marcha atrás.

Y no solo se mejoró en la mecánica; en el plano estético se introdujeron los niquelados en detalles como calandra o biseles de los faros, las llantas planas se cambiaron por unas más ligeras –y vistosas- de radios de alambre y en el catálogo ya aparecía una gama normal de carrocerías abiertas y cerradas de varios tipos y de varios colores.

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El acertado color rojo oscuro era una de las opciones del catálogo original

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Con estas características y un precio ajustado en 135 Libras los pequeños Singer fueron todo un éxito, y cuando su producción terminó en 1932, se habían producido cerca de 40.000 unidades de las diferentes versiones.

Con semejantes cifras la casa Singer se posicionó como la tercera más grande de Inglaterra, solo por detrás de las inevitables Austin y Morris (por este orden).

En España la marca Singer también ocupaba un buen puesto en cuanto a popularidad a finales de los años 20. No tanto como sus competidores directos de origen británico, ni tan comunes como los Ford, Fiat y Citroën, pero no era nada raro cruzarse con un Singer por nuestras carreteras en el periodo anterior a la Guerra Civil.

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El interior es digno de un utilitario: simple y espartano

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La empresa concesionaria exclusiva para España a finales de la “feliz década” era “The Spanish Trading Co. Ltd.”, que contaba con sedes en Barcelona (Plaza Letamendi Nº5) y Madrid (Calle Recoletos Nº12). Además, existía una exposición en la calle barcelonesa Muntaner Nº 78 a cargo de la sociedad “Garaje Oliveras, Ibañez y Cía.”, que también se dedicaba a otras marcas británicas.

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El renacimiento

Quizá fue en ese establecimiento donde se vendió el Singer Junior de Jose Luis López, que a pesar de corresponder al año de producción 1928 está matriculado en Tarragona en febrero de 1930.

No sabemos a qué se debe este “desfase”; puede ser que el coche estuviese dos años a la espera de un comprador en el concesionario, que se rematriculara al venderse de segunda mano… o que por esos oscuros avatares de la posguerra española recibiera la documentación de otro vehículo tras una requisa con destino bélico.

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El chasis tal y como se encontró, ya con la antigua carrocería de madera desmantelada

El caso es que poco o nada sabemos sobre la historia lejana de esta unidad, salvo que su actual propietario y restaurador la encontró hace 22 años en el patio de un anticuario de un pueblecito norteño.

El Singer se encontraba invadido por unas zarzas y con su carrocería tipo rubia de madera prácticamente desaparecida por efecto de la intemperie, pero los elementos fundamentales aún estaban ahí.

El frontal conservaba aletas, capó y torpedo originales –pintados en azul a brocha- y la mecánica también se encontraba razonablemente completa y original, lo que animó a Jose Luis a embarcarse en el proyecto.

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En esta fotografía el trabajo ya estaba muy avanzado, incluyendo la nueva carrocería

La mayor parte de las tareas de reconstrucción, aparte del trabajo de pintura que fue realizado en talleres RM Clásicos de Bilbao, lo llevó a cabo el propio Jose Luis, mecánico desde hace muchos años.

Incluso la bonita carrocería de madera de dos tonos fue rehecha en su propio taller, así como gran cantidad de casquillos, bulones, tapones e infinidad de piezas que estaban inservibles o desaparecidas. Incluso hubo que soldar al estar completamente rajada la carcasa de la caja de la dirección.

Nos comenta Jose Luis la “odisea del carburador”, que sucedió cuando su hijo tiró accidentalmente el motor –ya terminado de reparar- desde la bancada de pruebas al suelo.

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El pequeño carburador Solex que apareció en una feria en Irún

Con motivo de esta caída el carburador original se rompió y quedó inservible, con lo que hubo que iniciar una búsqueda que se extendió por diversos países… ¡Incluso se buscó en Australia! Finalmente, la casualidad quiso que en una feria de Irún apareciera un francés con uno de estos carburadores en un cajón, que además pudo ser adquirido a un precio módico.

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Un trabajo excelente

El resultado de la restauración salta a la vista: Un trabajo de calidad, prácticamente perfecto, que nos acerca mucho a lo que debían ser estos cochecitos al salir del concesionario. Incluso se buscaron unos colores de época mirando libros y anuncios antiguos.

Tal es el nivel de fidelidad de la restauración que hasta el bloque motor se pintó en el tono azul grisáceo que lucían de origen. Y el sujeto de nuestras fotos no solo tiene un buen aspecto estético, sino que podemos dar fe del buen funcionamiento de su mecánica.

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Este Singer acude con frecuencia a concentraciones en el norte de España

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Tanto es así que su propietario lo saca asiduamente para acudir a concentraciones, por lo que no es raro verlo circulando. En el aspecto dinámico, el funcionamiento del pequeño motorcito es agradable y sube bastante bien de vueltas.

Además, su sonido, razonablemente ronco, nos transmite una cierta sensación deportiva que en esta unidad se ve penalizada por el peso de la carrocería de madera, si bien aún así se puede adivinar que el propulsor mueve con alegría a la pequeña rubia.

La dirección es bastante directa y los frenos cumplen razonablemente con su cometido, a lo que ayuda la ligereza del chasis, aunque tampoco podemos esperar milagros si tenemos en cuenta su tamaño y que carecen de cualquier asistencia.

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José Luis, el artífice de la obra

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Esto ha propiciado que hoy en día muchos Singer Junior –sobre todo en Inglaterra- hayan perdido sus pesadas carrocerías originales y ahora monten unas ligeras carrocerías “sport” de dos plazas que además de ser muy vistosas permiten disfrutar de toda la potencia de la mecánica.

Y es por esto que debemos agradecer –una vez más- que Jose Luis restaurase esta unidad tal y como era, sin pretender transformarla en un pequeño bólido como tantos aficionados hacen hoy en día. Y es que esta afición no solo vive de las carreras, sino que la búsqueda de la originalidad es otra parte fundamental.

Gracias a su esfuerzo y tesón podemos disfrutar de este precioso veterano tal y como surcaba los difíciles caminos españoles de la época. Y aunque no tenga nada que ver con la famosa marca de máquinas de coser, podemos decir que ahora funciona con la regularidad propia de estos aparatos.

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Continúa en la Galería de Fotos…

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Francisco Carrión

Escrito por Francisco Carrión

Me llamo Francisco Carrión y nací en Ciudad Real en 1988, un lugar en principio poco afín a los coches antiguos. Afortunadamente mi abuelo, dedicado al sector del automóvil, tenía amigos que poseían autos veteranos y participaban en el rallye anual que se celebraba (y sigue celebrando) en mi ciudad natal... Ver más

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