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Bronco y radical. Así suena un TVR Griffith 200

Ver a un TVR Griffith 200 en acción es algo bastante raro. Es por ello que te recomendamos subir los altavoces mientras repasamos la historia de un coche que nació para emular al Cobra y que, de hecho, ha pasado a la historia por ser aún más bestia que la creación de Carrol Shelby...


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FOTOS TVR GRIFFITH 200: MECUM AUCTIONS / 19BOZZY92

Tanto si hablamos de automovilismo como de cine, música, arquitectura, política… ¿Qué es lo que convierte a algo en “clásico”? Obviamente está la pura acción del calendario. Pero realmente todos sabemos que existen varios condicionantes más. Uno de ellos es trascender al tiempo. Ser un referente capaz de superar fronteras gracias a haber creado un canon, una manera de hacer las cosas.

En ese sentido el Shelby Cobra es un clásico inapelable. Y no sólo porque décadas después siga despertando el deseo de los aficionados al motor. Sino, especialmente, porque su síntesis de ligero chasis británico con intenso motor V8 americano definió una nueva categoría automovilística. Algo que ha sido imitado y replicado una y otra vez. De hecho, hace ya tiempo os contamos la historia del Cheetah.

tvr griffith 200

Una historia a la que hoy sumamos la del TVR Griffith Series 200. Un coche que contó con la bendición del mismísimo Lee Iacocca, utilizando una fórmula idéntica a la del Shelby Cobra pero con un toque aún más rudo y artesanal. Toda una bala de potencia que hoy en día es uno de esos clásicos realmente difíciles de ver. Eso sí, cuando logran grabar a uno en acción… ¡Hay que ver cómo suena! Cómo este que participó en la subida en cuesta de Vernasca.

UN PREPARADOR, UN IMPORTADOR Y UN MAGNATE DEL MOTOR

TVR es de sobra conocida por cualquier seguidor de los deportivos británicos más ligeros. Fundada en 1946, esta pequeña empresa utilizó durante décadas motores Coventry, Ford, BMC, Triumph y Rover hasta que en 1996 presentó su primera mecánico de diseño propio. Caracterizada por primar una buena relación peso/potencia sobre otros factores, TVR está en la misma línea que Colin Chapman con sus Lotus.

Algo que el preparador norteamericano Jack Griffith valoraba bastante, más aún cuando en 1961 descubrió lo que su amigo Carrol Shelby había logrado ajustando un V8 Ford en un chasis AC. De hecho, fue justo en ese momento cuando decidió crear su propio proyecto emulando esta misma fórmula. Para ello contactó con el importador de TVR en Nueva York, el piloto y empresario Dick Monnich. Juntos solicitaron a la fábrica inglesa varios chasis sueltos procedentes del TVR Grantura Mark III.

tvr griffith 200

Un trabajo que desarrollaron junto a otro proyecto: crear un Falcon Sprint potenciado gracias a un motor 289 HiPo. Esta variante del V8 Small Block fue presentada en 1963 como mecánica para el Ford Fairlane, siendo además una de las opciones disponibles en la primera gama del Mustang en 1965. Y bueno, justo aquí es cuando el mítico Lee Iacocca entró en escena. Necesitados de un proveedor de motores, Monnich y Griffith acudieron a las oficinas de Ford en Deaborn para entrevistarse con el poderoso directivo.

Éste escuchó atentamente las propuestas sobre el Falcon y el chasis TVR, pero al acabar la entrevista guió a los dos visitantes hasta un sótano secreto. Allí les mostró en primicia el inminente Mustang. Con semejante deportivo a punto de salir al mercado, potenciar el Falcon carecía de sentido. Sin embargo, Iacocca sí apoyó la idea basada en el chasis inglés. El TVR Griffith 200 ya tenía proveedor de motores.

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TVR GRIFFITH 200. UN CLÁSICO DE LA ANTIGUA ESCUELA

Bajo el beneplácito de Ford, Griffith se puso a trabajar en sus talleres en 1964 para lanzar las primeras unidades del TVR Griffith 200. Una labor de montaje artesanal que se materializó en 192 unidades para los Series 200, 59 para la Series 400 y tan sólo unos 10 para la Series 600. Y es que este coche no es de los que se puedan conducir -y vender- fácilmente.

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Estirado más o menos según la unidad, el V8 Ford entregaba desde los 220CV de las versiones menos potentes hasta los 289 de las más competitivas. Toda una bomba si tenemos en cuenta la escasa distancia entre ejes o su carrocería de fibra de vidrio, elementos que ayudaban a marcar un peso de tan sólo 861 kilos. Algo que, sumado a lo poco comunicativo del chasis y la dirección, crea un coche que sólo se puede conducir con fe en el destino y fortaleza en las reacciones.

De hecho, repasando foros sobre el TVR Griffith 200 hemos encontrado alguna que otra mención en la que se le considera un “Cobra al cuadrado”. Nos recuerda a lo que decía Hans Herrmann en la fase de pruebas del 917 con esa mítica sentencia “nosotros no conducimos el coche, el coche nos conduce a nosotros”. Algo parecido a lo que Ken Milles dijo tras probar el 390 Big Block Cobra, clamando que ese “zurullo” resultaba ingobernable. En fin, si quieres emociones fuertes… Está claro que el TVR Griffith es tu coche.

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