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Nos encontramos en el taller/casa/museo/nave de Angel Sánchez Palazuelos, probablemente uno de los coleccionistas de motos antiguas más auténticos de Madrid, significando el término una pasión visceral sin edulcorantes ni modas de última hora por los vehículos de dos ruedas.

Es Angel un castizo madrileño de pro que lleva instalado en Villaviciosa de Odón desde la lejanía del año 1943. Allí su padre abrió un negocio de reparación de bicicletas con taller aledaño, se llamaba DEMETRIO SANCHEZ y en Madrid capital contaba con otro pequeño local de alquiler también de bicicletas. Así se definía la escasez de vehículos a motor en aquellos años difíciles de la posguerra.

Nos cuenta el propio Angel que todos los días, con lluvia o con sol, tenían que hacer el recorrido entre Madrid y Villaviciosa a fuerza de pedal por aquellas rebacheadas carreteras de la España del hambre. Con posterioridad comenzó a motorizarse el parque móvil de las dos ruedas con las primitivas Guzzi, Cucciolo, Iresa y otros ciclomotores de fortuna. Luego llegaron las Vespa, todo un lujo a partir de 1953 y, a continuación, el boom de la industria nacional, con Montesa, Derbi, Bultaco, Ossa y Sanglas, por citar las marcas más prominentes.

Nos cuenta Angel que fue a mediados de los años sesenta cuando comenzó a valorar personalmente y tratar de recuperar para el asfalto y la contemplación muchas de aquellas motocicletas despreciadas y abandonadas en talleres y pajares:

“La primera moto antigua que compré fue una Universal, una bicilíndrica bóxer fabricada en Suiza. La adquirí en Madrid a un señor que no quería seguir batallando con la escasez de piezas y recambios y me la traje aquí al taller en un remolque.”

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Angel Sánchez, a la entrada de su taller de toda la vida (Foto: Gonzalo Bárcena)

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Esta Universal le acompaña desde hace mucho tiempo (Foto: Gonzalo Bárcena)

«Mi padre no entendía en aquel momento porqué había comprado aquella máquina extraña. Le puse una batería y arrancó a la primera. Era de color negro y estaba bastante mal, la pinté en un tono metalizado y ha funcionado como un reloj suizo hasta hoy. Nunca dio un problema y eso que llevaba las horquillas del cambio soldadas.”

Cada máquina con su historia

El espacio donde Angel Sánchez nos detalla sus inicios en el mundo del coleccionismo es una pequeña nave de no más de 60 metros cuadrados donde se solapan todo tipo de máquinas de una forma aleatoria. Vespinos de la primera serie junto a la mentada Universal bicilíndrica, un par de Montesas Cota 49, el Cucciolo primigenio del propio Angel, Royal Enfield, BSA, Triumph, Derbi Antorcha, BMW R-27, MV Agusta, Velocette…

Motos que Angel ha comprado en El Rastro, en talleres ignotos, cambiado por otras en trueques imposibles o producto de algún envenenado regalo de amigos, y que posteriormente él mismo ha devuelto a la vida mecánica sin estruendo ni cromatismos extra. Están ahí para su contemplación y disfrute, no para pontificar dogmáticamente sobre la historia de tal o cual marca o sobre la autenticidad cronológica de tal o cual pieza. Se pueden sacar a la calle, arrancar sus motores y darse una vuelta escuchando sonidos mecánicos añejos y diferentes, aromas de otros humos.

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Motocicletas almacenadas sin orden ni concierto denotan un amor incondicional por las máquinas añejas (Foto: Gonzalo Bárcena)

Entre todas las máquinas destaca por su empaque inconfundible y el color caqui característico una Harley Davidson:

“Esa se la compré a Paco Roldán; es una 7/15 de 1936. Estaba completamente desmontada con todas las piezas en varios cajones de madera y Paco a su vez se la había comprado a un individuo que la tenía en una gasolinera de la calle Imperial, en Madrid. Yo la monté meticulosamente y conseguí el color tras un montón de pruebas y capas e incluso le añadí a pulso el fileteado dorado”.
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Sus proporciones no permiten a esta Harley pasar desapercibida (Foto: Gonzalo Bárcena)
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Las motos son custodiadas por fotos impresas por el Ayuntamiento (Foto: Gonzalo Bárcena)

A su lado reposa ahora en silencio la esbelta silueta en negro de una Royal Enfield; la máquina que Angel ha utilizado en infinidad de Rallyes por los asfaltos de la provincia de Madrid:

“Es una monocilíndrica de 1936, yo se la compré a un señor aquí en Villaviciosa y originalmente llevaba un motor de 350 cc con válvulas laterales y con la suspensión cortada para acoplarle dos amortiguadores telescópicos de una Sanglas. Le cambié el motor; le puse un 500 cc. con válvulas en cabeza y volví a colocar la suspensión rígida original”.

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Al fondo de la sala aparece una Cucciolo a la que Angel guarda una especial devoción:

“Es la primera moto que me compró mi padre; anteriormente tuve una Iresa, que era una bicicleta con un pequeño motor. El Cucciolo lo tuve abandonado desde finales de los años cincuenta y lo he reconstruido por completo hace un par de años”.
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Esta Cucciolo tuvo que esperar su turno: Tan solo después de más de 50 años fue restaurada (Foto: Gonzalo Bárcena)

A un lado se puede ver una Montesa Brío 90, el modelo “deportivo” derivado de la Brío 80, más polivalente:

“La compré en El Rastro, en Madrid a principios de los años setenta, la vendía un gitano en la zona del Gasómetro por 2000 pesetas, sin papeles por supuesto.

Le pregunté si funcionaba y me dijo que si y la arrancó allí mismo a la primera patada. La cargué en el coche y me la traje para el taller y mi padre me volvió a echar la bronca. Aquí ya no pudo arrancar porque se había soltado el plato y había partido la chaveta; yo hice la reparación y después de aquello no volvió a dar un problema”.

El inconfundible mundo de la grasa

Angel Sánchez ha sido un habitual de los Rallyes que se organizaban en los alrededores de Madrid desde los años setenta para dar aire a aquellas máquinas de lustre que dormían el sueño eterno en los garajes de sus dueños.

El Rally de El Escorial, el de Barajas y hasta él mismo organizó, durante siete ediciones, desde 1984 hasta 1991, el Rally de Motos Antiguas de Villaviciosa de Odón. Actualmente existe un proyecto en el propio ayuntamiento para crear un Museo con sus máquinas, aunque Ángel es escéptico en estos tiempos políticos convulsos y de incertidumbres presupuestarias. Preferiría que su legado lo administrara su hijo -también mecánico- y aficionado a las clásicas.

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La Royal-Enfield de Angel Sánchez, compañera de batallas (Foto: Gonzalo Bárcena)
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El cuadro de instrumentos, con todo lo necesario para tratar a pacientes entradas en años (Foto: Gonzalo Bárcena)

La última máquina que ha pasado por las manos de Angel es una BSA B-23 y ahí luce orgullosa mirando a la calle. Luego nos habla de motos infantiles; Cota 25, Malanca, Vespino de la primera serie y acto seguido pasamos a la estancia aledaña que acoge el taller de motocicletas actuales regentado por su hijo, un espacio de trabajo mecánico para atender las necesidades de los chavales del pueblo con sus ciclomotores, scooters y deportivas japonesas de125 cc.

De las paredes cuelgan recuerdos y trofeos añejos; tapas de carter, motores minúsculos de Derbi, bicicletas vintage, logotipos, carburadores, fotografías amarillentas, pósters, carteles publicitarios, en definitiva la decoración consustancial al mundo de la grasa y sus derivados. También hay, cómo no, otros instrumentos técnicos: herramientas, bancos de trabajo, tornillos ennegrecidos y todos los elementos iconográficos de estos talleres de lustre que venimos visitando para “La Escudería”.

Junto al escaparate, y de cara al público que pasea por la calle del pueblo madrileño, se enseñorea nada menos que una Triumph T-100, regalo de un amigo… porque amigos no deben faltarle a Angel Sánchez Palazuelos. Un hombre querido y admirado en la localidad, galardonado en septiembre de 2013 con el título de “Hijo Adoptivo de Villaviciosa de Odón” y que a sus 81 años vive plácidamente la jubilación dedicado a su hobby. Sin alardes… y con autenticidad.

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