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Casi sin darnos cuenta modelos tan populares como el Seat Panda se han convertido en clásicos con todas las de la ley. Presentados en 1980, las primeras versiones son difíciles de encontrar, y de las escasas que aún quedan en marcha muy pocas están en un estado razonable. Es decir, que ya sea por edad o por uso, lo normal es que los Panda “antiguos” anden necesitados de una restauración más o menos profunda.

Eso sí, no podemos meter en este mismo “saco” a las versiones postreras que bajo la denominación “Marbella” estuvieron en producción hasta 1998. Y sí debemos meter a las versiones especiales, que comienzan a ser objetos codiciados por ciertos sectores de nuestra afición.

Las diferentes creaciones de Emelba, principalmente el antiestético monovolumen “Chato”, es hoy un raro espécimen que dada su escasez, producción netamente nacional y diseño estrafalario tiene un hueco en el corazoncito de los coleccionistas españoles.

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Las líneas rectas de Giugiaro han soportado bien el paso del tiempo

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Y sin irnos tan lejos, casi cualquier derivado patrio de los recordados Seat se merece un cierto reconocimiento. Por ejemplo, los Seat Panda Terra, que fueron la versión especial de mayor difusión y que eran casi exclusivos para el mercado español. Aunque luego pasaremos a ese “casi”.

Sobre el Fiat/Seat Panda se ha escrito mucho y muy variado, así que daremos tan solo unas pequeñas pinceladas sobre su historia general. Como casi todo aficionado debería conocer, a finales de los años 70 la marca Fiat estaba perdiendo parte de la hegemonía internacional de la que venía disfrutando desde los años 50.

Especialmente en cuanto a los modelos más bajos de gama, Fiat se había quedado “dormida en los laureles”. Ya eran norma los “todo adelante” – motor, caja de cambios y transmisión- que había popularizado el Mini, y sin embargo desde los años 50 Fiat sólo había ofrecido los “todo atrás” 500, 600, 133 o 126 como bases de gama, manteniéndolos incluso hasta finales de los 70 en países como Polonia o Argentina.

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Con algo de pericia, un Panda Terra puede llegar casi a cualquier lugar…

El modelo 127 había supuesto la entrada del gigante italiano en el “todo adelante”, pero se situaba en un segmento superior al conocido como “Segmento A” en el que triunfaban –al menos en Italia- los Autobianchi A-122 Junior e Innocenti 990, este último derivado del Mini. Cuando por fin se planteó el desarrollo de un nuevo modelo Fiat de pequeño tamaño, la empresa se veía sacudida por varias huelgas que a su vez estaban causadas por la regulación de ciertos problemas económicos.

En busca de un pequeño gran éxito

Por estos motivos, se decidió externalizar el denominado “progetto 141” o “Tipo zero” hacía la empresa Ital Design la cual llevó a cabo todo el proceso de diseño e ingenierización tomando como base un proyecto de 1968 para el Autobianchi A112 que no había salido a la luz. El diseño se encargó a Giorgetto Giugiaro, de gran prestigio en ese momento. La carrocería ideada por el maestro italiano resultó cuanto menos chocante debido a su simplicidad, el uso casi excesivo de líneas rectas y la puerta trasera prácticamente carente de inclinación. Sin embargo, a la larga esta línea se demostró válida y resistente al paso del tiempo y a los sucesivos restylings.

La premisa era la de crear un automóvil para ciudad y campo, como los Renault 4 y Citroën 2CV que ya llevaban años triunfando en ambos sectores. Por este motivo se incluyeron en el Panda algunas soluciones que a principios de los 80 ya podían parecer arcaicas, como era el eje trasero rígido con suspensiones mediante ballestas semielípticas. Sin embargo estas aportaban robustez para el uso rural y dejaban mucho más espacio libre para el habitáculo… y es que todo estaba estudiado para un fin concreto. En cuanto a la planta motriz, en Italia se recurrió al esquema ya probado en el 127.

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Seat 127, o como Fiat abandona el “todoatrás”

En un principio se ofrecieron las versiones Panda 30 y Panda 45. El primero de ellos heredaba el pequeño y veterano motor del 126, un 652 cc. de 2 cilindros refrigerado por aire que rendía 30 cv, mientras que el segundo montaba el famoso 903 cc. de 4 cilindros y 45 cv del 127.

En España -ya desde el momento de la presentación- nunca se ofreció la versión bicilíndrica, sino que como versión inferior se ofreció el Panda 35, que montaba el bloque 843 cc. de 34cv ya utilizado en el 850 y el 133. Aparte, también se producía –como en Italia- el Panda 45 con bloque de 127 y ciertos detalles de mayor equipamiento.

En 1982 la gama Seat Panda sufrió una primera ampliación con la inclusión entre otros del Panda Marbella, que contaba con detalles como los faros antiniebla delanteros, nuevos asientos, pintura metalizada, las ventanillas traseras practicables y, como principal detalle modernizador, una novedosa parrilla en plástico negro de diseño mucho más usual que la criticada parrilla “asimétrica” y metálica de las versiones básicas.

Decisiones oficiales casi exclusivas

En mayo de 1983, durante el Salón del Automóvil de Barcelona, se amplió nuevamente la gama con sendas versiones “descapotables”. Una con un simple techo corredizo y otra con la parte trasera convertida en una especie de “Pick-up” con cerramiento de lona: El Panda Terra.

Este último era una propuesta de coche “playero” o lúdico que desde un principio fue bien recibido por crítica y público. Seat lo presentó como modelo propio y lo fabricó en Martorell… pero, ¿era tan propio como parecía?

Y es aquí donde volvemos a aquel “casi” del principio. Para ello, debemos cambiar de país, e incluso retroceder en el tiempo, otra vez hasta 1982. Ese año, entre el 21 de abril y el 2 de mayo concretamente, se celebró la edición 59 del Salón del Automóvil de Turín.

Allí, nada menos que tres carroceros italianos, Fissore, Savio y Moretti, presentaron diferentes propuestas de Pick-Up sobre los Fiat Panda 30 y 45. Prácticamente al mismo tiempo, entre el 24 de Abril y el 2 de Mayo de 1982, se celebraba el Salón Expomovil de Barcelona, dedicado a la industria de componentes, equipamiento y accesorios de automoción.

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El Terra fue concebido como un Pick-up lúdico

Allí presentaba el carrocero catalán Emelba otro Panda descapotable, el denominado “Pandita”. Este contaba con un diseño bastante agraciado y, gracias a su pintura metalizada en todos los elementos de la carrocería y unas llantas de aleación, daba aspecto de “mucho más coche” que el Seat Panda del que derivaba.

Es más, Emelba ya llevaba años fabricando variantes de diversos modelos Seat, el primero de ellos el Seat 127 “Samba”, una versión descapotable y playera que a su vez derivaba directamente de un diseño del carrocero italiano Fissore.

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