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El retrovisor que ganó Indianápolis

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La Historia ha sido testigo de caprichos del destino como el que vivió en persona el piloto norteamericano Ray Harroun. Corredor habitual de las competiciones en circuito, fue el flamante vencedor de las primeras 500 millas de Indianápolis y, también, el primero en utilizar un espejo retrovisor instalado en un vehículo. Pero quizás, como paradoja de su propio destino, no volvió a ganar ninguna carrera más en su vida deportiva. ¿O es que realmente la ganó su espejo retrovisor?

En 1910, un joven piloto de 32 años, Ray Harroun, aceptó el reto del constructor de automóviles Howard C. Marmon para diseñar, conjuntamente, un vehículo que sería conducido un año después en una nueva carrera que se iba a celebrar en la localidad norteamericana de Indianápolis, Indiana.

Hasta ese año, los automóviles destinados a las carreras se fabricaban con dos asientos, uno para el conductor y otro, junto a él, para el mecánico. Este último supervisaba sobre la marcha las evoluciones del bólido, mientras que miraba a un lado y a otro avisando al piloto de la posición de los otros automóviles que les rodeaban. Pero el nuevo Marmon Wasp número 32 tenía una línea mucho más aerodinámica y estrecha que sus dos antecesores, por lo que sólo se podía montar un asiento.

Debido a esta imposición de diseño, Harroun ideó y construyó un soporte para colocar un espejo por el que poder ver a los coches que circularían detrás de él. Y gracias a este peculiar accesorio, el Marmon es considerado como el primer automóvil de la historia que en el que se montó, de manera estable, un espejo retrovisor.

La primera Indy 500

Viajemos hasta 1911. A las 10 de la mañana del martes 30 de mayo, Ray Harroun salió desde la posición 28 de un total de 40 participantes. Como anécdota, hasta hoy ostenta el récord conjuntamente con Louis Meyer (1936) en ganar la Clásica de las 500 millas desde la posición más retrasada de salida. Sin embargo, en la vuelta número 8, Harroun ya tenía a su Marmon Wasp amarillo en la posición número 17. Conocía a la perfección su automóvil, y desde el comienzo de la carrera supo que sólo conservando sus neumáticos, motor y combustible se mantendría en las posiciones de cabeza.

El más que frecuente cambio de neumáticos del favorito, Ralph Mulford, los problemas del resto de pilotos que iban en cabeza y la propia constancia de Harroun hicieron que tras 6 horas, 42 minutos y 8 segundos, y a un promedio de 74,59 millas por hora para completar 200 vueltas, equivalentes a 500 Millas, el trío Marmon-Harron-retrovisor recibieran el primer banderazo de llegada como flamantes ganadores de las legendaria carrera. Y a 5,8 millas por delante de Mulford…

Una patente, múltiples inventores

La instalación de un espejo en el vehículo para sustituir al mecánico no estuvo exenta de controversia aunque finalmente fuera permitida… En cualquier caso, si hacemos honor a la historia, la primera mención conocida al uso del retrovisor aparece en el libro escrito en 1906 por la autora Dorothy Levitt, titulado «La mujer y el coche».

En el texto de Levitt se dice que las mujeres podrían llevar un pequeño espejo en algún lugar para que, sosteniéndolo con la mano, pudieran mirar hacia atrás mientras conducían. Pero pese a que Ray Harroun lo usara años después montado en la carrocería de su Marmon, él mismo se autoproclamó como primer beneficiario del «invento» al afirmar haberlo probado en un coche de caballos en 1904. No lo volvería a usar hasta 1911 por, según manifestó años más tarde, la vibración constante provocada al pasar las ruedas sobre los adoquines de las calles. Lógica evidente.

Las autorías nunca llegan solas, y en realidad siempre se ha considerado a Elmer Berger como el inventor del retrovisor. Lo patentó en 1921 y lo desarrollo en su empresa Berger and Company con el propósito de montarlo en la producción de los automóviles fabricados en aquella época.

Sea como fuere, la prueba fehaciente de que el retrovisor se usó en 1911 es el Marmon que pilotó Harroun, el cual se encuentra expuesto en perfecto estado de uso en el Indianapolis Motor Speedway Hall of Fame Museum. La razón más que probable de que haya sobrevivido hasta nuestros días puede ser que el coche fuera apartado de los circuitos junto con su piloto ya que, tras esa primera victoria, Harroun no volvió a competir nunca más.

El corredor anunció su retirada el mismo día en que recibió los 14.000 dólares del premio otorgado por ganar Indianápolis. Sin embargo, no abandonó la industria del automóvil: Fue contratado por Marmon durante varios años como ingeniero, llegando a desarrollar el carburador para el Marmon 48 de 1913. Desde entonces, y hasta su muerte en 1968, siempre estuvo vinculado al automóvil; permaneció en activo bien fabricando vehículos a través de su propia marca Marmon-Haxwell o distribuyendo accesorios para terceros.

Harroun siempre será recordado por su primer y último triplete: primer vencedor de Indianápolis, primer usuario de un espejo retrovisor montado en un automóvil y primer ganador de su última carrera. Su corta pero intensa trayectoria deportiva ha dejado su nombre escrito en la historia del automovilismo como pionero pero, además, como impulsor de un objeto del que depende nuestra seguridad cada vez que nos ponemos al volante. Siempre y cuando hagamos uso de él, claro…

 

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