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Proyecto H. La «joint venture» entre Peugeot y Renault para la gama alta

En 1968 se abrían las fronteras comerciales entre los seis socios fundadores de la Comunidad Económica Europea. Una eliminación de las tasas de aduana que liberalizó el comercio, sembrando la preocupación entre los fabricantes franceses que aún no contaban con una berlina capaz de encararse a las alemanas más allá del Citroën DS. Una situación en la que Peugeot y Renault juntaron fuerzas para diseñar un modelo innovador dotado de una nueva mecánica. Aquello fue llamado Proyecto H.

Si hablamos del Renault H lo más recurrente es pensar en la gama de motores con baja cilindrada y turbocompresor disponible en los Dacia Sandero, Renault Captur o Megane IV. Sin embargo, para los seguidores de la historia industrial francesa esta denominación quizás les suene a prototipo. Eso sí, compartido en su desarrollo con Peugeot. Responsable junto a Renault de la concepción de esta berlina. Extraña y compleja incluso para los más entendidos en lo que se refiere a la trayectoria de ambas marcas. Y no es para menos. Al fin y al cabo, quitando algunas pocas fotografías en la prensa de los sesenta al Proyecto H no se le ha visto más que en el espacio de Renault Classic durante el Rétromobile 2020.

Una pieza tan desconocida como significativa, ya que posee la cualidad de atestiguar uno de los procesos clave en la historia automovilística europea. En ese sentido, lo primero que hemos de hacer es centrarnos en 1968. Año clave en el cual Europa convulsionaba a uno y otro lado del Telón de Acero. Con los jóvenes en París haciendo barricadas y los tanques soviéticos a punto de reprimir las movilizaciones en Praga. Un año de esos en los que los acontecimientos se suceden aceleradamente, marcando el tránsito entre una época u otra. No obstante, a pesar de ello lo cierto es que 1968 arrojó un balance sombrío.

La liberación en el Este fue aplastada por la realpolitik del Kremlin y los estudiantes occidentales descubrieron que bajo los adoquines no se escondía la arena de la playa. Un cúmulo de ilusiones quebradas y banderas rotas entre los cuales destaca un día tan crucial como influyente en nuestro actual día a día. El 1 de julio de 1968. Momento en el cual se eliminaron los derechos de aduana entre los seis países de la Comunidad Económica Europea. De esta forma, las industrias automovilísticas nacionales ya no podían acogerse al proteccionismo frente a la competencia foránea. Algo especialmente problemático para los fabricantes franceses, quienes se veían barridos por Mercedes y BMW en el ámbito de las gamas alta y media.

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Por ello, ya en 1966 Peugeot y Renault habían suscrito un acuerdo de colaboración aunando esfuerzos para el desarrollo de modelos comunes. Una “joint venture” entre la marca del león -privada y en horas bajas- y la del rombo -plenamente estatal y con nuevas necesidades en ingeniería-. De ella salieron proyectos como el M121. Tronco común de los utilitarios Peugeot 104 y Renault 14. Pero especialmente un prototipo que nunca llegó a ver la producción en serie a pesar de tener en la mirilla al DS y las berlinas alemanas. El Proyecto H.

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PEUGEOT / RENAULT PROYECTO H. ASALTO AL SEGMENTO ALTO

Tras la Segunda Guerra Mundial el crecimiento económico fue tan expansivo que no sólo se asentaron las clases medias urbanas sino también una creciente clase alta. De esta forma, las marcas de automóviles crearon utilitarios como el FIAT 500 y compactos como el Renault R16. Pero también berlinas de gran tamaño como el Citroën DS. Uno de los mejores escaparates tecnológicos de Francia. Más aún si tenemos en cuenta que apenas encontró competencia dentro del mercado nacional. Y es que, al fin y al cabo, Peugeot no hacía vehículos de gama alta desde que en 1934 lanzase el 601.

Una sequía compartida por Renault, la cual ofrecía como tope de gama en los sesenta a los R16 y R12. Dos modelos muy eficaces en sus respectivos nichos de mercado, aunque evidentemente muy lejos de las berlinas con la clase y el nivel del Mercedes W110. Principal enemigo a batir en el campo de las berlinas, especialmente para un mercado francés donde la única alternativa era el DS. Un vehículo referencial, pero que ya llevada en el mercado desde 1955. Con este contexto, el pacto entre Renault y Peugeot contempló la necesidad de crear un tope de gama que, según los planes, sería vendido por ambas empresas con retoques diferentes en cada una de las marcas.

Respecto al diseño, éste se dividió en dos grandes áreas. Por un lado la carrocería correría a cargo de Renault, mientras que por otro la mecánica sería responsabilidad de Peugeot. Para lo primero, Renault apostó por unas líneas poco clásicas que priorizaban el espacio interior y la luminosidad del habitáculo. Además, la caída del portón trasero se alejaba de la típica forma en tres volúmenes dominante en las berlinas para aparecer con una quinta puerta de una larga y suave caída. Muy interesante y atrevido. Aunque con menos encanto que el decidido futurismo del DS o el clasicismo canónico del W110.

Dudas que llegaron a los responsables de Peugeot. Quienes dentro de un ambiente de colaboración se cubrieron las espaldas encargando en secreto un diseño alternativo a Pininfarina. Trabajo que fue encomendado a Aldo Brovarone. El cual, lejos de sus habituales formas musculosas de los sesenta, se decantó por un diseño rectilíneo que inspiró al 604 de 1975. Primera berlina de alta gama en la casa del león en cuarenta años. No obstante, de entre éste y los tres modelos estáticos proporcionados por los diseñadores de la casa del rombo el diseño de la unidad conservada por Renault Classic fue el que estuvo más cerca de llegar a serie.

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Prototipo propuesto por Peugeot

UNA MECÁNICA QUE PROMETÍA

En lo referido a la mecánica, Peugeot apostó por un V8 de nuevo cuño con 3’5 litros y un caballaje que no se llegó a determinar. Entre otras cosas porque antes de acabar la fase de desarrollo se abandonó el proyecto debido a cálculos comerciales. Una sentencia de muerte que dejó a la mecánica del Proyecto H a medio acabar, privándonos de ver cómo propulsaría su eje trasero a esta berlina cuyo motor se preveía colocar en posición delantera. Eso sí, a comienzos de los setenta la idea de crear un motor de referencia entre ambas marcas seguía vigente. Razón por la cual se asociaron con Volvo para fabricar el V6 PRV.

Un ingenio de lo más exitoso y robusto, el cual -como dato curioso- llegó a ser el corazón del DeLorean. Pero, ¿por qué se abandonó el Proyecto H? Al fin y al cabo, la “joint venture” de Peugeot y Renault esperaba fabricar de 150 a 200 unidades al día. Un pronóstico demasiado halagüeño. Detenido por la visión realista de unos ejecutivos que no veían creíble colocar tal cantidad de ventas siquiera sumando el mercado nacional con las exportaciones. Por ello se decidió parar el Proyecto H antes de llegar más lejos. Centrando las energías en modelos compactos y el desarrollo compartido de elementos mecánicos.

Un triste final para la que podía haber sido la berlina francesa sucesora del DS. Algo para lo que realmente tenía posibilidades, contando incluso con un sistema de suspensión oleoneumática en el eje trasero. Innovación pensada por y para el confort. En la misma dirección que la climatización bizona o los asientos regulables en las plazas traseras. Sólo algunas de las razones por las que hubiera merecido la pena ver salir a serie esta aventura conjunta entre Peugeot y Renault. Aunque claro, en la industria del automóvil todo ha de estar supeditado a la rentabilidad. Al fin y al cabo, nunca debemos perder la perspectiva de que cuando hablamos de coches hablamos de economía.

Fotografías: Renault Classic / Unai Ona

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Escrito por Miguel Sánchez

A través de las noticias de La Escudería, viajaremos por las sinuosas carreteras de Maranello escuchando el rugido de los V12 italianos; recorreremos la Ruta66 en busca de la potencia de los grandes motores americanos; nos perderemos por las estrechas sendas inglesas rastreando la elegancia de sus deportivos; apuraremos la frenada en las curvas del Rally de Montecarlo e, incluso, nos llenaremos de polvo en algún garaje rescatando joyas perdidas.

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