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Pegaso Z102 Saoutchik Coupe. Español carrozado en París

Como sabéis, el Pegaso Z102 cumple siete décadas este 2021. Un aniversario que utilizaremos para dar un repaso a la historia de las unidades más destacadas. La semana pasada empezamos con el Spyder Pedralbes, uno de los Pegaso más apasionantes por haber rozado los 300 kms/h en su primera carrera. Sin embargo, lo cierto es que los más de estos coches no fueron concebidos para la competición. Lejos de ello, su destino era el de servir como representativos GT capaces de rivalizar con los Jaguar o Ferrari del momento.

Deportivos capaces del máximo rendimiento, pero también plenamente homologados para rodar de forma elegante en el día a día. Así las cosas, las más de sus formas estuvieron lejos de las líneas radicales marcadas por las barchettas. Concebidos como piezas únicas, los 86 Pegaso Z102 recibieron carrocerías entre las que destacan las de ENASA, Touring y Saoutchik. Las primeras se pueden considerar como las canónicas. Siendo las menos celebradas en lo estético, lo cierto es que éstas son las que salen de la fábrica estatal responsable del Z102, siendo las versiones más “puras” e “hispanas”.

Una tradición de carrocerías espartanas, rota por la irrupción del voluptuoso Z102 Cúpula diseñado por Agustín Masgrau. Todo un alarde de estilo futurista en la España de la postguerra, el cual recibió el apodo de “platillo volante” por los empleados de la ENASA. Las segundas, hechas en Milán por Touring gracias a los contactos que Ricart guardaba de su época italiana trabajando para Alfa Romeo, son las de líneas más depuradas. Elegantes deportivos con un diseño que bien podría haber sido aceptado por las marcas más importantes de los cincuenta. Un fino contrapunto a las terceras, firmadas por Saoutchik en París a pesar de sus ángulos de inspiración americana.

Hoy te enseñamos una de las cinco que carrozó en forma de coupé: el chasis número 0146.

PEGASO Z102 SAOUTCHIK. DISEÑO EUROPEO MIRANDO A AMÉRICA

Fundada en 1906, la casa carrocera Saoutchik logró rápidamente una fama basada en dos pilares. El primero era la calidad del producto, siempre elaborado sobre los mejores bastidores de la época. El segundo fue la extravagancia de sus diseños. Concebidos como piezas únicas para vestir chasis procedentes de Bugatti, Delahaye o Cadillac, los diseños de la marca parisina se contagiaron de la voluptuosidad y barroquismo de la Belle Epoque. Carenados, curvas, cromados, dorados… Cualquier recurso ostentoso eran bienvenido en los despachos de Saoutchik.

Así las cosas, no puede sorprender la buena adaptación de la firma a los diseños futuristas llegados desde el otro lado del Atlántico a comienzos de los cincuenta. Un momento en el que, imbuidas por el fragor de la carrera espacial, las industrias de Detroit apostaron por diseños tan ostentosos como enormes. Una moda que tuvo su particular eco europeo cuando diseñadores como Aldo Brovarone recogieron el guante creando experimentos como el Alfa Romeo Superflow. Y eso por no hablar de los Alfa Romeo BAT a cargo de Franco Scaglione durante su paso por Bertone.

No obstante, como lo que aquí estamos celebrando es la historia del Pegaso Z102 vamos a centrarnos en el trabajo de Saoutchik. Un trabajo que sigue siendo el de algunas de las carrocerías más celebradas en la historia del modelo. Con ángulos claramente inspirados en el diseño americano que comentábamos, la casa parisina intervino sobra varios chasis del Pegaso Z102 para crear, al menos, cinco unidades coupé y un cierto número de descapotables. Intervenciones realizadas tanto sobre modelos de la primera serie como de la segunda.

PEGASO Z102 CHASIS 0146. UNIDAD PERFECTAMENTE RESTAURADA

Presentada en el Salón de París de 1954, esta unidad del Pegaso Z102 fue adquirida por Lamy de Caen, quien la uso para al menos dos carreras, una de ellas la Panamericana. A finales de esa misma década se vendió a Don Rickert, de Alabama, iniciándose la amplia estancia del modelo en los Estados Unidos. En 1964, ya valorado como un vehículo de colección, entró a formar parte del fondo del Museo Harrah’s de Reno. Tras la venta de la misma en los setenta, se inicia una curiosa historia en la que este Pegaso Z102 es propiedad de consorcios hoteleros como el Holiday Inn y el Imperial Palace de Las Vegas.

Movidos por el deseo de utilizar al coche como ganador de concursos de elegancia celebrados en su hoteles, estos propietarios corporativos restauraron al Z102 Saoutchik coupé con un enorme cuidado. Mérito que lo hizo pasar a la colección del Museo Blackhawk. Hasta que el pasado 2017 cayó en manos de un coleccionista privado que lo presentó en el Peeble Beach. Un acontecimiento importante, ya que para esas mismas fechas se cambió su color rojo por una pintura bicromática. Al hilo de los diseños originales de Saoutchik. Todo ello acompañado de una meticulosa restauración del interior y el motor.

De hecho, todo en ella es tan perfecta que se ha eliminado cualquier resto de pátina que este Pegaso Z102 pudiera haber conservado. Ahora la unidad con chasis 0146 luce en un estado tan perfecto que, sin temor a la duda, podemos señalarla como uno de los representantes del Pegaso Z102 en mejor estado de concurso. Tanto que, según hemos visto en foros, a algunos aficionados les llega a rechinar tal nivel de brillo restaurado. Una polémica que, al fin y al cabo, es otro de los eternos debates presentes en el campo de la restauración sea cual sea el campo de trabajo. No obstante, en lo que seguro que habrá un sólido consenso es en afirmar el curioso encanto de los coupe Saoutchik para con la historia de los Pegaso Z102.

FOTOGRAFÍAS PEGASO Z102 SAOUTCHIK COUPE 1954: Hamman Classic Cars, realizadas por Uwe Breitkopf.

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Miguel Sánchez

Escrito por Miguel Sánchez

A través de las noticias de La Escudería, viajaremos por las sinuosas carreteras de Maranello escuchando el rugido de los V12 italianos; recorreremos la Ruta66 en busca de la potencia de los grandes motores americanos; nos perderemos por las estrechas sendas inglesas rastreando la elegancia de sus deportivos; apuraremos la frenada en las curvas del Rally de Montecarlo e, incluso, nos llenaremos de polvo en algún garaje rescatando joyas perdidas.

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