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Pegaso Z-102 2’8 ENASA Cabriolet. Elegancia vestida en España

Seguimos celebrando el setenta aniversario del Pegaso Z-102 repasando algunas de las unidades más interesantes del mismo. En esta tercera entrega nos hemos fijado en una unidad descapotable carrozadas por ENASA en 1952. La demostración de que, aunque los diseños de Touring sean los más valorados, también los Pegaso carrozados en España llegaron a buenas cotas de diseño.



Como sabéis, en La Escudería estamos celebrando el 70 aniversario del Pegaso Z-102 con un repaso a las unidades más interesantes. Después de haberlo iniciado con el Sypder Pedralbes y uno de los coupés Saoutchik, hoy seguimos con un descapotable carrozado en España. Se trata del chasis número 0102-153-0171, buen exponente de hasta qué punto pueden llegar a ser interesantes los diseños elaborados por la propia ENASA. Y es que, dejando aparte opiniones ante lo crispable del personal cuando se habla de los Pegaso, resulta evidente que éstas son las carrocerías con un diseño peor valorado entre la afición.

Siempre a la sombra de las unidades carrozadas por Touring, las vestidas en las instalaciones de la propia ENASA se han tenido como las menos elaboradas en materia de diseño. Algo objetivable en diversos aspectos, pero que desde el punto de vista del atractivo visual pone en brete esta unidad cabriolet de 1952. Dotada de un indudable encanto, su magnífico estado de conservación con tan sólo una restauración significativa en 1984 es una buena muestra de elegancia y sobriedad. Además, junto con diversas unidades firmadas por Serra o Saoutchik es uno de los pocos descapotables en la serie de 86 unidades del Pegaso Z-102.

pegaso z102 descapotable

Una reivindicación de los diseños salidos de la Empresa Nacional de Autocamiones S.A, donde trabajaron profesionales tan interesantes como Agustín Masgrau, autor de la Berlinetta Cúpula. Además, aún habiendo sido ensamblado justo un año después de la presentación del modelo en el Salón de París, este Pegaso Z-102 ya cuenta con el motor de 2’8 litros. Primera de las dos evoluciones experimentadas por el 2’5 litros original, aumentado hasta los 3’2 en su tercera y más potente versión.

PEGASO Z-102 CABRIOLET ENASA. UN DISEÑO QUE SACA PECHO

En referencia al Pegaso Z-102 no vamos a volver a decir lo del “Ferrari español”. Y es que, aún reconociendo a este apodo un efectivo valor ilustrativo, creemos que ya está muy manido. Algo a lo que se suma la percepción de un cierto complejo de inferioridad, ya que por ejemplo nadie diría el “Rolls Royce francés” en relación a un Facel-Vega o el “Jaguar americano” en alusión a un Shelby. Sin embargo, lo cierto es que los Pegaso representaron una amenaza al reinado de marcas como Ferrari.

De hecho, durante el año de aparición de este Pegaso Z-102 descapotable la creación más reseñable de los de Maranello fue el 340 Mexico. Un modelo carrozado por Vignale con la competición en el punto de mira. Algo que demuestra hasta qué punto estaban descuidando a la clientela de coches de serie, dejando un espacio que Pegaso soñó con ocupar gracias a creaciones como este deportivo a cielo abierto. Mucho más civilizado que los italianos, este modelo primaba una cierta comodidad por encima de lo espartano de las carreras.

Algo que no debemos confundir con la falta de dureza, ya que sobre su robusto chasis se montaron los paneles de acero que dan forma a la carrocería. Una fabricación sólida, pero dotada de unas líneas más gráciles que las de los coupés de la misma ENASA. Mientras éstos -a excepción de unidades aligeradas como El Cangrejo- vestían carrocerías poco ajustadas a las líneas marcadas por el chasis, este Pegaso Z-102 descapotable cuenta con unos pasos de rueda más ajustados, dando una mayor sensación visual de ligereza y pureza de líneas.

PRIMERA EVOLUCIÓN DEL MOTOR ORIGINAL BAJO EL CAPÓ

Forjado en la competición al frente de Alfa Romeo, Wifredo Ricart regresó a España con lecciones bien aprendidas. Tanto que, a pesar de la falta de medios propia de la postguerra, pudo firmar uno de los motores más avanzados de la época. Compacto y elástico, el V8 en aleación ligera con pistones de aluminio forjado y lubricación por cárter seco con el que dotó al Pegaso Z-102 fue un hito mecánico en su época. De hecho, no pocos especialistas piensan que el objetivo final de este motor era la F1.

Una suposición no del todo descabellada, ya que sus características casan a la perfección con las exigidas para esta categoría, con motores de 2’5 litros. Sea como fuese, lo cierto es que este motor nació justo con esa cilindrada, saltando poco después a los 2’8 y 3’2 litros. Exponente de la la primera evolución, el ingenio de este descapotable ENASA es capaz de rendir hasta 200CV. Cuarenta más que los primeros motores de 2’5 litros, pero ochenta menos que algunas versiones de 3’2. E incluso 110CV menos que lo alcanzado por el prestacional Spyder Pedralbes.

Cifras que hablan del potencial que podría haber desarrollado en competición el Pegaso Z-102 de contar con una estructura de equipo más elaborada. Algo que se hubiera complementado con un más que posible buen índice de ventas con las versiones de calle, las cuales no necesitaban de ninguna empresa extranjera para llegar a reseñables cotas de diseño. Justo lo que demuestra esta unidad cabriolet de 1952. Un vehículo encantador que representa la gran paradoja del Pegaso Z-102: la del coche que, aunque fue, no llegó más lejos por la precaria situación de la España del momento.

Fotografías: Bonhams Auctions

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