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Adelantados a su Tiempo: ‘Freaks’ a 2, 3 Y 4 Ruedas

Deseando dar respuesta a las nuevas necesidades de movilidad, muchos ingenieros han creado automóviles que hoy en día nos impresionan por su rareza. La muestra 'Eureka! Innovate Ideas that were Ahead of their Time' en el Lane Motor Museum nos muestra algunas de estas maravillosas criaturas...

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Aunque el automóvil es un invento que ha cambiado radicalmente las sociedades contemporáneas, lo cierto es que la evolución del mismo se ha hecho de una forma suave y gradual. Puede parecer atrevido decir lo siguiente, pero lo cierto es que a nivel conceptual pocas son las diferencias de planteamiento entre el cuadriciclo que Henry Ford creara en 1896 y cualquiera de los coches actuales. Cuatro ruedas, frenos, chasis, un motor de combustión, dirección y caja de cambios.

Sin embargo, en toda esta historia no han faltado ideas que se salían del lógico devenir de la industria. Modelos que trataban de mezclar utilidades de diferentes medios de transporte, generando así híbridos entre una moto y un coche, o entre un camión y un barco. Vehículos rompedores que, aunque sobre el papel son brillantes… No tuvieron especial suerte en el mercado.

Todos ellos componen una serie de maravillosas rarezas olvidadas, una suerte de personajes de la cinta La Parada de los Monstruos en la que el sueño de navegar y conducir al mismo tiempo se da la mano con microcoches y artefactos de dos ruedas a medio camino entre un utilitario y un cohete espacial.

En estas fechas el Lane Motor Museum ha escogido de entre sus amplios fondos las criaturas más exóticas para su muestra Eureka! Innovate Ideas that were Ahead of their Time; toda una colección de artilugios adelantados a su tiempo o… Sencillamente tan especiales y concretos que no pudieron encontrar hueco en un mercado donde sólo lo generalista -y por tanto rentable- suele tener éxito.

EL SUEÑO DE LOS HÍBRIDOS

Ahora que el coche eléctrico parece cada más una realidad y no un sueño futurista, la palabra híbrido nos hace pensar en automóviles donde se combina la combustión con lo eléctrico. Sin embargo, vamos a utilizar este término en otra clave: la de hibridar diferentes medios de transporte. ¿Y si en vez de cruzar el río por el puente pudiéramos seguir recto gracias a que nuestra furgoneta funciona también como barco? ¿Por qué no combinar todo lo cómodo de un coche con la ligereza en el maniobrar que te dan las dos ruedas?

Estas preguntas ya se las hicieron algunos hace décadas, saliendo de ellas algunos de vehículos más llamativos de esta muestra; por ejemplo el Chevrolet Corphibian de 1961. Un anfibio basado en la pickup Load Side, la cual a su vez derivaba del polémico Chevrolet Covair. Este prototipo equipado con un motor de 6 cilindros es capaz de entregar 84CV que pueden ir a parar al asfalto… O al agua. Dependiendo de si lo estás manejando desde la cabina -modo terrestre- o desde los controles de navegación instalados en la parte trasera -modo acuático-.

Todo un alarde de ingeniería realizado en fibra de vidrio y del cual suponemos cuenta con algún tipo de ingenio capaz de engranar la potencia del motor a las ruedas o a la hélice según se necesite. Desgraciadamente sólo se produjo uno, y aunque éste se ideó por ingenieros de la Chevrolet bajo su mecenazgo… Lo cierto es que la compañía de Detroit no tenía que confiar demasiado en el proyecto ya que para su construcción se utilizó una empresa paralela llamada Hultem-Holm Company.

Algo más de éxito fue el que tuvo otro de los híbridos de esta muestra en el Lane Motor Museum: el Gyro X de 1967. A nosotros nos parece una tremenda bizarría propia de la época en la que el diseño norteamericano estaba totalmente impregnado del futurismo estilo “papel aluminio” de la Carrera Espacial, pero lo cierto es que este audaz híbrido entre moto y coche partía de la razonable base de que si un coche puede llegar a ser tan estrecho como una moto… ¡Se acabarían los atascos!

Montado sobre dos ruedas, el Gyro X se proponía cambiar el modelo de transporte diario. Ahí es nada… ¿Y cómo? Pues muy sencillo: combinando la eficiencia y maniobrabilidad de las dos ruedas con la comodidad propia de la carrocería de un coche a la hora de poder crear habitáculo y espacio de carga. Todo ello materializado en una aerodinámica carrocería bajo la cual se escondía el motor de un Mini Cooper S capaz de entregar 80CV, estabilizado por un giroscopio de 22 pulgadas accionado hidráulicamente diseñado para equilibrar la inclinación. En suma, tecnología proveniente de la más pura física para hacer que el Giro X no volcara ni en las curvas más cerradas.

Y ojo, porque aunque todo esto te pueda parecer “espacial”, lo cierto es que varios vehículos de este estilo fueron utilizados en carreras de velocidad con excelentes resultados. Motorizados por Triumph o Harley-Davision estos torpedos cruzaron más de una vez el desierto de Nevada alcanzado ¡424! kms/hora. Ya ves, paradojas de la vida… Un diseño pensado para resolver atascos utilizado finalmente para cruzar un desierto a toda pastilla.

MINICOCHES Y MACROCOCHES

Otro de los puntos interesantes de la exposición es el apartado dedicado a los minicoches de la empresa Martin Aeroplane Factory -imagina que viniendo del mundo de la aeronáutica les hubiera dado por crear coches voladores-. Lo cierto es que la idea que subyace detrás de estos pequeños es totalmente lógica: en un país destrozado tras la Gran Depresión el coche más lógico era uno pequeño, sencillo y cómodo para la movilidad de corta distancia.

Pero la realidad es que apenas pasaron de la fase experimental, y eso que modelos como el Martin-Martinette de 1932 pinta bastante bien gracias a su motor de 4 cilindros capaz de entregar 30CV a través de cuatro marchas, todo ello envuelto en una carrocería con clara inspiración en la Escuela Bauhaus. Al fin y al cabo… El Isetta se fabricó para responder a una situación social muy parecida y sí tuvo éxito. Pero nada, se quedaron en las ganas…

Como en las ganas de ser más populares se quedaron los Dymaxion; una especie de microbus a tres ruedas salido de la mente del ingenioso arquitecto e inventor Richard Buckminster Fuller. Ese hombre dotado del típico espíritu creativo tan propio de la cultura popular norteamericana que ve en la tecnología la redención de una Humanidad a la deriva. Todo un visionario -excéntrico para su época- que entre 1932 y 1935 consiguió producir varios prototipos de esta vehículo propulsado por un V8 Ford donde pueden entrar hasta 11 personas a lo largo de sus casi 6 metros de largo.

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Aquí en otra de las fotos promocionales de la época en pleno Washington D.C.

En suma, un aborto futurista que aún a día de hoy sigue emocionando a fanáticos del diseño como el arquitecto Norman Foster, el cual se embarcó en el proyecto de construir la cuarta unidad del Dymaxion. Un artefacto en el que se invirtieron 2 años de trabajo y que se mira de tú a tú con los aerodinámicos aviones de pasajeros.

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El que se expone en la muestra es una réplica, pero igualmente sigue impresionando. Fuente: Lane Motor Museum.

Como has visto a través de estos 4 ejemplos expuestos en Eureka! Innovate Ideas that were Ahead of their Time, la historia del automóvil está llena de ejemplos que ilustran el ímpetu de algunos soñadores a la hora de crear vehículos totalmente revolucionarios. Algunos con suerte… Y otros -como estos-, con menos. Pero en todo caso representativos del querer ir más allá dando respuestas concretas a las necesidades de movilidad.

Porque, a pesar de ser tan extraños… Lo cierto es que ninguno de estos ejemplos está alejado de un sentido práctico del día a día. No como la excéntrica Renault Espace F1, a la que estos “freaks” del circo del Lane Motor Museum bien podrían cantar aquello de “gooble gooble, one of us, we accept her”.

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