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En 1927 el público del Salón Internacional del Automóvil de Paris pudo admirar un nuevo automóvil presentado por Sensaud de Lavaud, el mismo ingeniero que había desarrollado cuatro años antes una caja de cambios automática que fue montada en un automóvil de la casa Voisin.

El coche en cuestión llamó la atención por sus líneas de buenas proporciones, con un largo capó, un pronunciado maletero y un habitáculo de solo dos puertas. Técnicamente de vanguardia, destacó por su bastidor y por las llantas realizadas en alpax, una mezcla de materiales ligeros, sobre todo de aluminio.

También contaba con ruedas con suspensión independiente. El motor de seis cilindros y 5.475 cc era de procedencia americana. Uno de los pocos folletos que se distribuyeron en aquella presentación nos puede servir para entender algo más del ingeniero y de su automóvil, tanto a través de este extracto como de las fotos:

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“El Sensaud de Lavaud de seis cilindros, con las ventajas de sus novedosos dispositivos, la perfección de su línea y lo agradable de su conducción no se puede comparar a ningún otro automóvil. Esta “seule entre toutes (solo entre todos).”
sensaud de lavaud
Un «cacharro» espeluznante, sin duda. Veamos su historia

sensaud de lavaud car
He aquí el folleto que fue distribuido en el Salón de París. ¡Es difícil de conseguir!

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La plataforma elegida fue un monobloque ligero y rígido suspendido en tres puntos…

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La transmisión automática daba en cada momento la mejor relación de velocidad de la mecánica a las ruedas. Permitía escalar hasta una velocidad de 140 km/h sin que el régimen de revoluciones del motor variase, lo que producía una velocidad media elevada, con un aceptable consumo de combustible, mucho confort de conducción y la máxima seguridad.

Otro de los nuevos dispositivos era un diferencial especial sin engranajes, el cual liberaba la rueda exterior en las curvas dando al automóvil una estabilidad perfecta, al menos según su inventor. La dirección doble reversible, con un amortiguador de aceite regulable desde el asiento del conductor, era totalmente segura y destacaba por su gran suavidad.

La plataforma elegida fue un monobloque ligero y rígido suspendido en tres puntos. La suspensión sin resortes pero progresiva y amortiguada sobre caoutchuc, era, según Sensaud de Lavaud, totalmente libre de mantenimiento y posibles fallos.

Probablemente el resultado fue un automóvil excesivamente vanguardista, pero no de confianza. No pasó del estado de prototipo. O quizá fue que Sensaud de Lavaud era un inventor poco constante y caprichoso: En cuanto materializaba una idea no la rentabilizaba, sino que buscaba nuevos desafíos tecnológicos.

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Detalle del diferencial del Sensaud de Lavaud

El pionero de la aviación

Dimitri Sensaud de Lavaud, hijo del industrial Evariste y de la rusa Alexandrine Bogdanof, nació el 18 de septiembre de 1882 en Valladolid con el nombre español de Mario Demetrio Sensaud de Lavaud. Lo cierto es que a veces se le considera brasileño, debido a que su familia se mudó en 1903 a la ciudad de Osasco, en el estado de Sao Paulo/Brasil.

En aquel importante municipio, a unos 16 kilómetros del centro de Sao Paulo, existe una calle con su nombre; y su casa, rodeada de árboles, ha sido transformada en museo para rememorar a los personajes ilustres locales.

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El inventor Sensaud de Lavaud, junto a su creación

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En 1908, en su afán de solucionar cualquier problema mecánico, Dimitri construyó su primer avión. En colaboración con un mecánico brasileño, utilizó todo el material disponible en el país y creó un amasijo de hierro acoplado a un pequeño motor de 25 CV. Aquella máquina se convirtió en el primer aeroplano de Sudamérica.

Su diseño era similar a los Bleriot franceses, pero obviamente fue considerado 100% nacional, por más orgullo de su nueva patria. El vuelo inaugural tuvo lugar el 7 de enero de 1910 y atrajo a una gran cantidad de público. Pero solo duró unos seis segundos… Algo normal entonces.

Falló el motor. Sensaud de Lavaud se apenó mientras el gentío aplaudía con fervor: Había hecho historia. Después vinieron otros vuelos, hasta que el ingeniero hispano-brasileño vendió aquel primigenio aeroplano a un particular que falleció a sus mandos.

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La historia de la mayoría de los pioneros de la aviación no tiene desperdicio
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Transmisión del coche, desde otro punto de vista y siempre salida del catálogo original
El libro de A. Cerf sobre el personaje apenas ha llegado a las librerías
El libro de A. Cerf sobre el personaje apenas ha llegado a las librerías

Viajero e inventor incansable

Nuestro protagonista fue todo un caballero que visitó las mejores universidades de España, Francia, Grecia y Turquía. Estudió tres idiomas y se dedicó a la esgrima y la equitación. Además no se limitó a los desafíos de la aviación, ya que había otros problemas que solucionar.

En 1912 descubrió un método para fabricar tubos metálicos sin uniones gracias al centrifugado e inventó una maquinaria especial para llevarlo a cabo. Y esta fue solo una de las más de 1.200 patentes registradas a lo largo de su vida.

Escribió también libros, algunos de ellos centrados en aspectos puntuales del automóvil como fue el caso de “El problema de la independencia de las ruedas traseras de un automóvil”, publicado en 1929.

Pie de foto
Su caja de cambios se montó en algún que otro Voisin (Foto: Museo Mullin)

Citroën y Voisin, como anillo al dedo

Al principio mencionábamos su complicada caja de cambios automática, la cual convenció tanto a André Citroën como a Gabriel Voisin. Ambos afamados constructores, tan distintos el uno del otro, quisieron montarla en sus coches. El primero intentó acoplarla al motor del peculiar Citroën 22 CV -presentado en 1934- pero sus técnicos no pudieron superar ciertas barreras técnicas.

Por su parte, el mujeriego Voisin la implementó en su 10 CV; buscaba desesperadamente una solución para ofrecer un cambio automático silencioso a la par que efectivo. También lo montaba el extraño Bucciali, supercoche con mecánica de dieciséis cilindros, pero eso ya es otra historia…

Ya en 1938 Sensaud de Lavaud patentó un motor rotativo de cuatro fases con el que se adelantó de nuevo a ideas que cuajarían más tarde. Su última innovación, registrada en 1946, fue un nuevo tipo de embrague eléctrico. Dos años después el técnico moriría en París a consecuencia de un infarto. Su país “de acogida” no tardaría en reconocerle el mérito transformando la casa en que vivió en un museo.

El lector se preguntará por qué traemos hoy a estas páginas electrónicas a tan excéntrico ingeniero. La razón es que hace pocos meses se publicó un libro acerca suyo, escrito por Alain Cerf y editado en francés por Editions du Palmier. Su subtítulo: “Un ingeniero extraordinario”.

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