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Antes de zambullirme en la redacción de este artículo me propuse evitar el lenguaje que se ha dado en llamar políticamente correcto. Lo políticamente correcto destruye la libertad creativa y el uso espontáneo del lenguaje común, rico en ideas, coloquial y sin premeditación que surgía de modo natural y usábamos antes de que llegaran los censores de última generación que se dicen en contra de la censura cuando, en realidad, no tienen otro objetivo que imponerla. Uno de los modos más inocuos y eficaces de censura es imponer lo que se considere políticamente correcto en cada momento.

La grande bouffe es el título de una película dirigida por Marco Ferreri en 1973 en la que Marcello Mastroniani, también llamado Marcello en la película, es piloto de Alitalia y tiene un bonito Bugatti en una cochera de París.

No me referiré a la película por el Bugatti, lo cual parecería apropiado al hablar de un concurso de elegancia, sino por el hecho de que los protagonistas se propongan morir comiendo. En La grande bouffe, que libremente podríamos traducir como La gran panzada, varios amigos se encierran en una casa para no salir si no es con los pies por delante después de comer hasta reventar.

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Concurso de Elegancia de Chantilly 2015: Los Ferraris toman posiciones masivamente en las murallas del palacio
Los Ferraris toman posiciones masivamente en las murallas del palacio
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El lector se puede sorprender de esta presentación, pero es precisamente lo que se me ocurrió al entrar en los jardines del magnífico palacio de Chantilly, a tiro de piedra del aeropuerto de Roissy al norte de París: ¿sería posible morir de un atracón de coches?

Si así fuera, el lugar perfectamente elegido sería el concurso de elegancia de Chantilly en el que no se sabe para dónde mirar ni dónde acudir mientras se van devorando las piezas que salen al paso, ya se trate del aparcamiento exterior, las carreteras comarcales y calles de la ciudad que conducen a la entrada del palacio o el concurso de elegancia propiamente dicho.

Si tuviera que calificar Chantilly con una sola palabra que todos entendieran usaría la de sobredosis. El visitante que cruza las puertas previo pago de 45,00 euros (más 10,00 euros de aparcamiento y 10,00 euros del bonito programa con todos los detalles sobre la jornada, categorías y participantes), se encuentra más ligero en la cartera 65,00 euros, pero empieza a atracarse yo diría que no individualmente de coches por separado, sino por grupos, por conjuntos, por nubes de manchas de colores dispersas en las amplias zonas ajardinadas y conservadas con el primor requerido por la consideración del patrimonio nacional francés.

Es curiosa la impresión que produce la entrada al concurso de Chantilly, sea por el marco inusual de un imponente palacio fortificado que tuvo origen en la historia militar medieval a partir de 1358, sea por la variedad, calidad y cantidad de los coches que allí se reúnen para combatir en una guerra incruenta.

Castillo de Chantilly, un marco dificilmente rechazable

Nada o poco de aquella época medieval queda en lo que actualmente se denomina dominio o propiedad de Chantilly, que agrupa el palacio propiamente dicho, foso y canalizaciones de agua, jardines, cuadras e hipódromo. A propósito de las cuadras, no sé si ese nombre sería el correcto puesto que al aproximarse a Chantilly, a cierta distancia, no podría distinguirse cuál es el palacio destinado a las personas y cuál a los caballos.

Para pasar de manera rápida y abreviada por la historia de Chantilly, cerremos este apartado añadiendo que en 1719 un duque de Borbón concibió el urbanismo general del conjunto de edificios, incorporando las grandes cuadras. Finalmente, pasadas guerras y revoluciones, se reconstruye el lugar, se disponen las colecciones de arte y se lega la totalidad del dominio al Instituto de Francia.

Un marco tan imponente y rico en historia tenía que llamar forzosamente la atención de Patrick Peter, que cuenta con una notable experiencia como organizador de eventos clásicos, ya que cuenta en su haber con el Tour Auto Optic 2000, Le Mans Classic o Spa Classic, por sólo citar algunos de ellos. Coronando con éxito su proyecto, Patrick Peter presentó la segunda edición de su concurso de elegancia celebrado el 6 de septiembre de 2015, que pasamos a resumir…

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El concurso de elegancia propiamente dicho se presentaba arropado por muchas otras actividades que lo convierten en un acontecimiento social apto para grandes y chicos con una excusa para pasar un fin de semana agradable en el marco prestigioso del Domaine de Chantilly, conocido popularmente como hemos indicado por su hipódromo, palacio, parque y cuadras de prestigio, con el museo del caballo y etnológico incluidos.

No es de extrañar que el palacio con todo el dominio circundante se haya incorporado de manera permanente al patrimonio francés.

Algunos observadores han señalado el riesgo que existe al aproximar actividades automovilísticas y ecuestres, de modo que el envoltorio sea más atractivo que el contenido. No un riesgo en el que haya caído Chantilly, con un plantel de participantes digno de cualquier otro incipiente concurso de elegancia que trate de abrirse camino en el calendario internacional.

Chantilly Concours d' Elegance 2015: Lancias HF haciendo guardia ante el palacio
Lancias HF haciendo guardia ante el palacio
Chantilly Concours d' Elegance 2015: Majestuoso Delahaye cabriolet con carrocería Saoutchik
Majestuoso Delahaye cabriolet con carrocería Saoutchik

No obstante, cuando hablamos de caballos generalmente no hablamos de coches y cuando hablamos de coches no lo hacemos de caballos. Durante el domingo del concurso las actividades con caballos se mezclan a las actividades con coches y sería lógico preguntarse si podría suceder lo mismo en los grandes acontecimientos de carreras de caballos en los que se mezclaran coches de carreras. Parece poco probable que suceda.

No son pocos los que han sugerido que los caballos se queden en las cuadras durante el concurso de elegancia de coches, pero el triunfo y la gran acogida popular por parte de los visitantes parece animar a que las actividades con caballos continúen en las ediciones que sigan en el futuro.

El tiempo dirá si Chantilly puede aspirar o no en convertirse en el Villa d’Este del norte (incluso con el inconveniente de los espectáculos equinos). Tal parece el objetivo de Patrick Peter…

 

Continúa en la Página 2…

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