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TEXTO GOODWOOD REVIVAL 2018: MIGUEL SÁNCHEZ / FOTOS: UNAI ONA

Gran Bretaña es un país tan querido como detestado. Mientras para unos es sinónimo de estabilidad política y progreso económico, otros ven en ella la bestia negra que sólo a base de pirateo ha conseguido medrar en el concierto de naciones. Polémicas aparte, lo cierto es que su carácter de ínsula acosada por otros imperios como el francés o el español promovió una buena relación con las máquinas. ¿Por qué? La respuesta es simple: sólo a través del ingenio y la mecánica se puede salvaguardar el progreso y la independencia de una isla con visos de captar recursos de todo el mundo, pero al tiempo a espaldas del mismo.

Durante siglos el Reino Unido pudo prosperar gracias a la fiabilidad de sus galeones, más pequeños y efectivos en aguas embravecidas que los gigantescos buques españoles. Algunos como el Ark Royal salvaron el pellejo de los ingleses repeliendo la invasión de la Armada Invencible; una vez más, la franja de agua que separa la isla del continente junto a altas dosis de pericia marinera guarecieron la independencia del Reino Unido.

Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial cambió el terreno de juego. Esta vez el destino se disputaba en el aire, confiando así la suerte del país a un conjunto de pilotos montados en cazas Supermarine Spitfire o Hawker Hurricane equipados con motores Rolls-Royce. La Batalla de Inglaterra iba a ser la jugada maestra en la que Churchill y los suyos apostaron a todo o nada; una vez más la suerte del Reino Unido dependía de la tecnología del transporte.

Para coordinar la fabricación de todo esto se creó el Minister of Aircraf Production en 1940. Para él trabajaron ingenieros como Gordon-Lennox -9º Duque de Richmond- el cual, acabada la contienda, dirigió sus conocimientos mecánicos a algo mucho más agradable que la guerra: las carreras automovilísticas. Así empezaban a rugir los motores en Goodwood durante 1948, siendo la primera vez que el Reino Unido revivía la competición a cuatro ruedas en un circuito permanente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Y ahora ya sí… Hablemos de coches, porque la pasada edición del Goodwood Revival nos ha traído más de una buena -y rara- sorpresa.

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Este Ferrari 250 GT de 1960 pilotado por Devis y O’Conell nos brindó una preciosa estampa al atardecer.

20 EDICIONES DE GOODWOOD REVIVAL

A comienzos del verano se celebra el Goodwood Festival of Speed, pero lo que los amantes de los clásicos realmente estamos esperando es el final del estío. Con él llega el Goodwood Revival, una de las mayores citas del calendario de clásicos en todo el mundo que este 2018 se asienta ya en 20 ediciones marcadas por una excelente organización, una magnífica selección de autos en las pistas y un lleno absoluto que en esta ocasión ha ofrecido cifras por encima de los 140.000 asistentes.

Todo esto para contemplar 12 + 1 carreras -12 de coches y una de motos- por las que han pasado casi 400 clásicos sin haber protagonizado ningún accidente de importancia, pero sí más de un patinazo digno de una escuela de danza como el que vivió Jason Yates a bordo de un Ferrari 500 TRC Scaglietti (minuto 1:2o del anterior vídeo). Una maniobra que acabó mal pero en la que se apreciaron intentos más sutiles por salir de ella que la nula visión de Mat Jackson en las tandas del St Mary’s Trophy con su Plymouth Barracuda; se comió las protecciones de las dos chicanes dispuestas antes de la recta de meta.

Eso sí, también hubo ocasiones en las que el hábil pilotaje a bordo de estos clásicos brindó excelentes maniobras como la protagonizada por Nick Swift al devolver su Mini a la pista tras una derrapada de infarto hacia la hierba, o el impetuoso cruce de lado a lado con el circuito lleno de tráfico a cargo de Grant Williams y su Jaguar Mk1.

Menos suerte tuvo Peter Chambers volando con su Ford-Lotus Cortina a través de varias vueltas de campana en la segunda parte del St. Mary’s Trophy, saliendo por su propio pie y completamente consciente de entre una abollada carrocería a la que ningún chapista quisiera enfrentarse. No obstante, el punto trágico del fin de semana lo puso Michael Russell en la Barry Sheene Memorial de motocicletas con su Velocette MSS 500; justo cuando iba encarando la última vuelta como líder… Un desafortunado derrape al salir de la chicane tras la que encaras la recta de meta lo mandó irremediablemente al suelo. Ya lo dice la DGT, cuando estás llegando con prisas… Vas sobre el filo de la navaja.

EMPEZAMOS POR TODO LO ALTO: LOS GRANDES GT

El viernes 7 de septiembre se daba el banderín de salida a las tandas clasificatorias de los diferentes torneos, aunque para no demorar más el espectáculo… También vivimos el Kinrara Trophy, uno de los más esperados por las numerosas cámaras apostadas junto al asfalto por su enorme concentración de coches de ensueño. Y es que, en esta carrera, se agrupan los GT sesenteros de más de 3 litros. Es decir, Ferrari, Aston Martin, Jaguar… Y de entre estas marcas sus modelos más emblemáticos.

Aquí es donde pudimos ver -aunque esto compite seriamente con el escuchar- en acción los V12 Ferrari del 250 GTO, 330 GTO, y ni más ni menos que 8 unidades del 250 SWB. Una marcadísima presencia ferrarista coronada con la victoria del 250 GT “breadvan, un ya típico modelo en las carreras de Goodwood fácilmente reconocible por una trasera que, de no ser éste uno de los Ferrari con mayor pedigrí competitivo, nos haría pensar que estamos ante un deportivo con carrocería “shooting brake”, como el Mustang que nuestro compañero Unai Ona descubrió en la zona de aparcamiento y que puedes ver en el reportaje gráfico

Por lo demás el Kinrara Trophy nos ofreció ver a los no por de sobra conocidos carentes de expectación Aston Martin DB5 o Jaguar E-Type, del que contamos 9 unidades. A destacar dos Austin Healy 3000 manteniendo el tipo entre tanto mito del motor y un Maserati 3500GT poniendo el siempre reconocible toque de elegancia aportado por la marca del tridente. Todo ello enmarcado por los cielos del atardecer; y es que ya sabes, el toque “british” siempre tiene algo de melancólico…

EMOCIÓN EN LA PISTA, DISFRUTE EN LAS GRADAS

No pocos Goodwood Revival han estado pasados por agua. Sin embargo -y para alegría de propietarios y casas aseguradoras- el tiempo respetó la edición de este año, la cual abría su segundo día con uno de los trofeos más esperados: el Fordwater. Un apartado pensado para deportivos de producción en serie comprendidos entre 1948 y 1955. Es decir, una excusa perfecta para ver varios Porsche 356 de entre los cuales todos nos quedamos con la exhibición del pilotado por Sam Tordoff; tras quedarse calado en la primera línea de salida realizó una excelente remontada hasta quedar en segundo puesto tras el Aston Martin DB2 ganador.

Un espectáculo de conducción con arrojo que encandiló al público en las gradas, el cual se debatía entre seguir las evoluciones de Tordoff y su 356 o centrar su atención en modelos más extraños como un Connaught L2 de 1948, un elegantísimo y compacto Jowett Jupiter, o un Lotus Mk6. Por lo demás nos han llamado bastante la atención los dos Ferrari 212; en fin, nos tiran mucho los “cavallinos” más clásicos.

Más tarde, y con la celebración de las dos mangas en el mismo día, pudimos disfrutar de los cromados americanos en el St Mary’s Trophy. Obviamente no es que éste sea sólo para coches americanos, pero sí es cierto que aquí pudimos ver varios americanos seminales del fenómeno de los “muscle car” intercalados entre los automóviles de producción en serie e historial deportivo comprobado entre 1960 y 1966.

Aunque no son los coches más espectaculares que pudimos ver en Goodwood Revival, sí fueron de los más divertidos al brindar una carrera en la que los Mini Cooper S volaron endiabladamente junto a unos Lotus-Ford Cortina de lo más juguetones, de hecho uno de ellos se llevó la victoria. Entre medias avistamos los cromados de un Ford Galaxie 500, un Studebacker Lake Daytona y un Mercury Comet Cyclone de lo más vacilón que acabó con un faro roto, desperfecto algo menor que el del Plymouth Barracuda que te nombrábamos antes y que participó también dentro de este trofeo.

En suma, una carrera muy americana y divertida donde, eso sí, se nos iba la mirada a los dos Alfa Romeo, especialmente hacia un Giulia 1600 GTA Corse con un frontal en amarillo al que se enfocaron no pocos teleobjetivos.

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Otro aparato interesante en amarillo… ¿A que le sienta muy bien el amarillo a este Ferrari 250 TRC?

JUGANDO EN OTRA LIGA: LOS MONOPLAZAS DEL GOODWOOD TROPHY

De entre los 12 trofeos para coches en Goodwood Revival 2018 es imposible quedarse con uno sólo. Sin embargo, pocos vehículos aúnan la historia y la emoción que únicamente un monoplaza de preguerra es capaz de ofrecer. Sea el modelo que sea son auténticas bestias de metal, criaturas que vienen directamente de una época en la que el automovilismo era una gesta para valientes -o inconscientes- donde todo era pura mecánica, brazos aferrados al volante, barro… Y muchas posibilidades de no salir vivo.

Quizá para hacer honor a toda esta historia de pioneros el trofeo donde se reúnen los monoplazas de Grand Prix y carreras especiales fabricados entre 1930 y 1951 lleva el nombre de Goodwood. Un radiante Maserati 6CM de 1938 pilotado por Calum Lockie se hizo con la victoria, algo que no sorprendió a nadie tras el buen recuerdo que este italiano plateado dejó tras la edición del pasado 2017; un seis cilindros en línea con muy buen sonido…

Otros 7 Maserati completaban la representación del tridente -por cierto también escenificada en su gama actual, la cual contaba con un amplio stand de promoción junto al palacio del Duque, aunque un SUV Levante no nos llama tanto la atención…- la cual conformaba junto a 3 Alfa Romeo la presencia italiana. De éstos un P3 (Tipo B) de 1932 es el que más nos cautivó; y es que, el que es el segundo monoplaza de Alfa -considerado por muchos como el primer monoplaza genuino de la historia-, fue una de las mayores joyas en Goodwood Revival 2028. ¡Tremendo ver ese 8 cilindros en línea que pilotara Nuvolari en acción!

La presencia inglesa destacó gracias a los 9 ERA -English Racing Automobiles-, de los que un A-Type R3A en verde quedó en cuarta posición. Viendo su puesto de conducción cuando se encontraba expuesto en la zona abierta al público, uno toma conciencia respecto a lo que era pilotar en aquella época, con unas velocidades menores a las de ahora pero a través de unas vías poco cuidadas y con el agarrarse al volante con toda la fuerza del mundo como casi única medida de seguridad. Montar en esto hace 80 años tenía que ser una verdadera cuestión de fe.

Un poco decepcionante la presencia de tan sólo un Bugatti -el Type 73C de 1945 que logró el tercer puesto-, aunque lo pudimos compensar gracias a modelos como el MG “Bellevue” Special de 1937, conocido en Goodwood desde que estuvo en la carrera ianugural de 1948. ¡Qué maravilla! Obviamente no es el más importante a nivel mecánico -teniendo un P3 por ahí rondando…- pero su carrocería plateada, brillante, compacta y con ese remate trasero “en punzón” a lo “ahí te lo llevas”… Nos volvió a encandilar otra edición más.

PEQUEÑOS QUE SORPRENDEN Y MITOS DE LE MANS

Otro de los trofeos del sábado tuvo un encantador tono “revival” para los más detallistas, para aquellos que gozan con recrear la línea de salida exacta de tal o cual competición de hace décadas. Pensando en los amantes de este tipo de precisión documental, el Jack Sears Memorial Trophy reunió a 30 participantes del British Saloon Car Championship de 1958. La verdad es que ver a estas berlinas -tanto amplias como compactas- jugarse el tipo burlándose entre ellas con endiabladas maniobras de adelantamiento dentro de una pista colapsada en las primeras vueltas… Es de lo más emocionante.

Además esto es competición. No nos interpretes mal… No queremos decir que salir ahí con un monoplaza no lo sea obviamente. Pero montarte en un pequeño Austin A50 Cambridge Saloon con no más de 50 CV, un MG Magnette ZB que tarda casi 20 segundos en llegar a los 98km/h o un anodino Borgward Isabella de fabricación alemana que te parecería soso hasta para el contable de un seminarista… Para lanzarlos a hacer derrapes junto a una manada de Jaguar Mk1, ¡pues no está nada mal!

Muy divertido este trofeo, aunque claro… Los tres primeros puestos quedaron copados por unidades de la mítica berlina Jaguar, la cual, no por elegante y aristocrática, deja de dar algunas sorpresas deportivas que nos dejan con la boca abierta. Con algo de dinero nos haríamos con una, aunque mientras tanto seguimos dándole vueltas a las posibilidades insospechadas de un anodino utilitario alemán o inglés. ¿Te imaginas un Trabant preparado para rallye? Umh…

Pasada la diversión con coches más “populares”, el sábado continuó con uno de los platos fuertes del fin de semana: el Whitsun Trophy. Aquí volvimos a lo exclusivo y más puntero en la historia del automovilismo deportivo, ya que en este apartado se dieron cita 28 “sport prototipos” con pedigrí en competición más allá de 1966. ¿Resultado? Mitos de Le Mans en tres, dos, uno… Enseguida pudimos ver asomar por boxes el morro de seis Ford GT40, de entre los cuales nos llamó la atención el prototipo de 1964 pilotado por Richard Meins.

Sin embargo, y partiendo de la base de que para gustos están los colores, lo más emocionante ha sido escuchar dos Porsche 910 que, curiosamente, quedaron uno junto al otro en la llegada. Se produjeron menos de 30 y cosecharon buenos éxitos en carreras de ascenso, siendo uno de los Porsche clave dentro de aquella brillante época que llevaría a la marca al nacimiento del 917.

Finalmente el primer puesto en el Whitsun Trophy fue para un Lola T70 Spyder con motor Chevrolet. Y es que… Cuando en los 60 se unían británicos y americanos haciendo coches de carreras en el norte de Italia más de uno se ponía nervioso. Fantástico el comportamiento de este Lola, el cual demostró en las curvas porqué proviene de unos talleres que cobraron fama de excelentes fabricantes de chasis para coches GT en los 60.

La fórmula británico-americana estuvo también representada en los 5 McLaren con motor Chevrolet -todos M1A o M1B- que nunca nos dejarán de llamar la atención por su pequeño tamaño. Especialmente el del volante. ¿No has escuchado a nadie quejarse del tamaño del volante en los nuevos Peugeot? Pues nos gustaría ver a esa gente dentro de un McLaren que, sino fuera por su tremendo motor de 5’7 litros y 8 cilindros, parecería uno de esos simpáticos y pequeños coches de carreras a pedales con los que los niños emulando a los pilotos profesionales durante el fin de semana en este Goodwood Revival.

Para acabar el sábado la Freddie March Memorial Trophy nos trajo uno de los platos fuertes del día aglutinando 29 coches definitorios del “espíritu de las 9 Horas de Goodwood de 1952 -1955. En suma, una soberbia colección de deportivos cincuenteros entre los que destacó -no en la parrilla pero sí en nuestras retinas- un Alfa Romeo 3000 “Disco Volante” de 1953. Tremendo, aunque no menos que los tres C-Type o el específico Lagonda V12 Le Mans de 1954 que quedó tercero.

El Frazer-Nash Targa-Florio nos encantó -aunque una vez más nos dimos cuenta de la influencia que tuvo el frontal del Lancia Aurelia-, lo cual completaba la lista de rarezas junto a un Cunningham C4R, un americano con carácter y músculo al estilo de lo que años después sería el AC Cobra de Carrol Shelby. Los dos primeros puestos fueron conquistados por sendos modelos de la escudería HWM -filial de Aston Martin en los 50- motorizados por Jaguar y Cadillac respectivamente. Verdaderas piezas para entendidos en el motor británico…

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Esto nos ha tocado la fibra: un Frazer Nash Targa-Florio de 1952. Fueron agentes de BMW y Porsche en el Reino Unido, pero con este frontal parece más un Lancia.

RAREZAS DEL MOTOR AMERICANO EN GOODWOOD REVIVAL 2018

Tras la noche del sábado -nada calmada para más de uno que disfrutó el buen ambiente del lugar, las diversas actividades paralelas y los agradables pubs cerveceros de la campiña inglesa- la mañana del domingo amaneció con 30 monoplazas en pista listos para disputar la Chichester Cup. Un trofeo muy específico donde se dan cita pequeños bólidos de Fórmula Junior equipados con discos de freno y fabricados entre 1960 y 1963. En otras circunstancias haces una convocatoria tan específica… Y no iría casi nadie, pero claro, esto es Goodwood Revival.

A falta de un café los estruendosos escapes de estos coches reducidos “a la mínima expresión” partieron el ambiente en las gradas dando a entender el buen momento que los motores Ford de competición estaban viviendo durante los años 60. Y es que todos los monoplazas en parrilla contaban con motorización Ford -como es costumbre en muchas categorías inferiores donde un único fabricante es responsable de todas las mecánicas- adosada a carrocerías de escuderías tan diferentes como Lotus, Lola, Cooper… Y De Tomaso, lo cual nos llamó la atención ya que, mientras los híbridos americano-británico son comunes no lo son tanto los italo-americanos.

Con la carrera siguiente llegó uno de los momentos más esperados del fin de semana, al menos para los que contamos con la persona de Fangio en un lugar preeminente dentro de nuestro particular imaginario del motor; salían a pista tres Maserati 250F dentro del Richmond & Gordon Trophy para monoplazas con motor delantero y motor de dos litros y medio o más construidos entre 1952 y 1960. Traduciendo: buena parte de los inicios de la Fórmula 1.

Más allá de esa leyenda que es el 250F, pudimos ver iconos como el Ferrari 246 Dino -empezó como algo de “segunda fila” pero hay que ver el partido que sacó a los motores de seis cilindros el “commendatore”- o los Lotus – Climax -de hecho el pilotado por Sam Wilson fue el ganador-, aunque la vista rápidamente se fue a los dos Scarab de 1959 y 1960 que no nos esperábamos.

Realmente es una marca bastante rara, de procedencia norteamericana y extremadamente simbólica de ciertos años en el automovilismo de aquel país. Normalmente motorizados por Chevrolet, en esta ocasión el modelo rizaba el rizo al incorporar un propulsor Offenhauser -fabricante exclusivamente de motores para escuderías americanas y, ocasionalmente, McLaren-. Sin duda uno de los mejores modelos de este Goodwood Revival 2018.

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¡Un Scarab! Y motorizado por Offenhauser en este caso. Pura historia de la competición norteamericana.

MUCHOS AC COBRA Y UNA CARRERA… A PEDALES

El toque de legado familiar -a nadie se le escapa que esto es algo importante dentro del mundo de los clásicos- lo puso la familia la Hart, alcanzando padre e hijo la victoria en el Royal Automobile Club TT Trophy a los mandos de un AC Cobra de 1963 dentro de una parrilla que parecía la de un trofeo monomarca por la abundancia del modelo de Shelby. Y no nos interpretes mal, porque realmente da gusto ver semejante concentración de este modelo corriendo por una pista donde los Jaguar E-Type hacían lo que podían para aguantar el orgullo británico frente a la osadía de su antigua colonia. Monumental.

Eso sí, más allá de las musculosas traseras de los Cobra derrapando por la pista… Nos encantó ver un coche muy especial: el Aston Martin Project 212. Un prototipo usado en las 24 Horas de Le Mans realizado sobre la base de un Aston Martin DB4 pero con numerosos cambios y una carrocería encantadora. Verlo rodar es uno de esos privilegios con los que poder entender porque Goodwood tiene la fama y magia que tiene. No obstante, si tenemos que marcar uno realmente curioso y simpático al que nos costó reconocer ése es el TVR Griffith 400; un cochecito muy pequeño, casi caricaturesco, al cual podrías dejar aparcado en la calle y pocos pensarían que lo que tienen delante es una bestia con un motor de 4.722 cc y 271 CV. Además está hecho en Nueva York. Sencillamente genial. Lo que se dice un “sleeper” en condiciones.

Seguidamente más de un espectador en tribuna protegió sus oídos ante el chillido de lo que se venía encima: la Glover Trophy. Una carrera con 30 monoplazas Grand Prix de litro y medio con pedigrí en competición a comienzos de los 60. Y aquí nos acordamos mucho del matrimonio fallido entre Ford -americana- y Ferrari -italiana- durante los 60 porque quien ganó este trofeo es un perfecto italoamericano: Joe Colasacco, a la sazón pilotando un Ferrari 1512 de 1965 pero tocado con un casco claramente patriótico hacia lo norteamericano. Todo una imagen. Muy simbólico, y por ello nos ha gustado.

Por lo demás muchos Lotus y varios Lola, aunque lo más destacable fue el sonido de los motores Cosworth equipando a modelos de ambas escuderías. Ya que esta empresa londinense nació en 1958, estamos ante algunos de sus primeros ingenios de éxito dentro de la F1. Eso resulta emocionante si tienes en cuenta que son el inicio de la gran trayectoria de esta empresa de ingeniería automotriz. Bravo por esta selección para amantes de la mecánica en Goodwood Revival 2018.

Ya con un potente olor a gasolina en algunas partes del bosque donde debería oler a limpio aire de la campiña, llegamos al final de este fin de semana con miles de aficionados al motor clásico y algunas de las mejores representaciones del automovilismo sobre la pista… De la forma más simpática. Y es que, bueno, todo piloto tiene un inicio. Siquiera Fangio se puso a conducir un F1 con 8 años. Antes están los correpasillos… Los kart… Multitud de juguetes con los que los más pequeños emulan a sus ídolos del motor.

Y como con sus casi 140.000 visitantes Goodwood no deja de ser un evento familiar… ¿Qué mejor manera de hacer partícipes a los niños de esta feria del motor que con una carrera de coches a pedales? ¡Y además no cualquier coche! Sino el simpático Austin J40 “pedal car” que viene siendo un regalo común a los nenes británicos desde hace décadas. Con una salida a la “vieja usanza”, con los pilotos esperando la señal para correr hacia sus coches situados en el otro lado de la pista. Magnífico cierre a un fin de semana espectacular donde recuerdas porqué esto del motor te fascina desde que tenías la misma edad que esos críos.

HACIENDO FUNCIONAR LOS MOTORES, DANDO VIDA A LOS CLÁSICOS

Además se rindió homenaje al servicio público de transporte -magnífica la idea de que los vehículos que comunicaron el evento con los pueblos de las cercanías fueran deliciosos autobuses de dos pisos-, así como al lanzamiento del popular taxi Austin FX3 de 1948 y a los populares utilitarios de la misma marca A35 y A50. Por no hablar de otras muchas actividades “revival” relacionadas con la ropa o la música de otros tiempos y la incontable lista de personalidades históricas del motor que todos los años se dejan caer por Goodwood Revival -aunque ya son dos años sin la asistencia de Sir Stirling Moss-.

En suma, una magnífica reunión de clásicos y aficionados en la que, su mayor grandeza, es hacer, aún con los coches más caros y exclusivos de las colecciones más afamadas aquello para lo que se idearon: correr. Porque un clásico, por valioso o exclusivo que sea, no deja de ser un coche hecho para surcar rectas y enlazar curvas.

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