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TEXTO: JAVIER ROMAGOSA / FOTOS: UNAI ONA

PeterAuto sólo hay uno, y organiza las mejores carreras de Europa. Con los años, el organizador francés a ido creciendo hasta convertirse en el número uno, con ocho eventos de primera línea celebrados al año. ¿Su merito? Conseguir poner en la pista a los mejores coches del continente gracias a un trabajo poco menos que impecable.

Como decíamos en la entradilla de esta crónica, Patrick Peter entró en España a través del Circuito del Jarama, un trazado clásico que casaba realmente bien con las joyas que allí debían desfogarse. Dos ediciones impagables, en 2016 y 2017, hicieron las delicias de unos pocos aficionados de la zona centro, los cuales fueron conscientes en todo momento de que se trataba de un evento histórico.

Y es que, ¿cuántos Ferraris ‘pata negra’, Porsches 917, AC Cobras de verdad o barchettas Maserati habeís visto ultimamente? Personalmente, yo sólo he tenido el privilegio de hacerlo en tres ocasiones, dos de ellas ya reseñadas. Es por ello que no deja entristecerme que el desacuerdo entre el organizador y el RACE acerca de las fechas deseadas hayan dado al traste con tan magnífica oportunidad de pasarlo bien. Creo que es un evento que el Jarama nunca debería haber dejado escapar, máxime cuando Barcelona ya tenía, como veremos a continuación, su ración de retro de alto octanaje.

Maserati 300S Vs. Seat 600: Una cosa no quita la otra

Dicho esto, vamos con el Espíritu de Montjuïc. En 2014 pude asistir a la cuarta edición de este magnífico festival, que en aquel entonces se maridaba con las FIA Masters Historic Series. Éstas son muy parecidas a las de PeterAuto; involucran a una maquinaria de primera, si bien de carácter algo inferior a la traida por los franceses excepto en lo tocante a la Fórmula 1 histórica, disciplina en la que no tienen competencia. Sin embargo, aun con todas las maravillas presentes, siempre me dio la sensación de que el moderno Circuito de Montmeló le quedaba muy grande a los clásicos.

Las distancias son enormes y mires a donde mires, aunque haya una cantidad más o menos razonable de público, siempre parece que el paddock y las gradas están vacias; es frío y eso no me gusta. Y hablando de público, es realmente una pena que la afición no acuda en masa a este tipo de actividades, porque de verdad que aunque la entrada valga 20 o 30 euros, son ineludibles. Con el paso de los años, me voy dando cuenta que nos hemos encasillado en el mundo de los clásicos populares sin ser capaces de apreciar el automovilismo histórico puntero. Y una cosa no quita la otra, tan increíble es un Maserati 300S como un Seat 600, con la diferencia de que las oportunidades anuales de ver lo primero son únicas y hay que aprovecharlas.

Las carreras de Espíritu de Montjuïc 2018

Este año, el tiempo en Espíritu de Montjuïc fue variable: Viernes y sábado aguantó pero el domingo cayó un buen aguacero. Lejos de achantarse, los participantes y sus 244 coches dieron todo en las carreras de las diferentes series, que son las siguientes:

Las Classic Endurance Series reúnen a automóviles sport y prototipos en dos subcategorías: 1966-71 y 1972-81. En éstas corren bólidos de fibra inglesa como los Lola y los Chevron y también mucho Porsche 911 e incluso un Porsche 917, un Ferrari 512M o un Alfa-Romeo T33, entre otros. Luego están las Euro F2, competencia que reúne a monoplazas participantes en el campeonato europeo entre 1967 y 1978 y que no estaba muy concurrida que digamos; y también las series de Grupo C, uno de los platos fuertes del festival con aparatos como Porsche 962C, Mercedes C11 (¡!), Jaguar XJR12 o Rondeau M382, entre otros pesos pesados del mundillo de la resistencia.

Por su parte, la Heritage Touring Cup nos devuelve a algún lugar más cercano a la Tierra con sus turismos de entre 1966 y 1984 propios del Campeonato Europeo de Turismos o ETCC. Gracias a este trofeo pudimos disfrutar de infinidad de Ford Capri y Escort que se batieron el cobre con los BMW de rigor. Ya en las Sixties Endurance, les llegaba el turno a los coches sport pre-63 y a los GT’s pre-66, cuya cima alimenticia. por decirlo de alguna manera, eran sin duda los más de 10 AC Cobra originales presentes.

Dejamos lo mejor, en opinión de este humilde servidor, para el final: En el Greatest Trophy contendían máquinas italianas de la talla de varios Ferrari 250, un Maserati 300S, un Bizzarrini o un Alfa-Romeo Giulietta Sprint Zagato. El colofón lo ponían en esta categoría el Ferrari 250 GT Breadvan y un 250 LM, además del Maserati reseñado.

Dada la moderna concepción del circuito catalán, PeterAuto dejó en casa a las viejas glorias de preguerra. Si ya en el Jarama parecía que los Bugatti, Alfa 8C y Delage 135 se movían lentamente, aquí hubiera sido lo más parecido a ver una carrera de tortugas. Leyendas como ésas se tienen mucho mejor en circuitos urbanos con el de Pau, en donde es escalofriante ver a los pilotos cruzándolas a cada curva. Finalmente, los otros grandes ausentes fueron los Fórmula 1 históricos, ya que de momento el gigante francés no trabaja esta disciplina deportiva.

Festival en el paddock

Tal y como hemos dicho en años anteriores, lo cierto es que el paddock podría haber estado algo más nutrido de clásicos. No nos referimos a los coches de las carreras que se encontraban allí expuestos mientras no atronaban la pista, sino más bien al acompañamiento de los clubes y de los asistentes con clásico que son quienes podrían aportar la mayor cantidad de vehículos al festival y convertirlo, salvando las distancias, en un pequeño Goodwood catalán.

Por otro lado, nos ha vuelto a dar la sensación de que a los que sí se animaron a apoyar el evento se les confinó en una esquina del circuito, restándoles así protagonismo. Su espacio legítimo estaba ocupado por el mercadillo vintage, la carpa de los payasos, la pista de baile o la feria infantil, entre otros elementos dispuestos con el ánimo de convertir el Espíritu en una actividad de fin de semana para toda la familia. Entendemos que esto es necesario para poder disfrutar de la afición acompañados, pero pensamos que quizá sería bueno que cediesen parte de su espacio y centralidad al aparcamiento para clásicos.

Mención aparte merece el que una figura de la talla de Jürgen Barth, el famoso piloto de Porsche que venció el año 1977 en las 24 Horas de Le Mans, estuviera firmando ejemplares de su libro ‘Racing & Recipes’, y también la charla-mesa redonda organizada por la Federación Catalana de Vehículos Antiguos para debatir e informar sobre la prohibición de circulación a los clásicos en las ciudades por motivos medioambientales.

Aquí terminamos, hasta el año que viene!

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