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Además de satisfacernos en nuestro tiempo libre, la restauración de clásicos populares sirve para que se rehabiliten las personas que han padecido adicciones, se sientan útiles y recuperen la ilusión de vivir. Afortunadamente, eso es lo que consiguen en la Asociación Egueiro, que desde 1984 ha ayudado a desengancharse a más de diez mil jóvenes.

Esta asociación cuenta con nueve centros diferentes, en los que sus educadores devuelven a una vida plena a personas que cayeron en las drogas. En el caso concreto del centro de Valls, en sus instalaciones de talleres ocupacionales, su curación se logra, entre otras actividades, con el aprendizaje de la restauración de coches clásicos.

Variedad de vehículos. El conjunto de autos en proceso de restauración está formado por coches sencillos de esquemas dispares.

Escuela de Restauración de clásicos y de personas

A primera hora, comenzamos nuestra visita por el garaje. Allí reposaban doce clásicos populares, desde un Mini y un Escarabajo hasta varios Seat todo atrás y un 127. Y para que no falte de nada, un Citroën 2CV y el cuarteto Renault formado por los modelos 4, 5, 6 y 12.

Disponen así de motores variados, para conocer mejor los diversos esquemas mecánicos, bien de motores en línea o bóxer y refrigerados por aire o por agua.

La llegada de estos autos responde en buena parte a su donación por gente que conoce la finalidad de la Asociación Egueiro. Otros, como la Siata 3000 Miniván, se consiguieron mediante un intercambio, pero lo habitual es que se trate de unidades regaladas, cuyos dueños prefieren que su coche reviva y contribuya a una buena causa en lugar de acabar en un desguace.

Y como en un taller convencional, poseen también un almacén propio de recambios. Ello les obliga a conocer un sistema ordenado de trabajo, que les permite comprobar que de ese modo se logra una mayor eficacia durante la restauración de un vehículo de colección.

Seguimos el recorrido de la ilusión

Hay asimismo un lugar reservado a los botes de pintura, tan necesarios para que la carrocería y los distintos componentes vuelvan a tener la presencia de su juventud. En otras estanterías se guardan motores y cajas de cambios, con las que se van familiarizando y que conocerán a fondo gracias a las clases teóricas y las posteriores de tipo práctico.

Igualmente, tienen repisas donde almacenar grupos ópticos, cerquillos de faros, parachoques y molduras, unos repuestos necesarios para su trabajo de restauracíón.

Por otro lado, el tiempo dedicado al gimnasio contribuye a que se mantengan en forma. Y no sólo eso, ya que además les aporta un control que les ayuda a trabajar en equipo y a tener un mayor dominio emocional ante las situaciones complicadas que se les presenten.

A la faena, operaciones y materiales

Junto a un banco de trabajo nos encontramos a un maestro de taller y a un paciente, en plena faena sobre la caja de cambios de un Seat 600. También se aprecia el buen gusto en la decoración de este entorno, en el que abundan las placas esmaltadas, los luminosos publicitarios y las paredes pintadas con motivos estrechamente vinculados con la automoción.

Poco tiempo después continúan su actividad en un lugar próximo. En ese instante toca apretar de forma precisa y ordenada con una llave dinamométrica los diez tornillos que sujetan la culata de un Seat 600 a su bloque motor, que está debidamente fijado a un soporte móvil.

Mientras tanto, otro paciente se acerca a los paneles en que están colgadas ordenadamente numerosas juntas. Toma la que necesita para proceder a instalarla en un coche que está reparando…

Media hora después, uno de los pacientes procede a sustituir las zapatas y bombines de los tambores traseros a un Seat 133, labor que en su segundo curso domina con soltura.

Aprender con la práctica, y con un viaje

Encontramos de nuevo trabajando sobre un Mini al joven que se había provisto de una junta. Sigue en su cometido sobre el famoso utilitario, que aún carece de asientos y cuyo motor transversal está todavía en el proceso de restauración y montaje de todo el sistema de refrigeración.

Además del tiempo dedicado a la restauración, hay también horas para la formación. En esta actividad los maestros de taller se sirven acertadamente del recurso a materiales veteranos que se utilizaban para enseñar mecánica. Por ejemplo, este conjunto parcial de la fotografía adjunta que muestra la dirección, los tres pedales y el eje delantero completo de un Seat 600.

Como podéis suponer, estos pacientes están ya en el segundo curso y ya han adquirido habilidades durante el tiempo de aprendizaje. En cualquier caso, lo más importante es que su trabajo les ha servido para demostrarse a sí mismos que son capaces de rehabilitar vehículos, a la vez que les ha permitido abandonar su adicción y recuperar su propia autoestima.

Cuando ya se acabe el segundo curso, los pacientes tendrán una ocasión muy especial de rematar su periodo de formación. Ya con la primavera bien avanzada, participarán en un viaje en grupo, en el que podrán conducir los coches que ellos mismos han restaurado y disfrutarán libremente de los paisajes y las visitas que programará la Asociación Egueiro.

De esas sucesivas excursiones de fin de curso queda constancia en los carteles de distintos colores expuestos en la corchera. Ello les sirve de acicate, porque comprueban que en los años previos los alumnos realizaron excursiones a Segovia, Soria, Huesca y Pamplona

Asimismo, en 2015 cubrieron el Camino de Santiago a bordo de sus clásicos desde Valls a la Colegiata de Roncesvalles y desde el templo navarro hasta llegar a la ciudad compostelana. Regresaron después a Valls del mismo modo y ayudaron en los escasos incidentes mecánicos sufridos.

Otros detalles de la Asociación Egueiro

Además de la restauración de clásicos populares, en otros centros consiguen un objetivo similar con la enseñanza de fotografía, jardinería y carpintería.

Los programas de desintoxicación realizan terapias para suprimir la adicción al alcoholismo, a los opiáceos o a la cocaína.

El edificio del centro de tratamiento fue anteriormente una fábrica de curtidos, que los propios alumnos contribuyeron a desescombrar y reformar.

Nota final: Nuestro agradecimiento a Jame Vilanova, director del centro, y al maestro de taller Jaume Cabot, así como a todos los trabajadores y pacientes alumnos de la Asociación Egueiro.

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