El coche de Hans Grade

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Parte de los avances de los alemanes en la construcción de automóviles se debe a la prohibición de fabricar aviones, un hecho dado después de la Primera Guerra Mundial y que se repetiría después de la segunda contienda. Con ello los países aliados pretendían evitar que tuviesen nuevamente una industria capaz de fabricar material bélico de vanguardia, si bien todas estas prohibiciones no sirvieron para nada, ya que los ingenieros aeronáuticos germanos transfirieron sus grandes conocimientos y su desbordada inquietud a otras industrias como la automovilística.

Buen ejemplo de lo dicho es el cochecito Grade que nació después de la Gran Guerra, pionero en temas tan relevantes como la economía de construcción. El Grade tenía una estructura más ligera y con menos piezas para reducir costes y mantenimiento; o sea, que es otro antecedente más de automóvil para el pueblo. Como acabamos de decir, su detalle más llamativo fue la reducción de componentes: un automóvil convencional en aquellos años llevaba más de 2.000 piezas, mientras que el que hoy nos ocupa solamente empleaba 300.

Por lo tanto, había mucho menos que se pudiera romper o gastar. Con esta política se podían reducir los costes de producción y de materiales y ofrecer el automóvil a un precio mucho más competitivo; de esta manera, la empresa de Hans Grade podía acceder a un nuevo sector de clientes que antes no se podían comprar un automóvil. El resultado fue que el cochecito se convirtió durante algunos meses en el automóvil pequeño más vendido en Alemania.

Pie de foto
El sencillo Grade aseguraba una mayor fiabilidad

Grade, el pionero de la aviación

H. Grade voló en 1908 en el primer avión motorizado de Alemania, a ocho metros de altura y a lo largo de unos 60 metros de distancia. Según cuenta la historia, este hecho fue, como muchos otros, consecuencia de un acontecimiento inesperado: Cuando Grade probaba la estabilidad del avión en una pista, se cruzó su esposa en el camino y tuvo que decidir si arrollarla o utilizar la palanca para levantar el avión del suelo.

Optó por lo segundo… y voló. Un año más tarde ganó un prestigioso y bien dotado premio al conseguir describir un ocho alrededor de dos marcas situadas a un kilómetro de distancia la una de la otra, y aterrizar sin problemas. Los 40.000 marcos alemanes obtenidos con esa hazaña los invirtió en la creación de su propia fábrica de aviones y en una escuela para futuros pilotos. Además inauguró un servicio postal aéreo entre dos localidades alrededor de Berlín.

Pero el Tratado «de paz» de Versalles, redactado al final de la Primera Guerra Mundial, prohibió a Alemania la producción de aviones lo que dejó a Grade en una situación bastante precaria. Intentó sin éxito vivir solo de arreglarlos, pero tuvo que cerrar sus instalaciones poco después. Encontrándose sin poder trabajar con sus queridos pajaros, encaminó entonces sus inquietudes técnicas hacia el campo automovilístico; volvería a sus andanzas con motos y motores, temas que entendía a la perfección, y también con el automóvil de tamaño pequeño asequible para casi todo el mundo.

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1- Hans Grade pone en marcha uno de sus aviones (Gracias a Valentin Izagirre)
2- Como veremos, el Grade ofrecía unas aptitudes «camperas» muy a tener en cuenta

Con anterioridad, Hans Grade había construido y patentado en 1905 un motor de gasolina de dos tiempos, que montó en un ciclomotor diseñado por él mismo. Grade producía tanto la moto como los motores en una fábrica ubicada en Bork, desde donde pronto también salieron propulsores para barcos y motorizaciones industriales de hasta 150 CV de potencia. También desarrolló un motor rotativo de 80 CV (¡!).

En 1915, en plena guerra mundial, probó un curioso auto con asientos en tándem al que había implantado una mecánica propia de un cilindro de dos tiempos y 9 CV de potencia. La transmisión se realizaba mediante una correa de cuero a las ruedas traseras. Fue solo un concepto, pero con buenas prestaciones y una velocidad de unos 75 km/h, además de una sorprendente ligereza que no le restó aptitudes (más bien todo lo contrario) en la pista de aterrizaje donde fue probado. En aquellos momentos el ingeniero aún no se imaginaba que pronto tendría que vivir de sus coches.

Creó su propia empresa de automóviles en 1921, primeramente una sociedad privada, para meses después optar por una de carácter anónimo con sede en Berlín gracias al apoyo de una entidad bancaria y un consorcio para la fabricación de motores industriales. Allí nació el primer modelo fabricado en serie, el F1, con motor de un cilindro de 12 CV y 850 cc. Más tarde ofrecería versiones con mecánicas de 14-16 CV de dos cilindros (F2 y F2a) y una de 24 CV de cuatro cilindros, el F4.

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1- Bastidor del F1, con una distribución de pesos adecuada
2- Vista frontal de un cochecito bien pensado

 

Continúa en la Página 2…

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