Dos décadas sin Ayrton Senna

No parece que haya sido tanto tiempo, pero ya han pasado veinte años desde que el muro de hormigón de la tristemente famosa curva del Tamburello, en el Autodromo Enzo e Dino Ferrari de Imola. frenara de golpe la laureada carrera del que para muchos (entre los que me incluyo) ha sido el mejor piloto de Formula 1 de todos los tiempos...

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El GP de San Marino de hace veinte años comenzó mal, muy mal. Durante los entrenamientos del viernes, Rubens Barrichello sufrió un aparatoso accidente por el que quedó inconsciente dentro de su Jordan, afortunadamente sin mayores consecuencias. Durante la clasificación del sábado, el alerón delantero del Simtek de Roland Ratzemberger se rompió y, sin apoyo en el tren delantero, su coche siguió recto en la curva Villeneuve a más de 300 Km/h hasta chocar brutalmente contra un muro. El piloto falleció en el acto. En el bolsillo del mono de Senna, en el momento de su muerte, había una bandera de Austria con la que quería homenajear a Ratzemberger en el caso de haber conseguido la victoria.

Me viene a la memoria aquella tarde del primero de mayo de 1994, viendo en directo por televisión el maldito gran premio. La carrera comenzó siguiendo la tónica del fin de semana, con un accidente en el mismo momento de la salida, motivo por el que se decidió que el «pace car» irrumpiera en la pista hasta ser retirados los trozos de los coches siniestrados. Cinco vueltas después se reanudó la competición. Senna daba el séptimo giro liderando la prueba seguido de Michael Schumacher; al llegar a la difícil curva del Tamburello fuimos testigos de cómo el monoplaza con el número 2, incomprensiblemente, se salía de la trayectoria y continuaba en línea recta a unos 310 Km/h hasta estrellarse violentamente contra el muro.

Los coches de Ayrton Senna
Ilustración de Antonio Fernández Tárraga

«Los cobardes mueren varias veces antes de expirar, el valiente solo una vez prueba la muerte.»

Ayrton Senna Da Silva

El impacto fue terrible. Aún así, todos esperábamos verle salir del coche sin daños graves, como suele ocurrir en la Fórmula 1 moderna. Enseguida nos dimos cuenta de que este accidente había sido diferente: su casco amarillo se descolgaba por el lateral del coche, de tal forma que se adivinaba que el piloto estaba inconsciente. Pasaron unos minutos de desconcierto lógico, hasta que vimos cómo las asistencias sacaban de los restos del bólido su cuerpo inerte y los médicos le practicaban una traqueotomía ocultando la maniobra con una sábana verde. Aquello tenía muy mala pinta…

Diecisiete minutos después de la colisión era trasladado en helicóptero al hospital de Bolonia. Cuatro horas más tarde, se comunicó oficialmente la macabra noticia: Ayrton Senna da Silva había fallecido como consecuencia de las lesiones producidas en su cerebro por el impacto sufrido en la cabeza de una parte de la suspensión y de la rueda delantera derecha de su Williams. Además, una pieza entró por la visera del casco originándole una hemorragia en la arteria temporal. Nadie podía creerlo, era imposible, un genio como Senna no podía morir con 34 años, ¡qué tontería! Recuerdo que no pude contener las lágrimas; como yo, cientos de miles de personas en todos los rincones del mundo.

Desde ese momento se desató la polémica. Comenzaron a surgir un montón de preguntas: ¿Por qué no se suspendió la carrera tras la muerte de Ratzemberger? ¿Por qué no se detuvo la prueba después del accidente de la salida y se sacó a pista el Pace Car? ¿Senna murió en el circuito o en el hospital? ¿Por qué se permitió el acceso al coche siniestrado a los miembros de la escudería Willams? Y la más importante, ¿qué ocurrió para que se produjera tan dramático suceso? Todavía hoy algunas de estas preguntas no tienen respuesta o, mejor dicho, determinadas respuestas no satisfacen a todo el mundo.

Ayrton Senna a bordo de Lotus, 1986 (Cedida por el Instituto Ayrton Senna)
Ayrton Senna a bordo de Lotus, 1986 (Cedida por el Instituto Ayrton Senna)
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El Accidente de Ayrton Senna: ¿Qué ocurrió?

En un principio y durante bastante tiempo se pensó que lo que provocó el accidente fue la fractura de la barra de dirección del monoplaza. El piloto no se encontraba cómodo a los mandos del coche y solicitó el alargamiento de dicha barra para acercarle un poco más el volante. Una deficiente soldadura en la pieza que se añadió podría haber originado el desastre, pues el eje apareció partido en ese punto.

Durante el juicio celebrado contra los responsables del equipo Williams, no se pudo determinar si la rotura de la mencionada barra ocurrió antes o después del impacto contra el muro; por tanto, no se resolvió el enigma que explicara el fatal desenlace. Años más tarde, tras la apelación de la fiscalía, se llegó a la conclusión de que ocurrió antes de la colisión, señalando como único responsable del homicidio involuntario de Ayrton al director técnico de la escudería, Patrick Head, a quien no se le pudo imponer pena alguna al haber prescrito el delito.

Senna gana el GP de Mónaco de 1992 (Cedida por el Insituto Ayrton Senna)
Senna conquista su primer título, 1988 (Cedida por el Instituto Ayrton Senna)

Desde entonces, numerosos investigadores han seguido buscando una explicación del accidente, y la versión que de momento parece más verosímil y aceptada, gracias a la tecnología empleada, es la de que el coche perdió la adherencia con el asfalto cuando, al tomar la curva a altísima velocidad, se cortó el flujo de aire que pasaba por debajo del monoplaza. Al tocar éste con el suelo en un momento crítico, y perdiendo durante una fracción de segundo el efecto suelo (o ala invertida) que empuja al coche contra el asfalto, provocó que el piloto perdiera el control de la dirección y se dirigiera derecho hacia el exterior de la pista, resultando imposible reducir suficientemente la velocidad en los quince metros que le separaban del muro, todo ello como consecuencia de que los neumáticos habían perdido temperatura, presión y altura al dar cinco vueltas a baja velocidad tras el «Safety Car» o «Pace Car», como se denominaba entonces.

De todos modos, no hay mas que emplear un poco de tiempo en buscar vídeos y artículos por la red para darse cuenta de que sigue habiendo muchísima gente que no está de acuerdo en absoluto; siguen estando convencidos de que la rotura de la barra de dirección fue la que provocó la tragedia, porque ven en la anterior teoría una ligera responsabilidad del piloto, o un mal control por su parte, y cuando hablamos de un mito no es fácil asumir que éste hubiera podido cometer un error, por mínimo que fuera, que le hubiese costado la vida.

El piloto, el ser humano

Ayrton da Silva -en verdad Senna era su segundo apellido- nació en Sao Paulo el 21 de marzo de 1960, en una familia acomodada. Con cuatro años, su padre, Milton da Silva, le regaló un primer kart hecho especialmente para él, pues no existía ninguno del tamaño necesario para tan escasa estatura. Aquello desató la pasión del pequeño Ayrton por los autos de carreras. Poco después, con ocho años, le compró ya un kart de verdad con el que entrenaba en el circuito de Interlagos y con el que acudió a su primera carrera privada, pero no fue hasta haber cumplido los trece años cuando ya pudo oficialmente empezar a competir en karting, categoría en la que destacó ganando varios títulos brasileños y realizando grandes actuaciones a nivel internacional. En 1981 decidió hacer las maletas e intentar fortuna en la Fórmula Ford británica y, a partir de ese momento, su carrera fue imparable.

El currículum de Senna es impresionante, en las fórmulas de promoción ganó los tres certámenes en los que participó. En las 11 temporadas que estuvo en la categoría reina disputó 161 grandes premios y venció en 41 ocasiones, de las que 6 fueron en el gran premio de Mónaco. Hizo 65 pole positions (cifra tan sólo superada por Schumacher), ganó 3 campeonatos y 2 segundos puestos, y hay que tener en cuenta que estos resultados los consiguió batiéndose el cobre con pilotos de la talla de Niki Lauda, Nelson Piquet, Keke Rosberg, Nigel Mansell, Alain Prost y Michael Schumacher (todos ellos campeones del mundo), circunstancia que le da aún más mérito.

Los coches de Ayrton Senna
La rivalidad del piloto brasileño con Alain Prost ha hecho historia (Cedida por el Instituto Ayrton Senna)

Podría haber llegado a ser el piloto más laureado de todos los tiempos, sólo le quedaba hacerse con dos campeonatos más para igualar a Fangio, objetivo nada descabellado si tenemos en cuenta que en el momento de su muerte conducía para uno de los mejores equipos, Williams-Renault. Si lo hubiese conseguido habrían sido dos títulos menos para Schumacher, pero claro, todo esto son especulaciones que nunca se podrán comprobar. Con las cifras en la mano quien ostenta actualmente ese título es el alemán, que como todos saben sigue recuperándose muy lentamente del gravísimo accidente que sufrió hace un año esquiando.

Fue un ídolo de masas en todo el mundo, pero especialmente en Brasil. Toda la nación lloró su pérdida, a su entierro acudieron aproximadamente 250.000 admiradores y le despidieron con honores de jefe de estado. Sus triunfos se celebraban como las victorias de la selección canarinha de futbol, era tal su carisma que incluso tuvo su propio personaje de cómic llamado Senninha con él se pretendía dar ejemplo a las generaciones más jóvenes de brasileños.

Siempre de forma anónima, estuvo muy comprometido socialmente, fue muy generoso con las organizaciones de ayuda a los necesitados. De hecho, veinte años después de su muerte, su legado sigue en plena vigencia: «La Fundación Ayrton Senna» se dedica a ayudar a los niños brasileños más desfavorecidos, obteniendo buena parte de los ingresos generados por el merchandising de la marca Senna; y hablamos de cantidades realmente importantes, pues sus productos siguen siendo muy codiciados. Todos los habitantes de este planeta, aunque hayan nacido después de 1994, saben quién era Senna y reconocen sin dudar al propietario del famoso casco amarillo.

Los coches de Ayrton Senna
Hacia la victoria a los mandos del McLaren MP4/4 Honda Turbo (Cedida por el Instituto Ayrton Senna)

Magia bajo la lluvia

Tenía unas profundas creencias religiosas, de las que siempre hacía gala. En ocasiones hizo declaraciones un tanto místicas, asegurando que Jesús se le había aparecido en algunos circuitos y se comunicaba con él, lo que provocó ciertos cachondeos dentro del mundillo de la Formula 1. Con Senna se cumplía esa norma de que los genios tienen ese puntito de locura que los diferencia del resto de los mortales.

Quienes le conocieron más profundamente hablan de él como una buena persona, un tanto tímido al principio, pero simpático y bromista, a quien le costaba muchísimo abrirse a los demás pero que cuando lo hacía con alguien, esa persona siempre encontraría su mano tendida. Con los pilotos que mejor relación tuvo fueron Mauricio Gugelmin, con quien compartió casa en Inglaterra durante varios años, Rubens Barrichello, su pupilo, a quien le unió una profunda amistad, y Gerhard Berger, compañero de escudería desde el 90 al 92, con quien compartía mucha información y mantuvo una relación de confianza y respeto mutuo.

Los coches de Ayrton Senna
(Cedida por el Instituto Ayrton Senna)

Fue un piloto muy polémico: su mentalidad ganadora, su agresividad en la pista y fuera de ella (llegó a las manos con más de un piloto), así como su falta de diplomacia le hizo ganarse no pocas críticas de sus colegas, de la prensa y de las autoridades deportivas. Casualmente el presidente de la FIA de esa época, Jean-Marie Balestre, era de la misma nacionalidad que Prost, su principal enemigo en los circuitos, por lo que recibió sanciones “demasiado ejemplares” que le afectaron de tal forma que incluso estuvo a punto de retirarse. En la memoria de todos están las imágenes de los accidentes del gran premio de Japón de las temporadas 89 y 90 que saturaron las páginas de la prensa deportiva y que se saldaron con un campeonato para el francés y otro para el brasileño.

Pero lo que es absolutamente indiscutible, en lo que todo el mundo está de acuerdo, es en que fue un piloto fuera de lo normal, con un talento superlativo. Su conducción era espectacular y valiente, hacía adelantamientos imposibles, él mismo llegó a decir que «se puede adelantar en cualquier curva, sólo hay que encontrar el momento adecuado». Sobre asfalto mojado no tenía rival, en todas las carreras en las que llovía la emoción estaba en saber quién le iba a acompañar en el podio.

También tenía su punto débil, ya que le sacaba de quicio correr detrás de otros coches y no soportaba que alguien le adelantara. Bajo estas circunstancias podía cometer errores, por eso siempre que le era posible aplicaba la estrategia de salir el primero, alejarse en las primeras vueltas y administrar con cabeza el resto de la carrera y la máquina. Con el paso del tiempo aprendió a controlar aquellos grandes defectos.

 

Mas: Los coches de Senna en miniatura ¡No te lo pierdas!

 

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2 Comentarios

  1. avidal
    Ene 8, 2015 en 23:37 — Responder

    Estoy deseando ver la continuacion….!

  2. Ene 9, 2015 en 11:36 — Responder

    No te defraudará. Lo mejor está por llegar.

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