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Detroit toca fondo



Kevyn Orr, gestor de emergencias de Detroit y máxima autoridad del gobierno municipal, presentó el pasado día 18 de julio ante los tribunales la petición de bancarrota de la famosa autocity. Atrás quedan sesenta años de decadencia durante los que la ciudad del automóvil por antonomasia ha perdido cientos de miles de puestos de trabajo y habitantes.

La magnitud de la deuda se estima de 18 a 20.000 millones de dólares, y no se espera que el gobierno federal presidido por Barack Obama se haga cargo de ella. Quizá sea refinanciada por Rick Snyder, gobernador del estado de Michigan, si bien esto tampoco es seguro. Lo que sí es más probable es que Motown por fin haya tocado fondo.

Para la mayoría de los aficionados la situación en la que se encuentra Detroit no es una sorpresa, ya que desde hace años asistimos a través de los medios de comunicación a su paulatino derrumbamiento. Las imágenes de la ciudad, asimiladas a las de la abandonada fábrica de Packard, han dado la vuelta al mundo y constituyen un elocuente testimonio de lo efímero de la creación humana.

La ya conocida Estación Central de Michigan, en Detroit
La ya conocida Estación Central de Michigan, en Detroit (Por Emily Flores)

Detroit apenas tenía 260.000 habitantes cuando, en 1900, se convirtió en un polo de desarrollo industrial. Se trataba de una especie de Silicon Valley del automóvil en el que las marcas surgían por docenas -en 1907 lo hicieron nada más y nada menos que 82- y en donde la innovación tecnológica poco a poco daría lugar a los mejores coches anteriores a 1945.

Y es que el mundo de la competición estaba copado por las máquinas europeas, pero las calles de las grandes ciudades… eso era otra cosa. Las marcas americanas, concentradas bajo el paraguas de General Motors, Ford y Chrysler, hicieron los automóviles más confortables, veloces y tecnológicamente avanzados de su tiempo.

Dichos conglomerados abastecían al primer mercado de masas de la Historia, un modo de vida que tan solo llegaría al Viejo Continente a partir de la década de los años cincuenta. Entre 1910 y 1950 la población yanqui pasó de 92 a 150 millones de habitantes, y todos aquellos que se convirtieron en cabezas de familia quisieron tarde o temprano un automóvil suministrado por una de las Big Three de Detroit.

Aquellos fueron los buenos tiempos...
La ciudad vivió sus mejores momentos durante la primera mitad del S. XX (Por Stefan Munder)

Por su parte, la población de la autocity, estimulada por las oportunidades que ofrecía la boyante industria automovilística, creció hasta 1.6 millones de habitantes en 1930, hasta 1.8 en 1950, año en que alcanzó su mayor populosidad. Dada la naturaleza netamente obrera de las cadenas de producción y la dura labor que en ellas se llevaba a cabo, los trabajadores se organizaron en sindicatos negociando favorables condiciones salariales y de trabajo.

Vivir en Detroit y ser empleado de una de las Big Three era, a comienzos de 1960, haber cumplido el sueño americano. Seres humanos humildes, a través de su esfuerzo y constancia en el trabajo, se habían ganado el derecho a entrar en la clase media y a disfrutar de un estilo de vida suficientemente desahogado que incluyera casa con jardín, televisión y dos coches. Veinte años después el salario por hora todavía era un 32% superior a la media nacional.

No todo era progreso, es cierto, habiendo una importante segregación racial que dio lugar a los incruentos y conocidos disturbios de 1967. Ante la fama de la ciudad una gran cantidad de población de raza negra había venido del sur para establecerse y prosperar como los demás, y hoy en día, lastrada por el racismo encubierto que aun pervive en la sociedad norteamericana, es la única que queda.

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Otro ejemplo del arte industrial propio de un entorno único: los fantásticos murales con que Diego Rivera decoró edificios de la ciudad (Por Quick fix)

Entre el cielo y el infierno

El hecho de tener un mercado seguro hizo creer a General Motors, Ford y Chrysler que podían pasar sus costes salariales al consumidor final. Pero este panorama cambió progresivamente con la llegada de los coches japoneses que, aunque a finales de los años sesenta no parecían ser una amenaza, con la crisis económica de los setenta comenzaron a ganar terreno alarmantemente. Las otras Big Three, Toyota, Nissan y Honda, darían una suerte de jaque mate a General Motors y Chrysler cuando estas últimas se declararan en quiebra en 2009, habiendo cedido aproximadamente la mitad del mercado estadounidense a las marcas de vehículos procedentes del país del sol naciente.

La pérdida de competitividad comenzó en la inmediata posguerra y la inercia la ha arrastrado practicamente hasta nuestros días; junto con una mala gestión política prolongada en el tiempo y la deslocalización empresarial haría que Detroit empezara a sangrar hasta perder aproximadamente la mitad de su población. Actualmente viven en Motown unas 700.000 personas, de las cuales un 82% son de raza negra y están poco formadas. La renta per capita es de 15.200 dólares anuales, extremadamente baja para el país.

La población blanca pronto se trasladó a las afueras, donde la calidad de vida era mejor, convirtiendo, voluntaria o involuntariamente, a la ciudad en un gueto. En buena medida, la industria del automóvil también voló en busca de estados y territorios extranjeros donde los sindicatos fueran menos poderosos. Tan sólo desde 2000, Detroit ha perdido alrededor de 250.000 habitantes.

Pie de foto
Según datos oficiales, más de 78.000 inmuebles se encuentran en situación de abandono (Por Bob Jagendorf)

Y, sin embargo, su extensión sigue siendo de 360 Km2, más o menos la misma que hace sesenta años. El coste de mantenimiento es sencillamente inasumible y, por ello, un 40% del alumbrado urbano no funciona y hay más de 78.000 edificios abandonados. El tiempo medio para atender una emergencia es de 58 minutos, y la cifra de desempleo es del 16% y la de criminalidad se ha disparado. Son solo algunos indicadores estadísticos de una situación urbana que podríamos calificar como desastrosa.

El plan para la recuperación de la autocity es el habitual hoy en día, siendo su fundamento los recortes en servicios públicos, en pensiones y en la deuda contraída con los inversores en bonos municipales. También, su reconversión, como han llevado a cabo otras ciudades americanas con problemas, hacia un sector económico viable, probablemente tecnológico, de servicios o financiero que no tenga nada que ver con la industria del automóvil. Finalmente, es necesario reconfigurar su espacio.

Desde La Escudería deseamos lo mejor a la nueva Detroit, a la vez que le pedimos que no olvide su memorable pasado.
 
 

 

Crédito de foto principal
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2 Comentarios

  1. Jul 31, 2013 en 19:31 — Responder

    Pues,particularmente, a mí, a pesar de ser casi,una crónica de una muerte anunciada; me entristece mucho esta noticia: Mi gran afición por los coches fué a través de los americanos,que tuvo mi padre,modelos de años cuarenta/cincuenta;yo aunque era un crío,aún recuerdo,el olor a coche nuevo,mezcla de cauchos,plásticos,que no se expresar,que se concentraban en la cochera de casa; olores que,a veces,me afloran; junto con todos esos recuerdos. Ahora,tengo uno del 1951, pero no es lo mismo…..No huele igual,que aquellos.

    • Javier Romagosa
      Ago 1, 2013 en 10:14 — Responder

      Quizá toda la ciudad tenía un olor especial. Y un alma, y un carácter. Me pregunto si las grandes urbes no estarán perdiendo esto…

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