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Crónica Jarama Vintage Festival

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El pasado domingo 9 de junio acudí, junto con mi fotógrafa, a Jarama Vintage Festival. A la vista del programa, lo cierto es que lo hacía algo escéptico. Tal y como publicamos en una noticia cuatro días antes, se habían organizado diversas actividades, pero creía -y creo- que ninguna de ellas revestía la entidad suficiente como para, por si sola, justificar la asistencia al festival madrileño.

Ni las carreras de motos ni las de coches parecían ir a llenar el espacio que el espectador desearía. Escasas y de no demasiada importancia -a excepción de las de la Copa de España de Velocidad de motociclismo-, se diluían en un programa de pista lleno de entrenamientos y desfiles, quizá planificados en mayor medida de lo esperado para suplir en este ámbito la carencia señalada. Competencias de Caterham con motores modernos Kia y cinco F1’s del Lotus Classic Team rodando en solitario complementaban al plato fuerte automovilístico del evento, las Series Históricas de Resistencia hispano-lusas. ¿Para qué?, podría pensarse.

En lo que respecta al paddock, se esperaba la asistencia de los vehículos antiguos de los propietarios de diversos clubes, que serían acompañados por todos aquellos aficionados que comprasen una de las entradas que daban derecho a estacionar los suyos en este privilegiado aparcamiento. ¿Cuántos habría? No se sabía con certeza. Tampoco estaba muy claro la substancia que podría tener una miniferia, ClassicAuto Summer, que anunciaba unos 7.000 m2 de espacio de exposición.

Unos asistentes adecuadamente ataviados
Unos asistentes adecuadamente ataviados

Pues bien, en contra de mis pronósticos, el Jarama Vintage Festival funcionó. Y es que la clave residía no en la consideración de cada uno de los elementos de su oferta por separado, sino en su conjunto, que finalmente consiguió meter de lleno a los numerosos asistentes al festival en el mundo del motor histórico.

Los organizadores supieron combinar de manera satisfactoria los ingredientes de la fórmula con los que contaban. En mi opinión, jugaron su mejor carta al paddock, que se convirtió en un centro de operaciones en el que no parabas de ver pequeñas cosas que sumaban puntos de cara a una posterior valoración global del evento: actores, gente disfrazada, cantantes en directo, radio, o coches y motos antiguas a tutiplén -menos mal-, tanto parados como en movimiento. Junto con los viejos autobuses de la EMT, que incluso recorrían de vez en cuando el circuito, y los taxis de los años sesenta, los artículos vintage de la pequeña feria, si bien en cantidad insuficiente -todo hay que decirlo-, conseguían despertar la nostalgia. El ambiente estaba conseguido.

Mientras, en la pista, rodaban unas carreras modestas pero que en algunos casos colmaban las ansias de velocidad del público más exigente. Sobre todo la carrera de resistencia, cuyos inscritos no dudaron en salir a dar el espectáculo. En el breve rato que estuvimos a pie del trazado tuvimos la oportunidad de apreciar, en general, sus ganas de correr y, en particular, tres cruzadas, un trompo y un frenazo a punto de colisión. Sin duda habían salido a hacernos disfrutar, al menos en las curvas Le Mans y Farina.

Credit: Dani Linero, desde Youtube. Aunque el vídeo es de baja calidad, transmite muy bien el fantástico ambiente de la carrera de resistencia

Pero lo verdaderamente importante de las carreras era el característico cerco al paddock y el sonido con el que lo inundaban. Más aun cuando los competidores entraban al circuito, momento estruendoso por antonomasia. La gente, sencillamente, se apiñaba alrededor de, por ejemplo, el depósito de motos mientras sus jinetes se preparaban para salir. No despertaban menos entusiasmo los Lotus de F1 del Lotus Classic Team, entre cuyos monoplazas se encontraban dos John Player Special. La dosis de gasolina, en combinación con el resto de factores antes mencionados, estaba bien calculada para no defraudar.

Por último, es de destacar la magnífica exposición de motocicletas de campo que, a media mañana, corrieron un par de mangas de motocross clásico no muy bien anunciadas.

En definitiva, a mi parecer los promotores de Jarama Vintage Festival han logrado un producto aceptable, bien organizado, que en su tercera edición podemos considerar ya como afianzado. Desde La Escudería queremos felicitarles y darles las gracias, así como también animarles encarecidamente a seguir trabajando para, en el futuro, poder aprovechar todavía más las enormes posibilidades que por concepto y escenario ofrece su planteamiento.
 
 
 
 

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