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Collection Car Gante: Una pica en Flandes

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La ciudad de Gante resuena en los libros de historia de España como el lugar donde tendría su inicio el imperio, con el nacimiento de Carlos I, el 24 de febrero de 1500. Más recientemente, Gante nos recuerda el récord de velocidad alcanzado por un Pegaso Z-102 en septiembre de 1953 en la vecina localidad de Jabbeke, a escasos minutos de distancia, en la autopista que une Bruselas con Ostende.

En el recinto de exposiciones Flanders Expo Gent, justo al lado de dicha autopista, tuvo lugar, como cada año, la última edición de Collection Car, celebrada durante los días 16 y 17 de febrero de 2013.

Con la desaparición al inicio de la crisis económica del famoso Brussels Retro Festival de la capital belga, los salones regionales que han sobrevivido aumentan su importancia al atraer al público y a los expositores de los eventos que van abandonando la carrera. Flandes, una de las tres comunidades que componen la Bélgica actual, tiene gran dinamismo en el mundo de los coches clásicos y en su suelo se organizan diversas manifestaciones de interés, siendo las más conocidas la de Gante y la de Amberes (de la que tendremos ocasión de hablar en su momento).

Acabados de fibra y plástico en los primeros Citroën DS
Acabados de fibra y plástico en los primeros Citroën DS

En la presente edición, se pudieron admirar numerosos e interesantes “old» y «youngtimers”. Es decir, había tanto vehículos veteranos como oleadas de modelos más recientes de la industria automovilística, que se imponen tanto por su mayor facilidad de utilización cotidiana como por sus precios más asequibles y que, poco a poco, van pasando a las categorías dignas de formar parte de las colecciones constituidas con el mayor esmero.

Uno de los automóviles que despierta un creciente interés es el Citroën DS, cada vez más presente y en mayor número en los salones de clásicos europeos. Había varias versiones que lo representaban bien en Gante, incluido un descapotable Chapron en curso de restauración, y que dejaban admirar la evolución en los detalles de construcción y de estilo a través de sus diferentes variantes: 19, 21 y 23.

Para las primeras series de este modelo, se adoptó un techo de fibra de vidrio sin pintar, con el pretexto de ahorrar peso en un lugar alejado del centro de gravedad. En realidad, se trataba de un aspecto económico en tiempos de penuria de metales para la industria francesa, extremo que demostraron las evoluciones posteriores con su techo de chapa pintada cuando la situación mejoró. Del mismo modo, los famosos intermitentes traseros con forma de cucurucho eran de plástico en los 19 y de metal cromado en los 21 y 23, como se puede observar en las fotos de la galería. En cuanto a precios se refiere, un DS19P de 1965 estaba en venta por 9.800 euros, mientras que un DS23 Pallas de 1973 doblaba esa cantidad, ofreciéndose por 18.000.

Para quien no pueda permitirse un Bugatti, un Amilcar CGS de 1924 es una buena alternativa
Para quien no pueda permitirse un Bugatti, un Amilcar CGS de 1924
es una buena alternativa

Otro coche a destacar tanto o más que los DS presentes, fue un SM de 1973 -con su motor V6 Maserati-, con sólo 70.000 km y sin restaurar, puesto en venta por 16.000 euros. El SM, hermano deportivo del DS, nunca consiguió la fiabilidad ofrecida por este último, ya que el atractivo paso a una motorización italiana, así como la compleja dirección de asistencia variable en función de la velocidad, no llegaron a desarrollarse suficientemente.

De la misma época, un Porsche 911T 2.2 de 1970 cambiaba de manos por 35.000 euros. Mientras, en un stand vecino, se dejaban admirar restauraciones de gran calidad, descubriendo los secretos de construcción del Jaguar E, con su peculiar sistema mitad autoportante, para el habitáculo y la parte posterior, mitad tubular, para el alojamiento del motor y soporte de su enorme capó delantero basculante. Entre los youngtimers se afianza el Porsche 924 en todas sus versiones. Uno de los más atractivos, sin ningún género de dudas, es el 924 Carrera GT, modelo que se está revalorizando entre los seguidores de la marca que antes lo excluían por su motor delantero.

En el apartado de veteranos, de marcas y modelos poco frecuentes, cabría destacar un Renault AG de 1910, que prestó servicios como taxi en su vida activa y que ahora está en venta por 37.500 euros. No de menor interés, un Clement Bayard de 1913 se ofrecía por 19.500 euros. Más deportivo, un Amilcar CGS de 1924 Panigoni barqueta de competición recordaba los Bugatti de su tiempo, aunque con una cotización de 56.500 euros, más modesta que la de sus contemporáneos de Molsheim.

Elegante Ford Thunderbird bicolor con su techo duro
Elegante Ford Thunderbird bicolor con su techo duro

Las alusiones a la cinematografía son frecuentes en los salones de clásicos. De ese modo, un aficionado de la marca De Lorean presentaba una fiel réplica del coche protagonista de la película Regreso al Futuro. Para que se pudieran observar las diferencias, al mismo tiempo aportaba codo a codo uno de los famosos coches con carrocería de acero inoxidable sin pintar, en estado original.

Un Ford Thunderbird bicolor, azul con techo duro blanco, recordaba la película American Graffiti, pero el que realmente sorprendía era un hermano suyo con únicamente 864 millas en el contador. El kilometraje es auténtico, ya que el coche fue adquirido con el propósito de coleccionarse en estado completamente original, lo cual es una lástima porque, a pesar de permitirnos observar una pieza única, impide su disfrute en carretera.

Más modesto sin duda, pero no exento de cierto interés, era un Citroën 2CV Manx MX3 de 1994, que traía a la memoria las diferentes modificaciones y kits disponibles para aligerar el modelo de serie, con los que se aumentaban las prestaciones del modesto motor de dos cilindros opuestos refrigerados por aire. El MX3, una evolución del MX1, era comercializado por el especialista Rico Vehicles de Gran Bretaña, que cuenta con experiencia en trabajos sobre bastidores Lola, Lotus y McLaren.

Curioso Citroën 2CV Manx MK3
Curioso Citroën 2CV Manx MK3

Auto Union conoció su época dorada en el período de entre guerras, con los fenomenales coches de carreras de motor central diseñados por Ferdinand Porsche, padre. Después de la II Guerra Mundial, Auto Union debió contentarse con una evolución hacia coches utilitarios y baratos de construir, vendiendo a través de DKW todo tipo de vehículos con motores de dos tiempos. Un ejemplo de ello era el DKW F11 expuesto en el stand del Club Auto Union-DKW de Bélgica, modelo fabricado entre 1963 y 1965 y dotado de un pequeño motor de 796 cc que rendía 34 Cv.

No obstante, la marca alemana también produjo una serie de prestigio inspirándose precisamente en el Thunderbird y con pretensiones más deportivas. Se trataba del 1000SP, uno de cuyos ejemplares en perfecto estado también se encontraba en el stand del club belga.

A pesar de todos los alicientes ya detallados, el coche que sobresalía por su mayor interés y rareza era un Triumph TR3 carrozado por Mistral, del que sólo se fabricó un ejemplar. La singularidad del coche y su estado original permitían a los aficionados descubrir la historia de carroceros poco conocidos que trabajaron de forma especializada en la adaptación de coches para competición. Su propietario explicaba al autor que, aunque ha podido localizar algún Jaguar E carrozado por Mistral, en el caso del TR3 se trata de una carrocería única.

La sorpresa del salón, Triumph TR3/4 Mistral
La sorpresa del salón, Triumph TR3/4 Mistral

Otras modificaciones para hacerlo más competitivo, que incorpora la mecánica, son el tren delantero procedente de un Austin A10 y el motor, sustituido por uno de TR4. La denominación completa del coche sería Triumph TR3/4 Sport Special Microplas Mistral de 1967, construido sobre el bastidor LSR.102.BH.

En el apartado de coleccionismo, piezas de recambio, libros, revistas y automobilia, el mercado también estaba animado, con precios y ofertas a la baja, contrastando con los cantidades astronómicas de Rétromobile-París. Me llamó particularmente la atención un puesto con un extraordinario surtido de modelos Dinky Toys, fabricados por Meccano en Inglaterra. Después de haber admirado un Jaguar XK 120 Roadster de 1951 bien restaurado con un precio de venta de 82.500 euros, no pude evitar la tentación de adquirir uno de los modelos de Dinky que refleja claramente la época y el diseño voluptuoso del original (y que además era mucho más barato).
 
 

 
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