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Citroën ZX. 30 aniversario de este compacto con eje trasero autodireccional

El tiempo pasa y vehículos que hasta hace nada nos parecían de lo más común van transitando al mundo de los clásicos. Uno de ellos es el Citroën ZX, el cual cumple treinta años desde su salida al mercado en 1991. La respuesta de la marca gala a su hueco entre el pequeño AX y la berlina BX, la cual tuvo variantes tan interesantes como la 16V y soluciones técnicas como el eje trasero autodireccional.

Algunos vehículos cuentan con una producción tan amplia que apenas reparamos en ellos. Llegan a ser tan comunes, tan habituales, que no se valoran debidamente hasta que el paso del tiempo hace su labor. Momento en el que ya se encuentran fuera de nuestro parque móvil, sustituidos por modelos más avanzados a los que les vendrá a pasar lo mismo. Sin embargo, lo cierto es que el tiempo siempre pasa. Creando reflexiones sobre la importancia mecánica de esos vehículos con la llegada de aniversarios clave.

Uno de ellos lo está celebrando Citroën este año, conmemorando los treinta años del ZX y por tanto su entrada en el mundo de los clásicos. Al menos si nos atenemos a las reglas y directrices marcadas por la Federación Internacional de Vehículos Históricos (FIVA). Tres décadas que vuelven a poner encima de la mesa la importancia que tuvo este modelo en la historia de la marca gala, la cual afrontaba el inicio de los noventa con el hueco dejado tras el cese de producción del GSA en 1986.

Situación que la hacía carecer de un modelo intermedio entre el utilitario AX y la berlina popular BX. Justo el hueco que todo fabricante masivo ha de tener bien cubierto para llegar al mayor público posible: el llamado segmento C. Aquel donde se incluyen éxitos comerciales como el VW Golf, el Renault 19 o los Fiat Bravo y Brava. Competidores del Citroën ZX, el cual llegó a vender 2.130.600 unidades gracias a su versatilidad, sencillez y elementos mecánicos como el eje trasero autodireccional. El toque de innovación que nos recuerda estar ante un verdadero Citroën.

CITROËN ZX. EL INESPERADO TRIUNFO DE LA SOBRIEDAD

Para cualquier marca generalista llevar la firma de un conocido carrocero es un plus de calidad. De hecho, esto suele exhibirse de forma notoria tanto en la publicidad como en el propio vehículo como un signo de diferenciación respecto a otros modelos populares. En este sentido, Citroën usó este recurso para vestir a muchos de sus modelos con una estética futurista y original. Para ello, confió en los lápices de Bertone, quien en 1989 presentó las líneas del XM. La berlina tope de gama en Citroën, abanderada de una estética con la que la marca reafirmó su siempre marcado carácter experimental dentro del ámbito generalista.

No obstante, resulta interesante comprobar cómo tan sólo dos años después del lanzamiento del XM ocurrió justo lo contrario. Algo que se ve en las líneas del Citroën ZX, las cuales destilan un aspecto agradable y práctico incapaz de destacar o impactar. Eso sí, tampoco en lo malo, ya que la principal virtud de este modelo es el entender de forma positiva lo anodino para llegar así a un público lo más amplio y sereno posible. Justo lo contrario a lo conseguido por los siempre vistosos y polémicos diseños de Bertone. Acostumbrado a no dejar a nadie indiferente al igual que Citroën y muchos de sus atrevidos modelos.

Sin embargo, lo curioso de todo esto es que el centro de estilo de la marca contó con el apoyo de Bertone en el diseño del N2. Prototipo del futuro Citroën ZX, para el cual se hicieron diversos estudios entre los cuales los de Bertone quedaron descartados. Y eso que adaptaban elementos del XM a nuestro popular protagonista, ayudando así a crear una imagen de marca bien definida. Algo en lo que parece no estaba interesada la dirección, escogiendo finalmente los mucho más moderados y suaves diseños firmados por su centro de estilo en Vélizy. Así, el Citroën ZX es un curioso caso de coche masivo que, pudiendo haberse diferenciado con un diseño de firma, optó por algo más sencillo y convencional.

EJE TRASERO DIRECCIÓNAL. UN PUNTO DE DIFERENCIACIÓN

A estas alturas muchos estaréis pensando que el Citroën ZX no contó con la personalidad de la marca. No obstante, a pesar de no llevar suspensiones hidroneumáticas o una carrocería rompedora este automóvil de gama media sí llevó el sello de diferenciación tecnológica propio de Citroën. La prueba de ello es su eje trasero autodireccional. Una innovación mecánica dentro de su segmento para pasar mejor las curvas, haciendo que las ruedas traseras giren al compás de las delanteras anclado sobre unos tacos de goma que lo ponen en posición flotante. Un punto tan atractivo como novedoso, el cual unido a los éxitos en competición del modelo conferían al ZX un halo de calidad.

Además, la habitabilidad era buena. Elemento que se conjugaba con el buen confort de marcha habitual en los Citroën de los segmentos C y D. No obstante, a los pocos años de su lanzamiento las ventas del Citroën ZX empezaron a flaquear a pesar de contar con versiones de tres y cinco puertas junto a la ranchera. Todo ello jalonado con la interesante versión 16 válvulas, la cual ejercía de variante deportiva al estilo de los GTI del momento. Insuficiente para salvar del fin de producción al ZX, que en 1998 veía el fin para ser sustituido por el Xsara.

Una renovación con la que la marca emprendía una nueva estrategia comercial dentro del Grupo PSA. Dentro del cual dejó un gran eco, ya que el Xsara siguió usando el chasis del Citroën ZX, asumido también por el 306 de Peugeot en 1993 debido a la práctica habitual que llevaba a compartir piezas entre ambas marcas. Ahora, tras treinta años desde su salida al mercado, el ZX empieza a verse como un preclásico interesante para la afición si hablamos del 16V. No obstante, seguramente irá ganando presencia con el tiempo. En todo caso, iremos viendo poco a poco cómo le trata el mercado en esta nueva vida ya como clásico.

Fotografías: Citroën Origins

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Miguel Sánchez

Escrito por Miguel Sánchez

A través de las noticias de La Escudería, viajaremos por las sinuosas carreteras de Maranello escuchando el rugido de los V12 italianos; recorreremos la Ruta66 en busca de la potencia de los grandes motores americanos; nos perderemos por las estrechas sendas inglesas rastreando la elegancia de sus deportivos; apuraremos la frenada en las curvas del Rally de Montecarlo e, incluso, nos llenaremos de polvo en algún garaje rescatando joyas perdidas.

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