ClassicMadrid Medio

Prácticamente todos los aficionados al automóvil clásico hemos soñado alguna vez con encontrarnos un garaje, nave o cobertizo repleto de clásicos en mal estado o sin restaurar. Para qué engañarnos, nos gustan los hierros viejos, y muchos (no todos, eso sí) habríamos sido felices trabajando en un taller, rodeados de grasa y óxido. Este fenómeno está adquiriendo en los últimos tiempos un curioso matiz en el mundo “profesional” de los coches antiguos.

A día de hoy, no hay subasta que se precie que no presente entre sus lotes algún coche como este Bristol 405, sin restaurar, viejo y herrumbroso, que siempre llama poderosamente la atención. La casa Coys subastó en diciembre de 2012 dos Lamborghini Miura en un mismo evento celebrado en Londres; uno de ellos en perfecto orden (y con especificaciones SV) y el otro en un estado pésimo, con el motor fuera de su sitio y colocado en un pedestal al lado del coche.

Por supuesto el más fotografiado fue el que presentaba peor estado, y en cuanto a precio, estaba estimado en unas 320.000 Libras, prácticamente igual que su hermano restaurado. Curioso, ¿no?, veamos otro ejemplo similar.

En primer plano, las características llantas que son herencia directa de los BMW de los años 30
En primer plano, las características llantas que son herencia directa de los BMW de los años 30

Este pasado mes de enero se celebraron sendas subastas en USA por parte de Scottsdale y RM Auctions en la que se presentaron, entre muchos otros coches, dos Lancia Aurelia B24S “Spider América” de 1954 y 1955 respectivamente. El primero era un ejemplar magnífico, perfectamente restaurado según los cánones americanos y que incluía una preparación Nardi de la época y unas preciosas llantas de radios Borrani.

El otro presentaba un aspecto sucio y oxidado, no habiendo sido restaurado nunca, y además no tenía ningún “extra” de la época, era una unidad “pelada”. Bien, pues contra lo que cabría esperar, el Aurelia restaurado llegó a un precio de venta de 617.000 euros y el ejemplar “de origen” casi lo alcanzó, pues bajó el martillo en 600.500 euros.

Esta “fiebre” actual por los coches sin restaurar ha disparado los precios, los profesionales buscan continuamente nuevos “tesoros” escondidos y la gente empieza a plantearse si merece la pena restaurar su clásico o no… Es lo que se ha llamado el fenómeno “Barn Find”, algo así como “encontrado en granja” si lo traducimos malamente al español.

La masiva parte trasera con influencias de Zagato, con los intermitentes "modernos"
La masiva parte trasera con influencias de Zagato, con los intermitentes «modernos»

Como decíamos antes, no hay subasta que se precie sin su “Barn Find”  (que además suele presentarse como estrella del evento) y en la gran mayoría de las revistas especializadas, ya sean alemanas, italianas, inglesas, francesas o americanas, hay un apartado dedicado a “Discoveries” (descubrimientos), ya sean de compra-ventas profesionales o de los lectores. Este ha sido un tema tradicionalmente ignorado por las publicaciones españolas, algo que actualmente no tiene sentido. Aquí vamos con un “Barn Find” con profundas raíces españolas.

Nuestro protagonista es todo un Bristol 405 matriculado en Madrid en julio de 1957. Posiblemente no haya visto usted ningún otro como este, cosa que no es de extrañar teniendo en cuenta que de este modelo concreto solo se fabricaron 309 unidades entre 1954 y 1958, y que muy probablemente no haya otro ejemplar igual en toda nuestra piel de toro, ya que eran coches considerablemente caros en su época y fueron importados “con cuentagotas”.

Interior típicamente británico con cuero y madera, aunque no ha soportado bien el paso del tiempo
Interior típicamente británico con cuero y madera, aunque no ha soportado bien el paso del tiempo

Bristol, técnica aeronáutica

La firma Bristol era conocida mundialmente por sus realizaciones aeronáuticas avanzadas desde que se fundase en Inglaterra en 1910 con el nombre de “Bristol Aeroplane Company”. Algunos de sus originales diseños obtuvieron grandes éxitos durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, y fue tras este último conflicto cuando la empresa decidió diversificar su producción hacia el campo de los automóviles.

En 1946 se presentó el Bristol 400, realizado según los planos rescatados de la factoría germana de BMW en Eisenach en los últimos días de la guerra. Los ingleses ya sabían de la calidad de estos diseños no solo por los triunfos deportivos de la marca bávara a finales de la década de 1930, sino también porque el constructor inglés Frazer-Nash había estado fabricando automóviles BMW bajo licencia hasta la llegada del conflicto bélico.

En Bristol recurrieron a un inteligente “cóctel” en el que se unía el robusto chasis del BMW 326, el motor deportivo del BMW 328 y una carrocería “Touring Superleggera” inspirada en los Alfa Romeo 6C de principios de los años 1940, pero con un frontal al más puro estilo BMW con sus dos largas entradas verticales de aire.

El bonito motor de origen alemán, con sus tres carburadores SU
El bonito motor de origen alemán, con sus tres carburadores SU

El propulsor no sufrió importantes modificaciones en la casa británica, tan solo se cambió la medida métríca a Whitworth y se incluyeron materiales de mayor calidad como las camisas de los cilindros realizadas en Brivadium, un aluminio ultra resistente usado normalmente en motores de aviación. Durante la década de 1950 Bristol produjo motores no solo para sus propios coches, sino también para las marcas AC-Greyhound, Frazer-Nash y Arnolt.

Exteriormente este conocido motor 2 litros de origen BMW puede parecer un doble árbol de levas en cabeza, pero no lo es. Lo que esconden las culatas son dos ejes de balancines mandados desde abajo por varillas. Otro refinamiento son las cámaras hemisféricas de los 6 cilindros en línea, alimentados por tres carburadores SU. Concretamente el motor del Bristol 405 es de la serie denominada 100 B2, que entrega una potencia máxima de 105 CV a 5000 rpm, que suponemos algo justa para el peso final del vehículo.

Otras mejoras introducidas en este modelo fueron un mando remoto del cambio que permitía instalar una palanca corta y recta de recorridos más rápidos y precisos, así como la inclusión de overdrive y la opción de equipar frenos delanteros de disco. Por lo demás, el chasis de acero se puede considerar convencional, con suspensiones independientes delanteras y traseras (mediante ballesta transversal y amortiguadores delante, y brazos de torsión detrás).

La placa identificativa del motor tipo “100 B2″
La placa identificativa del motor tipo “100 B2″

La pretensión de ligereza venía en todos los Bristol de parte de la carrocería, realizada en aluminio con estructura de madera, y en el caso del 405, con clara inspiración en algunos modelos del carrocero italiano Zagato, sobre todo en la parte trasera.

El Bristol 405 perdido

El coche de las fotos es un viejo conocido para algunos aficionados de la zona de Madrid, pues está “aparcado” en un lugar que da cobijo a un popular club madrileño que además es un garaje en el que cualquiera puede aparcar su coche de diario abonando una cantidad, como en cualquier otro parking.

La particularidad de este lugar es que su dueño, Antonio, es un aficionado “con solera” a esto de los clásicos, y lleva años atesorando una variada colección de vehículos antiguos y de todo tipo de recambios en esta “cueva” que invita a una observación pausada. En ciertos rincones del garaje parece que el tiempo se hubiera detenido en la década de 1960, tanto por los coches que allí llevan años acumulando polvo como por las antiguas herramientas, piezas o por el edificio en sí, un antiguo taller inaugurado en los años 20 como servicio oficial Chrysler y Dodge.

El taller "Auto-Tracción", un viejo conocido para los aficionados madrileños
El taller «Auto-Tracción», un viejo conocido para los aficionados madrileños

Aunque no lo parezca, este Bristol 405 es la última incorporación a este garaje de ensueño que ha sido protagonista de varios anuncios e incluso rodajes de películas. Muchos se preguntarán a estas alturas qué pinta esta pieza rara e interesante criando polvo en lo alto de un lugar poco adecuado. Pues bien, resulta que Antonio no es el dueño de este singular automóvil.

Según sus propias palabras  “el coche es propiedad de una familia de banqueros muy conocidos, y no tienen ningún interés en él”. El nombre de esta familia de banqueros lo vamos a omitir (aún hoy se puede ver sobre alguna sucursal bancaria), pero no omitiremos la rocambolesca historia de esta unidad.

Según parece, el coche fue adquirido por uno de los miembros de esta familia ya en avanzada edad, tanto que a los tres años falleció. No sabemos dónde se compró, pero una foto en blanco y negro de una unidad igual expuesta en el Salón del Automóvil de Paris apareció bajo un asiento del coche, y Antonio la tiene en su despacho, sujetada con una chincheta a un corcho.

El Bristol 405 expuesto en el Salón del Automóvil de París ¿La misma unidad?
El Bristol 405 expuesto en el Salón del Automóvil de París ¿La misma unidad?

La unidad fotografiada en París corresponde al modelo 405 y tiene el volante situado a la izquierda (detalle realmente raro de encontrar), pero parece que luce una pintura algo más oscura que la de nuestro protagonista, así que no podemos asegurar que sea el mismo. Lo que sí parece claro es que la idea de la compra surgió en el salón parisino.

Tras el fallecimiento del propietario original sus herederos no hicieron ningún caso al Bristol, que estuvo abandonado uno o dos años… ¡en una playa del sur de España! Así lo asegura Antonio, pero viendo el estado general del coche, que tiene incluso los paragolpes cromados casi intactos, podemos dudar de esta parte de la historia. Su vida continúa en el garaje de una finca de la acaudalada familia propietaria (donde probablemente haya pasado la mayor parte de su existencia).

El 405 llevaba años en ese garaje cuando el mal estado de la estructura hizo que la integridad del coche peligrase. Antonio preguntó varias veces por aquel extraño automóvil sin obtener respuesta, por lo que, sin pensárselo dos veces, un día contrató una grúa, fue hasta donde se encontraba y, ni corto ni perezoso, lo cargó y se lo llevó al lugar donde puede verse ahora.

Curiosa ubicación del altavoz de la radio: en el techo entre los dos parasoles
Curiosa ubicación del altavoz de la radio: en el techo entre los dos parasoles

A los pocos días, este singular coleccionista telefoneó a los propietarios del Bristol para contarles sobre su “robo salvador”, lo cual no solo no enfadó a los dueños legítimos, sino que siguieron actuando con su habitual indiferencia sobre el tema. Es decir, actualmente ni se vende ni se restaura, seguro que para disgusto de muchos compra-ventas.

Una última laguna aparece en la historia de este 405. En las fotos se pueden observar dos detalles que no cuadran con que el coche haya estado parado desde 1960;  son las matrículas y los intermitentes traseros, elementos posteriores que indican algún uso, quizá esporádico, hacia la década de 1970.

Lo que no se puede negar es el alto grado de originalidad de esta unidad, que apenas cuenta con 34.390 kilómetros registrados en el contador; un dato que, viéndolo en detalle, parece correcto. No sugiere haber sido repintado, pues en algunos lugares la pintura desgastada deja paso directamente al aluminio, y conserva todos sus elementos originales a excepción del logotipo en uno de los tapacubos y el faro central antiniebla Lucas que ha desaparecido de la toma frontal de aire.

En la toma de aire frontal falta el faro antiniebla Lucas
En la toma de aire frontal falta el faro antiniebla Lucas

Por cierto, este fue el primer modelo de Bristol en lucir este frontal y no el típico de BMW con dos tomas verticales y finas de aire, y es el único modelo de la marca inglesa con carrocería de cuatro puertas (a lo largo de los años todos los demás fueron coupés).

En conclusión, un interesante deportivo de cuatro puertas, carrocería de aluminio y tirada limitada que parece que va a seguir siendo un adorno estático en un lugar de ensueño para los amantes del automóvil clásico… Aunque no se puede descartar que en unos años lo veamos siendo la revalorizada estrella de alguna subasta, situada muy seguramente en las islas británicas.

Catawiki 750

5 Comentarios

  1. Abr 27, 2013 en 13:41 — Responder

    Interesante artículo. Por cierto, yo sí que puedo leer todo con Explorer. Saludos.

    • Javier Romagosa
      Abr 29, 2013 en 12:53 — Responder

      Si tienes Windows 7 u 8 sí que puedes, pero te pierdes muchos de los elementos de diseño de la web, como relieves y sombras. La Escudería no es tan blanca como la ves, pero si estás a gusto así, desde luego que no hace falta que cambies.

      Respecto al artículo, la verdad es que el taller de Antonio es un oasis, tal y como digo más abajo. Un recuerdo de lo que era habitual hace 20 o 25 años: encontrar en garajes y graneros verdaderos tesoros, cuyos dueños, además, no solían saber lo que guardaban.

  2. Abr 27, 2013 en 22:08 — Responder

    pues yo tambien conozco al señor Antonio y si es un estropizio que lo sigan dejando ahi, pero asi es la vida Francisco, en fin santo grial ya saldra de la «Cueva» nunca mejor dicho.

  3. Abr 29, 2013 en 0:35 — Responder

    Precioso reportaje, Romagosa Jr.!!
    Ya sabes que este Bristol no es el único ejemplar que atesora Antonio Velasco en su «oasis», casi en plena Castellana.
    Este extraordinario Bristol tiene un Alfa Romeo 2600 de vecino polvoriento, que le iba a quedar que ni pintado a mi 1600 GT Junior Bertone, para engrosar una colección de GTs italianos de mediados del S. XX

    Bristol 405: un “Barn find”

    • Javier Romagosa
      Abr 29, 2013 en 12:24 — Responder

      Desde luego, desde luego, es una de nuestras cuevas, una especie de yacimiento arquelógico en medio de Madrid.

      Pero oye, este artículo no lo he escrito yo, es de Francisco Carrión, nuestro hombre en Reino Unido. Un apasionado de los clásicos de 24 años, tal y como figura en el recuadro superior «Sobre el autor».

      En cualquier caso, me alegra que te haya gustado. ¡Y me alegra todavía más que te hayas animado a participar!

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