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¿Un Amilcar Hispano-Suiza?

Son muchos los casos de enormes motores de avión anclados al sufrido chasis de un automóvil. Sin embargo, pocos hemos visto tan equilibrados y encantadores como el de este Amilcar con corazón V8 Hispano-Suiza de 12 litros. Toda una delicia artesanal que ya es un habitual en las carreras de clásicos de Silverstone o Goodwood...

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Punto de gravedad, alerones, sistemas de freno y agarre en curva… Cuando se lee sobre estos elementos en coches de gran potencia suele verle la frase “y todo esto para que no salga volando”. Pues bien, en el caso de algunos coches eso puede ser más literal de lo que se piensa. Al fin y al cabo, no son pocos los ejemplos de vehículos a cuatro ruedas…

Con alma de aeroplano.

Hasta los años 20, ensamblar una mecánica aeronáutica a un chasis que pudiera soportarla -y a un piloto con la suficiente sangre fría- era la quinta esencia de la radicalidad en el mundo del automovilismo. Y esto se debe a dos razones.

La primera es que, hasta que a comienzos de la década del 10 Peugeot demostró lo contrario, se tenía el firme planteamiento de que para ganar velocidad y por tanto carreras… Había que aumentar más y más el cubicaje. Ingenios como la Bestia de Turínmarcaban la pauta a seguir con motores de 28’5 litros. La segunda es que, tras la Primera Guerra Mundial, era fácil hacerse con descomunales motores diseñados para aviones de guerra. Y bueno, si consigues que tu chasis aguante uno de esos… No cabe duda de que al menos dispones de una gran potencia, ideal sobre todo para batir récords de velocidad.

Aunque hace un siglo que la época de estos “gigantes” pasó, aún muchos aficionados siguen reviviendo esta manera tan brutal de hacer coches. Eso sí, en casos como los de este Amilcar motorizado por un V8 Hispano Suiza de 12 litros… El resultado es más equilibrado de lo que cabría esperar.

AMILCAR HISPANO: HECHO PARA VOLAR

Al igual que Bentley, Hispano-Suiza se define desde el propio emblema de la marca. En él figuran unas alas. Y es que, al fin y al cabo, más allá de producir automóviles de lujo la verdadera pulsión mecánica de estas empresas fue el desarrollo de motores aeronáuticos. Motores aeronáuticos que aunque habían nacido para volar acabaron muchas veces anclados al suelo… Aunque sea a más de 250 kilómetros por hora.

Ése es el caso del 12 litros que motoriza a este Amilcar. Un motor producido por Hispano-Suiza en 1915 para surcar los cielos gracias a sus 8 cilindros y casi 300 CV de potencia. Potente, liviano y fiable, su adaptación a las cuatro ruedas parece mucho más equilibrada y creíble que la de otros casos en los que un motor aeronáutico ha acabado dentro de un coche.

amilcar hispano suiza
A pesar del tamaño, el motor se integra perfectamente. Fuente: Goodwood Road & Racing.

De hecho, perfectamente podría haber sido el corazón de más de un coche de carreras en la época. Aunque… Nos atrevemos a decir que ni contando con los abultados bolsillos de los “gentleman racer” de la época ésta hubiera sido una buena idea desde el punto de vista comercial; estos motores estaban pensados para subir hasta las nubes, y su coste de producción… También cumplía esta premisa en comparación con sus hermanos automovilísticos.

UN VESTIDO CEÑIDO Y LIGERO

Lo cierto es que, comparando este Amilcar de corazón Hispano-Suiza con otros ejemplares de su misma naturaleza… Hay una cosa que sí nos llama la atención: no es una mole. De hecho, es más bien todo lo contrario: pequeño -los Amilcar eran más bien cyclecares-, con el punto de gravedad relativamente bajo y el motor en armonía con el resto del conjunto; este Amilcar es toda una delicia que, de tener que asemejarlo con un avión, lo haríamos sin dudarlo con un pequeño y ágil caza. Eso sí sorprende que un frágil Amilcar pueda soportar semejante inyección de esteroides.

Para acompañar el motor -nos acordamos de esa sentencia de Enzo Ferari “yo fabrico motores el resto se lo regalo”- su creador y propietario Tom Walker escogió un Amilcar de 1930. Y bueno, aunque no proporciona el modelo exacto y en la época los coches de esta marca eran bastante artesanales y por tanto muchas veces diferentes aún perteneciendo al mismo modelo… Nos atreveríamos a decir que se trata de un Amilcar C6. El pequeño bólido de carreras de la marca francesa que, justamente, dejó de fabricarse en 1930.

Una montura ligera y sencilla que, como el mismo Tom Walker declara con cierta sonrisa de resignación en el vídeo, aparte de sólo dos marchas, “tiene unos frenos que no consiguen frenar semejante motor”. Y es que en fin… En el cielo no se necesitan frenos. Al fin y al cabo, si el emblema de Hispano-Suiza incluye unas alas, el de Amilcar es un caballo alado.

Este coche estaba predestinado.

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