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Abarth 1000 TCR. Réplica perfecta grabada por PowerArt

Entre los grandes mitos de los rallye se encuentra el Abarth 1000 TCR. Una bomba de potencia a la que conducir a lo “vieja escuela” de la que se hicieron no muchas unidades. Por ello lo mejor para hacerse con una es armarse de paciencia y construir una réplica. Justo esto es lo que ha hecho un aficionado de Murcia...


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FOTOS ABARTH 1000 TCR RÉPLICA: POWERART

Pocas marcas tienen tanta personalidad como Abarth. Te guste más o menos, lo cierto es que las creaciones de Carlo Abarth son el canon para entender una cierta forma de automovilismo. En primer lugar todo aquí suena a carreras. Pero no a las de alto cubicaje y señeras escuderías. Lejos de ello sus coches fueron los reyes en las cilindradas más bajas y los rallyes semiprofesionales. El instrumento perfecto para pilotos aficionados con ganas de personalizar sus monturas.

Algo que, al fin y al cabo, ocurría en las creaciones firmadas por la propia fábrica; componer la genealogía de sus modelos es bucear en un archipiélago de referencias. Series muy limitadas, modelos únicos, cambio de elementos mecánicos casi en cualquier unidad… En suma, justo lo contrario a las limpias fichas técnicas de los vehículos comerciales. Y es que esto es Abarth: la artesanía mecánica aplicada a las carreras a partir de modelos de serie.

De entre todo ellos hay uno que es, gracias a su impresionante palmarés, la referencia indiscutible cuando trazamos la historia de la marca. Estamos hablando del Abarth 1000 TCR. Este “matagigantes” es la culminación de las diferentes evoluciones para competición realizadas por Abarth desde la base del sencillo FIAT 600. Una joya con “sonido gordo” de la cual se hicieron muy pocas unidades. Por ello, si a ti también te ha picado el escorpión, tendrás que recurrir a una réplica como la de este vídeo.

ABARTH 1000 TCR. ESPOLEADO POR LOS CHEQUES DE GIANNI AGNELLI

Los 60 fueron unos años muy especiales para los pequeños automóviles urbanos. Y es que tanto el Austin Mini como el FIAT 600 consiguieron poner en aprietos a deportivos mucho más grandes. Gracias a las preparaciones que de ellos hicieron John Cooper y Carlo Abarth respectivamente, estos modelos fueron ganadores habituales en lugares como Montecarlo o Nurburgring. Aquello parecía el mundo al revés. Sin embargo, lo cierto es que eran coches muy diferentes a los de serie.

En el caso de los Abarth todo empezó con la salida al mercado en 1955 del FIAT 600. Con la idea de hacer de él un coche válido para carreras de fin de semana, Carlo Abarth lanza un kit de preparación con el que aumentar la cilindrada hasta los 750cc. El éxito de esta idea lo lleva a firmar un acuerdo con FIAT, la cual proporciona coches a Abarth para que ésta los venda modificados.

Así nace el 850 TC, ya con la mítica imagen del capó trasero abierto dejando el motor a la vista.

A partir de ahí el binomio FIAT-Abarth empieza a ser recurrente en las carreras, por lo que la empresa de los Agnelli decide entregar un sustancioso cheque a Carlo Abarth por cada victoria. Espoleado por ésto, el preparador toma una sabia decisión: centrarse en las categorías inferiores. Moviéndose en grandes cilindradas sería barrido fácilmente por los Alfa Romeo, Maserati o Ferrari. Pero si permanecía en la de un litro o menos, ahí sería el rey. Un rey que dominó con su Abarth 1000 TCR.

Abarth 1000 TCR power art

UNA RÉPLICA FIDEDIGNA HASTA EN EL MÍNIMO DETALLE

En España el Abarth 1000 llegó a ser popular en el mundo de los rallyes gracias a pilotos como Manuel Juncosa. No obstante, encontrar a día de hoy una unidad es muy difícil. Ya ni hablemos si la quieres con las menos intervenciones posibles desde su salida de fábrica. Por ello lo más lógico es hacerse con mucha paciencia y un cierto capital de cara a realizar una copia exacta. Éste es el caso de Antonio, quien ha conseguido piezas originales tan concretas como un alerón en fibra.

Su réplica se ha realizado a partir de un SEAT 600E, al cual se le ha hecho un importante trabajo de chapa en aletas, así como la incorporación de la mítica bigotera para los radiadores. Las llantas son unas Campagnolo vestidas con neumáticos Dunlop Racing. Justo lo que llevaban los Abarth 1000 TCR salidos de fábrica a finales de los sesenta. Igual que con los frenos: de disco con cuatro pistones en los de delante y dos en los de detrás.

En el vano motor se ha montado un bloque Autobianchi de 1050cc con dos carburadores Weber, rindiendo unos 116CV. De lo más juguetón, sobretodo cuando aprendes a confiar en el agarre trasero. De todos modos, lo que seguramente haga las delicias de los más puristas es la caja de cambios. Original de Abarth, con dientes rectos y la primera de las marchas hacia atrás. El mejor remate para una réplica exacta de este Abarth “vieja escuela”.

P.D. Si no sigues el canal PowerArt te aconsejamos que empieces a hacerlo. Además de probar numerosos coches actuales dan una gran importancia a los clásicos, habiendo hecho vídeos tan interesantes como el de un Dyane de carreras o un Alpine A110 1300 FASA.

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