en el ciberespacio desde el 8 de Agosto de 2000
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Dejando
pasar la prueba más importante del año, el Grand Prix del ACF, y la
primera gran cita en San Sebastián (que no recibiría la denominación
de Gran Premio de España hasta el año siguiente) Alfa Romeo tiene anunciado
su debut en la categoría reina para el III Gran Premio de Italia en Octubre.
Se ha preparado el nuevo bólido P1 del que se inscriben tres unidades. Según
marcha la temporada, la casa milanesa no sorprende a nadie al anunciar que los autos
serán conducidos por Campari, Sivocci y Ascari, sus tres ases del
momento. Se tiene confianza tanto en los hombres como en las máquinas y se
espera debutar con buen pie.
Para
1924 los maquiavélicos buenos oficios de Enzo Ferrari logran arrebatarle a la
Fiat al mejor proyectista del momento, Vitorio Jano, quien pone a punto el
primero de una serie de exitosos modelos concebidos para Alfa Romeo, el P2 8
cilindros turbocomprimido. Los tres grandes premios programados comenzarán
con el del ACF en Agosto. Mientras tanto, los pilotos de la casa se foguean
una vez más en la fórmula libre con el ya consagrado Tipo RL. Con él
acuden en Abril a la cita anual con la Targa Florio.
Antes
de acudir a Francia para la gran cita, Alfa Corse aprovecha los circuitos más
"convencionales" de la Fórmula libre para probar el P2. El coche
debuta con éxito en el circuito de Cremona, donde pilotado por Antonio Ascari
consigue el récord de vuelta rápida y la victoria final. En la Copa Acerbo
sin embargo, el único P2 en carrera con Campari al volante se ve obligado a
abandonar. Por fortuna para la casa milanesa, es Ferrari con un tipo RL el que
termina adjudicándose la victoria. Alfa premia este buen resultado preparando
un cuarto P2 para Ferrari con motivo del Gran Premio del ACF, donde ya estaba
anunciada la presencia de Campari, Ascari y Wagner con idéntico modelo.
Al
fin, el 3 de agosto de 1924 en Lyon, se da la salida a la prueba más
importante del calendario automovilístico internacional con tres Alfa Romeo
P2 entrando en liza por primera vez. El Gran Premio del ACF conoce una lucha
vibrante en la que se ven involucradas hasta cuatro marcas. Se suceden en
cabeza la otrora exitosa Fiat pilotada por Borodino y Segrave con la Sunbeam
(creada por proyectistas ex-Fiat con tremendo parecido al bólido
italiano).
Avanzada la carrera el inglés Guinness con Sunbeam llega a liderar la prueba;
pero los desatados Alfa Romeo P2 le arrebatan la cabeza primero por mediación
de Campari y luego a manos de un segurísimo Antonio Ascari que termina
afianzándose en el primer lugar con autoridad, hasta que en la vuelta 31
sobre 35 su P2 empieza a acusar un fallo mecánico que le hace bajar
ostensiblemente el rendimiento. A ritmo anormalmente lento, Ascari intenta
cumplir los giros finales mientras sus contrincantes lo van pasando uno tras
otro. A una vuelta de la meta su P2 se para definitivamente. La victoria
sin embargo ha sido para su compañero Campari mientras Wagner completa el
triunfal debut de Alfa Romeo con un cuarto puesto. La Delage, que en ningún
momento ha disputado la cabeza, ve recompensada su regularidad con el segundo
y el tercer lugar obtenidos por Divo y Benoist respectivamente; mientras
Ascari, aun sin haber podido terminar, queda clasificado en noveno lugar.
De
hecho, la carrera italiana supone el desquite y la consagración de Antonio
Ascari que nada más darse la salida alcanza la cabeza para no dejarla ya en
ningún momento de las cinco horas largas de prueba. En su jornada triunfal,
consigue la vuelta rápida y cruza la meta victorioso por delante de sus compañeros
de equipo Wagner y Campari. Minoia con la eficaz aunque obsoleta Mercedes se
situa en un meritorio cuarto lugar.
La
historia del Gran Premio de Bélgica es conocida: una abrumadora demostración
de superioridad por parte de Alfa Corse que sitúa a Ascari y Campari en
las dos primeras posiciones a pesar de una prolongada parada para comer con
mesa y mantel dispuesta por Jano en los Boxes como contestación a un público
adverso. Antonio Ascari no solo gana para Alfa, sino que sale además
potenciado en su particular lucha deportiva que lo enfrenta a Campari por la
primacía en el equipo. Tras la Carrera de Spa y tan contundente demostración,
éste parece ser el único aliciente que tendrá la temporada.
Pero
nuevamente la historia se escribe de forma distinta a la prevista. El Gran
Premio del ACF se corre el 26 de Julio en el moderno circuito de Montlhery,
inaugurado un año antes cerca de París. Allí todo parece desarrollarse según
el guión previsto. Saliendo de atrás por los caprichos del sorteo, los P2
pronto alcanzan la cabeza de carrera y comienzan a distanciarse sin oposición
real. También como parecía previsible, es Antonio Ascari quien se impone
sobre Campari que una vez más ha de conformarse con marchar en segundo lugar
tras su estela cada vez más lejana. Ninguna sorpresa pues hasta la vuelta 22.
El Alfa Romeo P2 nº8 pilotado por Antonio Ascari sale entonces de la pista
incontrolado; capota, se voltea... el golpe es mortal de necesidad y el as
italiano muere instantáneamente.
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Enzo Ferrari
habla de Antonio Ascari
(del libro "Piloti, che
gente...", Conti Editore)
Conocí a Antonio
Ascari en Milán en 1920. Era un joven de estatura no muy alta
pero de constitución atlética, rubio, elegante, dotado de gran
capacidad para los negocios. Ya entonces, de hecho, se ocupaba del
comercio de automóviles. Tenía una compañía con la que
preparaba las primeros coches de carreras de aquellos años y
entre ellos, su Fiat Gran Premio 4500 de 1914, que le había dado
su primera victoria de la posguerra en la Parma-Poggio di Berceto
de 1919. Su año dorado fue 1924. De entre sus muchos éxitos
aquel año lo recuerdo vencedor en Cremona y recordman de los
diez kilómetros lanzados... y después triunfante dominador del
Gran Premio de Italia en Monza.
Antonio entró enseguida en el grupo de personas que orientaba la producción de Alfa Romeo e incluso se convirtió en su representante general para la Lombardía. Fue precisamente bajo su empuje innovador como se llegó a la construcción de los ES sport que dieron a la casa milanesa sus primeros éxitos y la primera notoriedad comercial. Nosotros lo llamábamos afectuosamente "el maestro", y yo debo reconocer que mi vocación, no tanto de piloto, comerciante o futuro director de escudería, sino de empresario, en aquel ambiente apasionante fue debida en gran parte a su ejemplo. Antonio tenía un carácter fortísimo, era un hombre tremendamente activo y de verdadero coraje. Incluso había estado en Brasil con dos de sus hermanos para construir un ferrocarril. Pero además era también un padre y un marido ejemplar y un hombre de grata compañía. Generoso en todos los sentidos e incluso humilde cuando era necesario. No había completado muchos estudios pero poseía una notable erudición; sin embargo, si algún problema técnico lo superaba y no lograba resolverlo, no temía recurrir al consejo y la sugerencia de cuantos consideraba que sabían más que él. Como piloto, Antonio Ascari era extremadamente audaz y de temperamento improvisador; un garibaldino, como nosotros llamábamos a ese tipo de corredores que anteponen el coraje y la carga emotiva al estudio escrupuloso del recorrido, que variaba las trazadas en cada ocasión buscando giro tras giro acercarse lo más posible a los límites extremos de adherencia. Recuerdo a propósito de esto un episodio significativo: Durante el Gran Premio de Italia de 1924 en Monza, el creador del circuito y director de la carrera Arturo Mercanti, envió al box de Alfa Romeo este mensaje urgente:
"Si Ascari continua haciendo la curva grande y la curveta de modo peligroso para él y para los otros, me veré obligado a pararlo". De hecho Antonio Ascari derrapaba cada vez más ostensiblemente a la salida de la curveta porque a cada vuelta intentaba recorrer aquel segmento de curva a velocidad creciente. Aquel amigo murió al año siguiente en Montlhery cuando estaba demostrando una vez más su valor sobre una roja Alfa Romeo.
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LOS COCHES DE ANTONIO ASCARI |
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Este es el Fiat S57 de 1914, del que no he
encontrado ninguna foto en color. Con una cilindrada de 4500 cc
daba 135 CV a 3000 rpm y fue concebido para los Grandes premios en
los que nunca llegó a participar debido a la guerra.
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El 20/30 ES Sport, el primer Alfa que llevó
el cuadrifoglio portafortuna tiene la mala suerte en la foto de
ser manoseado por GUS. Tiene una cilindrada de 4250 cc con la que
alcanza unos 70 CV y unos 130 Km/h. Ideal para circuitos revirados
e incluso infernales como el de Madonie en Sicilia.
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Con el exitoso tipo RL, se elevó la
cilindrada a 3150cc con lo que se llegaron a alcanzar hasta
125 CV en las últimas evoluciones pudiendo rendir a 180 km/h sin
complicaciones.
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Y por fin la imponente presencia del Alfa
Romeo P2, categoría Gran Premio: 2000cc, 140 CV para 750 kilos de
peso. 230 Km/h de velocidad máxima.
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